Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

martes, 10 de febrero de 2026

Hasta que me quede sin voz: Leiva es Miguel.





Entre la inspiración de la ruta y el agobiante peso sofocante del éxito, esta la nostalgia de los días vividos en el núcleo que nos formó.


"-Primero soy un desgraciado, y luego soy músico. Y otra vez desgraciado, y después compositor."


Debo decir con total honestidad que para alguien como su servidor (mexicano, clase trabajadora, siempre buscando la alternancia) que conoce la música de Leiva desde hace casi 20 años (19 para ser exactos) cuando a las estaciones de radio de provincia (gracias Lobos) llegaba tardíamente el Animales de Pereza junto con Aproximaciones, este documental me es insuficiente (de ahí se entiende que en el documental incluso se hable de una serie que Netflix quería hacer con Leiva); pero para los fines del mismo, y los centros que se quieren tocar en este, me parece se ha hecho con total atino.


El documental discursivamente se rige y conduce sobre todo por tres vías que están en constante contacto: entender con claridad el problema de garganta que tiene Miguel, cómo después del concierto en el Auditorio Nacional de su gira "Cuando te muerdes el labio" (detallazo ese de empezar el documental en la CDMX) empieza a vislumbrar una canción que le trae paz en su inestabilidad (que termina siendo la canción Barrio), y evidentemente toda la historia que hay detrás de lo que hoy es Leiva, y que además se narra de manera muy directa, sintetizada y vívida por el propio Miguel.

En todo el barullo de ese proceso y estados de ánimo por los que pasa Miguel a lo largo de cosa de cinco años (entre ellos sus descansos y sus sesiones terapéuticas de senderismo que hace en su casa de campo donde suele recluirse varias semanas para recuperarse del cansancio de las giras), vemos caras conocidas que le son importantes (y que para los fanáticos también nos son importantes, como puede ser la figura de los padres cuya dinámica es bonita en el sentido de como siguen acompañando y estando al pendiente de este hombre de casi 50 años que a los 12 años les pegó el peor susto de sus vidas) escuchamos voces, pláticas y confesiones sobre sus inicios y esos días que fueron felicidad y euforia al lado de Rubén, y como esto contrasta con el presente condicionado y el futuro incierto para un artista del nivel de Leiva.


En la parte de la hechura, no puedo negar que aunque como mencionaba casi al principio, uno querría ver más de la historia de sus primeros proyectos y toda la farra tras bambalinas que vivió en sus primeros años de rockstar, es evidente que el documental no iba sobre eso y no había que explotar esto sólo para generar contenido. El escritor y los directores del documental tenían claro qué querían contar de la mano de una voz importante y querida para ellos, contando esas historias sólo con lo justo, que es lo que le gusta a Leiva, no exponer demás sólo por el morbo. Acá el grado de exposición de su persona y su historia por parte de un hombre que conserva de manera muy hermética su vida privada es monumental, pero Leiva sabía que iba en función de algo, y acá nos regala momentos de mucha intimidad y vulnerabilidad (entre ellos, sus larguísimos lapsos de insomnio y duda sobre la continuidad de su carrera luego de las charlas con su doctora, su estadía en el hospital, el proceso de creación de una canción que va sobre su temor por la escalada de la vida digital sobre la real, y el proceso de composición con Joaquín Sabina de una nueva canción que más de uno seguro ya queremos escuchar); que muchos dirían que así como esto pudo haber durado una miniserie de 3 horas, pudo haber durado un cortometraje de 29 minutos, pero más allá de la duración, es el valor narrativo que dan los directores de contar el pasado aislado de manera concisa, y exponer el presente central más inmediato de manera detallada, extendida y a cuenta gotas, sirviéndose de un juego visual que mezcla cámaras y formatos lo cual le da ese grado aún más real, íntimo y verídico.


El final del documental discursivamente hablando es un bocado agridulce, al saber que quizá no le queda mucho tiempo a Leiva hablando de lo que puede darnos como cantante, pero que el arte y la música está por encima, y su capacidad de crear, escribir y componer no está comprometida y jamás lo estará, mientras siga habiendo ese contacto con gente en los escenarios, en la Alameda, en los viajes por la carretera o en las caminatas como las que suele hacer su padre.

domingo, 1 de febrero de 2026

 



El lenguaje nos engaña. Pero si escuchas tus emociones, no.


Love, Kjærlighet, o llamada en español, Amor en Oslo, cierra, o dicho de otra manera, revela muchas cosas para mí respecto a este tríptico (o trilogía) del director y escritor Dar Johan Haugerud, que ya estaban expuestas de alguna manera entre líneas en las dos primeras películas, pero que hasta esta tercera he visto con claridad. Pero antes de hacerles mención y exponer demás valores técnicos, narrativos y discursivos, terminó este párrafo diciendo primeramente sobre la trilogía en general; que es uno de los grandes hallazgos de este año.


En esta ocasión son cuatro los personajes a los que seguimos, primeramente a una doctora y un enfermero que son compañeros de trabajo, y que justo después de cruzarse casualmente tres veces en un día en sus trayectos y una de las islas cercanas noruegas; hablan sobre su vida sexual. Ahí entran en la ecuación las que serán sus conquistas: mientras la doctora lleva años sin tener una relación por voluntad propia, se enrolla gracias a su amiga, con un hombre divorciado de quien se siente atraída sexual y emocionalmente pero que se la piensa por su situación con su expareja y sus hijas, y el enfermero coincide con un hombre en el ferry donde le declara su idea sobre el sexo y no estar enganchado a alguien, para pronto desarrollar una necesidad de proteger y permanecer.


Primeramente debo decir que de las tres películas, esta es la que me ha parecido la más rica, completa y compleja de las tres películas narrativamente hablando. No hay una narrativa decantada (en Drømmer se decantaba más por una voz en off y en Sex era más directa, objetiva y en plano secuencia), recurre a varios recursos narrativos para desarrollar las historias, los diálogos y pláticas de estos cuatro personajes en particular, aunque también suelen integrarse otras líneas y soliloquios de personajes secundarios pero cuyas palabras designadas en el guión son importantes para el desarrollo de la película.


Dentro de las cosas que me pude percatar en esta película en cuanto a las intenciones de D.J. con está trilogía, la primera en apuntar quizá sería el hecho de los planos y los espacios que se emplean y eligen. Hablando de los planos, creo que en esta observamos más a los personajes porque los planos son más cercanos y más cerrados, y se puede entender por ejemplo con respecto a Drømmer, que una cámara no tan fija, etérea y vigilando el Oslo cosmopolita se puede relacionar más a los deseos de la voz cantante de Johanne, que a una realidad o estabilidad como la que en el papel tienen los personajes de Love, así como dista de los dos personajes de Sex que aún con su edad se movían entre las dudas  y la cámara más en planos generales, apoyaba y narraba desde la quietud y las charlas largas. Todos ellos con sus temas y complicaciones de vida, pero en Love ya no son vistos desde la ilusión de los 16, o las dudas de los 30's; sino desde la severidad de los 40's. Respecto a los espacios, no sólo hay más énfasis en los interiores, sino que también algo muy valioso de lo que me he percatado, es que la trilogía explora en cada una de las películas un aspecto característico de la ciudad de Oslo, es un estudio en sí de cada sector de la ciudad, sus habitantes y las formas en que se relacionan. Mientras que Sex muestra la Oslo cambiante de los suburbios, Drømmer se muestra desde el epicentro por así decirlo, y en Love vemos no sólo la periferia, sino la parte que corresponde al mar, a la costa y a los muelles, una historia distinta al resto de la ciudad, pero que está conectada a toda ella.

El descubrimiento más importante quizá respecto a estas películas, es que si bien en las tres se tocan los tres temas que titulan a la trilogía, el que desarrollan discursivamente con más relevancia cada una de ellas, no es el que corresponde al título que llevan. Por ejemplo, en Sex se prioriza el tema de los sueños sobre los otros dos, en Drømmer se habla más del amor, y en esta que es Love, hay atención más detallada a la cuestión del sexo, lo cual me ha parecido simplemente genial, y por supuesto también juega con la percepción de los espectadores, con lo cual quiero decir que cualquier otra knterpretacion venida de alguien más es totalmente válida y correcta.

Y por último, también me ha parecido que, si bien la trilogía se presenta como Sex-Dreams-Love, pero el estreno de estas se presentó como Sex-Love-Dreams (que era el orden que yo había designado como el vorrecto) si debo decir que hay mucha coherencia y atino en que esta película sea la que cierra la trilogía, por todo lo que antes he expuesto: la parte que se retrata de la ciudad, la condición de edad de los personajes, y el final de la película que siento da solida redondez total.

miércoles, 28 de enero de 2026

 



Miradas que nos liberan.


La primera parte de la Trilogía de Oslo de Dag Johan Haugerud es una película muy bien lograda, narrada desde una propuesta efectiva y distinta en el trato como relato respecto a Drømmer.


La historia a rasgos generales va sobre un par de hombres que luego de una plática casual que tienen respecto a sueños y decisiones que tuvieron por separado entorno al sexo y su sexualidad en las ultimas 24 horas, empiezan a darse cuenta que al exteriorizar esos acontecimientos cambian sus dinámicas personales, familiares y sociales en cuanto a sentimientos, emociones; y sobre todo en cuestiones morales y de clichés establecidos. 


D. J. ahora deja de recurrir visualmente hablando a una ensoñación cálida sirviéndose de la oscuridad y el empañamiento, para ahora en esta entrega enfrentarnos de lleno y a plena luz de día, a la resonancia de las acciones, pero sobre todo los pensamientos de estos dos personajes protagonistas masculinos. Largas secuencias, una fotografía cuidada en lo estético y que saca el mejor provecho a la luz y las horas en que decidieron rodar, todo esto acompañado de un guion con unos diálogos muy rohmerianos y una música de 10.

Una película cuyo fondo principal lo podría definir desde una lectura muy personal, como las búsquedas de la liberación de los estereotipos masculinos respecto al rol que se debe cumplir acorde a lo social, lo familiar, incluso lo religioso dependiendo el entorno donde vivimos, y como D. J. interviene está búsqueda de la mirada que nos libere, pero también nos permita cambiar con el tiempo, justo como la constante transformación de la que somos testigos en el propio Oslo. Se muestra de una manera muy tangible la vulnerabilidad de los hombres como muy pocas veces, mostrando que las distuntivas de identidad pueden llevarnos a planos donde la desestabilizacion llega a manifestarse no sólo en lo emocional, sino tambien en lo físico. Comentario aparte es lo bien lograda cómicamente hablando la escena con la doctora, y que buena anécdota la de la pareja de arquitectos.

Por cierto, finalizo diciendo dos cosas: la primera es que soñar con Bowie siendo Dios y mirándonos como si fuéramos mujer, es el puto sueño; y la segunda es que no siento que sea una película que le puedas recomendar a onvres sin sensibilidad. O quizá si.

martes, 27 de enero de 2026





Soñar con que alguien nos abraza, con que alguien toque nuestra piel.

_____________________________________

*Nota del autor.
Cosa rara: he querido hacer un experimento de empezar a ver al revés una serie de películas que si bien, no están conectadas literalmente una de la otra, son parte de un discurso así pensado por el director Dar Johan. De modo que del que muchos hemos llamado el Tríptico de Oslo (por aquello de la confusión o comparación que pudiera hacerse de la oficialmente llamada Trilogía de Oslo de Joaquim Trier) vi la última parte llamada Drømmer, sobre todo también impulsado por el hecho de que la película forma parte de la MIC de la Cineteca Nacional (México).
_______________________________________


La premisa de la película va sobre una joven de 17 años llamada Johanne, que luego de que lee un libro en la cabaña de su abuela un año atrás durante las vacaciones de Pascua, que va sobre el despertar sexual que tiene una adolescente con un hombre 10 años mayor que ella; Johanne unos meses después empieza a revivir y experimentar esos sentimientos de enamoramiento y deseo sexual por su nueva profesora de francés llamada Johanna. A raíz de lo que siente y experimenta en solitario, pero también lo que vive e interpreta al lado de Johanna, decide escribir su historia, que posteriormente se termina convirtiendo en un libro que leen su abuela y su madre, haciendo que ellas interpreten y den lectura al material como un libro maravillosamente escrito viéndolo desde una postura lejana, pero como un descubrimiento luminoso y doloroso a la vez sabiendo quien es que lo escribe, mezclando sensaciones como la envidia, la preocupacion, la tristeza. A su vez, ambas, y más tarde Johanna, sienten e interpretan la intención del libro de distinta forma, y como las hace pensar respecto a su vida, por una parte la abuela a la que le hubiera gustado experimentar muchas más cosas así en vez de refugiarse en la poesía y la soledad, la madre queriendo volver a sentir cosas como esas que también experimentó en su juventud y que en el presente son vagos recuerdos, y Johanna sintiendo que de alguna manera fue "utilizada" como algo y con algo que ella jamás consintió, pero que es consciente que Johanne no lo hizo con malicia. Al final la vida sigue, pero quien no quisiera conservar dentro de sí ese primer amor que tanto encanto y dolor nos dejó, y también convertirlo en algo físico, aunque al final todo se supere y todo se pierda y reste importancia, pero sabiendo que siempre formará parte de nuestra historia, nuestros recuerdos y nuestros anhelos de juventud.

Respecto a su hechura, hay que decir que Dag Johan crea una pieza divina no sólo con una distinción visual fantástica respecto a ese Oslo que poco conocemos, pero también haciendo un choque armónico con el que conocemos un poco más a través del cine. Postales (no sé si sea la palabra adecuada) del lado natural/montañoso/boscoso con mañanas azotadas por la neblina, y las noches en la cosmopolis llenas de luces cálidas y sensaciones sobrecogedoras que sobrepasan la pantalla. Narrativamente hablando D.J. atina espléndidamente a recurrir a que la historia sea conducida por el testimonio de Johanne en voz en off, con la encantadora actuación y presencia de Ella (nombre de la actriz) pues además del encanto de su persona, hay algo hipnótico y muy armónico en su voz.

Sigo que me ha gustado mucho de la película, es precisamente como la historia empieza no como un clímax que nos dice que es la historia central desde el comienzo, sino que arranca como si fuera una simple anécdota (que viene a su mente después de una serie de pensamientos mientras vemos un paisaje muy recurrente para ella y su abuela y madre como lo son unas escaleras [que luego cobrarán más relevancia para nosotros] y de una charla sobre libros con un compañero de su clase de baile) que se puede contar sin tapujos, pero conforme avanza el relato y ya no sale de ahí, va tomando fuerza, y sobre todo; nos vamos sintiendo como si nosotros mismos la hubiéramos vivido, y vamos sintiendo ese peso que experimenta el personaje de Johanne y la tensión que se forman con los secundarios más cercanos a ella, o sea su abuela y madre. Al final se confirma la teoría de la anécdota, pero ya vemos en qué contexto se da esa anécdota: un año después, con un libro publicado y medianamente acogido, en una sesión de terapia que la lleva a otras ideas, otros sentimientos, con un futuro por delante y con fortuitas coincidencias que suele presentar la vida y que nos ayudan a amortiguar el sufrir, pero con nosotros llevándonos como testigos, una de esas historias que se pueden crear cuando lo literario y lo cinematográfico colisionan.

lunes, 26 de enero de 2026

Pensamientos sobre "Romería" de Carla Simón.

 


*Pensamientos formulados mientras veía por segunda vez la película.

__________________________________________


Mar, secretos y ausencias en las venas: no tener, buscar, y amar lo encontrado.


Identidad, historia y memoria: podrían parecer sinónimos, pero no lo son.


Una puesta de cámara elegante y estudiada, pero jamás tiesa o muerta; sino vivaz y libre.

Detalles de continuidad respecto a distancias físicas medidas en los emplazamientos de cámara. Pero ocurre sólo dos o tres veces en el vasto y largo metraje de la película.



Marina en la piel de Llúcia Garcia es el alma y vida del relato, fungiendo perfectamente como el alterego de Carla, que se denota sobre todo por su naturaleza observadora, casi como de presencia espiritual, como no encontrando su lugar, como buscándolo. Mitch como Nuno también hace un personaje lleno de encantado.


La memoria que perdimos y queremos recuperar, (y con ello también los recuerdos que nos velaron y nos negaron, mintiéndonos sobre nuestra propia historia en aras de protegernos, o protegerse ellos como familia del señalamiento social de la época [y que sobre todo se representa en la figura de los abuelos paternos en Marina]) muchas veces se traduce en la memoria que otros quieren también recuperar, pero otros también se empeñan en negar y querer enterrar en una aparente, falsa y vacía felicidad. Todo eso se transmite a través de las miradas de muchos de los personajes secundarios (sobre todo en la de los actores y actrices que hacen de los tíos y las tías de Marina), y eso no es fácil de conseguir salvo que una autora como Carla sepa lo que realmente significa eso: dar la vital importancia a los personajes secundarios.

La película se conduce en muchos sentidos a través de la palabra más que de las imagenes, aunque estas últimas también son esenciales, tanto las que sugieren la lectura objetiva de la primera persona, como las subjetivas que vienen desde la narrativa de la película: conocer la historia a modo de preguntas y respuestas, a través de las lecturas de un diario.


Enfilado hacia la última parte de la película, se crea un relato descarnado sobre los padres de Marina (aka, los padres de Carla, que son interpretados por la propia Llúcia y Mitch), el cual hace que en el acto uno entienda por qué se cierra de esta manera la Trilogía de la Memoria de la directora española.