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lunes, 1 de julio de 2024

"El Editor -Versión Final-", o la atinada congruencia de morir en tu lenguaje.





Edzna M.H.

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La verdad es que, debo confesar antes que todo, que este es el análisis que más me ha costado escribir, no sólo por el acto mismo de escribir sobre un proyecto del que pertenezco en muchos sentidos, sino por la acción que ha resultado para mí desprenderme de todos los modos posibles para poder escribir para todo aquel que vaya a leer este texto, de manera objetiva y crítica, y no bajo una influencia subjetiva que bien podría desprender en cualquier instante mi lado más sensible y personal, de modo que apreciable lector, tenga usted total certeza que las palabras que desemboquen aquí, por muy imposible que a usted le parezca, no llevan ninguna influencia personal de por medio.
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Cada ser humano tiene una concepción propia de cómo percibimos la vida y la realidad, la mayoría de las veces, esta es un reflejo de nuestras experiencias, de nuestro diario vivir, de lo que vemos, leemos, escuchamos, son reflejo del lugar donde vivimos, las personas con las que interactuamos y a lo que nos dedicamos, así creamos nuestro propio lenguaje, con sus códigos de lo que comunicamos o queremos comunicar, incluso cuando la comunicación se hace con los silencios. ¿Por qué la muerte de una persona puede ser más vistosa que otra? ¿Qué influye para que esto sea así? ¿Puede en un último acto el destino darnos una tregua y hacer nuestra muerte un poco menos dolorosa e insignificante? Esta es de alguna manera, la lectura que hago en primera instancia de "El Editor -Versión Final-".


Marcos, un editor de videos y películas independientes, trabaja diariamente editando hasta largas horas de la noche, hasta que en una ocasión sufre una convulsión que lo hace perder la consciencia. Al despertar descubre que su forma de percibir la vida ha cambiado de tal manera que ahora todo lo vive y lo ve de la misma manera que un montaje cinematográfico.
Entre cortes y efectos especiales, Marcos establece una confrontación contra su propio subconsciente para poder controlar su percepción del tiempo y sus emociones más profundas.


El cine de bajo presupuesto, o cine de guerrilla como es conocido por muchos (que nunca serán lo mismo que el cine independiente, para todos esos confundidos), es un cine en el que evidentemente hay que otorgar concesiones que los "puristas" del cine no permiten, sobre todo en los departamentos técnicos. Pero si hay algo debe de caracterizar a este tipo de cine para que resalte como una gran obra, incluso por encima del cine industrial; es el tener una historia bien pensada, con un guion que permita al pequeño crew la lectura fácil para no chocar con el autor de la misma, para que la historia conecte armónicamente y se sienta genuina. Y en este punto me parece que Alejandro Savant, director de la película, lo hizo correctamente, incluso con un guion moldeable que nos deja por sentado una de las grandes máximas dentro del cine para mí: el guion es sólo una guía, la verdadera película se crea en el montaje, y esta película por supuesto que es eso, tanto por el nombre de la misma, como por la naturaleza de la historia, que permitía que muchas cosas que no estaban controladas al cien por ciento en cuanto a la producción, equipo técnico y a la continuidad se refiere, se integraran a la historia de manera natural, teniendo una obra totalmente congruente con lo que quería transmitir, y aunque hay lapsos en los que claramente se sienten elementos en el montaje que, más que ser parte de la narrativa, están para solucionar problemas; me parece que la forma en que estos se emplean, es completamente efectiva. 

Me parece que Alejandro se toma la osadía que muy pocos realizadores se han permitido, algunos de esos pocos han sido de esos que han marcado un antes y un después en la historia del cine; y esta osadía radica en involucrar al espectador al máximo en el sentido de la historia. Él obliga y hace al espectador involucrarse en la narrativa, en más de un sentido a adentrarse a la historia, aún cuando quizá no comprende muchos de los elementos y conceptos que hay en esta, pero que los hace sentir antes que comprender, los obliga a emocionarse antes que entender, y eso lo logra perfectamente.

También hay mucho de valentía y valor en crear una obra en la que todo es conciso y directo con lo que él quiere exponer, y no andar con rodeos o por las nubes, esto está más que demostrado en como transcurre la relación entre los dos personajes principales, Marcos y Michelle, nos muestra las fases más importantes en su historia, sin hacer algún detenimiento innecesario, incluso en la misma naturaleza de lo que le pasa a Marcos. A esto muchos le podrán dar lectura como falta de construcción de personajes, yo diría que es mostrar lo que el realizador quiere mostrar, hacerlo de manera correcta, nada más.

Algo que me pareció brillante es como la evolución afectiva entre Michelle y Marcos está marcada a lo largo del metraje bajo un concepto de espacio bastante interesante. Casi es imperceptible, no se nota; y es tanto sutil como hermosa (acaso planeada por el evidente hemisferio más desarrollado del director que es el creativo, acaso creada por sí misma de forma fortuita). Cuando se conocen, en palabras que el crítico colombiano Juan Carlos González utilizó para describir a “In the mood for Love”: <<apenas y se tocan>> al final de su primera cita, pero conforme vamos viendo su interacción y su continua convivencia, esta distancia se va acortando, siendo la secuencia de los juegos mecánicos el más claro ejemplo; hasta verlos en la mágica escena del atardecer buscándose constantemente para no separar siquiera una extremidad de su cuerpo y mantener el tacto, hasta el momento que Marcos con su condición agravada, decide salvarla del sufrimiento e impone la distancia abismal, en ese momento se corta la larga secuencia de su evolución de estar juntos. 

Todos los miembros del cast lo hacen de manera correcta, son creíbles porque todo en la historia permite que las acciones de los personajes sean congruentes, y esto me parece que lo logra de manera magistral sobre todo con el que para mí es el personaje más importante de la película: Michelle.

Si bien Alejandro es quien escribe el personaje, me parece que no se le puede dar todo el crédito de la creación de este, pues me parece la creación como tal termina cayendo sobre los hombros de la actriz que lo interpreta, que toma como base las características e indicaciones de Alejandro, y demás elementos en el set para crear a este personaje tan lleno de vida. Evidentemente hay un trabajo más que limpio en Abril Ortiz a nivel interpretativo, y a mi parecer su actuación es de lo mejor que he visto en los últimos dos años. Logra transmitir toda esa naturalidad y ese amor que va germinando de a poco en la mirada de ella hacia Marcos, y me parece que lo que si es un logro completamente del director, es en cómo el foco se centra en ella cuando aparece en la vida de Marcos, haciendo de este no sólo el hombre que vive y muere dentro de su lenguaje, sino también el espectador por naturaleza de la magia que Michelle le viene a inyectar a su vida.

El personaje de Marcos, como ya lo comenté antes, es un personaje que se construye y se le da sentido en el montaje, en donde Alejandro saca el mayor provecho a las partes en que desde mi punto de vista más crítico y objetivo, el interprete no llega a los puntos dramáticos e interpretativos que debía llegar, pero también hay que decir que hay muchas escenas en las que muestra dotes histriónicos que me parece dan a Marcos una identidad muy particular, y lo hacen un personaje tan rico como complejo, y eso si hay que agradecérselo no sólo al actor y al director, sino también a Itzú Martínez, la asistente de dirección, que también en más de una ocasión fungió como coach actoral; y a la propia Abril Ortiz que por su Michelle, Marcos se convirtió en una especie de personaje réplica de lo que el otro desarrollaba, facilitando mucho el trabajo interpretativo del actor que le dio vida. 

Para mí lo más maravilloso del cine de Alejandro Savant siempre van a ser estos símbolos que hay en sus trabajos, hay una especie de vorágine vertiginosa que crea conceptos a través de imágenes que parece que no se ven, o que con mirada objetiva no se logran apreciar, pero que quedan en el subconsciente como mirar con el rabillo del ojo; como si los hubiéramos imaginado o soñado, pero que definitivamente están ahí plantados deliberadamente por él y que sabe que crearán un impacto en el espectador, que se quedarán inconscientemente y sin darse cuenta, como lo puede ser una chica mordiendo una manzana, la mirada nerviosa de un hombre mirando a una mujer, una melodía que no te deja de acompañar aún pasados días de la proyección.

Más allá de la valentía de Alejandro al hacer una película totalmente independiente y con un mínimo crew, y que me parece crea quizá su mejor obra al momento; debo decir que seguramente él está consciente de todo lo que se puede mejorar, y que no tengo la mejor duda lo hará en su siguiente trabajo. Más allá del amor que le tengo a este proyecto, y para este punto dejaré la objetividad que me había empeñado a seguir al principio del texto, debo decir que esta película de amor y sacrificio, es un proyecto que se logró realizar enteramente por amor a la historia que nació de su director, y que salió adelante gracias al amor por un proyecto, y por un grupo de amigos que no querían hacer otra cosa más que hacer cine por amor a este; y si me permiten el comentario más personal que me voy a permitir hacer, esas son las historias y ese es el cine que para mí vale la pena de ver, y que logra traspasar el tiempo.

lunes, 29 de abril de 2024

Las cosas donde ya no estaban: como se ven los amores veinte años después.





Hay varios elementos que me han hecho amar la pequeña, hermosa e independiente película de Fabio Vallarelli, que me dictan y me hacen querer escribir sobre esta ella no desde un punto frío, sino desde esa perspectiva que me pide no elaborar un discurso construido y formulaico, sino un discurso que se mueve más entre la emoción y las entrañas, sin pies ni cabeza, pero con mucho corazón.


Dos treintañeros que habían sido pareja en la adolescencia se reencuentran luego de muchos años. Por una serie de hechos fortuitos terminan pasando la noche juntos recorriendo la ciudad e intentando reflexionar sobre quiénes eran y quiénes son hoy.


Lo primero que evidentemente llama la atención de la película y hace que uno se enganche, es la historia y cómo se desarrolla. Primeramente tenemos a los protagonistas, ambos siendo de alguna manera las dos caras de una misma moneda, lados que, dependiendo la perspectiva de quien la mire o la lance, uno es el ganador, otro es el perdedor, o en otras palabras: uno es el triunfo, el otro es el fracaso. Por un lado, para Luca, podría parecer que Dolores es el lado ganador: cantante en ascenso, viviendo lejos de la conflictiva situación financiera de Argentina, con una vida interesante que le permite viajar. Mientras que para Dolores, Luca es quien podría irle ganando en la vida, pues a pesar de haber perdido a su padre recientemente, lleva una vida tranquila, haciendo lo que siempre amó qué era dibujar, sin importar lo absorbente de su trabajo, viviendo aún en su ciudad sin tener que despedirse de los amigos de toda la vida. Lo cierto es que para los románticos como su servidor, compartir la caminata por toda la ciudad al lado de alguien con quien conectamos, es un ganar ganar.

"Es mucho mejor ser un fracasado a no ser nada"

Otro de los elementos palpables que hacen que más de uno instantáneamente se enganche de la historia, es justo el elemento de la caminata y la ciudad, y el símil que este elemento tiene con grandes películas, enamorarnos de parejas y ciudades que no conocemos pero que justamente amamos por el amor a esas historias y las ciudades que se convierten en un personaje más. En el caso de Buenos Aires, las canciones de Fito Paez (y algunos de sus videoclips), el retrato tan melancólico que hace Wong Kar-Wai adornada de tangos y la lente de Doyle, y por supuesto el Obelisco en una secuencia muy al principio de un viaje en taxi (un guiñito a Jarmusch) que hace que recuerde un cuento que escribí hace años.

"Ya somos nuestros viejos"

La atmósfera que Fabio dota a la historia, sobre todo en las caminatas, es muy similar colorísticamente hablando, a películas como Before we go (Chris Evans, 2014) y Stockholm (Rodrigo Sorogoyen, 2013), obviamente con tratamiento-contexto-intención muy distintos. Además de ese elemento tan visual y de composición, uno de sus grandes encantos radica en la narrativa que rige lo que está más presente en la trama: las caminatas que se conducen en voz en off, con pláticas largas, extensas, por momentos continuas y por momentos pareciera que inconexas; son básicamente la construcción de estos personajes que trifurcan entre pasado, presente y futuro. Los cuadros mostrados de la ciudad con ese sentimiento, en escasos segundos de los lugares especiales en su historia, son gratamente efectivos para entender la importancia de la ciudad en la historia de Fabio y en su historia, hablando de Luca y Dolores. El trabajo fotográfico de Mariano Castaño es simplemente magistral, en su sencillez y despojo de pretenciosidad, da a la historia justo el enfoque y encuadre perfecto de cámara, postura e intención. Quizá haya un par de detallitos en cuanto a la iluminación en secuencias de planos abiertos y cerrados de una misma escena, pero realmente son insignificantes. La selección musical es de igual manera muy atinada.

"Crecer es una mentira.
Conocerse es una mentira.
el futuro es una mentira"

Los personajes principales de Fabio son interesantes porque no caen en tópicos o en los clichés en que suelen caer este tipo de personajes en rom-com's, son personajes que rayan lo real, en este y muchos sentidos hacen recordar a la pareja creada por Richard Linklater. Agustina Quinci está además de hermosa y encantadora en su personaje, es extraordinaria en la interpretación y realismo que le brinda a Dolores, le da una carga inteligente, sarcástica, emocional y carismática en verdad impresionante; y supongo esto se debe al hecho de que en la vida real ella no es muy diferente a su personaje, actuando y cantando, además de vivir en México desde hace varios años. Y en el caso de Andrés Ciavaglia, el realismo que logra en su interpretación es tan impresionante, que es difícil no sentir empatía y amor por Luca. Los diálogos dichos de manera torpe y atropellada, se sienten genuinos y naturales, pensados así desde el guion, e interpretados magníficamente por Andrés.

"Para ser bueno debes de ser cruel"

La diferencia entre una buena película y una mala película de este género (si es que la tuviéramos que encasillar) está en el guion y que tan reales o personales se sienten los diálogos, y acá no sólo los diálogos son poderosos, sino que la química creada entre Agustina y Andrés es formidable. Hacen tanto de Dolores como de Luca, dos seres que a pesar de los años y la distancia, no dejan de preocuparse el uno por el otro, de querer no sólo saber como están y lo que han pasado, sino también lo que han sentido en el tiempo de ausencia. también se involucran las situaciones de la vida y el contexto político social de Argentina, crisis existenciales de la edad propia, pero también las crisis económicas que han azotado el país (pareciera un tema de refilón o relleno, pero es una manera muy sutil e inteligente de hacer una crítica constante e importante a la política interna que por supuesto afecta a las personas reales y de a pie) hacen que Luca tenga matices que se van desvelando a lo largo de la historia. La evolución de la interacción entre Dolores y Luca también es sublime, vemos como pasan de la timidez en su trato, a la intimidad de las historias recordadas y vividas, la confianza que se va recobrando entre el trago, las confesiones, las canciones y la velada; mostrando sus inquietudes, sus temores, sus deseos y sus sueños. Mostrándose.

"Eso es crecer: hacerse preguntas"

La parte final de la película tiene momentos realmente encantadores: como rompen la cuarta pared previo a que Dolores le cante a Luca uno de los tantos himnos de nuestra generación (yo también soy treintañero e idealista) como lo son las canciones de Dos Minutos. Lo que más me agrada del final es que si bien podía y se justificaba el hecho de caer en un tópico, Fabio no lo hace, ni Luca sale corriendo tras de Dolores, ni Dolores se queda al lado de Luca, viven la noche de su vida, pero al igual que Celine y Jesse, tienen la esperanza de volver a estar juntos: volver al encuentro, cambiar el destino, perder el avión.


Ese hacer cine desde lo independiente (me agradó mucho la importancia que se le da en los créditos a todos los extras, mencionándolos prácticamente al principio de estos, sólo después de los actores principales), pero también desde lo personal, basado en la congruencia y la construcción de todo elemento partiendo del realismo a través de los personajes, es lo que hace que uno conecte y resignifique muchas vivencias en la vida de uno que pareciera no significan nada más que para quien las vive, pero es justo viendo películas como las de Fabio, que uno se da cuenta que el cine está hecho de vida, y que la vida y las vivencias son lo más importante cuando de crear arte se refiere, y es así que tanto el cine como el arte en general, se vuelven más próximos a la vida real, a las personas reales.

Finalizo escribiendo que para todos aquellos que alegan que la película es sólo una copia hecha de fragmentos de la trilogía Before, debo decirles que así como Richard vivió alguna vez una noche significativa con una chica que hizo que Before sunrise naciera, y en consecuencia las secuelas conocidas; seguramente Fabio se vio influenciado tanto por vivencias personales como por referencias cinematográficas. ¿Quién en esta vida no ha vivido una noche así? Todos deberíamos vivir una noche como esa al menos alguna vez en la vida.




martes, 13 de febrero de 2024

El eco: las ondas sonoras de la lejanía.





El eco es el más reciente documental de la laureada y experimentada directora méxico-salvadoreña Tatiana Huezo (y que asumo realizó mientras también llevaba la producción de Noche de fuego), y que es co-producido por la distintiva The match factory, me parece tiene lo mejor de su cine documental, pero también algunos vicios de la aproximación que ha tenido al cine de ficción que se crea de la realidad. 


Sin duda alguna lo que hay que destacar por sobre todas las cosas de este documental, y que justo de esto también se desprende lo más cuestionable de este, es la narrativa. Tatiana deja que el discurso se cree y exponga a través de los personajes variopintos que tiene frente a la cámara, deja que ellos mismos sean los que se cuestionen y se pregunten cosas los unos a los otros, no confronta ni es tan directo en su fondo y forma como quizá si lo es La tempestad. Vemos cómo de manera natural, Tatiana va descubriendo sus personajes centrales, algo que recuerda al documental Cosas que no hacemos de Bruno Santamaría Razo, aunque el fondo y las intenciones son completamente diferentes. 


En el tratamiento de la formalidad, es una obra que raya en lo perfecto, lo visual en el aspecto fotográfico llega a la finura de La tempestad, en la que si bien se veía un armazón más serio cinematográficamente hablando, acá Ernesto Pardo (DP) hace que esa finura se mezcle de manera homogénea con la naturalidad que se desprende por ejemplo en El lugar más pequeño, el que para mí sigue siendo la mejor película de Tatiana a la fecha. 


Sin duda alguna hay que hacer una mención más que especial a todo (y todos) lo que tiene que ver con el sonido. La película auditivamente te entra de manera espléndida. Desde el sonido directo que captura los sonidos de la noche, los grillos, los animales, la lluvia, la sequía e incluso de ese silencio sórdido y mudo; la impresionante música compuesta por Leonardo Leiblum y Jacobo Lieberman, que crea una atmósferas que acompañan de manera formidable todo lo que vemos a cuadro y se pinta con luz y sombras; y la mezcla de sonido que hace que todo se escuche en armonía en su conjunto, pero de manera preponderante e identitaria en lo individual; y que por supuesto todo rige para dar más peso a lo que las personas de El eco tienen que decir, sin que se sienta al menos en estos elementos una manipulación, algo de manipulación viene después pero no a través del oído. 


Tatiana logra crear con todo lo antes mencionado, un discurso de identidad y denuncia más acertado que en sus pasados trabajos (exceptuando la que ya he mencionado me parece su mejor obra), pues vemos cómo a pesar de las carencias y dificultades de vivir en lugares apartados como puede ser la montaña, el campo, la lejanía general, la gente es feliz con su familia, con su gente, y no es casualidad que los protagonistas del documental sean las infancias, y que veamos en su proceso de crecimiento en la adolescencia y juventud, que se decante quien se quiere ir por falta de apoyo de sus padres para seguir sus sueños dentro del núcleo original (como el caso dentro del documental de la niña que se le ve el amor por la educación), y quien se quiere quedar por amor a la tierra y el apoyo de su gente. 


También hay una maestría por parte de Tatiana de mostrar los problemas y peligros a los que se enfrentan estas comunidades que no sólo protegen su tierra y su familia, sino también a los recursos naturales que nos dan vida y alimento a los de la ciudad; y la genialidad es que los muestra no de manera directa, lo hace de manera sí de confrontación, pero de manera concentrada y a través de lo sonoro, como lo es el saqueo de madera, la sequía, y el maltrato y menosprecio hacia la mujer en el estudio y su trabajo en el campo. Antes mencioné que las infancias son los protagonistas del documental, si lo son; pero también los son las mujeres, y celebró que a este documental se le pueda mencionar como un documental feminista. 


No es un tema del todo serio, y creo esto ya corresponde a la ética que cada uno tiene como realizador, y consciente de que todo documental debe llevar el sello y dirección de quien lo realiza ya sea de manera directa (claro ejemplo es La tempestad que es lo que lo hace tan formidable) o indirecta (esto sobretodo en el montaje como lo es el caso de Hasta los dientes de Alberto Arnaut), hay episodios en los que yo sentí que Tatiana se tomaba libertades innecesarias y riesgosas en su narrativa, como el comentario del plato de la mesa, la caída de la abuela, y la pelea de los padres de la niña que quiere ser veterinaria. En estos lapsos yo siento que más que aportar a la narrativa o discurso, están más para crear un arco dramático, porque en muchos sentido son cosas que sabíamos iban a pasar, pero se sobre exponen, o hay una intención de Tatiana a través de la forma, como el abrazo final de la niña mencionada a su madre, en la que evidentemente hay una clara indicación por parte de la producción de lo que debe de hacer. 


Aún así, siento y celebro que Tatiana haya vuelto a las formas correctas que muestran a personas reales que se convierten en personajes reales; porque los temas siempre han estado, y son temas que a Tatiana le importan porque los conoce. 


domingo, 14 de mayo de 2023

Peter Pan y Wendy




Siento que la principal función de un crítico de cine, como ya lo he comentado en pasadas ocasiones, no está en decirle a un posible público para una película si esta es mala o buena, o si la deben de ir a ver o no, la función del crítico principalmente radica en formular a través del conocimiento adquirido, un canal a través del lenguaje en cualquiera de sus manifestaciones, entre ese público y la obra en cuestión con todo lo que la abarca, que bien puede ser su contexto histórico, obra del creador, así como el lenguaje cinematográfico, que aunque es bien sabido, el lenguaje cinematográfico está respaldado por el "prueba y error" que los grandes maestros del cine han venido desarrollando a través de más de un siglo, el lenguaje y sus reglas pueden romperse por decisión, pero jamás por omisión.

Dicho lo anterior, empiezo diciendo que en una bastedad que azota a nuestros días de cine de nostalgia, remakes, spin-offs y cine de merchant o de infantilización que crean las majors para atraer nuevo público, recuperar al público deseoso de escapar de su realidad, y llenar sus arcas de dólares. Entre esta baraja interminable de ese cine que inunda el streaming, hay una película que a mí me ha parecido una propuesta por demás interesante, pues no sólo es una película que se suma y viene a abonar aún más a la linea autoral de su director, sino que además les da a las majors lo que ellos quieren (como lo fue en el caso de Pete´s Dragon), pero sin ser un producto vacío, que si bien es verdad no gusta a todos los públicos por ceder en cosas que ahora mismo trataré de argumentar, me parece que la propuesta narrativa de Lowery a mi parecer no está en duda desde ninguna perspectiva.

La película retoma la premisa de la película original, incluso hasta cierto punto uno podría pensar que Lowery lo que hace es dar vida al clásico de Disney, pero esto se rompe cuando Wendy y sus hermanos se trasladan a Nunca Jamás, y desde aquí Lowery empieza a hilvanar sus formas de hacer cine.

Hay una cosa muy cercana visualmente hablando entre esta película y "El caballero verde", hay una magnificencia que apabulla visualmente hablando, y si bien es claro que esta se crea a través de herramientas tecnológicas, Lowery no olvida como sacar el mejor provecho a estos planos generales de llanos y praderas, acompañados del silencio y una música incidental maravillosa como en sus primeras películas.

La película me parece valiosa porque atiende una linea narrativa que jamás se había explorado en este clásico, esa otra perspectiva que aborda en la historia, usando lo clásico con un amor palpable, hacen que todo lo que añade Lowery de su punto de vista, es de las cosas que más valor le dan a esta entrega, y por su puesto habrá a quien le guste y a quien no le guste, y eso está bien; pero desde mi perspectiva la visión de Lowery, me parece tiene toda la congruencia del mundo, además de que esta sirve para reivindicar las decisiones que ciertos personajes tienen que tomar sobre los caminos a escoger para seguir viviendo, para ser una parte de sus seres amados, aunque toque por un lapso de tiempo en el que haya que ser antagónicos. Explora y trata de explicar y dar contexto del por qué Hook es como es, y Peter es como es. Muestra en muchos sentidos que muchas veces no existe un bien contra el mal de forma tajante, o un blanco y negro totalitario, muchas veces la vida y las relaciones humanas son una zona de diferentes matices de grises, en los que hay que naufragar hasta encontrar el canal (o tono) en el que podamos entendernos, y jugar a través del inevitable crecimiento.

Una de las cosas que Lowery atiende para las majors y que a mí honestamente jamás me ha desagradado, es el hecho de la verosimilitud y legitimidad de los personajes conforme a su apariencia física, y creo que hay un debate detrás de todo esto que ni siquiera tendría que existir a mi parecer, pero aún así trataré de dar mi opinión en algunos ejemplos que se han dado en la industria.

En el año 2018 la comunidad transexual de Estados Unidos inició un ataque a través de Twitter contra Scarlett Johansson por aceptar el papel para una película donde interpretaría a un hombre transexual, al poco tiempo, Scarlett tuvo que recharzarlo de la manera más correcta diciendo que quizá el papel tendría que interpretarlo alguien que fuera transexual. Del lado opuesto de la moneda tenemos al siempre genial Neil Patrick Harris con su emblemático papel de Barney Stinson para la serie HIMYM, en la que interpreta a un hombre mujeriego y maduro el cual incluso tiene un libro para conseguir acostarse con mujeres lo más rápido posible, y cosa muy contraria a lo que interpreta en su personaje, Neil es homosexual y está felizmente casado desde hace años. En resumen, si bien las minorías tienen un punto más concreto al cual defender su posición no sólo en el mundo del cine, sino en el de las artes en general, siempre son los que menos se quejan, y si lo hacen es con justa razón porque tienen que luchar contra mayorías y muchas veces caprichos de las productoras o directores, en cambio en el caso contrario, creo que hay muchos más espacios para actores caucásicos en los que pueden probar para obtener un papel en condiciones favorables para ellos, cuando en realidad nadie tendría que tener preferencias, los castings tendrían que ser justos y juzgar sólo el talento histriónico, aunque por supuesto eso es una quimera que sólo se daría en una utopía. Pero dentro de todo este tema que a muchos los pone por demás sensibles, cabe resaltar que el impacto que muchas veces es sólo por temas de recaudación o económicos para las majors, tiene una resonancia muchas veces mayor y que es por la cual yo no desacredito del todo estas decisiones de casting: el impacto que tiene por ejemplo, para un niño con Síndrome de Down el ver a un personaje en su condición en una película como "Peter Pan y Wendy", es algo que le cambia la vida, haciéndolo creer que él puede llegar algún día a estar en una pantalla de cine, o una niña de padres afroamericanos pensando que también existen hadas con su misma tez, es algo que las generaciones de minorías del siglo pasado no vivieron, y que seguramente habría abonado para que los indices de discriminación en pleno siglo XXI no sólo en América, sino en la propia Europa, no fueran tan altos y con medidas tan radicales que incluso llegan a reformas políticas. Esto es algo que no se ha mencionado mucho pero, incluso Spielberg y Wright en sus adaptaciones es algo que ya habían explorado, pero nadie había hecho tanto revuelo porque de alguna manera las adaptaciones de estos eran más digeribles que la profundidad narrativa propuesta por Lowery.

El hecho de que Lowery de igual o más importancia a Hook que a Peter y Wendy, me parece un gran acierto, como ya lo había mencionado, y sus interpretes me parece están perfectos. Un Jude Law, osado, desmedido y que se nota a leguas disfrutó muchísimo dar la complejidad (que en apariencia, no la tiene, pero que vaya que la tiene) a su Hook. Alexander Molony es un notable descubrimiento para mí, y la joven Ever Anderson brilla con luz propia, no se nos haga extraño ver muy seguido a la joven hija de Milla Jovovich.

Si vemos la historia de Peter Pan sin lo fantástico y sin la carga infantil alrededor de ella, es la historia de un chico-joven-adolescente que huye de su casa por ciertas circunstancias (que pueden ser miles de razones) arrastrando o arrastrado por alguien importante en su vida, y que al final uno de los dos tenga que dar el paso difícil de alejarse y en el acto ganar la enemistad el uno del otro; o dicho en pocas palabras, es la historia de un forajido que trata de huir a su espantosa realidad para ser libre eternamente. Y para quien no conozca el cine de David Lowery, esa es la linea narrativa que ha venido explorando a lo largo de su obra, de modo que era cuestión de tiempo para que Peter y David se terminaran encontrando, y como fan de cine de Lowery, por ello para mí la película ya es valiosa.

jueves, 13 de abril de 2023

Sr.

Siguiendo con la atención a los documentales que tenía pendiente de visionar y con muchas ganas de verlos, llego al llamado "Sr." de Chris Smith, y me parece que es sin duda uno de los más interesantes del año pasado por muchas razones que trataré de puntualizar de la manera más correcta.

El documental filmado entre el 2019 y 2022, retrata la vida y obra de Robert Downey Sr., el celebrado director de cine underground de los años 60's y 70's que cimentó muchas de las bases de la comedia contracultural en la que se verían identificadas tantas causas sociales, e inspiración para cineastas de la talla de Paul Thomas Anderson (hay un comentario bastante gracioso que hace Jr. entorno a la relación entre P.T. y Sr.); y por supuesto, el padre de Robert Downey Jr., quien funge de guía/narrador/hilo para llevar la narrativa de la historia de su padre que padece de Parkinson.

Quizá lo primero que habría que celebrarle al documental es esa libertad, tono hilarante y clave cómica con la que se desenvuelve desde el principio hasta que bien cambia en el tercer acto cuando la naturaleza de la propia película lo demanda. La película es por partida doble como si estuviéramos viendo una película de Sr., pues toda la vibra vira hacia lo que hacía característico su cine, lo hilarante de las situaciones y los personajes, la música, los cuadros contrastantes y cotidianos de una Nueva York vibrante; pero también por el hecho de que él hace su propia versión de su película biográfica, haciendo Chris un ensamble en el montaje final de lo que Sr. mostraba de su cine para ocultar cosas dolorosas del pasado, mientras Jr. trataba de descubrir esas cosas tocando los temas difíciles en la vida de su padre tanto con él como antes de él, y que éste evadía con una gracia encantadora.

Si bien el documental es un trabajo biográfico como el de "Sintiéndolo mucho", y que también hay una figura cercana del protagonista siendo el productor del trabajo, su mano no se siente que influya de buena, mala o manipuladoramente en el mismo, quizá sólo en el tercer acto se siente, pero definitivamente le viene bastante bien a la tesis del documental. Otra de las notables diferencias entre los dos trabajos (sin afán de compararlos, pues como ya lo comenté al escribir sobre este, el documental de Fernando León también me gustó mucho) es que la intención de este, o una de las intenciones, es mostrar y hacer una radiografía completa del hombre al que está generación sólo conoce por ser el papá del famoso actor qué interpreta a Iron Man, y no por sus increíbles y necesarias películas para conocer a un movimiento que surgió en Nueva York en los años 60's.

El documental expone de maravilla la relación padre-hijo que a pesar de lo que vivieron y tuvieron que superar, no se muestra mutis de distanciamiento o resentimiento, quizá resquicios de intentar entender y de querer perdonarse, pero todo envuelto en una intimidad llena de amor y el reflejo de dos personas que podrían ser la misma en tiempos diferentes.

Al final del documental, cuando Sr. ya no aparece y Jr. cuestiona si el documental lo que busca es homenajear la carrera de su padre con todo lo que ello conlleva: inicio/derrumbe/sanación, la relación padre-hijo entre ellos dos y en el acto volverse una carta para el propio hijo de Jr., o un manifiesto entre estar y no estar; yo diría que en distintos puntos del metraje del documental busca cada una de esas cosas, pues como diría el elocuente Sr., nunca se sabe a donde te lleva la película, mientras se filma y mientras se edita; y me parece que todas esas cosas el documental las encuentra y plasma de manera perfecta y natural, sin motes de ambivalencia. Y si bien muchas personas pueden pensar que el final es una cosa maniatada, yo descarto totalmente esa teoría, pues en mi vida he visto llorar a Jr. en ninguna de sus películas como acá lo hace, ni en sus mejores actuaciones; lo cual es un claro ejemplo que él, al igual que su padre, se desprendieron de todo menos de ser ellos mismos y mostrar sus emociones y su llanto de forma real.




lunes, 16 de enero de 2023

Ruido: ¿A dónde vamos cuando nos colma la angustia?





El número de películas mexicanas que en los últimos años han tocado temas sociales en su trama es avasallador, desde temas de desaparecidos, de feminicidios, de crimen organizado y demás; y entre ese número de producciones por supuesto hay los que tienen valor tanto en el fondo como en la forma, y hay los que sólo se quieren colgar de estos temas para hacer películas que el espectador consuma y así financiar más películas sin valor cinematográfico. Pero me parece que si tratáramos de dar valor, o poner en alguna posición la más reciente película de la siempre interesante realizadora Natalia Beristáin, sin duda alguna ocuparía alguna de las posiciones más destacadas.

"Ruido" me parece por muchas razones que trataré de mencionar a detalle, una de las mejores películas mexicanas del 2022, y por supuesto del tema que se maneja, o mejor dicho temas, si hacemos más precisa la descripción. Desde su paso por festivales como San Sebastián y Morelia, la película recibió críticas y elogios en su mayoría positivas, y me parece con toda razón.




La premisa de la película es tan simple como poderosa:

Julia, es una mujer que, como miles de personas en México, busca a un ser querido que ha sido presa de la delincuencia organizada. En el caso de Julia es a su hija Ger a quien busca, que lleva desaparecida 9 meses, y en ese tiempo ha hecho hasta lo imposible por dar con su paradero, pero que por una ineptitud de la Fiscalía no la han tenido en el sistema de búsqueda como se debe. Es entonces que Julia inicia una búsqueda por su cuenta y se une a varios grupos que se dedican a la búsqueda de estas personas con la ayuda de Abril, una joven periodista que investiga sobre el tema, y llega hasta lugares en los que hace que su vida y la de quienes la ayudan estén en riesgo.




Me parece que para hablar de esta película uno tiene que partir del discurso en ella. El trabajo de Natalia me parece sumamente valioso por varias razones, empezaría partiendo por el hecho de que Natalia logra crear en su película un discurso en el que se abordan varias problemáticas que se viven en nuestro país, pues si bien está la cuestión de las desapariciones, también está el del feminicidio y el de la impunidad con la que opera la delincuencia organizada en parte crecida por la ineptitud en el sistema judicial mexicano, en este sentido a la película no le tiembla la mano en ser crítica y señalar tanto a gobierno, gobernantes, organizaciones policiacas y demás. El guion se siente no sólo inteligente narrativamente hablando, sino informado, y esto se debe a las tres plumas que están detrás de su trabajo: la propia Natalia, Alo Valenzuela y Diego Enrique Osorno, por si existe alguna duda de que hubo un proceso de investigación bastante complejo detrás de la escritura de este. La película logra abordar todos estos temas, y otros de manera atinada, y si bien algunos de manera más breve, lo hacen con la complejidad y seriedad requerida, como la de la violencia contra los periodistas que investigan esta clase de hechos. Con "Ruido", uno se da cuenta enseguida que estamos ante una película mayor; no cualquier película de esta ambición y complejidad de abordar tantos temas sale tan bien librada, Natalia lo hace, aborda todo de manera correcta, y ningún tema o momento queda desprotegido, se siente flojo o de relleno.

La película no sólo es una trama interesante, o un tema rico y potencial en el cual uno pueda sentir cierta identificación; la película también tiene una riqueza narrativa hablando dentro de términos de la forma, que desbordan la propuesta creativa tan rica que tiene Natalia para contar historias.

Me parece que es pertinente, para hablar de la forma en concreto, partir por este lugar al que Julia va cuando el dolor viene por la impotencia de no dar por fin con alguna pista sobre el paradero de su hija, desde el minuto uno Natalia ya nos dicta este elemento que se vuelve muy rico narrativamente hablando y que le da un acompañamiento de congruencia durante toda la película, se amalgama perfectamente con el discurso que es desolador y desgarrador, esta zona donde los sentidos parece pierden control, no hay tiempo lineal, sólo una especie de ruido blanco que mitiga la dolorosa realidad que Julia, como miles de personas más vienen sufriendo desde el 2009 que se declaró la guerra contra el narco. La película además cuenta con unos desplazamientos de cámara y unos encuadres que, sumados al gran trabajo que se hace en el montaje y la música incidental que es puntual e impecable, nos dan muestra de la gran mirada y propuesta creativa que tiene Natalia y que ha venido demostrando trabajo tras trabajo.

Dicen que una mala película puede ser salvada por una extraordinaria actuación, pero cuando vemos una buena película, y esta se sostiene con una grandiosa actuación, es como encontrar un tesoro. Julieta Egurrola (que cabe mencionar, es mamá de Natalia, y que también sale actuando el señor Arturo Beristáin, padre de Natalia, como padre de Ger) firma una de las actuaciones más poderosas, catárticas y dolorosas que yo recuerde de películas mexicanas de los últimos años. Hay una furia y una garra que desborda en los momentos más dolorosos de la historia, pero también tiene momentos de quietud y mesura que hacen más que genuina a la Julia que interpreta. Si esta señora no gana el Ariel a Mejor Actriz este año, este premio para mi no tendrá validez alguna.




Algo que también me agradó mucho de la película, es que esta reivindica de alguna manera a la figura masculina que también busca a sus personas desaparecidas, pues si bien está claro que la película no aborda sólo el problema del feminicidio (y que tampoco yo creo que tenga un tono feminista) la película narra como, tanto el papá como el hermano de Ger (Pedro de Tavira una vez más apareciendo en una película de Natalia, y además con una intervención en verdad conmovedora) narran como sienten exactamente lo mismo que Julia. También de alguna manera vemos como en el personaje de quien se hace cargo del caso de Ger, el nuevo fiscal Zamudio Rodríguez (grandiosamente interpretado por Adrián Vázquez), hay personas dentro del sistema que tratan de hacer el cambio, aunque estén condicionadamente atados de manos.

La película, que como dice el poster, está basada en hechos y testimonios verídicos, uno escucha ciertas historias que se narran en esta, que a uno de verdad le desgarran el alma, y hacen que uno como espectador realmente empatice y se solidarice aún más con estas causas. Nos hace llenarnos de coraje y volvernos a preguntar cómo es que estas cosas siguen pasando en México. La impotencia lo deja a uno con mucho que pensar, la realidad de nuestro país nos deja helados, y el dolor que mucha gente sufre al saber que esta es su realidad, como la de la mujer cuya hija mayor está desaparecida y su hija menor la va hacer abuela; o las mujeres a las que les arrebataron a sus maridos e hijos.

El final de la película, aunque para algunos es lo más flojo de esta por los clichés y los estereotipos con que cierra la historia, me parece es la forma en que tenía que ser tratado, y es donde realmente se expone la tesis que Natalia quería expresar a mi parecer, pues no sólo vemos expuesto de manera literal al estado opresor y fascista que no ha cambiado su manera de operar desde el siglo pasado (sin importar los colores del partido que gobierne) cuando se trata de resolver temas sociales en los que la ciudadanía ya no se queda callada, vemos que, por un lado si bien el apoyo de los grupos feministas hace lo humanamente posible para luchar y apoyarse unas con las otras, la película narra visualmente un fragmento en el que ejemplifica que para poder salvar al organismo y su discurso, algunas militantes se tendrán que sacrificar. Y definitivamente el final, que si bien es doloroso porque literalmente ejemplifica el yugo con el que el sistema golpea sin piedad a quienes claman por respuestas y justicias, tiene un elemento poético y onírico en el que, la única esperanza que nos queda es que después de todo dolor y tristeza, al final se nos recompensará con encontrarnos en ese lugar al que huíamos, a las personas que tanto queremos y amamos y hemos buscado, ese lugar en el que finalmente se encontrará la paz.

viernes, 13 de enero de 2023

Aftersun: Los oscuros pasillos de nuestra memoria iluminados con luz estroboscópica.




No es necesario ser una habitación
para estar embrujada,
no es necesario ser una casa.
El cerebro tiene pasillos más grandes
que los pasillos reales.

Emily Dickinson.

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Antes de escribir formalmente sobre la notable ópera prima de Charlotte Wells, quisiera escribir sobre algunas reflexiones personales que se han venido suscitando en mi después de haberla visto hace unos días, porque siento que es preciso comentarlo para dar aún más sentido a mi análisis y el contexto que me hace escribir sobre ella como lo haré a continuación. Las cosas que nos importan, y los acontecimientos más importantes de nuestras vidas los son porque aunque los vivimos y experimentamos en primera persona, hay un halo sobrenatural que nos permite ver todas estas experiencias en un tercer plano, en tercera persona, como espectadores de nuestra propia película que es la vida, ya sea en reflexión, mientras lo vivimos, o en el recuerdo.

La película llega en el año en que he visto más cine, (más de 370 películas. En mi cuenta de IMDb se registraron 372 películas y series, pero fueron más) y por ello la película la he puesto en la décima posición de mi listado de lo mejor del 2022. Si esta película la hubiera visto en otro año en el que no hubiera visto tanto cine de calidad y que despertó muchas emociones en mí, quizá estaríamos hablando de una posición más privilegiada, sin embargo; esta película, que no sé si porque está muy reciente su visionado, o por otra cosa, no me la he podido sacar de la cabeza (esta película y "La fiebre de Petrov" son las únicas que han causado eso en mi de las que están dentro del top10).

La película la vi dos veces seguidas, porque hubo una especie de conmoción en mi que no me dejaba dormir, había algo en su argumento que me generaba muchas preguntas al aire y no me dejaban dormir, luego del segundo visionado, justo en la parte final de la película (la cual comento a detalle al final de texto), me descubrí con lágrimas en los ojos, algo que no me pasaba desde "Shoplifters" del gran director japonés Hirokazu Kore-eda.

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La película lleva por trama el viaje que Sophie (Frankie Corio) tiene con su padre Calum (Paul Mescal) a Turquía en unas vacaciones en los 90's, posiblemente las últimas vacaciones que tuvieron juntos. Y en este viaje vemos la bella relación entre padre e hija mientras se van suscitando situaciones que una Sophie adulta, presuntamente de la edad que su padre tendría en ese viaje, trata de rescatar para encontrar respuestas entre recuerdos y grabaciones.

La manera en que Charlotte nos adentra a esta historia hilvanando las grabaciones hechas por ambos personajes, y a su vez desde la narración impuesta por ella a través de la barrera que brinda una cámara de cine, atrapa; nos deja ver con fidelidad la infancia de Sophie de manera natural y su relación con Calum. Hay una magia que se logra a través del montaje que nos hace ser cómplices de una intimidad en el relato que parece imposible, de lo que ambos personajes viven en ese corto periodo y que cambia sus vidas para siempre, pero además narrado de una manera tan bella y sutil, que ni siquiera somos capaces de darnos cuenta lo que pasa, o pasará, hasta el final de los créditos, de la misma manera que la Sophie adulta, no dejando de pensar en ese viaje que es la película.

Sophie, que en muchos sentidos podría ser el alter-ego de Charlotte (se presume que la película tiene mucho de biográfica), rescata en este viaje inmerso de emociones y pasado, a un padre amoroso, pero también ausente, con todas las buenas intenciones del mundo, pero limitado, un padre que empieza a revelar el duro momento que seguramente atravesaba, y que de alguna manera abre la cloaca para ver su lado más vulnerable, su naturaleza depresiva, luego de que Sophie en su naturaleza curiosa, como lo es la naturaleza de una niña de 11 años, le hace un par de preguntas, a partir de ahí es que Calum tiene esta crisis que son el peso de la Sophie de 30 años ya siendo madre, con este bello recuerdo con trasfondo doloroso que formó su crecimiento y que la persigue en su vida adulta, este recuerdo que Sophie trata de acomodar, o con el que ella se quiere reconciliar, por no ver las señales que evidentemente una niña de 11 años no podía ver.


Charlotte y su padre, en un viaje de vacaciones que tuvieron a Turquía en los 90's, como en la película.


La película es también en muchos sentidos un coming of age al que se descubre Sophie de una manera un tanto forzada, si bien no de una manera dura o dolorosa, si en el sentido de una crisis que su padre sufre y trata de reparar, y que de alguna manera él lo hace con ella, aunque las secuelas son las secuelas. Las condiciones de esa convivencia en un lugar alejado, apartados de gente que conocen, llevan a que ese despertar en Sophie sea natural pero forzado por la situación, y no por la trama, como pasaría si esta fuera una película con tratamiento convencional y un director de fórmula.

Al igual que el montaje es vital para la narración no convencional a la que Charlotte somete su película, me encanta la manera en que ella utiliza la cámara, tanto en los desplazamientos, como en los encuadres (tiene encuadres que en verdad son hermosísimos, de ensueño) e incluso en los colores. La película, o la narración en tercera persona (que en realidad es un disfraz para la narración en primera persona, es decir, la narración de Charlotte) tiene un tratamiento fotográficamente hablando, que comunica de manera muy directa con las grabaciones de video (narración en primera persona de ambos personajes), pues incluso se utilizan recursos muy poco explorados en los que la limpieza y la justificación de los planos ejecutados no sea adecuada académicamente hablando, pero que son hermosos narrativamente hablando (o sea, comunican mucho) y funcionan discursivamente, incluso esto se puede ver en la saturación de colores y el granulado al usar ISO's muy elevados en escenas oscuras, y esto a mi parecer le da un matiz muy honesto a la película. Aunque no haya perfección en el estricto sentido de la palabra, hay mucho amor y corazón en estas acciones. Una narración además plagada de silencios que tienen mucho poder y presencia.

La película en muchos sentidos, además de hablar entre líneas sobre los procesos de construcción del pasado y sanar las cosas pendientes con las figuras que amamos y que jamás llegamos a conocer del todo, es una película que habla sobre paternidades y lo difícil que es esta responsabilidad a cierta edad, cuando uno no sabe que hacer con la propia vida, vemos en Calum a un padre que trata de dar y hacer lo mejor por y para su hija, pero que le cuesta mucho. Lo vemos tratar de distraer su mente en la lectura y en la práctica de Taichí, pero de un momento a otro la paz que trata de construir, lo derrumba y vuelve a la pesada realidad. Me pareció interesante ver ciertos paralelismos con la película C'mon c'mon de Mike Mills (también en mi top10 de las mejores películas vistas en el 2022), sobre todo en los personajes de Sophie y Jesse, pues en una parte de la película en que Calum se va a bucear, Sophie se queda en la embarcación diciendo que no sabe si su padre volverá, y con un nerviosismo notorio al despedirse y cerrar la grabación empieza a decir en repetidas ocasiones "Good bye", en C´mon c´mon, cuando Jesse agarra el equipo de grabación de su tío Johnny, este al final empieza a decir luego de dejarle un mensaje "C´mon c´mon" en repetidas ocasiones; y si bien en la segunda se trata de la relación de un tío con su sobrino, a través del cual trata de enmendar la relación con su hermana y su pasado con la fracturada relación con sus padres, está precisamente ese tema sobre la mesa: sanar heridas personales (incluso no lo había pensado hasta ahora, pero "La fiebre de Petrov" también habla de las heridas generadas por la relación entre padres e hijos, y como los hijos siendo adultos, curan estas heridas a través del amor que ellos dan a sus hijos, y que en su momento ellos carecieron y añoraron).

Las actuaciones y la química entre Paul Mescal (que verdaderamente es un pedazo de actor, para mí, el Marlon Brando de este siglo) y Frankie Corio, realmente desbordan la pantalla, no parece que estuvieran actuando, pareciera que realmente estamos viendo a un padre y una hija de vacaciones, incluso parece que estuviéramos viendo grabaciones reales hechas hace veintitantos años, y eso es algo que evidentemente hay que aplaudirle a Charlotte y todo su equipo, tanto por la producción, y por el casting.

Finalizo diciendo que la parte final de la película es una cosa realmente hermosa y dolorosa en la misma proporción, es un final que se lee de diferentes maneras, y en diferentes tiempos, me atrevería a decir incluso que no hay cronología lineal para entender la razón por la que Sophie (o Charlotte) quiso escarbar en sus entrañas, recuerdos y grabaciones, para reconstruir a ese padre al que le encantaba bailar, y que al son de Under pressure de David Bowie y Queen, seguro hizo llorar a más de un espectador.

martes, 8 de noviembre de 2022

"Ir y volver" de José Permar: fondos que llegan al corazón, formas hechas con el corazón.





El cortometraje documental más reciente del realizador sudcaliforniano José Permar, es un ejercicio que me parece uno de los trabajos más brillantes y valientes del año, ya que en él, además de plasmar una historia muy personal, hay una serie de elementos en el plano creativo que son por demás propositivos, pero vamos por partes para hablar de su hechura y su importancia tanto en el discurso como en su narrativa.


Según Filminlatino, esta sería su sinopsis:
Mientras una madre está en terapia intensiva con pocas esperanzas de sobrevivir, su hijo se encuentra en otro continente sin posibilidades de verla.


Este cortometraje que a mi parecer entra dentro de la corriente del cine-ensayo, experimenta de manera muy natural en su narrativa, tanto en lo auditivo, como en lo visual, pues por una parte podemos escuchar de manera entrelazada, tanto las reflexiones de José por la situación que estaba viviendo su mamá en México al caer en terapia intensiva y en un coma inducido, mientras él viajaba por Europa para estudiar un Máster en cine documental; así como los vagos pasajes que su madre recordaba de esos días en que ella estaba entre la vida y la muerte, todo mientras el espectador escucha a su madre hablando con él por teléfono, y a él como si estuviera escribiendo una carta en la que no sabe si ir con su madre y de esta manera dar por sentada la posibilidad de que ella realmente podía morir, o seguir el camino natural de las razones por las que él hizo ese viaje, con la esperanza de que su madre estará bien y podrá volver a verla y escucharla a su regreso.

El discurso que José crea en el plano auditivo es realmente emocional, sin caer jamás en el melodramatismo burdo y barato, no teme en mostrarse vulnerable ante una situación en la que cualquiera de nosotros caería en el estado de mayor vulnerabilidad que el ser humano puede caer, como lo puede ser la posible muerte de un ser tan amado como lo es una madre. Esto sobre todo se demuestra cuando José trata de grabar un audio que los médicos que se encargan de su madre, le recomiendan que haga para que ella probablemente lo pueda escuchar.

En el plano visual, José crea un montaje realmente hermoso que hilvana y empata perfectamente con el discurso de sus reflexiones, a través de las imágenes que él registra de sus viajes y los lugares en que está mientras está viviendo todo esta situación en su interior y en la distancia (no sé si José filmó con película o si ese detalle para darle el aspecto de película se trabajó en la post-producción), encontramos imágenes realmente bellas, que a uno lo hacen remontar a los grandes maestros del cine-ensayo y cine-diario, por lo cual no es nada difícil de entender el por qué José trabajó su discurso a través del montaje que hizo. Hay elementos muy sencillo, pero que en su sencillez se vuelven poderosísimos para entrar precisamente en la psique del discurso que José expone en su trabajo, como ese bucle que hace en unas escaleras, con casi todo en oscuridad salvo por una lámpara que nos da una luz que bien podría representar la esperanza de poder volver, como José expone su deseo de poder hacerlo como su madre lo hizo, sin sentir esa sensación de que cada vez le es más difícil volver a su lugar de origen, de no sentirse más un nómada, un extranjero que va de acá para allá al cual cada vez se siente más lejano, como él lo expone en esta carta visual.

Un trabajo muy sencillo en el que lo que vemos de manera muy natural y cotidiano, enmarca el hecho de que en el trabajo de José, el mensaje es lo más importante y poderoso, en el que el contexto social  e histórico de los últimos dos años, podría reflejar la historia de muchas personas que al igual que él, estuvimos en esa disyuntiva entre irse o quedarse, en el que muchos regresaron, y otros ya no pudieron hacerlo.

viernes, 21 de octubre de 2022

Micro-críticas.



Kirschblüten-Hanami - Doris Dörrie
Para mí no es una casualidad el hecho de que esta directora haya elegido Japón para que sea el centro de su película en muchos sentidos, y es que si la historia tiene esta esencia es fundamentalmente no por el amor a este país en si, sino por el amor y el homenaje que la directora quiere hacer a uno de los directores de cine más influyentes de la historia: Yasujiro Ozu y su obra maestra: Cuentos de Tokio; y este amor se refleja sobretodo en la primera mitad de la película, en la forma en que está hecha, en cada plano, en cada situación, en la forma en que retrata y cuenta esta historia a través de detalles que parece no cuentan mucho, y que no están conectadas de manera clara con la historia, como en las calles, en los pasillos, en esas cotidianidades que cuentan con tan poco, mucho; así como en los personajes que son un claro espejo de los personajes de Cuentos de Tokio, sobre todo en los dos personajes protagónicos, y con el papel de la hermosa Nadja Uhl, que es la representación perfecta de Setsuko Hara al interpretar a Noriko, un personaje que la hizo inmortal.
Pero aún con todo esto y que para mí la película es un homenaje, hay un discurso y una mirada muy propia de la directora que es inevitable hacer notar el gran trabajo que hace a través de su estilo y el lenguaje que forma con tan hermosa historia, hay un dominio impresionante de las situaciones que por momentos literalmente vemos como captura momentos que pareciera no fueron del todo capturados a través del guion, pues se siente por momentos que hay más intuición e improvisación por las cosas que ocurren y como las captura, como cuando el personaje principal se pierde en Tokio y recorre la ciudad, o cuando está en el hotel con su última compañera de viaje en el monte Fuji.
La película hace un par de representaciones de la muerte, que son en verdad hermosas.




Die fremde - Feo Aladag
Es inevitable al ver esta película recordar a la más contemporánea Nur eine Frau de la directora Sherry Hormann, y que va más allá del reparto (que cosa extraña, aparecen varios actores en ambas), y es inevitable porque básicamente ambas historias tratan la misma historia que es verídica. Si bien la película de Hormann se proclama como una película que retrata esta historia verídica, como si fuera un biopic (incluso toma varios elementos de la noticia y material de archivo de la mujer que retrata) la película de Feo, toma parte de esta historia y la adapta para hacer su propia historia, y esto se nota sobretodo en el final de esta.
Una de las diferencias entre la película de Sherry y de Feo es que en la de la segunda, hay un peso más que interesante en la forma en que la familia de la mujer que trata de ejercer su libertad, ve trastocada en su psique personal esta decisión que les cambia la vida, hay un claro sufrimiento en todos los integrantes, al grado que les pesa no poder hablar con la persona que los puso en vergüenza en su comunidad, y como realmente les cuesta afrontar la única forma en que pueden ver su situación solucionada, algo que no se ve de esa manera tan profunda y catártica en la película de Sherry.
El trabajo actoral de todo el reparto es estupendo, pero sin lugar a dudas el personaje que a mí me maravilló fue el del pequeño Nizam Schiller, que es el personaje que al final termina pagando todo el viaje doloroso que emprende su madre con tal de que ambos pudieran ser libres y felices sin la represión que sufren las mujeres musulmanas por parte de su propio pueblo.

miércoles, 6 de julio de 2022

Nuestras madres.





Hace unos meses, cuando escribí sobre Nudo mixteco, tocaba el tema de cómo a los festivales europeos les encanta tener y premiar a películas latinoamericanas que tocan temas densos y que ellos pueden disfrutar cómodamente desde su butaca y su visión primermundista, y cómo muchas veces esas películas retratan precisamente estas historias de manera sensacionalista o sólo con el simple objetivo de poder ganar premios en los festivales por los que pasan, como es el caso de Nuevo orden o Chicuarotes.

Afortunadamente también dentro de ese cine que llega a Europa con esta bandera, hay películas realmente destacadas que retratan esas historias de pueblos originarios que duelen y que se muestran con fidelidad, tal es el caso de la ya mencionada Nudo mixteco, y también de la película de la que escribo a continuación: Nuestras madres de Cesar Díaz, película ganadora de la Caméra d'or en el Festival de Cannes en el 2019 (y que curiosamente este año lo ganó la película Way Pony de Riley Keough y Gina Gammell, sobre un par de jóvenes de una reserva de indios nativos en Estados Unidos)


La película expone como, a la par de que se llevan juicios políticos en contra de militares que asesinaron a muchísimas personas durante la guerra civil en Guatemala, los forenses investigan, descubren y desentierran fosas clandestinas a lo largo del país. Uno de ellos, Ernesto, se encuentra con el testimonio de una mujer que le da la ubicación de donde los militares llegan a su pueblo tras los guerrilleros que ya se habían ido, y matan a bebés, niños y hombres, entre ellos su marido. Es después de que la señora le enseña una foto donde aparece su marido con los guerrilleros, que Ernesto se toma personal el caso, pues uno de los guerrilleros que aparecen en la foto es su padre, desaparecido como miles de personas más en ese espeluznante episodio de la historia guatemalteca. Entonces es a partir de ahí que Ernesto va descubriendo cosas, y en este viaje emocional su madre con él, revelándosele cosas que, como en su momento le diría su madre, no le contaría ni aunque estuviera bajo tortura, pero que al final de cuentas lo hace, por justicia propia y por justicia para los demás.


Lo primero que poderosamente me llama la atención de la película de Cesar Díaz es el control que tiene de la tensión y la trama a través de la estética que propone. Es una película que estéticamente es fuerte y directa en los momentos más duros, hay una propuesta estética que hace que uno vea de cerca la situación, a los personajes y las reacciones que ellos tienen ante los testimonios que dan y los testimonios que escuchan, y eso se siente cuando uno ve la película en una sala de cine, pues es en estos momentos en los que no se escucha ni siquiera a una persona en la sala comer sus palomitas de maíz. Jamás se podría decir que es una película que se ve "bonita", porque lo que cuenta no es para nada bonito, es una película que se muestra de manera correcta, y cuya propuesta visual ayuda al móvil de lo que la historia requiere, siempre con un respeto y un cuidado que impresionan y uno agradece. Por momentos hace recordar al cine de Dumont y de Ozon, y quizá de ahí venga el apoyo y el cariño de Francia hacia esta película.

Las actuaciones de Armando Espitia (quien está hecho un actorazo) y Emma Dib son realmente extraordinarias, ambos encarnan a la perfección la lucha interna que sufren sus personajes. Por una parte Armando en Ernesto refleja esa intensidad de la búsqueda de la figura paterna que jamás conoció, y que la sabe arrebatada por un Estado que ya no existe, pero que no deja de tener manchas en la política actual, como esas trabas que tiene que pasar para desenterrar a los muertos de esa comunidad y dar con el paradero de su padre, porque la burocracia siempre está rindiendo cuentas a alguien. Vemos el duelo por el que atraviesa cada vez que se siente impotente y lejos de su objetivo, a demás de la lucha con su madre que no quiere destapar la cloaca del pasado que vivió al no querer testificar en el juicio que hace el pueblo contra las figuras de sus pesadillas y que busca justicia y no perdonar ni olvidar. En el caso de Emma con Cristina, es muy similar la lucha a la de Ernesto, pero siempre desde la calma y la mesura, por el miedo que le provoca el exponer hasta a su hijo por las represalias del pasado. La vemos siempre dar vueltas a temas delicados con Ernesto, no querer acompañarlo en la búsqueda, siempre deslindarse y siendo distante, pero la transformación de ocultamiento a aceptación en ella es triste pero liberador en ese culminante testimonio fulminante, liberador hasta en nosotros los espectadores, como las escenas en las que Ernesto descubre la verdad sobre su padre.

La película recuerda a obras como El silencio de los otros, Flor de otomí e Incendies por la temática que aborda, pero la forma en que lo hace Cesar, me parece nos pone ante un realizador latinoamericano que dará muchas historias con fondo y forma que enriquecerán aún más nuestra filmografía como pueblos con historias potentes por sacar a la luz.

jueves, 30 de junio de 2022

Palabras verdaderas: los temas importantes de contar en el documental mexicano.





Contar la anécdota que hacen que el trabajo de Denisse Quintero y Sueño en otro idioma de Ernesto Contreras estén conectadas, creo que no tiene interés ni fondo en lo que es al final de cuentas este documental del 2020, pero llega a ser una de esas curiosidades que hacen tan ricas las proyecciones en los festivales de cine. Esto sólo lo digo como introducción para hablar de este valioso documental cuyo protagonista y tema central viene a ser una comunidad entera.


El documental narra como en el pueblo de Ayapa, en el estado de Tabasco, se hace un esfuerzo por parte de varios habitantes por rescatar la lengua nativa del lugar, el Ayapa Zoque que está en vías de extinción. Pero conforme vemos y escuchamos los testimonios recabados por Denisse sobre los hablantes ancianos del lugar, vemos todos los problemas que han venido arrastrando los habitantes del pueblo desde décadas atrás como la discriminación, la violencia, el saqueo del lugar, poniendo como prueba fehaciente que, siempre el "hombre civilizado" es el menos civilizado, y el que siempre se empeña en desaparecer el patrimonio que hace rico a su lugar de origen y a sus raíces. Pero el documental también es testigo y evidencia de que hay personas que siempre quieren ayudar y que están en la lucha para que las lenguas nativas que existen en nuestro país no desaparezcan del todo, aunque sea una lucha contra el tiempo y lo imposible, pero siempre la luz de la juventud brilla por muy mínima que sea la probabilidad y la intensidad de la llama.


Cuando uno tiene la posibilidad de ver un documental como el de Denisse, es imposible que le vengan a la mente otros documentales sobre las lenguas originarias que se han producido en los últimos años en nuestro país, sin la mínima intención de compararlos por supuesto. Kuxlejal es uno de los que a mi me vinieron a la mente inmediatamente, por este grupo de jóvenes chiapanecos que defienden su lengua nativa, el tsotsil, formando un grupo de hip-hop para que los jóvenes se incorporen y así luchar de alguna manera y desde su trinchera contra los altos índices de suicidio que ocurren entre su comunidad. También recordé a Laberinto Yo'eme de Sergi Pedro Ros, en el que se ve como el pueblo Yaqui en el estado de Sonora sufre el desplazamiento de sus tierras a través de la violencia ejercida por el crimen organizado, pero también a base de discriminación por su identidad y las adicciones a las que los hacen caer a la fuerza. Pero sobre todo me recordó al hermoso documental Tote Abuelo de María Sojob, y que es con el que yo encuentro una conexión muy afín con el trabajo de Denisse, aunque en la forma son particulares y distintos.

Si bien en el trabajo de María, el deseo de que la lengua y las enseñanzas que tiene su abuelo no se pierdan, y que ella las pueda transmitir a su hija, y que claramente hay una línea más personal, además de ser un trabajo más contemplativo y cercano al cine-ensayo (como lo llega a ser La danza del hipocampo); en el trabajo de Denisse es más general el espectro que ella toma, pues logra retratar fielmente los deseos y las necesidades de la comunidad a través de todos los personajes/personas que retrata su lente, y eso, además de ser más complicado, vuelve el mensaje del documental más poderoso y cercano al espectador que no alcanzaría a comprender todos estos problemas si los viviera de primera mano. El tema de la discriminación ambos documentales lo retratan a la perfección, y me parece que si bien en el trabajo de María tiene más peso dramático, en Palabras verdaderas es sólo una de las tantas piezas bien expuestas en el documental.

Quizá lo que a mí más me conmovió del documental (porque hay muchas cosas que en verdad me llegaron a conmover), es cuando los ancianos del pueblo y los niños conviven en el mismo lugar aprendiendo unos de otros, y vemos como una niña habla fluido el zoque, y vemos como habla sobre la lengua con amor y orgullo, algo que recuerda a la niña en La recua, y aquí es donde el documental pone a pensar a su espectador, y lo pone a pensar con un dejo de esperanza: de cuantos niños que convivieron en vida con estos ancianos, alguno será una semilla donde el zoque seguirá viviendo, junto con los que lo llevan en el recuerdo y que algún día quisieron aprenderlo pero que sus padres no quisieron que sufrieran lo que ellos tuvieron que vivir por la ignorancia de la "gente de ciudad".

Un documental sencillo y con una propuesta muy única, en el que se percibe que si bien la mirada de Denisse no se siente tan íntima como la de otros documentalistas que retratan historias sobre nuestros pueblos originarios, si se siente una mirada que mira todo con cariño y la distancia apropiada, y sobre todo se siente que la mirada de Denisse tiene más amplitud en el sentido que puede enfocar la narrativa en muchas personas y muchos temas, sin perder el mensaje que quiere transmitir, y que tanto es importante como cineasta que es, como por la misma importancia en sí del tema.

sábado, 18 de junio de 2022

I, Daniel Blake: El estado Vs. las personas buenas.





Dentro del cine social hay directores que son imprescindibles para la historia del cine mundial, y que su importancia va más allá de la etiqueta que puede dar muchas veces decir cine social. Los hermanos Dardenne, Costa Gravas, Glauber Rocha, Andrzej Wajda, son algunos, y entre ellos podemos poner de manera muy particular al británico Ken Loach.

Ganador de dos palmas de oro (que eso no nos tendría que decir mucho) la primera con la que para mí es su mejor película The wind that shakes the barley (llamada en México "Vientos de libertad", con un Cillian Murphy descomunal) y la segunda con la película en cuestión: I, Daniel Blake.


Daniel es un carpintero de 59 años que, después de sobrevivir a un infarto, lo obligan a dejar de trabajar, entonces inicia el trámite para recibir la asistencia social, pero para poder recibir la ayuda él debe empezar los trámites que para un hombre de su generación, resultan ser muy complicados, pues además de que nada lo puede hacer personalmente, debe acreditar ciertas horas en las que debe comprobar que ha estado buscando trabajo, pero su alta médica aún no se lo permite, pero aún así el trata a toda costa de hacer lo humanamente posible para que el estado le brinde una ayuda que, en el papel debería de recibir. En este largo viacrucis conoce a Katie, una joven madre soltera de dos niños que es transferida de Londres hasta la ciudad donde vive Daniel para que le puedan asignar una casa y ayuda social, pero ese cambio desestabiliza su vida por completo, pues además de dejar ella y sus hijos todo lo que conocían, se da cuenta que ni es tan sencillo lidiar con la burocracia, ni la ayuda que le brindan es suficiente. Entre altas y bajas, ambos se sirven de apoyo y soporte en los momentos muy malos y en los no tan malos, Katie haciendo sacrificios, y Daniel alzando la voz de la única manera que él cae en cuenta que le pueden hacer caso, al final parece que Daniel será escuchado como lo que es: un ciudadano que ha contribuido y a cumplido con sus obligaciones desde siempre, pero la vida sólo nos muestra al final el legado y la figura de un hombre ante los suyos, que sólo luchó por lo que le correspondía y que el estado hizo hasta lo imposible para no otorgárselo.


El retrato que hace Loach a una situación que quizá está más vigente que nunca no sólo en Europa, sino yo diría en la mayor parte del mundo, es crudo, directo, sencillo, honesto y desgarrador, pues retrata a la más llana perfección ambas caras de la moneda, la fría y desinteresada del estado y su muchas veces fallida y absurda burocracia, y la de la desesperación de las personas que no pueden hacer nada más que sobrevivir a su realidad. El apoyo y empatía de los ciudadanos afectados es real, vemos a Daniel, aún con su situación, ayudar a todo aquel que lo necesita, si bien no en apoyo económico porque no lo tiene, si en estar presente, y así lo vemos con Katie y con su vecino China, que también lo ayudan sin interés alguno, sólo por comprensión y afecto, es ahí que vemos que lo económico no es necesario cuando se quiere servir de soporte en los momentos complicados de la vida. Ahí radica la luz humana tan conmovedora que desprende, a pesar de la situación que sufren y que nosotros espectadores vemos muchas veces cómodamente desde nuestras butacas.

Me parece que las actuaciones de los actores no son del todo perfectas, pero es en esa imperfección que los personajes se vuelven más humanos y creíbles, en esos momentos de indecisión, incluso pareciera que ellos en su rol interpretativo no están del todo preparados, pero esa es una reacción que el espectador puede creer, pues se está acostumbrado en el cine dramático meramente comercial que las reacciones en este tipo de situaciones sean desmedidas, acá hay incluso una contención en las emociones que vemos a los personajes todo el tiempo nerviosos, avergonzados, tartamudos, como en la escena en que Katie llora en las escaleras, o cuando empieza a comer desesperada en el banco de alimentos y pide perdón todo el tiempo (Hayley Squires hace un papel tremendo).

Como lo dije, uno quisiera que el cine de Loach fuera una ficción, bien contada y escrita, que lo es en sí, pero el cine del británico no deja de ser un reflejo digno de ese realismo social que sólo él sabe contar y que logra impactar y despertar al espectador de lo que otros sufren, y que lo hacen a él, sin lugar a dudas; uno de los directores más valorados, importantes y valientes de la cinematografía mundial. Un director al que se ve el cine social le importa desde las entrañas, y no sólo para hacerse de apoyos y premios.