Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

miércoles, 4 de marzo de 2026

"Los domingos" de Alauda Ruiz de Azúa





Soy muy fan de Alauda, ya desde "Cinco lobitos" me pareció que su cine, y los temas que convergen en este, son muy necesarios, y debo decir que entre aquella y "Los domingos", aunque en la trama no lo parezca, el eje discursivo es bastante similar.

Sin revelar ningún spoiler en el acto, antes de abordar la película como tal si debo decir algo que me parece importante y que muchas personas que admiro y con las que comparto cierta opinión sobre la misma, han dicho de una forma u otra: siento que es la película más premiada del cine español del año pasado porque es de alguna manera la de estructura y narrativa más clásica (lo cual no es malo en lo absoluto), o dicho en otras palabras: es más accesible para el entendimiento de todos los públicos, aún con lo ríspido de la trama, la cual en términos generales puedo plantear como dos caras de una moneda que podrían simbolizar a una familia, y a dos integrantes de ella en particular que se aman mucho (la tía Maite y su sobrina Ainara), se ven conflictuadas por la espiritualidad: una por el llamado a esta, y la otra por la falta de. En esa disputa se pone a prueba el amor, el respeto y la tolerancia, y justamente pone al espectador en una zona en la que hay que poner criterio propio y elegir bando, y por eso es que la película viene siendo tan comentada y tan polarizada.

Comentario aparte antes de cerrar esto, debo hacerlo dedicado exclusivamente a la imponente y extraordinaria Patricia López Arnaiz. A ella le conocí en el 2020 gracias a aquella maravillosa serie llamada "La otra mirada" (la serie es del 2018, pero en México se televisó 2 años después, y la verdad no recuerdo quién lo hizo, compartiendo además créditos con mi adorada Maca) y desde hace dos años viene figurando en mis listados de mejores actuaciones del año: "20000 especies de abejas", "Los destellos" (mi película española favorita del año pasado) y por supuesto esta, con una escena sublime en la que se desgarra ante su sobrina sacando toda su postura ante su decisión (la debutante Blanca es un descubrimiento por demás brillante, en el sentido de que toda escena que comparte con Patricia, le sigue el juego y el tiempo a la par). La escena final es una cosa importante: comienza justo con un punto de inflexión y quiebre por parte de Maite, justo como el que experimenta Ainara en su discernimiento vocacional, y que luego se manifiesta en una escena de picado-contrapicado metafórico que las encuentra y confronta simbólicamente para acabar la película en una toma que la verdad no se si comprendí del todo, pero que interpreto como la liberación de la tía Maite, con un acompañamiento musical sin comparación. El resto del reparto acompaña de manera correcta. El argentino Juan Minujín también tiene una escena que le valió varias nominaciones en España.

"Los domingos" es una película completa, redonda y brillante; que a mí me ha gustado muchísimo y que me parece no hay que poner en duda su valía, y la gran directora que es Alauda. Ahora, dicho lo anterior, debo decir que no es mi favorita en lo absoluto del año pasado, pues considero a otras películas más brillantes, aventuradas y arriesgadas tanto en fondos como formas (como la ya mencionada y protagonizada por Patricia, pero también "Romería", "Tres adioses", "Sorda", incluso "Sirat" que aunque no es tan buena, creativamente es muy propositiva) en un año por demás prodigioso del cine español.

domingo, 1 de marzo de 2026

"Resurrection" de Bi Gan.




El sueño de un delirante: el cine nos hace sentir más vivos.


¿Se puede resumir una película como ésta, y la experiencia de verla, en unas pocas palabras? Me parece imposible.
¿Se puede intentar? Me parece que si.


Bi Gan es un maestro, un genio; y la riqueza cinematográfica de esta película es extraordinaria en todo su esplendor y que técnicamente es prodigiosa. Para Bi Gan, y para todos los que amamos cine y el cine por definición artistica, es un truco de magia, el mayor de todos. Pero también es el limbo, es el cielo, el infierno y la vida misma. Se apropia del cine, de su historia, y los hace suyos. Bi Gan se sirve de esta película para hacer un despliegue de todo el siglo pasado a través de un prólogo y cuatro segmentos mediante una fábula (para mí) que explora un mundo en el que no se puede soñar, o mejor dicho, esta prohibido soñar, y quienes se resisten a tal imposición o aun tienen la capacidad nagural de hacerlo, son perseguidos y castigados. Y esta revisión nos lleva a desmenuzar la historia del cine, sus corrientes y sus más grandes autores. Para mí Bi Gan recoge y se alimenta de maestros como Mellies, Murnau, Ford, Cocteau, Renoir, Melville, Tarr, Tarkovski, de Sica, Kitano, Kar Wai, Lynch, Yimou, Jodorowski, Leone y Spielberg.

Son tantos los discursos y temas que manifiesta en estos segmentos (que van desde la magia y la capacidad que tiene el humano de soñar y como esta de alguna manera cada día se va perdiendo más, muchas veces por factores como el capitalismo y los regímenes autoritarios y fascistas. Cómo el truco y el juego pasan de ser algo espiritual a sólo un espectáculo, incluso cuestionar el porque la necesidad del humano por buscar la enajenación a través de sustancia si tenemos el cine), que es probable más de uno se pueda perder, y en la detección que hago de eso, hace que la película no sea perfecta, pero para mí lo que hace Bi Gan roza en una obra maestra.


"Todo lo que tiene forma no es más que una ilusión."


La película tiene la capacidad de los sueños, pues mientras dura, uno experimenta la capacidad de sentirse libre, de ser feliz y de pasar por todos los estados de ánimo posible. Tiene la maravillosa capacidad de hacernos sentir y sorprendernos, de no saber que va a pasar, y muy pocas películas hoy día tienen la capacidad de hacernos sentir eso. Una película cuya vigencia durará décadas.


"-¿Es tan importante la respuesta a un enigma?
-Para mí es lo más importante del mundo."


El cine está hecho de sueños, rezó alguna vez Jodorowski. Entonces, si los sueños nos alargan la vida, el cine también lo hará; como si fuéramos eternos vampiros, capaces de resucitar una y otra vez que nos adentramos a películas como esta, como si viéramos en la pantalla nuestros propios sueños dirigidos por otra persona, y en el acto hacernos sentir menos solos y sentirnos más humanos y conectados con todo. Porque nuestra alma, y nosotros, estamos hechos de luz, de fuego; y precisamente eso es lo que nos consumirá. Seguramente hoy soñaré con la película.


"A quién no le gusta ver el amanecer."


Finalizo diciendo que, el cuarto segmento, al más puro estilo de Bi Gan, es un espléndido plano secuencia de más de 30 minutos, que en realidad dura horas, pero revelar este, u otros trucos que se emplean a lo largo del metraje en su hechura; sería hacer spoilers innecesarios.

viernes, 13 de febrero de 2026

"¡Caigan las rosas blancas!" de Albertina Carri: en el descubrimiento de una película, o del tumor cósmico del humanismo.





Advertencia:
Un poco la intención de este texto es el que no tenga ni pies ni cabeza, porque la película como tal tampoco tiene ni pies ni cabeza, en el mejor de los sentidos posibles que pueda tener esta frase. También advertir que no es una película apta para señoros (tómese esta palabra en el peor sentido posible de la palabra) y/o cabezas cuadrada de mentalidad cerrada.

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Esta pieza inventiva y experimental con cierta aura metacinesca, dirigida por Albertina Carri, es sin duda una de las cosas más raras, libres, libertinas, inclasificables y maravillosas que he visto en lo que va del año. Atraviesa toda frontera existente (y de manera fantástica) y danza en plena libertad entre lo lúcido, lo lúdico, lo irreal, lo inconsciente e incluso lo surreal; pero con una carga muy real desde la literalidad respecto al placer del presente y el dolor del pasado. Una sencillez narrativa y la profundidad discursiva que se sirve de muy poco para ser significativa y propositiva: por momentos parece vemos una soft-p0*n-movie lésbica, por momentos pareciera una peli serie B producida y bendecida por el mismísimo John Waters, por momentos pareciera más un thriller de misterio paranormal, incluso pareciera tiene algo del cine de Citarella-Llinás (espero no estar ofendiendo a nadie con esta declaración) más allá de las presencia de dos de las chicas de Lava.

Ahora paso a un facto duro pero cierto: la acogida de la película en su natal Argentina no ha sido tan buena como la recepción que le brinda su servidor hasta este momento, y un tanto la opinión a esta se ha manifestado sobre todo en el sentido de que mucha queja recae en el hecho de lo complicada que ha sido la situación en cuanto al financiamiento del cine argentino en los últimos años, y no se cree que proyectos como este se lleven dicha guita. Ahora, respecto a esa postura, que por supuesto se entiende y yo sería el menos indicado en juzgar, creo que más que castigar a las obras que ganan dichos fondos (que también hay que juzgarlas y criticarlas, pero no en base a eso, o al menos no con tanta severidad respecto a eso) es castigar a dicho sistema que da fondos a las llamadas vacas sagradas (por lo poco que investigué de Carri [es la primera película que veo de ella] es una veterana] por este tipo de películas que son más libertarias y sin aparente carga social (que hablando de ésta por supuesto que la tiene, pero se tiene que ser paciente), aunque también esa postura significativamente coarta la valentía y la libertad creativa de los artistas (y de eso está película tiene un montón) sean nóveles o de largo tramo. Y yendo aún más hondo me atrevo a hacer este comentario: sería estar un paso más cerca de una postura fascista y un sistema opresor.

Yo considero que la película es ambigua en el sentido que te invita como espectador a confrontar y contrastar miradas, y tomar partido: la puedes ver como una película que hace una crítica constructiva sobre temas varios e importantes, o que se sirve de un sensacionalismo pueril (y del erario público) para hacer hincapié en su demostración a base de apologías. Es una película que te incita y te invita a argumentar tu postura, y yo mil veces prefiero eso a una película soft-trash-food que te vende un producto made in usa sobre el fascinante y al alcance de todos american dream de hacer un cine industrial de superheroes y magnánimas e interminables explociones. La pieza de Carri emana ideas que flotan, fluctúan y chocan, y que jamás aterrizan en una narrativa coherente y arquetípica de esas que los eruditos de las academias defienden a capa y espada como los dragones medievales que son y que buscan a toda costa sostener hegemonías. Esta película es libre en todo ámbito y aspecto, punto. Es difícil, complicada y compleja, pero también única.

La última media hora de la película discursivamente hablando, es una locura, pero también es una joya, y un poco acá se justifica todas las ideas sueltas y libertades que se conceden en el resto de la película, lo cual podría verse como un premio al final del camino, que también comprueba una teoría que últimamente he estado desarrollando: los vampiros se están volviendo a poner de moda.

"La desaparición de Josef Mengele", de Kirill Serebrennikov.





De entrada debo decir que probablemente ha sido la película más difícil de ver de lo que conozco de la filmografía de Kirill, más allá del hecho de que cada una de sus películas que he visto ha sido una experiencia totalmente distinta y formidable (es de los pocos directores contemporáneos que cada encuentro con alguna de sus películas, me hace sentir que estoy ante una completa obra cinematográfica), y del hecho de la dureza y rudeza de su personaje protagónico, que sin duda se podría decir que es el más ríspido de todos (por no decir otra palabra); hay congruencia con el hecho de que a Kirill siempre le ha gustado hacer retratos en su cine de personajes de fuerte presencia, controversiales, y para nada tibios.

En la persona de Josef Mengele, que es extraordinariamente interpretado por August Diehl (que nuevamente vuelve a interpretar a un nazi sádico, aunque también ha estado en el otro lado de la moneda) explora la maldad natura del ser humano condicionado por sus circunstancias y su educación familiar (claros reflejos en la convivencia padre-hijo). Muestra tal maldad sin filtros ni recato, aunque sin ser desmedidamente gráfica u obscena. Muestra la maldad que existe sin hacer apología ni ser partícipe de su creencia, desde un punto objetivo que no prejuicia, sin avalar ni condenar, aunque sí muestra las consecuencias y destino que todo mal recibe, y examina estructuralmente qué tanto hay de maldad en el individuo, en la sociedad, y en el régimen que obliga a esa maldad, o aún más incisiva está la posibilidad discursiva que plantea casi al final del largo metraje: la maldad en tiempos violentos de guerra se erigen en base a una creencia del poder de una raza, desde el resentimiento que no se puede revelar, o por sobrevivir para luego convertirse en la figura del perseguido y ser la historia (recordemos que la historia "oficial" está construida y contada por los pueblos triunfantes y dominantes) olvidada de quien se esconde tanto en la comodidad de la impunidad, en la precariedad del olvido, hasta morir en una tumba, con la máscara de un personaje (o varios); lejos de lo que se defendía.

Técnicamente la película es impresionte, la libertad creativa y narrativa que tanto caracteriza a Kirill acá viene acompañada primero en lo visual, que por una parte se permite imaginar un mundo donde la vida es miserable, en blanco y negro; mientras que el dispositivo cinematográfico da color al horror; además de que cada plano, encuadre y desplazamiento de cámara producen una tensión y un suspenso absoluto que se asocia y suma aún más peso al delirio de persecución que experimenta el personaje de Josef (además de que vislumbré ciertos homenajes a tres dioses de la cinematografía, pero mencionarlos sería hacer spoilers innecesario). La riqueza de la propuesta narrativa en el montaje nos obliga a adentrarnos a la historia diseccionándola en un juego de muchas piezas, sin orden lineal. La dirección es magistral, y la musicalizacion y sonoridad es primordial, como suele serlo en el cine de Kirill.

Una historia sobre el estado de paranoia e histeria que vive quien actúa con maldad, esperando que la historia y la vida venga con su divino derecho de la revancha y la venganza; y como lastimosamente el ofendido puede convertirse en el reflejo de su verdugo, como lo muestra nuestra contemporaneidad.

martes, 10 de febrero de 2026

Hasta que me quede sin voz: Leiva es Miguel.





Entre la inspiración de la ruta y el agobiante peso sofocante del éxito, esta la nostalgia de los días vividos en el núcleo que nos formó.


"-Primero soy desgraciado, y luego músico. Y luego otra vez desgraciado, y después compositor."


Debo decir con total honestidad que para alguien como su servidor (mexicano, clase trabajadora, siempre buscando la alternancia) que conoce la música de Leiva desde hace casi 20 años (19 para ser exactos) cuando a las estaciones de radio de provincia (gracias Lobos) llegaba tardíamente el Animales de Pereza junto con Aproximaciones, este documental me es insuficiente (de ahí se entiende que en el documental incluso se hable de una serie que Netflix quería hacer con Leiva); pero para los fines del mismo, y los centros que se quieren tocar en este, me parece se ha hecho con total atino.


El documental discursivamente se rige y conduce sobre todo por tres vías que están en constante contacto: entender con claridad el problema de garganta que tiene Miguel, cómo después del concierto en el Auditorio Nacional de su gira "Cuando te muerdes el labio" (detallazo ese de empezar el documental en la CDMX) empieza a vislumbrar una canción que le trae paz en su inestabilidad (que termina siendo la canción Barrio), y evidentemente toda la historia que hay detrás de lo que hoy es Leiva, y que además se narra de manera muy directa, sintetizada y vívida por el propio Miguel.

En todo el barullo de ese proceso y estados de ánimo por los que pasa Miguel a lo largo de cosa de cinco años (entre ellos sus descansos y sus sesiones terapéuticas de senderismo que hace en su casa de campo donde suele recluirse varias semanas para recuperarse del cansancio de las giras), vemos caras conocidas que le son importantes (y que para los fanáticos también nos son importantes, como puede ser la figura de los padres cuya dinámica es bonita en el sentido de como siguen acompañando y estando al pendiente de este hombre de casi 50 años que a los 12 años les pegó el peor susto de sus vidas) escuchamos voces, pláticas y confesiones sobre sus inicios y esos días que fueron felicidad y euforia al lado de Rubén, y como esto contrasta con el presente condicionado y el futuro incierto para un artista del nivel de Leiva.


En la parte de la hechura, no puedo negar que aunque como mencionaba casi al principio, uno querría ver más de la historia de sus primeros proyectos y toda la farra tras bambalinas que vivió en sus primeros años de rockstar, es evidente que el documental no iba sobre eso y no había que explotar esto sólo para generar contenido. El escritor y los directores del documental tenían claro qué querían contar de la mano de una voz importante y querida para ellos, contando esas historias sólo con lo justo, que es lo que le gusta a Leiva, no exponer demás sólo por el morbo. Acá el grado de exposición de su persona y su historia por parte de un hombre que conserva de manera muy hermética su vida privada es monumental, pero Leiva sabía que iba en función de algo, y acá nos regala momentos de mucha intimidad y vulnerabilidad (entre ellos, sus larguísimos lapsos de insomnio y duda sobre la continuidad de su carrera luego de las charlas con su doctora, su estadía en el hospital, el proceso de creación de una canción que va sobre su temor por la escalada de la vida digital sobre la real, y el proceso de composición con Joaquín Sabina de una nueva canción que más de uno seguro ya queremos escuchar); que muchos dirían que así como esto pudo haber durado una miniserie de 3 horas, pudo haber durado un cortometraje de 29 minutos, pero más allá de la duración, es el valor narrativo que dan los directores de contar el pasado aislado de manera concisa, y exponer el presente central más inmediato de manera detallada, extendida y a cuenta gotas, sirviéndose de un juego visual que mezcla cámaras y formatos lo cual le da ese grado aún más real, íntimo y verídico.


El final del documental discursivamente hablando es un bocado agridulce, al saber que quizá no le queda mucho tiempo a Leiva hablando de lo que puede darnos como cantante, pero que el arte y la música está por encima, y su capacidad de crear, escribir y componer no está comprometida y jamás lo estará, mientras siga habiendo ese contacto con gente en los escenarios, en la Alameda, en los viajes por la carretera o en las caminatas como las que suele hacer su padre.