El diablo que se cree el único hijo de dios, y sus abogados jugando a hacer una película.
"Naza" es un documental del cual, en mi encuentro con este como espectador, he terminado demasiado conflictuado.
En este la tesis que se ofrece, sí por parte de sus directores, pero sobre todo por parte de los soldados israelíes que entrevistan es: “somos unas pobres personas que no tienen voluntad propia ni pensamiento crítico porque somos sometidos y obligados por el régimen que gobierna nuestro país y el sistema que controla la narrativa”.
"Naza", me parece una especie de lado B oscuro de “No other land” (y se entiende a leguas y todas luces por qué acá no están involucrados los dos directores palestinos de dicho documental) y eso, al menos en lo que a mí respecta, es tristísimo. Porque siento que hacen mal todo lo bien que habían hecho con “No other land”, salvo por el recurso de la clandestinidad en su hechura.
Muestra una victimización de lo que es Israel (o mejor dicho, lo que representa a través del si0nismo) hoy día, por medio de sus soldados (que no dejan de ser el último eslabón del mando sionista, pero aún así los ejecvtores al final de cuentas), aunque siento que este mostrar es un tanto inconsciente por parte de los realizadores, porque de alguna manera si se logran percibir algunas buenas intenciones en su lenguaje, pero no les alcanzan al momento en que el discurso se revela por si solo en el resultado final de su montaje. Y cuál es este discurso: humanizar al ejecvtor. Y yo entiendo que hacer estos ejercicios a través de la ficción son interesantes como modelos de estudio, pero humanizar a un ejecutor en la vida real con el escudo de “yo sólo obedecía órdenes”, o incluso un aberrante “es como estar en un videojuego [...] estás lejos, no te ven a ti”, me parece lamentable, inconcebible, e incluso en demasía peligroso.
Y es que me parece los directores juegan con la protección que les da el aparato del cine, de la manera más horrible y más nefasta, justo como si estuvieran en un videojuego, y esto sobre todo yo lo cuestiono y lo condeno porque lo hacen con una tragedia que se está llevando a cabo en tiempo real. “Juegan” protegidos a través de la cámara en un campo de neutralidad, como si fueran Suiza, o la ONU.
Es claro que los directores de “Naza” no inventan ni secundan el gen0cidio ni los ataques que acá se exponen, pero no los condenan discursivamente en el documental. Los cuestionan, los señalan, los mencionan y los muestran, pero no los cuestionan, y en muchos sentidos esa es una postura no sólo tibia, sino que además dentro de esa no-postura, su discurso se inclina hacia en opresor. Y en casos como estos, y en específico en este caso particular, cae como anillo al dedo dicho dicho que reza: “a los tibios no los quieren ni en su casa”.



