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lunes, 19 de marzo de 2018

¡No me olvides, por favor!


Hace unos días me fui al Centro Cultural La Paz a ver una exposición que desde que vi anunciada en el Facebook del recinto llamó mi atención. En su sala de exposiciones temporales tenían esta muestra fotográfica llamada "¡No me olvides, por favor!" del artista Mikel Archila, la cual constaba de dos salas, en la primera había una serie de fotografías de personas desnudas de la parte del dorso con un aspecto melancólico y triste y que parece dicen adiós, en la misma incluso hay un espejo donde uno se puede ver a si mismo como ellos, quizá mas triste y melancólico que las personas encerradas en esos retratos.

Pero la segunda sala me parece le roba el protagonismo a la primera sin demeritar el trabajo del artista, ya que la segunda sala, que hace al espectador mas participativo y lo involucra, haciendo de esta experiencia interactiva, nos adentramos a una sala de paredes blancas con mensajes, palabras y nombres de las personas que han visitado la exposición en las que escriben los nombres de las personas a las que les piden que no los olviden, engalanada con la figura espectral y bastante poderosa de este fantasma que presume ser el que ha escrito todo en las paredes de esta habitación. (Esta figura me recordó montones a la grandiosa película A Ghost Story de David Lowery, interesante sería saber si el artista conoce la película y si la conoce que tan influenciado se vio con ella) Pero es imposible sólo entrar en ella y escribir sobre una parte de las paredes, una persona como yo con esta capacidad receptiva y creadora como la que tengo empieza a leer lo que las demás personas han escrito y empieza a involucrarse y a imaginar que personas pudieron haber escrito en ellas, pensar que podría ser cualquier persona que te encuentras en tu camino, en la calle, incluso algún amigo o familiar, ves en la paredes nombres de personas que por el simple nombre te hacen recordar a otras personas con el mismo nombre, aunque no sean ellas las de la pared. Y otros que dejan mensajes muy pequeños que nadie podría descifrar, como un nombre corto que podría ser el de cualquier mujer, o la inicial del nombre de otra chica. Una exposición que te pone a flor de piel la naturaleza del ser humano, el temor a la muerte, que nos muestra la muerte desde la perspectiva del que se queda sufriendo, de aquel al que la violencia, la enfermedad, el destino repentino o el suicidio ve interrumpida la vida de los seres amados, incluso del que se se pierde a si mismo por la depresión, por los malos ratos.













La foto que más me transmitió de la exposición.
No crean que se me movió el celular a la hora de tomar la foto, es que así quería tomarla, porque al final de cuentas, quien soy yo, si no existo, si sólo soy la figura representada del fantasma que algún día recordarán. Pero a diferencia de lo que pide toda la gente, yo no te pido que no me olvides, yo te pido que me olvides, te lo exijo, ¡olvídame! Pero jamás olvides todo lo que vivimos. Y ve en ellos sólo a una la figura de alguien que te amo, sin rostro, sólo con emociones y los sentimientos que en ti provocó. En el muro he escrito dos nombre, esos me los reservo sólo para mi, y para quien los pueda leer. 




viernes, 1 de diciembre de 2017

Playlist de La Casa.


Pocas veces hago esto, si; esto de compartir la música que me acompañó a escribir una historia que me llevó tanto tiempo como la casa, porque vamos, con lo melómano que soy en ese periodo fueron un sin fin las canciones que pasaron por mi smarthphone. La cuestión es que de todas esas canciones que escuchaba en los cafés que me sentaba a escribir esta historia, fueron muy pocas las canciones que se lograron colar, meter, o que resaltara o yo recuerde en especial mientras escribía algo.

No los entretengo mas y se las dejo. Cual mago enmascarado que revela sus trucos.

P.D. Odio a los magos que revelan sus trucos.
















jueves, 30 de noviembre de 2017

La Casa - Final.




Honey I love you, that's all she wrote



Me desperté y no la miré en la cama, algo había de diferente en la habitación aquella mañana pero no percaté de momento que era, y no quise profundizar mucho, no era el hecho de que no siendo mi habitación ahora lo era, no era eso, eso eso es seguro.

Me levanté de la cama y me puse mi ropa, lo mas seguro es que ella estuviera en la cocina haciendo el almuerzo o sus maletas, aunque también se corría el riesgo de que ella no estuviera en casa, de que hubiera salido a trabajar, o tal vez estaría haciendo otros pendientes antes de su viaje, tal vez había salido a comprar café o estaría haciendo cosas que las mujeres hacen en secreto al salir sin un hombre a su lado, como enamorar a otros hombres con su sola existencia y dejarlos en el abismo por el resto de sus vidas, solo con una mirada sin nombre. Pero mi idea fue descartada de inmediato al momento que escuché un ruido que parecía venir de la cocina, me levanté de la cama donde ya cambiado estaba sentado, y salí de la habitación.

Caminaba por el pasillo rumbo a la cocina, aun de día y con el sol brillando como si fuera verano afuera, el pasillo estaba muy oscuro, era una "notte eterna". Venia a mi cabeza la idea de que en cualquier omento tropezaría con algo, como por ejemplo que algún gato podría salir de algún lado y se atravesaría entre mis pies, yo lo acariciaría y lo cargaría hasta llegar a la cocina donde ella estaría con algún viejo delantal y al oír al gato voltearía a vernos, me vería a los ojos y sonreiría, me diría en donde esta el alimento para el gato mientras servia un par de cafés mas a la mesa junto con las tapas de huevo revuelto con tocino que ya estaban ahí.

El gato nunca llegó, y nunca me tropecé con nada, mi trayecto a la cocina fue mas corto de lo que esperaba, ella estaba ahí, cocinaba algo pero no podía percatar el olor a la distancia, estaba pero parecía como si no estaba, como si no percatara o esperara mi presencia, acaso seria yo el fantasma?

Al acercarme sin tratar de hacer ruido pude percatarme que cocinaba lo que había venido a mi mente en el pasillo, quizá entonces si había olido algo, o fue intuición, abusé de la confianza que nunca he tenido y la abracé por la espalda y la besé en la mejilla.

-¿Qué te pasa? ahora amaneciste de buenas. -Me dijo ella y se sacó de mi para ir a una de las vitrinas de la cocina y sacar un par de platos.

No entendía por qué me había dicho eso, ella parecía ser otra, digo; era ella, sin duda, pero no era como había sido la noche anterior, no se veían esos ojos alegres, en su lugar se veía una mirada cansada, la misma piel blanca, los mismos labios carnosos, el mismo pelo negro, y una cana blanca que no había notado la noche anterior, pero se veía diferente. la falta de presencia de la noche anterior al recibirme ahora era reemplazada por esta pesadez y falta de interés.

-Espero que ya tengas tus cosas empacadas.
-Para venirme.
-Como que para venirte, para irte.
-Pero si ni siquiera me he instalado.
-Que gracioso, estoy hablando en serio. -Yo no sabia a que se refería ella, en pocas palabras no sabia lo que estaba hablando.
-Yo también.
-¿Que es lo que quieres? ¿Quieres que volvamos a pelear? ¿Quieres tener de nuevo esta conversación? Pensé que ya habíamos llegado por fin a un acuerdo anoche.
-Anoche. Pero de qué estás hablando.
-¿De qué estoy hablando? ¿De qué demonios estás hablando ti? De esto, de nosotros, de la casa, de que ya no funciona mas.
-Que hay con la casa, con nosotros, cómo que ya no funciona si apenas anoche... Bueno, anoche hablamos de eso, de la casa y de nosotros pero creo que, o al menos yo pensé que era por otro lado, anoche hicimos...
-Mira, yo sé que quieres mucho esta casa, pero no puedes quedarte con ella, mi padre jamás me lo perdonaría, y a quién engañamos, tú y yo, fue algo lindo, muy lindo he de reconocerlo, la mayor casualidad que he tenido en mi vida, y fue muy bello mientras duro, un bello sueño, pero no mas que eso, y lo mejor es que dejemos de vernos y que estos bellos años que hemos estado juntos sean eso, un bello sueño.

Cuando estaba punto de contestar algo de repente me percaté de lo que había dicho: "y que estos bellos años que hemos estado juntos sean eso, un bello sueño." 

Se escuchó el timbre, no recuerdo que sonara de esa manera, el timbre, ella salió a abrir la puerta y regresó, tras de ella venían un par de hombres.

-Son los de mi mudanza. ¿A qué hora vendrán por tus cosas?
-¿Mis cosas? No. Nadie va a venir por mis cosas, si ni siquiera las he traído.
-¿Cómo que no las has traído?
-Pues no, si apenas anoche me dijiste que me viniera a vivir a esta casa mientras tu salias de viaje y...
-Escúchame, seguro que has vuelto a tener ese loco sueño que tanto repites en el que yo soy un fantasma viviendo en esta casa y que nos volvemos amantes y que no salimos de la casa en semanas mientras tenemos sexo día y noche y descansamos solo para leer. Escúchame, nada de eso pasó, y si alguna vez pasó, fue hace mucho tiempo, como un sueño. Ahora lo mejor es distanciarnos un tiempo, dejar de vernos, vender la casa y...
-No, no puedo dejar que la vendas, y lo nuestro, tú y yo, mira, ahora lo que menos me importa es si fue un sueño por leer tantas veces Aura, pero tú me prometiste algo. Me dijiste que si aceptaba el trato tú no tendrías que irte, no es así, mira, no sé lo que he hecho, o hice, o hemos hecho para llegar a esto, no sé si lo volveré a repetir porque al final la historia se borra y los sentimientos prevalecen aunque sean un peso. Pero sé que si lo intentamos podemos solucionarnos.
-Lo hemos intentado muchas veces y siempre llegamos a este punto, tu recordando ese día.
-Lo ves, ahí está, al final que perdemos, ya sabemos en qué acabaría, tú y yo hablando de un sueño con un par de extraños mirándonos como si estuviésemos locos. Finjamos que es ese primer día, tú fantasma, yo escritor. Vamos, que dices. Vayamos a la cama, deshazte de estos dos tipos.
-Y quien les pagará.

Tomé mi cartera y pagué a los hombres y les pedí disculpas, ellos voltearon a verla a ella y los despidió con la mirada, acto seguido me miró y sacó esa sonrisa socarrona como si hubiera conseguido algo, otra vez, como si estuviera ganando un juego que ella estaba segura que iba a ganar.

-Debiste haberte desecho de mi mientras pudiste hombre mio.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Por qué cuando tu me hiciste una promesa yo te hice otra.
-¿Que promesa fue esa?
-Hacer lo que sea para que tù no te vuelvas a ir de viaje y nos dejes solos a esta casa y a mi. Y los fantasmas no olvidamos lo que prometemos.


                                                                          * * *

lunes, 30 de octubre de 2017

La Casa 3era Parte.


-La verdad es que no estoy rentando la casa. -Yo no respondí nada, quería hacerlo, pero tantos años conviviendo con mi padre me dejaron muchas lecciones y consejos, y uno que no olvido por sobre todos y el que más recuerdo con cariño es aquel en el que me dijo que a veces uno recibe más de las personas que hablan entrecortado, que lo que podemos recibir si sólo hablamos y hablamos. En aquella charla también mencionó que a veces hay que dejar que las personas se tomen su tiempo para decirnos lo que nos quieren decir esperando en silencio.- No he recibido ninguna llamada, en realidad yo ya sabía que no iba a recibir ninguna llamada, mas que la tuya. Te he visto muchas veces, pasar por en frente de la casa y caminar lento durante segundos y te miro contemplar la casa y sonreír. Como si, no sé, pensaras que aquí adentro hay un tesoro, o como si estuviera encantada y la viera un niño pequeño al cual le gustan las historias de fantasmas.

Dejó de hablar, y yo me quise hacer el sorprendido, o yo digo que me hice el sorprendido, porque la verdad es que una parte de mí esperaba y creía que algo así pasaría, y no como una clase de deseo o sueño, mas bien como una especie de premonición, una certeza muy extraña había en mí la cual me decía que yo ya sabía que esto pasaría, como si ya lo hubiera vivido antes, como una especie de Deja vù. La verdad era muy malo para mentir, pero lo intente y solo dije.

-¿En serio no recibiste ninguna llamada?
-Te sorprende.
-Pues claro. Digo, a nadie le dio al menos curiosidad para llamar y saber siquiera en cuanto la rentabas, o si estaba aun disponible, aunque no haya hecho cita para visitarla.
-¿Y por qué iban a hacerlo? La casa es espantosa.
-Eso no es verdad, la casa es preciosa.
-No es como las demás casas.
-Lo sé, y eso es precisamente lo que le da ese encanto especial, la rareza en ella. Es de esas bellezas implícitas, que hay que observar detenidamente para encontrar todos esos detalles que la hacen.
-Al parecer nadie tiene el tiempo que tú y yo tenemos. -Dijo ella sonriendo.
-Quizá sea eso. -Dije yo y reí.
-Es verdad que esta un poco desarreglada por fuera, pero no sé, esta casa tiene algo que no se puede explicar, una belleza difícil de apreciar.
-Ahora entiendes porqué no la renté y porqué nadie llamó.

En ese momento caí en cuenta de lo que me trataba de decirme, de lo que ella tramaba, y por muy extraño que parezca lo que escribiré, sabía exactamente lo que ella estaba a punto de decirme, pero que no se atrevía.

-Tiene algo que decirme, no es así.
-Es obvio.
-Tómate tu tiempo.
Esta bien. -Estaba muy nerviosa, sus ojos y sus labios la delataban, tallaba las palmas de sus manos en sus piernas. -La verdad es, que yo te estaba esperando a ti, puse ese anuncio en el periódico con la esperanza de que solo tú lo miraras, y marcaras, fuiste el único que llamó, y aunque dude al principio cuando llamaste, algo en esa voz tras el teléfono me dijo que eras tú. Y no quiero que te asustes por lo que te diré, te prometo que si decides irte y olvidarte de todo esto lo comprenderé, y no te acosaré ni nada de eso. Si después de escucharme te vas y crees que soy una loca de atar, lo aceptaré, incluso te comprenderé; y no volverás a saber nada de mí. De hecho estoy a punto de irme de aquí, es sólo que, bueno, sin tantos rodeos, la propuesta que te quiero hacer es la siguiente, no estoy rentando la casa, pero si tú así lo quieres, y aceptas, la casa es tuya, yo tengo que irme durante un año de aquí, no me preguntes a dónde ni porqué, créeme que no tiene nada de interesante saberlo, pero me tengo que ir, y la casa se quedará sola y no quisiera que se deteriore más de lo que ya esta en mi ausencia, y no tengo a nadie de confianza que la cuide por mí, al menos no en esta ciudad, así que si decides quedarte la casa es tuya, y no sólo por el año que yo no esté, sino para siempre. Cuando yo regrese, si todo sale bien, estaré saliendo mucho de viaje, vendré de vez en cuando por algunos libros, porque si decides quedarte con ella, los libros van en el paquete, fue la última voluntad de mi padre que estos libros no abandonen este techo. Y no te preocupes que para cuando yo venga no me quedaré aquí, así que puedes traer a quien quieras a vivir contigo, te dejaré mi maquina de escribir porque si te interesa. Y también si no tienes quien esté contigo, para cuando yo venga podría quedarme una o dos noches contigo, sólo si tú quieres, por si necesitaras compañía para no sé, ya sabes, inspiración a la hora de escribir.
-¿No sé por qué presiento que tú sabes a la perfección que yo escribo?
-Te gustó la casa, tenías que tener algo de escritor. No lo sé, la verdad es que, y quizá esto es lo más descabellado que diré en esta conversación, pero es que siento como si yo ya te conociera de antes, de otra vida.
-¿O sea que también eres escritora? -Pregunté y corte de tajo lo que me había dicho antes de mi pregunta, la verdad para este punto ya me había empezado a asustar, pero no por ella, sino por mí, no creía en tanta suerte.
-No te diré nada de mi vida a menos que aceptes mi propuesta.

Nos quedamos un rato en silencio, yo pensando que responder, ella esperando mi respuesta, afuera ya estaba oscuro, la lluvia había cesado, no había frío, o al menos no había rastros de frío en el interior de su habitación. Algunas luciérnagas de alcanzaban a ver entre las cortinas, la hora, para ese momento era lo que menos importaba. Jamás en mi vida me había regido por un reloj. Al momento de vivir algo especial y espontáneo en tu vida, lo menos en lo que piensas en en mirar tu reloj. El tiempo se vuelve insignificante, el momento, los momentos son los que nos dan la vida, y la improvisación con ellos, no el tiempo. La habitación estaba vacía, y hasta ese momento me había percatado de ello, yo hacía como que miraba los libros mientras ella hacía como que no me miraba, como que no estaba esperando algo de mí, como si yo no estuviera, pero si que esperaba algo de mí. Creo que no necesito decirles que en algún momento le contesté.

-Por qué tengo la sensación de que esto ya lo había vivido, o no; no sé como explicarlo, no es que sienta que yo haya vivido esto, es más bien como, como si yo ya supiera que esto iba a pasar, pero no deseaba que pasara.
-No lo sé, Quizá todo lo que dices tenga algo de razón, pero que alguien extraño te regale una casa sólo porque eres el único al que le gusta aparte de ella.
-Es porque escribes, al menos una vez en la vida de un escritor esto tiene que pasar. Piensas que a ti no te puede pasar, por eso mismo, porque sólo pasa en los libros, y por eso sientes como si ya te hubiera pasado, pero ahora que te pasa no crees que sea real, que te este pasando a ti, o que lo merezcas. Le tienes miedo al hecho de que una de tus historias se ha tornado a tu realidad.

Me acerqué a ella, la tomé del brazo firmemente, pero no con fuerza, la acerqué hacia mí y mirándola a los ojos le dije:

-¿Por qué presiento que te conozco de otra vida?
-Porque sí me conoces, sólo que no me recuerdas de dónde, de cual de todas las vidas que hemos compartido.

Estuve a punto de corresponder el beso que ella quería darme, pero antes respondí con una pregunta:

-¿Te puedo decir algo?
-Dime.
-Es sólo que ahora yo soy el que te quiere hacer una propuesta. ¿Puedo?
-¿Cuál es? -Dijo ella sonriendo, creo que si esta historia fuera como las demás, sería el momento perfecto para describir como era ella, pero como ya alguna vez lo había escrito por ahí, sólo diré: "Esto lo guardaré sólo para mi."
-Acepto tu proposición con la condición de que cuando regreses te quedes conmigo aquí todas las noches.
-Si tú me lo pides, ni siquiera me iré. y tú no tendrías que irte esta noche.


No recuerdo a que hora desperté, pero para cuando desperté mi boca sabía a café, y el día y la historia ya eran otros.


sábado, 30 de septiembre de 2017

La Casa 2da Parte



-¿Por qué no viniste aquella vez?

-Te lo dije, trabajo los fines de semana hasta tarde. Se hunde el barco si no esta el capitán.
-Entonces como es que estas hoy aquí, ya no trabajas mas en ese funesto lugar.
-No, quiero decir, si; aun trabajo ahí. Pero ya no soy mas capitán, ahora soy el Sheriff.



Dudé por un segundo en volver a tocar el timbre o no, así como presiento que la persona detrás de la ventana dudó en salir a abrir o no. Cuando estaba por decidir si mejor retirarme la puerta de la casa se abrió, salió alguien cubierto con una toalla, por su complexión parecía una mujer, me abrió el candado que tenía la cadena que agarraba la puerta de la puerta externa, no dijo palabra alguna, sólo abrió el candado y volvió a la casa, su forma de salir corriendo me dio a entender que esa era una bienvenida.


Ya estando adentro me pareció estar dentro de un sueño, o dentro de una realidad que ya había vivido, algo que yo ya había conocido. La casa era  justo como la imaginaba, olía a polvo, como si no la limpiara en años, como si estuviera abandonada, olía más que nada a libros viejos, la alfombra roja daba la impresión que era del año en que el muro de Berlin había sido derribado, justo la misma edad que yo tenia. Unas pequeñas lamparas colgadas en las paredes y no del techo como todos estamos acostumbrados a tener la luz en nuestras casas, la sala que era donde estaba parado tenia en el techo un papel tapiz oscuro con miles de pequeños puntos blancos no sé si hechos por el paso del tiempo o el hombre, las tres cuartas partes superiores de la pared tenia un papel tapiz igual de rojo y desgastado que la alfombra, y la cuarta parte inferior restante de la pared atiborrada de libros, de todos tipos, de todas clases, de todos idiomas, muchos los pude reconocer, muchos mas me sacaron una sonrisa.

Toda esta larga observación la pude hacer en un par de minutos o menos, la teoría de la relatividad del tiempo no esta mejor aplicada como cuando realmente estas disfrutando las cosas, un par de minutos escuchando una cancion mientras llueve a cantaros afuera en la calle mientras tu estas bajo un tejaban esperando que llegue el coche y te lleve a casa y ves a un niño jugar con un barquito de papel queriéndolo hacer volar, hay canciones que quisieras que jamas terminaran. Para cuando volví en mi la mujer que había abierto la puerta para que yo entrara a la casa no estaba en la sala, y de repente de la nada apareció, venia con un par de toallas, me ofreció una sin dirigirme mirada o palabra, yo agradecí con mirada y palabra pero era como si no hubiera escuchado nada, su rostro no reflejaba nada, ni una emoción, ni siquiera un tono de piel, la teoría del fantasma no parecía tan ridícula, aun no la quería descartar del todo.

-¿Qué te parece?
Dijo una voz de repente sacándome de no se que lugar en el que estaba metido mientras seguía contemplando la peculiaridad del techo de la sala. No conteste hasta pasados varios segundos.
-La casa es maravillosa.
-Si, me ha costado tanto mantenerla así.
-Hace mucho que vives en ella.
-Desde que nací.
-Es tan vieja la casa. Perdón no quise....
-No, esta bien. La casa es de principios del siglo XX.



Me mostró toda la casa, desde la pequeña cocina sin puerta mas que  la tela vieja y apolillada que alguna vez había tenido un color muy parecido al amarillo de los olmos en otoño, pasando por el baño donde pude ver a lo lejos un libro de Mario Benedetti, el pasillo mas oscuro y sin luz que haya visto en mi vida, hasta el ático que no guardaba otra cosa que no fueran libros y cajas vacías que no tenían mas que mi incertidumbre por saber que habían albergado antes, los libros que ahora estaban junto a ellas, ropa, fotografías y sus portaretratos que se habían convertido en cenizas.

Al final pasamos a la habitación donde ella dormía, yo quería romper el silencio, no era sano que dos personas que no se conocen compartieran por tanto tiempo el silencio, pero el silencio era tan armonioso, que romperlo seria como quitarle la magia a la vida. Cuando por fin estaba dispuesto a romper el silencio, mi boca sin yo pensarlo mucho dijo una estupidez:

-Me tengo que ir.
-¿No quieres saber en cuanto la rento?
-Perdón, lo siento. Si. Cuanto estas pidiendo.
-La verdad es que...
La chica para este momento se veía muy nerviosa, su cara ya tenia color, su piel ya delataba su tono, tenia presencia corporal, sus ojos, ya mostraban emociones, no sabia que emociones, pero se veía algo dentro de ella, como si se transparentara por instantes. hablaba entre cortado, se quitó la toalla de encima de sus ropas, ninguno de los dos para ese momento se había desecho de la toalla, pero aun no estábamos secos del todo, pareciera que a los dos nos gustara el recuerdo del frío que produce el agua fría de la lluvia en nuestro cuerpo, no podía hablar por ella, pero al menos a mi me encantaba, lo de la toalla lo había hecho sin un gramo de conciencia.

miércoles, 30 de agosto de 2017

La Casa 1era Parte




Para Martha
La muchacha que siempre aparece, y minutos después se va.



No sé como empezar a escribir esto, bueno; quizá si sepa como hacerlo, pero hace muchos años alguien ya empezó una historia así, así que sólo empezaré a escribirla tal y como pasó, y es que como puede ser posible que justo hoy, que tomo un periódico después de no sé cuanto tiempo que no tomaba uno esta justo en el periódico el anuncio de que la casa, esa casa que por años he admirado está rentándose, todos los días que voy a mi trabajo paso frente a ella, me paro unos segundos y la veo, me pregunto, ¿quién vivirá ahí? Seguro deben de ser las personas más felices del mundo, o la más feliz, quizá viva alguien como yo, un solitario amante de los libros, me imagino las paredes de la casa con un papel tapiz gastado, húmedo y viejo tapado por pilas de libros, muebles inexistentes como en mi pequeño apartamento, de hecho la casa era muy pequeña, muy parecida en dimensiones a mi departamento, pero esta estaba en la tierra, no en el cielo, siempre padecí de vértigo, siempre he creído que las casas deben de estar en la tierra, nunca encuentro las palabras para describir el porque. La casa era de madera, con un tejaban en triangulo, en caída como los de las granjas norteamericanas del norte del este, donde los inviernos son inviernos, por la nieve blanca. La base de la casa eran unos muy deteriorados y perfectamente sincronizados ladrillos rojos, un pequeño pasillo de los mismos pasillos que conducían hasta la puerta de madera color caoba de la casa, que era adornada únicamente por una pequeña farola que semejaba una vieja vela, un extenso jardín como el de Rita con un gran árbol de "bugambilias", un ático (o al menos eso es lo que yo pensaría que era, aunque quien quiere un ático en una casa tan pequeña, quizá la idea de los libros no estaba tan errada) y un par de ventanas cuadradas.

Así que no tuve que pensarlo mucho, sin duda alguna iría a ver esa casa, al salir del trabajo tendría que ir a ese lugar, y aunque no sabía cuanto era lo que pedirían, y sin mucho capital de respaldo, aunque al final no la pudiera rentar, tenía que por lo menos sacarme la curiosidad de como era esa casa por dentro, y quien vivía en ella.

El día de hoy era particularmente perfecto, la llamada de una ex-novia, en la radio estación había sonado minutos atrás "Ojala" de Silvio Rodriguez y lo mejor, llovía y estaba tan nublado y tan oscuro que parecían ser las siete de la tarde en vez de las cuatro. Siempre me ha encantado caminar bajo la lluvia, sentir el agua fría que cae del cielo que se crea de la batalla entre soldados positivos de traje rojo y soldados negativos de traje azul dentro de las nubes, o al menos así nos dijo la maestra que nos daba en primer grado de primaria que se creaba. Increíble como a veces no nos podemos acordar del rostro de alguien, o del nombre de alguien, pero si nos acordamos de ellos por algún momento en especifico de nuestras vidas, por muy insignificante que este sea, una frase, te regresa los recuerdos mas escondidos, algo que nos regresa en el tiempo, y arma el rompecabezas dentro de tu cabeza.

La persona que contestó el teléfono al llamar me dijo que su agenda de visitas estaba totalmente llena y que no podría mostrármela, eso me puso muy triste, pero al cabo de un par de minutos la persona me regresó la llamada diciéndome que quizá me podría hacer un espacio y me mostraría la casa rápido entre 5:30 y 6:00, yo por supuesto no me opuse a esa visita tan corta, al fin de cuentas sabía que la casa no sería para mi, si había tantos interesados por la casa, seguro que tendrían más dinero que ofrecer, en ese terreno yo no podría competir, la habilidad de encontrar lo bello en lo cotidiano no pagaba las cuentas.

A estas alturas mi único objetivo era conocer el interior de la casa y saber quien vivía en ella, por eso apresuraba el paso mientras sonaba en mi reproductor "Lucha de Gigantes" de Nacha Pop. Era extraña mi fascinación por los fantasmas, jamás he conocido alguno, ¿habría alguno en esa casa? ¿Qué habría pasado en esa casa? ¿Por qué me atraía tanto? La casa ni siquiera era tan bonita como otras que veía a diario, o como otras a las que ya había entrado, ¿por qué este misterio? ¿Por qué esta intriga? ¿Quién vivía en ella?

Para cuando llegué estaba totalmente empapado, lo único seco en mi persona era mi reproductor, siempre salía con una pequeña bolsa de plástico para protegerlo. Toqué el timbre pero nadie salió, me asomé para ver más detenidamente, parecía que alguien estaba en la ventana, cubierta de la cabeza, en realidad sólo se veía una sombra, ¿seria un fantasma?

lunes, 26 de junio de 2017

Maratón de sexo. (Mandarina)



Nota de pie: Que el título no los engañe.
El siguiente texto se desarrolla entre dos persona, pero se inspiró en muchas personas. Pláticas con amigos, con conocidos, con clientes, en chats nocturnos, en películas y en música que he estado escuchando en los últimos días. A quienes agradezco el hecho de alimentar un poco mi inspiración aun sin su permiso y aunque muchos ni siquiera sepan que sus palabras aparecerán por aquí.



-Bien. Ahora te toca.
-Esta bien. pongámonos en un -posible- futuro, ¿te parece? //Él había hecho un hueco en el silencio donde cabía una pequeña respuesta de ella//
-Esta bien.
-Y en ese futuro tú y yo somos pareja. Pero te he ocultado un secreto todo el tiempo que hemos estado juntos, un secreto que he tenido guardado muy dentro de mi toda la vida. Un día de la nada decido decírtelo, ese secreto es que toda mi vida he querido ser trapecista en un circo, y si te lo revelo es porque he recibido la llamada de un amigo que tiene un circo, sin animales por supuesto; en, no sé, ¿qué lugar te gusta? ¿Veracruz?
-Mejor Querétaro.
-¿Querétaro?
-Si. Es un lugar lindo, pequeño, de poca gente, idóneo para los secretos.
-Esta bien. Entonces, este amigo me llama y me ofrece el trabajo, ganaría muy poco, pero haría lo que siempre soñé en secreto toda mi vida, lo que siempre soñé y nadie supo en la vida salvo por tres o cuatro personas, incluyéndote ahora. Mi pregunta es, ¿Te irías conmigo?

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//La noche siempre suele ser cómplice en lugares con mar. De día suelen ser calurosos, como el mar, pero la noche y el viento empujado por el mar sobre la playa suelen traer vientos mas fríos provenientes del norte y sus montañas, o del sur y su mar de la plata. Ambos caminaban, sin ninguna prisa aparente por llegar al sitio de taxis, ella llevaba el saco caliente de él sobre sus hombros, con zapatos abiertos y pequeños, como en un sueño de Benedetti.//
-Sin dudarlo. //Dijo ella una esquina antes de llegar a donde no querían llegar//
-¿Perdón?
-A lo que me preguntabas antes, que si me iría contigo. Sin dudarlo me iría.
-Es bueno saberlo. Sabes, no creo que ni tú ni yo queramos tomar ese taxi.
-¿No crees?
-¿Es que acaso quieres tomarlo?
-No. Pero me asusta la seguridad con la que hablas.
-¿Por?
-No lo sé, supongo que porque llegado el momento dirás que me he enamorado de ti en tan solo una noche y se corre el riesgo que en ese momento también tengas razón. Así que espero que, a donde sea que vayamos ahora, no digas eso por favor, al menos no hasta el amanecer.
-Es un trato.

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-Juguemos un juego. Para conocernos mejor, ¿te parece?
-Me parece bien.
-Nos haremos sólo una pregunta, y después el otro, y después el otro, ¿está bien?
-Esta bien.
-Empieza tú.
-D'accord. Dime algo. ¿Alguna vez alguien te había dicho que eres irresistiblemente coqueto?
//Él ríe//-La verdad no tanto como quisiera.
-Eres honesto. Un punto para ti, dos para mi.
-¿Dos para ti?
-Claro, no siempre una tiene tanta suerte al tener una cita con un extraño.
-Bien. Ahora me toca. ¿Tienes novio?
//Ahora ella ríe//-Vaya que si eres directo. Pues en este momento, no. No tengo. Puedo quemar mi pregunta preguntándote por qué lo preguntas.
-Claro. Te lo pregunto porque quería decirte que. No creas que me gustaría que tu fueras mi novia. Pero lo que si me gustaría decirte es que como me gustaría ser yo tu novio, pero para nada es una declaración de acuerdo. Es sólo una respuesta.
-Esta bien. Y fue muy buena. Creo que anotaré un par de puntos más para mi.

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-Nos aventamos otro round.
-No creo poder sin tomar un largo descanso.
Te gustaría que tomemos un café en este entretiempo.
-Me encantaría.
//Ella se levantó de la cama desnuda, se puso un camisón que tenía en un pequeño sillón que estaba junto a la puerta de su habitación. Él se enrollaba en la colcha de la cama, estaba sonriendo, de repente su semblante se torno serio mientras veía al techo de la habitación, y ahí se perdió hasta que el aroma del café se sintió muy cerca de la habitación//
-Aquí tienes coqueto.
-Muchas gracias.
-Te parece si seguimos jugando a las preguntas.
-De acuerdo.
-Empiezo yo. Dime, ¿Cuántas veces has hecho el amor en una noche?
-Seis.
-¿En serio?
-Si. Sabes hubo una época en mi vida en el cual yo había dejado de creer en el amor, no tenia a nadie, digo; había gente a mi alrededor, pero yo no creía sentir amor por los cercanos, lo veía mas como la rutina de las personas que la vida te pone en el camino, pero yo sabía que esta actitud mía se debía a la mala suerte que había tenido en mi última relación amorosa, la pase muy mal, yo había amado mucho en aquella ocasión y había entregado todo de mi, y aunque jamás exigí nada a cambio o fui posesivo, una traición por parte de ella fue la que me hizo ser así. Quizá yo contribuí un poco a que ella se alejara. La mayoría de las personas necesitan de presencia para amar, y yo, no es que quiera sentirme superior a nadie, pero la verdad es que las personas que piensan así son unos principiantes. Mi gran problema toda la vida siempre ha sido comprender esto, pero las personas no comprenden que aunque la presencia es fundamental, no lo es todo, exigir presencia total no es otra cosa que un egoísmo. La parte mas dura de amar de verdad cuando no hay presencia, no es la soledad ni el silencio, la parte mas dura es la falta de tacto del otro. Pero ahí caemos otra vez en el egoísmo de uno, esperar siempre mas del otro en vez de dar uno todo, para que lo demás llegue. Ahora comprendo que su traición no fue lo grave, mas grave fue la falta de honestidad en un principio, y el que se haya marchado sin decirme nada es lo que me hizo alejarme del amor, de la vida. Y cuando uno no tiene amor, como alguna vez lo escribió Gabriel García Márquez, el sexo es lo único que nos puede consolar. Solía tener maratones de sexo.
-¿Qué es un maratón de sexo?
-Así llamaba a esas noches en que me internaba en algún bar, veía al grupo mas enfiestado, les proponía pagarles bebidas, y drogas si así lo apetecían para tener una orgía, a veces sólo me dedicaba a tener sexo con una sola chica, a veces era sólo una vez, a veces hasta seis, a veces lo hacía una vez con una y otra vez con otra. Llegué a tener también tríos de los dos tipos, en donde era yo con dos chicas, o yo y otro chico con una chica. Pero me di cuenta que en realidad esto me estaba matando, el sexo mata, al igual que el amor, pero la muerte por amor puede ser triste o feliz, por mucho que hayas sufrido, la muerte por sexo es ruin, siempre; a pesar de lo que la gente diga. Así que decidí olvidarme del sexo y también del amor, en lugar de ello regresé a mis orígenes, empecé a leer mucho, a caminar mucho, a observar mucho, esto fue lo que realidad me sacó del gran hoyo en el que estaba en un principio, después el empezar a escribir cambió mi vida, pero creo que la felicidad no llegó hasta que te conocí a ti. Y sé lo raro que esto se oye, pero si no te lo decía ahora ya no habría otro momento mas idóneo para hacerlo.
-Sé que no debería de decir esto y sólo debería verte hasta que te tengas que ir. Pero, pero tengo que hacerlo. Haz tu pregunta.
-Mi pregunta. ¿Por qué no me dijiste que tenias pareja?
-Viste la foto junto a la mandarina mientras preparaba el café, ¿verdad? ¿Por qué no lo hice? Porque quería estar contigo, y sé que si te hubiera dicho que tenia novio, no hubieras venido conmigo, o al menos no en este plan.
-¿Dónde esta él ahora?
-No esta aquí. Es lo único que importa.
-Y está todo bien con él.
-Si. Claro. ¿Por qué lo preguntas?
-No lo sé, es sólo que en la foto se ven muy felices, y como te decía, la gente por lo general no suele hacer esto cuando están bien en su relación, sólo cuando tienen problemas.
-Yo y él desde un principio fuimos muy abiertos en cuanto al sexo se refería, él sale mucho de la ciudad, a veces se ausenta por meses incluso, por su trabajo. No nos gusta reprimirnos en cuanto al sexo se refiere, sabemos que nos amamos, a pesar de la distancia. //Ella ríe// Como te darás cuenta somos muy parecidos a ti. No nos ata la presencia. Entonces si queremos tener sexo con alguien podemos hacerlo, siempre y cuando sea algo fugaz. Además de los besos.
-¿Qué pasa con los besos?
-Tenemos una regla especial sobre dar besos, no podemos dar besos durante el sexo.
-Creo que has quebrantado una regla.
-Qué es la vida sino una regla que se rompe constantemente cuando vale la pena romperse.
-Y qué opina tu novio sobre los besos post-coito.
-Son los más prohibidos, por lo general después de tener sólo una vez sexo con la conquista en cuestión, debemos echarlo de la cama lo antes posible, los besos post-coito no existen en nuestro vocabulario si no son entre nosotros dos.
-Me siento tan mal de haberte arrastrado a este embrollo.
-¿Haberme arrastrado? Si yo fui la que te trajo a mi casa, a pesar de que no quería venir aquí.
-¿Y por qué acabamos viniendo aquí entonces?
-Porque no quería venir aquí cuando se me cruzó por la cabeza la idea de que vendría yo sola y no contigo. Cuando te atrapé, venir a la casa ya no me pareció una idea tan desagradable.
-¿Crees que tu novio haya rompido alguna vez su regla de los besos?
-Seguro. ¿Pero sabes una cosa?
-¿Qué?
-No creo que lo haya disfrutado tanto como yo.
//Ella calló y lo besó//

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-Cuéntame algo que nadie conozca de ti. O algo que disfrutes hacer mucho y no se lo hayas dicho a nadie, o que nadie lo sepa.
-Déjame pensar, algo muy especial. Algo que nunca le he dicho a nadie y que me gusta mucho hacer es contemplar la majestuosidad de los perros callejeros. Me gusta como ellos a pesar de todo sonríen y llevan en su mirada ese amor y juegan mientras esperan que algún día llegue el que se supone es su mejor amigo y los rescate, mientras la mayoría de los hombres cada vez se declaran en silencio los peores enemigos de ellos. Me gusta acercarme a ellos, acariciarlos, besarlos, a veces los abrazo, y si traigo algo de comida sobre mi, les doy un poco. Me encanta la forma en que miran la vida, como se sientan como si fueran felices, seguro que lo son, la libertad es dura, se paga de una forma u otra, pero se es feliz. ¿Ahora cuéntame algo tú?




jueves, 30 de marzo de 2017

Escritor y lector. (La ventana del hotel - Segunda Parte)


Los sábados por la mañana era un espectáculo ver entrar a esa mujer por la puerta, nunca se quedaba a dormir conmigo hasta el amanecer, alegaba que suficiente tenía desvelándome entre semana traduciendo, para que el viernes que ella venía no durmiera otra vez. Se iba yo calculo dos o tres horas antes del amanecer, y volvía cerca de las nueve de la mañana. Para esa hora yo ya estaba mas que despierto, con las cortinas que me separaban de la ciudad abiertas, la habitación era blanca y la luz era incontenible. El paraíso cuando ella llegaba, un simple cuarto blanco y luminoso cuando ella partía.

El ritual era siempre el mismo, yo la imaginaba haciendo la misma escena antes de que entrara a la habitación, la imaginaba caminando por la calle como Eva Green en Casino Royale, mi Femme Fatale caminando al son de This Boots Are Made For Walking mientras pasaba por la cafetería a la que entraba a comprar dos cafés, un americano amargo para ella y un capuchino doble para mí con una de azúcar, dos pequeños croissants de jamón de pavo con queso mozarella, y un beso de chocolate para ella justo antes de regresar a su realidad. Saldría del café aproximadamente diez minutos después de la hora que entró, caminaría quizá, en cerca de diez minutos dos cuadras más hasta llegar a mi apartamento, entraría a recepción y saludaría a las chicas que estaban ahí, ellas la verían sólo pasar sin contestar, una admirando su saco largo color rojo, otra su desfachatez, pues llevaba su anillo de bodas, y era mas que obvio que no estaría en aquel hotel llevando desayuno y oliendo de aquella manera para ver a su marido.

Rara vez fumaba pero el olor no se iba del todo de sus ropas. La imaginaba subiendo las escaleras, era poco probable, pero yo la imaginaba haciéndolo como lo hacen las pequeñas niñas, saltando, escalón por escalón, no queriendo llegar al consultorio del dentista. Entonces justo cuando yo la imaginaba llegando hasta la puerta y tomando la perilla, esta se giraba en mi realidad como por arte de magia. Entonces ella entraba, aquel ángel tan perverso vestida con lo que parecía sólo con aquel saco largo color rojo sin nada debajo de él, y aquellas gafas de las que apenas y se desprendía al llegar al espejo que estaba en el tocador, antes de dejar la bandeja de cartón con aquel par de cafés y la bolsa con el par de croissants y el beso de chocolate, yo hacía como que no la veía, pero la verdad estaba viendo cada detalle que la hacían tan predecible todo el tiempo, tan predecible como el exterior no la dejaba serlo. Cómo uno se vuelve tan predecible en la libertad, uno creería que es al revés, que la rutina te hace predecible y la libertad te hace... libre, la mentira mas recurrente.

Siempre que ella llegaba yo estaba leyendo un libro, y yo la sentía observándome en la distancia, viéndose en el espejo mientras se quitaba el saco, me veía de reojo y se sonreía. Con los años, uno no hace mas que recordar las miradas de las personas. Mas que su aspecto, o sus palabras, o los momentos vividos en común, lo que uno se lleva a la tumba son las miradas, y las de ella seguro serían las que más placer me darían en mis últimas horas antes de morir. Desde la distancia yo sentía el aroma de su piel. Es verdad lo que dicen, mejor dicho: nadie te lo dice, pero cuando uno se enamora en verdad de una mujer, el aroma de su piel se vuelve peculiar, único; no lo encuentras en ninguna otra persona, y es una especie de narcótico, te haces adicto en cierta medida a ese aroma. Se daba la vuelta y segundos después ya la tenía sentada junto a mí mirándome de frente, yo fingía no hacer caso de su presencia y ella sólo sonreía, un instante después me contagiaba la sonrisa y hacía que mis ojos se desprendieran del libro y olvidara todo lo que implica vivir.

-¿Te cuento un secreto? -Dijo ella sin mirarme.
-Si.
-Pero no se lo vayas a decir a nadie.
-No tendría porque hacerlo.
-Esta bien. Eres mi escritor favorito.
-¿En serio?
-Si.
-¿Te puedo contar ahora yo un secreto a ti?
-Seguro.
-Acércate un poquito para decírtelo.
Ella se acercó, no esperaba que la tomara entre mis brazos y le diera una vuelta en la cama hasta dejarla aprisionada entre el colchón y mi cuerpo, ella moría de risa, entonces empecé a acariciar su pelo, mientras ella repetía y copiaba mi método.
-Tú eres mi libro favorito.

_________________________________________________Creo que esta vez no hay nada que añadir.

Primera parte:





domingo, 22 de enero de 2017

(Entrada sin título)


                                                                            * * *


Creo que lo primero que me gustó de ti fue tu timidez, pero fue tu curiosidad la que acabó por matarme. Me encantó que no te fijaras en mi, que me enamoraras a base de curiosidad. Me acuerdo mucho de tu sombrero gris, de tu amor por Casablanca, de aquello que siempre me decías sobre vivir siempre el momento, de no hacer recuerdos ficticios. Recuerdo mucho tu manía por besarme los dos lunares que tengo en el pecho. "Si pensara en ti te odiaría", es una frase que te gustaba decir mucho. Eras mi Rick Blaine; eras mi Humprey Bogart.


                                                                            * * *





miércoles, 30 de noviembre de 2016

Se llamaba Valeria.


-Alguna vez has vivido un momento de gran felicidad y tanta felicidad que quisieras que en ese momento terminara tu vida, o al menos piensas en la posibilidad de que eso puede pasar. Que la vida te ha regalado ese momento porque ya no puede darte más y que tendrá que terminar. Hay momentos que nos hacen pensar que no puede existir la posibilidad, uno no puede concebir que se puede ser más feliz que lo que ese momento nos regaló de felicidad, más sin embargo siempre llega otra vez la felicidad; quizá no de la misma forma o con tanta intensidad, pero si igual o más especial. Uno no suele ponerse a pensar en esto pero, qué pasa cuando esos momentos terminan, cuando el éxtasis del momento se ha acabado y uno tiene que volver a dejar de ser dioses de un mundo que uno crea para volver a ser esclavos y mortales en la vida real, qué hace uno cuando se termina esa felicidad. Sabes, siempre he preferido salir con el corazón roto, o con la cara rota; aunque la segunda aun no haya pasado. Soy como Julio Cortázar cuando escribió: "Hago todo lo posible para que las cosas se desprendan de mi" o algo así. Es como esa frase que alguna vez un poeta dijo: "Enamórate por ratitos, por fracciones de segundos, por lapsos cortos; sólo eso garantiza el amor verdadero, el amor perfecto, el amor eterno, el amor para siempre. El amor que se lleva en el recuerdo. Prefiero ser un bello recuerdo a una espantosa realidad". ¿Alguna vez has sentido eso?
-Si. Pero me da miedo, después de oírte decir todo esto, confesarte que uno de esos momentos es este.











domingo, 29 de noviembre de 2015

Antecedentes


Querida Sofía:

Estos últimos días sin ti han sido muy raros, siento como si más que estar despierto, estuviera dormido. Las noches se han convertido en días, los días se han convertido en noches; durante el día no hago nada, no salgo, no como; y en las noches no puedo dormir, no quiero dormir, sólo te escribo. No pienso decirte que día es hoy, no necesitas saberlo; lo único que -yo- sé que te importa es que no dejo de pensar en ti.
Durante el día las nubes son negras y el sol se apaga y todo oscurece, y en las noches las -son- nuben blancas y la luna resplandece. Ha estado lloviendo, pero mas que lluvia parece que neva, frío no hace pero sabes que me encanta usar chamarras, las torres no dejan de ser torres; frías, metálicas, y las luces rojas no dejan de hacerme guiños, quizá te los hacen a ti, quizá ellas también te buscan, te buscan a ti en esta ventana, me acuerdo como te gustaba respirar el aire que llegaba hasta este balcón que desde que no estás es inútil. A veces las nubes son de todos colores, a veces también son transparentes. La vida parece un sueño mientras que dormido pareciera que es cuando más vivo, y si me siento más vivo es porque tú -si- estás allí.
P.d. Ya no sé si llamarte Sofía o Esnelia, quizá deba de rebautizarte. Quizá deba llamarte por tu nombre. Diez.