Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

viernes, 13 de febrero de 2026

"¡Caigan las rosas blancas!" de Albertina Carri: en el descubrimiento de una película, o del tumor cósmico del humanismo.





Advertencia:
Un poco la intención de este texto es el que no tenga ni pies ni cabeza, porque la película como tal tampoco tiene ni pies ni cabeza, en el mejor de los sentidos posibles que pueda tener esta frase. También advertir que no es una película apta para señoros (tómese esta palabra en el peor sentido posible de la palabra) y/o cabezas cuadrada de mentalidad cerrada.

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Esta pieza inventiva y experimental con cierta aura metacinesca, dirigida por Albertina Carri, es sin duda una de las cosas más raras, libres, libertinas, inclasificables y maravillosas que he visto en lo que va del año. Atraviesa toda frontera existente (y de manera fantástica) y danza en plena libertad entre lo lúcido, lo lúdico, lo irreal, lo inconsciente e incluso lo surreal; pero con una carga muy real desde la literalidad respecto al placer del presente y el dolor del pasado. Una sencillez narrativa y la profundidad discursiva que se sirve de muy poco para ser significativa y propositiva: por momentos parece vemos una soft-p0*n-movie lésbica, por momentos pareciera una peli serie B producida y bendecida por el mismísimo John Waters, por momentos pareciera más un thriller de misterio paranormal, incluso pareciera tiene algo del cine de Citarella-Llinás (espero no estar ofendiendo a nadie con esta declaración) más allá de las presencia de dos de las chicas de Lava.

Ahora paso a un facto duro pero cierto: la acogida de la película en su natal Argentina no ha sido tan buena como la recepción que le brinda su servidor hasta este momento, y un tanto la opinión a esta se ha manifestado sobre todo en el sentido de que mucha queja recae en el hecho de lo complicada que ha sido la situación en cuanto al financiamiento del cine argentino en los últimos años, y no se cree que proyectos como este se lleven dicha guita. Ahora, respecto a esa postura, que por supuesto se entiende y yo sería el menos indicado en juzgar, creo que más que castigar a las obras que ganan dichos fondos (que también hay que juzgarlas y criticarlas, pero no en base a eso, o al menos no con tanta severidad respecto a eso) es castigar a dicho sistema que da fondos a las llamadas vacas sagradas (por lo poco que investigué de Carri [es la primera película que veo de ella] es una veterana] por este tipo de películas que son más libertarias y sin aparente carga social (que hablando de ésta por supuesto que la tiene, pero se tiene que ser paciente), aunque también esa postura significativamente coarta la valentía y la libertad creativa de los artistas (y de eso está película tiene un montón) sean nóveles o de largo tramo. Y yendo aún más hondo me atrevo a hacer este comentario: sería estar un paso más cerca de una postura fascista y un sistema opresor.

Yo considero que la película es ambigua en el sentido que te invita como espectador a confrontar y contrastar miradas, y tomar partido: la puedes ver como una película que hace una crítica constructiva sobre temas varios e importantes, o que se sirve de un sensacionalismo pueril (y del erario público) para hacer hincapié en su demostración a base de apologías. Es una película que te incita y te invita a argumentar tu postura, y yo mil veces prefiero eso a una película soft-trash-food que te vende un producto made in usa sobre el fascinante y al alcance de todos american dream de hacer un cine industrial de superheroes y magnánimas e interminables explociones. La pieza de Carri emana ideas que flotan, fluctúan y chocan, y que jamás aterrizan en una narrativa coherente y arquetípica de esas que los eruditos de las academias defienden a capa y espada como los dragones medievales que son y que buscan a toda costa sostener hegemonías. Esta película es libre en todo ámbito y aspecto, punto. Es difícil, complicada y compleja, pero también única.

La última media hora de la película discursivamente hablando, es una locura, pero también es una joya, y un poco acá se justifica todas las ideas sueltas y libertades que se conceden en el resto de la película, lo cual podría verse como un premio al final del camino, que también comprueba una teoría que últimamente he estado desarrollando: los vampiros se están volviendo a poner de moda.

"La desaparición de Josef Mengele", de Kirill Serebrennikov.





De entrada debo decir que probablemente ha sido la película más difícil de ver de lo que conozco de la filmografía de Kirill, más allá del hecho de que cada una de sus películas que he visto ha sido una experiencia totalmente distinta y formidable (es de los pocos directores contemporáneos que cada encuentro con alguna de sus películas, me hace sentir que estoy ante una completa obra cinematográfica), y del hecho de la dureza y rudeza de su personaje protagónico, que sin duda se podría decir que es el más ríspido de todos (por no decir otra palabra); hay congruencia con el hecho de que a Kirill siempre le ha gustado hacer retratos en su cine de personajes de fuerte presencia, controversiales, y para nada tibios.

En la persona de Josef Mengele, que es extraordinariamente interpretado por August Diehl (que nuevamente vuelve a interpretar a un nazi sádico, aunque también ha estado en el otro lado de la moneda) explora la maldad natura del ser humano condicionado por sus circunstancias y su educación familiar (claros reflejos en la convivencia padre-hijo). Muestra tal maldad sin filtros ni recato, aunque sin ser desmedidamente gráfica u obscena. Muestra la maldad que existe sin hacer apología ni ser partícipe de su creencia, desde un punto objetivo que no prejuicia, sin avalar ni condenar, aunque sí muestra las consecuencias y destino que todo mal recibe, y examina estructuralmente qué tanto hay de maldad en el individuo, en la sociedad, y en el régimen que obliga a esa maldad, o aún más incisiva está la posibilidad discursiva que plantea casi al final del largo metraje: la maldad en tiempos violentos de guerra se erigen en base a una creencia del poder de una raza, desde el resentimiento que no se puede revelar, o por sobrevivir para luego convertirse en la figura del perseguido y ser la historia (recordemos que la historia "oficial" está construida y contada por los pueblos triunfantes y dominantes) olvidada de quien se esconde tanto en la comodidad de la impunidad, en la precariedad del olvido, hasta morir en una tumba, con la máscara de un personaje (o varios); lejos de lo que se defendía.

Técnicamente la película es impresionte, la libertad creativa y narrativa que tanto caracteriza a Kirill acá viene acompañada primero en lo visual, que por una parte se permite imaginar un mundo donde la vida es miserable, en blanco y negro; mientras que el dispositivo cinematográfico da color al horror; además de que cada plano, encuadre y desplazamiento de cámara producen una tensión y un suspenso absoluto que se asocia y suma aún más peso al delirio de persecución que experimenta el personaje de Josef (además de que vislumbré ciertos homenajes a tres dioses de la cinematografía, pero mencionarlos sería hacer spoilers innecesario). La riqueza de la propuesta narrativa en el montaje nos obliga a adentrarnos a la historia diseccionándola en un juego de muchas piezas, sin orden lineal. La dirección es magistral, y la musicalizacion y sonoridad es primordial, como suele serlo en el cine de Kirill.

Una historia sobre el estado de paranoia e histeria que vive quien actúa con maldad, esperando que la historia y la vida venga con su divino derecho de la revancha y la venganza; y como lastimosamente el ofendido puede convertirse en el reflejo de su verdugo, como lo muestra nuestra contemporaneidad.

martes, 10 de febrero de 2026

Hasta que me quede sin voz: Leiva es Miguel.





Entre la inspiración de la ruta y el agobiante peso sofocante del éxito, esta la nostalgia de los días vividos en el núcleo que nos formó.


"-Primero soy desgraciado, y luego músico. Y luego otra vez desgraciado, y después compositor."


Debo decir con total honestidad que para alguien como su servidor (mexicano, clase trabajadora, siempre buscando la alternancia) que conoce la música de Leiva desde hace casi 20 años (19 para ser exactos) cuando a las estaciones de radio de provincia (gracias Lobos) llegaba tardíamente el Animales de Pereza junto con Aproximaciones, este documental me es insuficiente (de ahí se entiende que en el documental incluso se hable de una serie que Netflix quería hacer con Leiva); pero para los fines del mismo, y los centros que se quieren tocar en este, me parece se ha hecho con total atino.


El documental discursivamente se rige y conduce sobre todo por tres vías que están en constante contacto: entender con claridad el problema de garganta que tiene Miguel, cómo después del concierto en el Auditorio Nacional de su gira "Cuando te muerdes el labio" (detallazo ese de empezar el documental en la CDMX) empieza a vislumbrar una canción que le trae paz en su inestabilidad (que termina siendo la canción Barrio), y evidentemente toda la historia que hay detrás de lo que hoy es Leiva, y que además se narra de manera muy directa, sintetizada y vívida por el propio Miguel.

En todo el barullo de ese proceso y estados de ánimo por los que pasa Miguel a lo largo de cosa de cinco años (entre ellos sus descansos y sus sesiones terapéuticas de senderismo que hace en su casa de campo donde suele recluirse varias semanas para recuperarse del cansancio de las giras), vemos caras conocidas que le son importantes (y que para los fanáticos también nos son importantes, como puede ser la figura de los padres cuya dinámica es bonita en el sentido de como siguen acompañando y estando al pendiente de este hombre de casi 50 años que a los 12 años les pegó el peor susto de sus vidas) escuchamos voces, pláticas y confesiones sobre sus inicios y esos días que fueron felicidad y euforia al lado de Rubén, y como esto contrasta con el presente condicionado y el futuro incierto para un artista del nivel de Leiva.


En la parte de la hechura, no puedo negar que aunque como mencionaba casi al principio, uno querría ver más de la historia de sus primeros proyectos y toda la farra tras bambalinas que vivió en sus primeros años de rockstar, es evidente que el documental no iba sobre eso y no había que explotar esto sólo para generar contenido. El escritor y los directores del documental tenían claro qué querían contar de la mano de una voz importante y querida para ellos, contando esas historias sólo con lo justo, que es lo que le gusta a Leiva, no exponer demás sólo por el morbo. Acá el grado de exposición de su persona y su historia por parte de un hombre que conserva de manera muy hermética su vida privada es monumental, pero Leiva sabía que iba en función de algo, y acá nos regala momentos de mucha intimidad y vulnerabilidad (entre ellos, sus larguísimos lapsos de insomnio y duda sobre la continuidad de su carrera luego de las charlas con su doctora, su estadía en el hospital, el proceso de creación de una canción que va sobre su temor por la escalada de la vida digital sobre la real, y el proceso de composición con Joaquín Sabina de una nueva canción que más de uno seguro ya queremos escuchar); que muchos dirían que así como esto pudo haber durado una miniserie de 3 horas, pudo haber durado un cortometraje de 29 minutos, pero más allá de la duración, es el valor narrativo que dan los directores de contar el pasado aislado de manera concisa, y exponer el presente central más inmediato de manera detallada, extendida y a cuenta gotas, sirviéndose de un juego visual que mezcla cámaras y formatos lo cual le da ese grado aún más real, íntimo y verídico.


El final del documental discursivamente hablando es un bocado agridulce, al saber que quizá no le queda mucho tiempo a Leiva hablando de lo que puede darnos como cantante, pero que el arte y la música está por encima, y su capacidad de crear, escribir y componer no está comprometida y jamás lo estará, mientras siga habiendo ese contacto con gente en los escenarios, en la Alameda, en los viajes por la carretera o en las caminatas como las que suele hacer su padre.

domingo, 1 de febrero de 2026

 



El lenguaje nos engaña. Pero si escuchas tus emociones, no.


Love, Kjærlighet, o llamada en español, Amor en Oslo, cierra, o dicho de otra manera, revela muchas cosas para mí respecto a este tríptico (o trilogía) del director y escritor Dar Johan Haugerud, que ya estaban expuestas de alguna manera entre líneas en las dos primeras películas, pero que hasta esta tercera he visto con claridad. Pero antes de hacerles mención y exponer demás valores técnicos, narrativos y discursivos, terminó este párrafo diciendo primeramente sobre la trilogía en general; que es uno de los grandes hallazgos de este año.


En esta ocasión son cuatro los personajes a los que seguimos, primeramente a una doctora y un enfermero que son compañeros de trabajo, y que justo después de cruzarse casualmente tres veces en un día en sus trayectos y una de las islas cercanas noruegas; hablan sobre su vida sexual. Ahí entran en la ecuación las que serán sus conquistas: mientras la doctora lleva años sin tener una relación por voluntad propia, se enrolla gracias a su amiga, con un hombre divorciado de quien se siente atraída sexual y emocionalmente pero que se la piensa por su situación con su expareja y sus hijas, y el enfermero coincide con un hombre en el ferry donde le declara su idea sobre el sexo y no estar enganchado a alguien, para pronto desarrollar una necesidad de proteger y permanecer.


Primeramente debo decir que de las tres películas, esta es la que me ha parecido la más rica, completa y compleja de las tres películas narrativamente hablando. No hay una narrativa decantada (en Drømmer se decantaba más por una voz en off y en Sex era más directa, objetiva y en plano secuencia), recurre a varios recursos narrativos para desarrollar las historias, los diálogos y pláticas de estos cuatro personajes en particular, aunque también suelen integrarse otras líneas y soliloquios de personajes secundarios pero cuyas palabras designadas en el guión son importantes para el desarrollo de la película.


Dentro de las cosas que me pude percatar en esta película en cuanto a las intenciones de D.J. con está trilogía, la primera en apuntar quizá sería el hecho de los planos y los espacios que se emplean y eligen. Hablando de los planos, creo que en esta observamos más a los personajes porque los planos son más cercanos y más cerrados, y se puede entender por ejemplo con respecto a Drømmer, que una cámara no tan fija, etérea y vigilando el Oslo cosmopolita se puede relacionar más a los deseos de la voz cantante de Johanne, que a una realidad o estabilidad como la que en el papel tienen los personajes de Love, así como dista de los dos personajes de Sex que aún con su edad se movían entre las dudas  y la cámara más en planos generales, apoyaba y narraba desde la quietud y las charlas largas. Todos ellos con sus temas y complicaciones de vida, pero en Love ya no son vistos desde la ilusión de los 16, o las dudas de los 30's; sino desde la severidad de los 40's. Respecto a los espacios, no sólo hay más énfasis en los interiores, sino que también algo muy valioso de lo que me he percatado, es que la trilogía explora en cada una de las películas un aspecto característico de la ciudad de Oslo, es un estudio en sí de cada sector de la ciudad, sus habitantes y las formas en que se relacionan. Mientras que Sex muestra la Oslo cambiante de los suburbios, Drømmer se muestra desde el epicentro por así decirlo, y en Love vemos no sólo la periferia, sino la parte que corresponde al mar, a la costa y a los muelles, una historia distinta al resto de la ciudad, pero que está conectada a toda ella.

El descubrimiento más importante quizá respecto a estas películas, es que si bien en las tres se tocan los tres temas que titulan a la trilogía, el que desarrollan discursivamente con más relevancia cada una de ellas, no es el que corresponde al título que llevan. Por ejemplo, en Sex se prioriza el tema de los sueños sobre los otros dos, en Drømmer se habla más del amor, y en esta que es Love, hay atención más detallada a la cuestión del sexo, lo cual me ha parecido simplemente genial, y por supuesto también juega con la percepción de los espectadores, con lo cual quiero decir que cualquier otra knterpretacion venida de alguien más es totalmente válida y correcta.

Y por último, también me ha parecido que, si bien la trilogía se presenta como Sex-Dreams-Love, pero el estreno de estas se presentó como Sex-Love-Dreams (que era el orden que yo había designado como el vorrecto) si debo decir que hay mucha coherencia y atino en que esta película sea la que cierra la trilogía, por todo lo que antes he expuesto: la parte que se retrata de la ciudad, la condición de edad de los personajes, y el final de la película que siento da solida redondez total.

miércoles, 28 de enero de 2026

 



Miradas que nos liberan.


La primera parte de la Trilogía de Oslo de Dag Johan Haugerud es una película muy bien lograda, narrada desde una propuesta efectiva y distinta en el trato como relato respecto a Drømmer.


La historia a rasgos generales va sobre un par de hombres que luego de una plática casual que tienen respecto a sueños y decisiones que tuvieron por separado entorno al sexo y su sexualidad en las ultimas 24 horas, empiezan a darse cuenta que al exteriorizar esos acontecimientos cambian sus dinámicas personales, familiares y sociales en cuanto a sentimientos, emociones; y sobre todo en cuestiones morales y de clichés establecidos. 


D. J. ahora deja de recurrir visualmente hablando a una ensoñación cálida sirviéndose de la oscuridad y el empañamiento, para ahora en esta entrega enfrentarnos de lleno y a plena luz de día, a la resonancia de las acciones, pero sobre todo los pensamientos de estos dos personajes protagonistas masculinos. Largas secuencias, una fotografía cuidada en lo estético y que saca el mejor provecho a la luz y las horas en que decidieron rodar, todo esto acompañado de un guion con unos diálogos muy rohmerianos y una música de 10.

Una película cuyo fondo principal lo podría definir desde una lectura muy personal, como las búsquedas de la liberación de los estereotipos masculinos respecto al rol que se debe cumplir acorde a lo social, lo familiar, incluso lo religioso dependiendo el entorno donde vivimos, y como D. J. interviene está búsqueda de la mirada que nos libere, pero también nos permita cambiar con el tiempo, justo como la constante transformación de la que somos testigos en el propio Oslo. Se muestra de una manera muy tangible la vulnerabilidad de los hombres como muy pocas veces, mostrando que las distuntivas de identidad pueden llevarnos a planos donde la desestabilizacion llega a manifestarse no sólo en lo emocional, sino tambien en lo físico. Comentario aparte es lo bien lograda cómicamente hablando la escena con la doctora, y que buena anécdota la de la pareja de arquitectos.

Por cierto, finalizo diciendo dos cosas: la primera es que soñar con Bowie siendo Dios y mirándonos como si fuéramos mujer, es el puto sueño; y la segunda es que no siento que sea una película que le puedas recomendar a onvres sin sensibilidad. O quizá si.