martes, 10 de febrero de 2026
Hasta que me quede sin voz: Leiva es Miguel.
domingo, 1 de febrero de 2026
El lenguaje nos engaña. Pero si escuchas tus emociones, no.
Love, Kjærlighet, o llamada en español, Amor en Oslo, cierra, o dicho de otra manera, revela muchas cosas para mí respecto a este tríptico (o trilogía) del director y escritor Dar Johan Haugerud, que ya estaban expuestas de alguna manera entre líneas en las dos primeras películas, pero que hasta esta tercera he visto con claridad. Pero antes de hacerles mención y exponer demás valores técnicos, narrativos y discursivos, terminó este párrafo diciendo primeramente sobre la trilogía en general; que es uno de los grandes hallazgos de este año.
En esta ocasión son cuatro los personajes a los que seguimos, primeramente a una doctora y un enfermero que son compañeros de trabajo, y que justo después de cruzarse casualmente tres veces en un día en sus trayectos y una de las islas cercanas noruegas; hablan sobre su vida sexual. Ahí entran en la ecuación las que serán sus conquistas: mientras la doctora lleva años sin tener una relación por voluntad propia, se enrolla gracias a su amiga, con un hombre divorciado de quien se siente atraída sexual y emocionalmente pero que se la piensa por su situación con su expareja y sus hijas, y el enfermero coincide con un hombre en el ferry donde le declara su idea sobre el sexo y no estar enganchado a alguien, para pronto desarrollar una necesidad de proteger y permanecer.
Primeramente debo decir que de las tres películas, esta es la que me ha parecido la más rica, completa y compleja de las tres películas narrativamente hablando. No hay una narrativa decantada (en Drømmer se decantaba más por una voz en off y en Sex era más directa, objetiva y en plano secuencia), recurre a varios recursos narrativos para desarrollar las historias, los diálogos y pláticas de estos cuatro personajes en particular, aunque también suelen integrarse otras líneas y soliloquios de personajes secundarios pero cuyas palabras designadas en el guión son importantes para el desarrollo de la película.
Dentro de las cosas que me pude percatar en esta película en cuanto a las intenciones de D.J. con está trilogía, la primera en apuntar quizá sería el hecho de los planos y los espacios que se emplean y eligen. Hablando de los planos, creo que en esta observamos más a los personajes porque los planos son más cercanos y más cerrados, y se puede entender por ejemplo con respecto a Drømmer, que una cámara no tan fija, etérea y vigilando el Oslo cosmopolita se puede relacionar más a los deseos de la voz cantante de Johanne, que a una realidad o estabilidad como la que en el papel tienen los personajes de Love, así como dista de los dos personajes de Sex que aún con su edad se movían entre las dudas y la cámara más en planos generales, apoyaba y narraba desde la quietud y las charlas largas. Todos ellos con sus temas y complicaciones de vida, pero en Love ya no son vistos desde la ilusión de los 16, o las dudas de los 30's; sino desde la severidad de los 40's. Respecto a los espacios, no sólo hay más énfasis en los interiores, sino que también algo muy valioso de lo que me he percatado, es que la trilogía explora en cada una de las películas un aspecto característico de la ciudad de Oslo, es un estudio en sí de cada sector de la ciudad, sus habitantes y las formas en que se relacionan. Mientras que Sex muestra la Oslo cambiante de los suburbios, Drømmer se muestra desde el epicentro por así decirlo, y en Love vemos no sólo la periferia, sino la parte que corresponde al mar, a la costa y a los muelles, una historia distinta al resto de la ciudad, pero que está conectada a toda ella.
El descubrimiento más importante quizá respecto a estas películas, es que si bien en las tres se tocan los tres temas que titulan a la trilogía, el que desarrollan discursivamente con más relevancia cada una de ellas, no es el que corresponde al título que llevan. Por ejemplo, en Sex se prioriza el tema de los sueños sobre los otros dos, en Drømmer se habla más del amor, y en esta que es Love, hay atención más detallada a la cuestión del sexo, lo cual me ha parecido simplemente genial, y por supuesto también juega con la percepción de los espectadores, con lo cual quiero decir que cualquier otra knterpretacion venida de alguien más es totalmente válida y correcta.
Y por último, también me ha parecido que, si bien la trilogía se presenta como Sex-Dreams-Love, pero el estreno de estas se presentó como Sex-Love-Dreams (que era el orden que yo había designado como el vorrecto) si debo decir que hay mucha coherencia y atino en que esta película sea la que cierra la trilogía, por todo lo que antes he expuesto: la parte que se retrata de la ciudad, la condición de edad de los personajes, y el final de la película que siento da solida redondez total.
miércoles, 28 de enero de 2026
Miradas que nos liberan.
La primera parte de la Trilogía de Oslo de Dag Johan Haugerud es una película muy bien lograda, narrada desde una propuesta efectiva y distinta en el trato como relato respecto a Drømmer.
La historia a rasgos generales va sobre un par de hombres que luego de una plática casual que tienen respecto a sueños y decisiones que tuvieron por separado entorno al sexo y su sexualidad en las ultimas 24 horas, empiezan a darse cuenta que al exteriorizar esos acontecimientos cambian sus dinámicas personales, familiares y sociales en cuanto a sentimientos, emociones; y sobre todo en cuestiones morales y de clichés establecidos.
D. J. ahora deja de recurrir visualmente hablando a una ensoñación cálida sirviéndose de la oscuridad y el empañamiento, para ahora en esta entrega enfrentarnos de lleno y a plena luz de día, a la resonancia de las acciones, pero sobre todo los pensamientos de estos dos personajes protagonistas masculinos. Largas secuencias, una fotografía cuidada en lo estético y que saca el mejor provecho a la luz y las horas en que decidieron rodar, todo esto acompañado de un guion con unos diálogos muy rohmerianos y una música de 10.
Una película cuyo fondo principal lo podría definir desde una lectura muy personal, como las búsquedas de la liberación de los estereotipos masculinos respecto al rol que se debe cumplir acorde a lo social, lo familiar, incluso lo religioso dependiendo el entorno donde vivimos, y como D. J. interviene está búsqueda de la mirada que nos libere, pero también nos permita cambiar con el tiempo, justo como la constante transformación de la que somos testigos en el propio Oslo. Se muestra de una manera muy tangible la vulnerabilidad de los hombres como muy pocas veces, mostrando que las distuntivas de identidad pueden llevarnos a planos donde la desestabilizacion llega a manifestarse no sólo en lo emocional, sino tambien en lo físico. Comentario aparte es lo bien lograda cómicamente hablando la escena con la doctora, y que buena anécdota la de la pareja de arquitectos.
Por cierto, finalizo diciendo dos cosas: la primera es que soñar con Bowie siendo Dios y mirándonos como si fuéramos mujer, es el puto sueño; y la segunda es que no siento que sea una película que le puedas recomendar a onvres sin sensibilidad. O quizá si.
martes, 27 de enero de 2026
lunes, 26 de enero de 2026
Pensamientos sobre "Romería" de Carla Simón.
*Pensamientos formulados mientras veía por segunda vez la película.
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Mar, secretos y ausencias en las venas: no tener, buscar, y amar lo encontrado.
Identidad, historia y memoria: podrían parecer sinónimos, pero no lo son.
Una puesta de cámara elegante y estudiada, pero jamás tiesa o muerta; sino vivaz y libre.
Detalles de continuidad respecto a distancias físicas medidas en los emplazamientos de cámara. Pero ocurre sólo dos o tres veces en el vasto y largo metraje de la película.
Marina en la piel de Llúcia Garcia es el alma y vida del relato, fungiendo perfectamente como el alterego de Carla, que se denota sobre todo por su naturaleza observadora, casi como de presencia espiritual, como no encontrando su lugar, como buscándolo. Mitch como Nuno también hace un personaje lleno de encantado.
La memoria que perdimos y queremos recuperar, (y con ello también los recuerdos que nos velaron y nos negaron, mintiéndonos sobre nuestra propia historia en aras de protegernos, o protegerse ellos como familia del señalamiento social de la época [y que sobre todo se representa en la figura de los abuelos paternos en Marina]) muchas veces se traduce en la memoria que otros quieren también recuperar, pero otros también se empeñan en negar y querer enterrar en una aparente, falsa y vacía felicidad. Todo eso se transmite a través de las miradas de muchos de los personajes secundarios (sobre todo en la de los actores y actrices que hacen de los tíos y las tías de Marina), y eso no es fácil de conseguir salvo que una autora como Carla sepa lo que realmente significa eso: dar la vital importancia a los personajes secundarios.
La película se conduce en muchos sentidos a través de la palabra más que de las imagenes, aunque estas últimas también son esenciales, tanto las que sugieren la lectura objetiva de la primera persona, como las subjetivas que vienen desde la narrativa de la película: conocer la historia a modo de preguntas y respuestas, a través de las lecturas de un diario.
Enfilado hacia la última parte de la película, se crea un relato descarnado sobre los padres de Marina (aka, los padres de Carla, que son interpretados por la propia Llúcia y Mitch), el cual hace que en el acto uno entienda por qué se cierra de esta manera la Trilogía de la Memoria de la directora española.



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