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sábado, 17 de diciembre de 2016

Midnight in Durango. (O la necesidad de mi soledad por estar sola.)



"La noche era fría y cálida, no se como se han podido conjugar durante años y años estas dos sensaciones pero es verdad lo que dicen, la mejor manera de llegar a Durango es por carretera, y no hay mejor mes para para viajar y disfrutar por completo de la ciudad que el mes de diciembre."



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No revelaré la hora en que estoy escribiendo esto, sólo les diré que es muy temprano (o como muchos mal dirían, muy tarde) pero del día siguiente a la fecha que se registra esto. salí de mi casa con el pretexto que iría al cine y me vería con una vieja amiga de la ciudad que me vió nacer, crecer y volver a nacer; Durango. Así que llegué en taxi hasta el cine que está en el "bulevar" Francisco Villa, (no diré el nombre del complejo, los que son de Durango sabrán muy bien a qué cine me refiero) ya estando ahí creo que empecé a sentirme más feliz, comencé a ser yo mismo, y con esto no pretendo decir que en compañía de los demás (mi familia) no sea feliz o no sea yo mismo, es sólo que simplemente cuando estoy solo o viendo a extraños mi lado creativo empieza a trabajar, a emerger, empieza a crear historias con gente que veo pasar. (soy como Woody Allen, claro visto desde un punto muy bizarro) Por eso la necesidad de siempre estar caminando y estar en contacto sólo con mi cerebro y mi imaginación. En fin, después de estar paseando un rato por la plaza comercial en cuestión y entrar a buscar alguna buena película con la cual regresar a casa, salí a caminar y tomé rumbo hacia la central de camiones.

No importa que estación del año sea o que tan dura esté la situación de la seguridad en Durango, siempre tener una larga caminata nocturna entre sus bulevares y calles iluminadas será un gran placer. Siempre me he preguntado el porqué del miedo de ciertas personas por las caminatas nocturnas, me imagino que se debe a que ni siquiera de día las hacen. Recuerdo que sólo una vez sufrí un percance cuando tenía 19 años, (justo unas semanas antes de haberme mudado de Durango) y fue mientras iba en camino por el estacionamiento de la plaza que ya les mencioné a tomar mi camión. Durante casi un año caminaba el trayecto desde esa plaza hasta mi casa (muy cerca del Instituto Durango) y nunca me pasó nada, y justo unas semanas después de que empecé a tomar el camión que me dejaba más cerca a mi casa (a espaldas del IMSS, y caminaba prácticamente nada en comparación a mis pasadas caminatas) me asaltaron y me quitaron mi celular. Supongo que las personas huelen tu intención, incluso tu origen, y sin duda alguna mucha de mi esencia huele a un caminador, a un nómada. A un caminador que sin duda alguna uno de sus más grandes amores siempre será el poder caminar por esta ciudad. Un caminador jamás correrá peligro.

Así que mi soledad me permitió sólo por esta ocasión hacer lo que yo quisiera, lo que más me placiera, podía, no sé; visitar viejos amigos, hacer nuevos, sentarme a beber en algún extraño pero rustico y bohemio bar, encerrarme en un burdel; podía hacer lo que yo quisiera, así que decidí hacer algo que hace años quería hacer. En algún loco sueño que tuve hace muchos más años de lo que pudiera recordar estaba yo con una vieja amiga que me hizo escribir hermosos versos y magníficas y significativas historias aun sin saber ella que era la protagonista de cada una de ellas, entonces estábamos ella y yo caminando en altas horas de la noche por el casco histórico de la ciudad. (cuando aún no existía Paseo Constitución y el Corredor y el Puente de Analco hace cerca de ocho años) Pero cómo de ese sueño ya habían pasado varios años y con ellos la otra protagonista al igual que yo había emigrado de tan hermosa nocturna ciudad, tuve que conformarme con bailar con la mujer más hermosa que me pude haber encontrado.

Una vez que llegué a la camionera pude haber tomado el camión colectivo como en mis años de más juventud y solía trasladarme en la ciudad cuando salía del trabajo o simplemente cuando salía a algún lugar, nunca tuve un vehículo propio y para ser honesto con ustedes creo que jamás lo tendré, no es una cuestión de dinero, se los aseguro, aunque tampoco puedo presumir de tener tanto; pero creo que siempre he tenido en mi ser un alma vieja atrapada a la cual le gustan las largas caminatas, no importa si esta significa dar dos o tres vueltas al mundo. Así que como la noche era joven, pero ya estaba presente en el viento frío, decidí trasladarme de la camionera a un viejo hotel que ya hacía años que quería conocer en taxi. Era un señor mayor, cerca de los 50, su nombre era Ramiro, me preguntó de donde venía, (muy amablemente, como me había recogido en la camionera creyó que iba llegando de viaje, así que decidí seguirle la corriente) le dije que de La Paz, pero que yo era nacido en Durango; entonces me preguntó que qué me llevaba de nuevo a la tierra nacida, entonces yo le comenté que regresaba por una fiesta familiar además de que era una escala para viajar a otro lugar y escribir para mi trabajo, entonces él me preguntó que si yo era un escritor, entonces riéndome yo le dije que en realidad para mí la escritura era como un juego porque al parecer yo era el único que se divertía leyéndome y haciéndolo, además anexe que nunca lo vería como mi trabajo porque a partir de ese momento me empezaría a aburrir, entonces él me dijo que no me preocupara, que seguramente ese viaje me serviría de mucho para escribir algo realmente digno de leer, y fue entonces cuando nació esto. Como veinte minutos después (porque el tráfico realmente estaba muy pesado, rara cosa en Durango, al menos por lo que yo recordaba) llegamos al hotel, el señor me deseo suerte y yo le agradecí dejándole el cambio por la tan amena plática, el hotel era el Plaza Catedral, situado justo a un lado de la Catedral, no esta por demás recordarles (aunque estoy seguro ya lo saben) del gran amor que siento por este recinto, y en realidad no es porque sea muy creyente de la iglesia o porque ahí fue mi graduación, siento un gran amor por este lugar porque además de que soy un amante de la historia y todos estos inmuebles viejos que albergan tantos secretos -e historias-, también lo llevo muy marcado en mi porque es el símbolo por excelencia de esta "Mí" ciudad, como La estatua de la Libertad para Manhattan, o El Coliseo para Roma, o el Big Ben para Londres, o la Torre Eiffel para París. Entonces llegué a recepción, pregunté si había habitaciones disponibles pues no había hecho reservación alguna, al momento de planear el viaje había decidido que todo sería al azhar, nada sería planeado esta vez, me dejaría llevar.

La suerte me acompañaba en esta ocasión pues afortunadamente había una habitación disponible, y para mi fortuna con vista al Corredor Constitución, y por consecuencia a la Catedral, y aunque el precio era un poco más elevado a la habitación normal, no dude en pedirla, me dieron mi llave y una joven me llevó hasta mi habitación, en el pasillo me encontré con una bella joven, no era extranjera supuse por su tes entre morena y blanca y su español exquisito, no les puedo negar que esta madrugada mientras escribo esto le dediqué uno que otro verso, pero ella no es la protagonista esta vez en esta historia, ella vendría siendo como la chica del cabello rojo que aparece en toda historia y que es especial, pero que no pasa más de un lindo recuerdo y dos o tres capítulos muy importantes y placenteros y que nos saca un poco de la historia. Entonces llegué a mi habitación y la joven que me acompañó me dijo que si se me llegaba a ofrecer algo de información turística o cualquier cosa no dudará en pedírselo, que las veinticuatro horas había gente en la recepción y que ella también estaría ahí, yo le agradecí y le dije que quizá no haría falta, pues la verdad; y con algo de orgullo le dije que esa ciudad la conocía como la palma de mi mano, y era verdad. entonces entré al baño, me enjuagué la cara, dejé mi chamarra y la pequeña libretita que destiné para este viaje como bitácora de vuelo y salí del lugar, al fin sólo sería una noche, la mitad de esta pretendía no pasarla ahí, y la otra mitad pretendía no dormir y estar escribiendo, (esto) de modo que sólo sin ver para atrás salí a volver a hacerle el amor a las luces de esta ciudad. La primera parada fue en un viejo y amigo lugar, el siempre acogedor Café Madrid, la verdad es que en los años de mi juventud y estudio, o sea en la preparatoria, sólo llegué a ir un par de veces, pero el lugar siempre fue un hito, era una tradición entre la comunidad rockera de Durango, así como el Iguana en Dolores del Río cuando aun existía; de modo que el volver a entrar al mismo sitio exactamente igual como hacía 8 años, (casi o prácticamente igual) fue como si el tiempo jamás hubiera pasado y mis amigos aún siguieran en casa o con sus novias y yo esperará a alguien de la banda. Estando ahí ninguna cara me fue familiar, había algo de gente pues es (era) viernes, pero si había un par de mesas solas, los veía platicar y me hacían recordar a mi en años mejores rodeado de mis amigos en alguna fiesta a la que habíamos sido invitados casi de última hora o cualquier acontecimiento importante familiar como el que me hacía regresar después de casi dos años de no estar en esas calles. Los miraba y sonreía mientras bebía mi cerveza, "Corona" de un cuarto como le gustan a mi hermano, -llevaba un pequeño papel y escribía no se que en él con una pluma- mis amigos de la infancia no eran personas que les gustara salir a lugares así, además de que porque siempre andábamos en camioneta y sus gustos musicales no eran iguales a los míos, fue la razón por la cual durante años yo tampoco saliera tanto; y aunque aún no soy de salir mucho a centros nocturnos (de hecho no salgo a ningún centro nocturno o antro) el gusto por encontrar bares y cafés en los cuales estar, ya sea escribiendo o no, acompañado o no; se ha vuelto uno de esos placeres que me han hecho disfrutar la vida de una manera sin igual. El "Madrid" y las tres cervezas que me bebí me dejaron satisfecho, a la hora de irme la música empezaba a ponerse de lujo; Soda Stereo y el buen Gustavo Cerati hacían acto de presencia, pero aun así tuve que dejarlos, ya he aprendido demasiado de los grandes. Caminé por constitución rumbo hacía la Iglesia de Santa Ana, Pasaban las diez y media, la noche seguía siendo joven, como las personas que deambulaban la ciudad, la noche ahora era territorio de los jóvenes, y la verdad no se que hacía yo ahí, supongo que he adquirido desde muy joven el Síndrome de Picasso, ese que dice que cuando uno es joven, es joven para toda la vida, aunque mi aspecto personal, más por elección que por imposición genética, dijera lo contrario.

La verdad siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo hasta el día en que muera; no hay mujeres más bellas sobre la faz de la tierra que las mujeres de Durango; Veía pasar, o mejor dicho, me veían pasar tanta mujer hermosa, que en verdad por unos minutos llegué a sentir celos por todos los hombres de esta ciudad, aunque segundos después sentí enojo conmigo mismo al caer en cuenta que yo hace años fuí ellos y aún así me dejé ir, -precisamente yo había sido el que me había ido-. Seguí caminando dibujando en mi mente ese sueño loco e imaginando como sería ver al cruzar alguna calle a esa vieja amiga y reconocernos mutuamente como Harry reconoció en la biblioteca a Sally (jamás les podré negar la gran influencia que tiene el cine en mi) y todo esto pasaba mientras en mi cabeza (o mejor dicho en mi reproductor de música con una manzana) se reproducía una y otra vez "Las luces de esta ciudad" de División Minúscula, la canción para mi desde el día en que me fuí de esta ciudad. Llegue a la iglesia de Santa Ana, entré y me senté en una de sus bancas mientras contemplaba todo el sitio, tuve que sacar mi celular y tomar algunas fotos; a pesar de que como ya les he dicho no soy muy creyente; me sentía en paz. Salí al cabo de un rato del lugar y la plaza estaba en frente, había un poco de gente, jóvenes en su mayoría pero no eran solamente ellos, había una que otra pareja mayor, amantes cobijados por los árboles y las bancas, y una que otro espíritu solitario con su propia historia queriéndose escribir, espíritus como yo. Recordaba que años atrás había un señor que vendía elotes y era muy conocido por lo bueno que era en prepararlos, me preguntaba si aún se pondría a vender en ese lugar, o si aún viviría. empecé a caminar por la plaza y al cabo de darle una vuelta completa me senté en una banca.


Me levanté y emprendí el camino de regreso, caminaba y la canción ya había cambiado desde hacía un rato, ahora era el turno de "Año Nuevo" también de División Minúscula, seguía caminando viendo a tanta cara como me era posible, -tratando de adivinar o inventar su historia, como es costumbre para mi- aunque esta noche no pretendía llevar a nadie conmigo al hotel, si deseaba con todas las fuerzas de mi alma ver una cara conocida, saberme aún en casa, poder seguir creyendo que esa aún era mi ciudad como siempre lo pregonaba en las redes sociales cada vez que tenía la oportunidad o cada vez que escuchaba o sabía algo de mi tierra. quizá ver a una vieja amiga e invitarla a bailar, pero todo parecía indicar que la noche y la ciudad y mi computadora ya tenían destinado para mi el ponerme a escribir esto, empezaba a caer en cuenta que me había convertido en un turista en mi propia ciudad. Llegué a la Catedral y aunque ya pasaban de las once de la noche, aun no quería regresar, compré un café en la heladería de la esquina, "Gelato" y al salir (aunque no quería hacerlo pues deseaba sentarme a beber agusto y no en solitario mi café) cambié la lista de reproducción de mi reproductor y empecé a escuchar una exquisita selección de Jazz hecha para la ocasión, la primera canción en turno fue: "Parlez-moi d'Amour" alguna vez ya había compartido con ustedes el gran amor que tengo por esta melodia y como para mi es la perfecta canción para hacer el amor, pero bueno no recordaremos eso en esta ocasión. Canciones como esta extraídas de bandas sonoras de películas más que nada del siempre genio y amado por su servidor Woody Allen y canciones de Armstrong, Fitzgerald, Sinatra, Miller y muchos más. Seguí caminando por Constitución pero ahora al lado contrario para dirigirme al maravilloso y lleno de enamorados Puente de Analco, llegué a este y no puedo negarles que al llegar me volví a enamorar, me volví a enamorar de esta ciudad, creo que mi destino siempre ha estado marcado y he nacido para enamorarme de las ciudades, -y de volver a la que me vio nacer- como alguna vez lo dijo Cortázar y yo también ya se los he compartido en más de una vez, las ciudades son como esas mujeres ajenas e inalcanzables de las que te enamoras perdidamente y nadie te puede quitar ese amor jamás, incluso puede ser un amor compartido con otras "mujeres", pues las ciudades como las mujeres, ninguna es igual. Así es que caí en cuenta que las mujeres en mi vida no han estado conmigo más de doscientas paginas, cuando fui más joven hubo algunas, (porque aunque no lo crean si hubo algunas) pero ninguna duro tanto, ninguna llegó para quedarse, pero con las ciudades como Durango, aunque yo me haya ido, siempre volveré, y aunque no sea para quedarme, ella sabe, al igual que yo que siempre regresaré y volveré a hacerle el amor como a ella le gusta, recorriéndola vena por vena y así volveré a escribir de ella como de toda mujer que se ha cruzado en mi camino, ya sea durante una relación, durante tres años, durante toda la vida o solo unos minutos en el camión o los segundos que dure una mirada, siempre volveré a esta ciudad porque yo soy de ella y ella siempre será mía. La verdad el regreso al hotel no es digno de contarse, estaba hipnotizado por una idea y todo lo que ahora están leyendo ahora, escuchaba Heaven de mis íntimos amigos Ella y Louis y deseaba estar bailando con alguien en ese preciso momento, ahí en medio de la calle, pero como siempre, esto tendrá que ocurrir en otra historia que escriba una de estas noches, aunque no sea en Durango, pues como dijo mi maestro Ernest Hemingway, y como yo también se los he dicho muchas veces a ustedes: "Nunca escribas sobre un lugar mientras sigas estando en él" Ahora, después de haber llegado hace cerca de dos horas al hotel, creo que merecido tengo dormir, y aunque dije que no llevaría a nadie esta noche a mi cama, la Catedral y la luna sin que yo me diera cuenta hasta estar sobre la cama, ambas se han metido por la ventana.




domingo, 29 de noviembre de 2015

Antecedentes


Querida Sofía:

Estos últimos días sin ti han sido muy raros, siento como si más que estar despierto, estuviera dormido. Las noches se han convertido en días, los días se han convertido en noches; durante el día no hago nada, no salgo, no como; y en las noches no puedo dormir, no quiero dormir, sólo te escribo. No pienso decirte que día es hoy, no necesitas saberlo; lo único que -yo- sé que te importa es que no dejo de pensar en ti.
Durante el día las nubes son negras y el sol se apaga y todo oscurece, y en las noches las -son- nuben blancas y la luna resplandece. Ha estado lloviendo, pero mas que lluvia parece que neva, frío no hace pero sabes que me encanta usar chamarras, las torres no dejan de ser torres; frías, metálicas, y las luces rojas no dejan de hacerme guiños, quizá te los hacen a ti, quizá ellas también te buscan, te buscan a ti en esta ventana, me acuerdo como te gustaba respirar el aire que llegaba hasta este balcón que desde que no estás es inútil. A veces las nubes son de todos colores, a veces también son transparentes. La vida parece un sueño mientras que dormido pareciera que es cuando más vivo, y si me siento más vivo es porque tú -si- estás allí.
P.d. Ya no sé si llamarte Sofía o Esnelia, quizá deba de rebautizarte. Quizá deba llamarte por tu nombre. Diez.

jueves, 2 de julio de 2015

Las mejores canciones de Joaquin Sabina. (Mis favoritas)




Si debo nombrar al artista, músico y cantautor que más escucho desde hace dos años y que ha logrado ser una gran influencia para mí a la hora de escribir (quizá si sólo fuera un artista o si en vez de haber dicho "músico" hubiera dicho "cineasta" el nombre hubiera sido quizá Woody Allen) sin duda alguna tendría que nombrar a Joaquín Sabina. Vallecano de nacimiento y de corazón, amante de los toros y el futból, enamorado de Madrid y las putas que fueron lo más importante para él en alguna etapa de su vida, donde encontró más que un hombro donde llorar, una vagina donde descansar o una virgen incomprendida que contemplar, un hombre que ha hecho de sus canciones estilo de vida para muchos, quizá las canciones no me recuerden una época del año en especial, pero desde hace algunos años como ya se los he comentado, las escucho todo el tiempo. Hombre que sin pelos en la lengua (en hora buena) y con ya 66 años de vida ha sido fuente de inspiración con su personalidad bohemia y sus letras tan maravillosas que han despertado los sueños de algunos, los recuerdos de otros, y echado a dormir la moralidad de otros cuantos de vez en cuando entre copas como su servidor. He de confesarles, y creo que muchos de mi generación concordaremos en esta parte de nuestra biografía, e incluso con pena debo de decir que la verdad no tengo mucho tiempo de ser un fanatico (más que un fanático, me gustaria decir un fiel seguidor) del maestro Sabina. Tendré poco más de cuatro años que empecé a escucharlo (justo el tiempo que tengo mas o menos de escribir) pero de que haya entrado en mi corazón de una manera tan especial que yo creo sólo el y otra banda mexicana de rock (División Minúscula) han hecho de mi vida en verdad algo especial. La primera canción que escuche de él fue "Y nos dieron las diez" (justo esa que canta con Rocio Durcal) Pero esa fue sólo la entrada para maravillarme y embriagarme del y con el universo que es Joaquín. Les presento esta lista de mis diez canciones favoritas del poeta y que la verdad a excepción de los tres primeros puestos, que ya están ahí por una razón muy especial para mi corazón, las otras siete que iré presentando de la número diez para abajo, fue una tarea árdua y muy difícil, porque dejé muchas que también amo como pocas cosas he amado, pero siempre hay cosas que amaremos más.

Bonus track.-


Amores Eternos


Caballo de cartón


Aunque quizá este par de canciones son de las menos conocidas de Joaquín Sabina, la verdad quizá por eso me encantan tanto. "Caballo de cartón" que narra maravillosamente la necedad y el falso triunfo de un hombre al presumir que "Me podrán robar tus días, tus noches no" es una de esas canciones que no siendo románticas, es el romanticismo real en un hombre, el único que reconocemos como nuestro. Y "Amores Eternos" que les digo, también le tengo un cariño muy especial a esta canción porque -también- se logró colar a un capítulo de alguna historia que anda por ahí aún inconclusa. (Pero no sé que diera por tenerla ahora mismo, mirando por encima de mi hombro lo que escribo)


10.-A la orilla de la chimenea
"Puedo ponerme digno y decir toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos de un rato me llamas"


9.-19 días y 500 noches
Una confesión más que valiente, ideal para una noche de borrachera, decepción, reproche y mucho mucho despecho.




8.-Contigo
Canción por demás hermosa y una de las imperdibles y favoritas de los sabineros. "Lo que yo quiero corazón cobarde es que mueras por mi".




7.-Medias Negras
Que les digo, la noche perfecta para cualquier poeta y bohemio loco. "Peor es que se fuera robándome además el corazón"




6.-Con la frente marchita
"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió" Esta canción me gusta mucho porque la escuchaba mucho mientras leía mi amada "Rayuela" y me gustó conectarla cuando Oliveira regresa a Argentina con Traveler y el recuerdo de La Maga en Talita.




5.-Quien me ha robado el mes de abril
Creo que a todos en algún momento de nuestras vidas nos han robado ese nostálgico mes de abril, esa primavera prometida que llega con cada llegada de una mujer y se va para regresar con otro nombre, otro rostro y otro año.




4.-Cuando aprieta el frio
"Y dile que la hecho de menos, cuando aprieta el frío" Me hace recordar el frío que hace en mi ciudad natal, a una mujer, "de esas que dan más siempre un poco más de todo y que nada piden."




3.-Y sin embargo
Como se los comenté mis tres canciones favoritas de Joaquín Sabina no eran difíciles de definir porque son canciones que están muy dentro de mi por motivos que ya rayan en lo personal, y más que nada en lo emocional. "Y sin embargo" es quizá una de las canciones más auténticas de amor de todos los tiempos, ya que habla del amor que todo hombre siente por el amor de su vida, pidiendo perdón por ser un hombre al fin de cuentas. La casa es la casa y la mujer que uno escoge siempre será más que una catedral, aunque las capillas con largas y anchas piernas nunca dejen de llegar, pero siempre se terminen de ir.




Canción que me ayudó montones cuando escribía mi primer intento de novela y que inevitablemente se coló en algún capítulo y que forzó un encuentro entre un hombre que quisiera ser yo y una mujer que desafortunadamente ya no existe.Además habla de la mar y eso a mi me aprieta el alma.





Esta canción de Sabina es la que más amo por sobre todas las cosas. Una letra espléndida que narra lo que bien podría haber sido una novela maravillosa. Ha inspirado lo que estoy escribiendo ahora y tiene mucho de ese romanticismo pero a la vez mucho de ese arte tan maravilloso que maneja el señor Sabina, el de crear con sus canciones recuerdos, unos que existen, unos que nacieron a raíz de escuchar sus canciones, otros que sólo se reproducen en la mente como si fueran reales. Ese mundo tan prohibido pero tan necesario para los locos bohemios como nosotros.