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viernes, 28 de agosto de 2020

Negra



 Negra es un documental mexicano dirigido por la realizadora Medhin Tewolde con el apoyo de varias productoras y asociaciones como Ambulante, el Estimulo Gabriel García Márquez para la creación cinematográfica, el FONCA, entre otras. Este año ha empezado su exhibición en festivales, y se ha exhibido, a la fecha, en el muy recién terminado FICMonterrey, donde se llevó el premio al Mejor Largometraje Mexicano Documental, y justo ahora se proyecta en el Vancouver Latin American Film Ferstival.

El documental narra, a través de la propia directora, y la experiencia de cuatro mujeres más de raza negra, las pericias y dificultades que les han pasado en la vida por su color de piel. Vemos prácticamente entrecruzarse sus testimonios de vida, en los que se nos narran experiencias muy similares, y como su conexión se da en muchos ámbitos, es un ejercicio de la directora de tratar de sanar el punto de quiebre o de partida que marcó un antes y un después en su vida cuando era niña, ese punto que la hizo entender lo duro que sería llevar ese peso, que no era el problema en sí, sino de un sistema que se empeña en no darle su lugar y su nombre a estas personas, muchas veces protegido de cierta manera por integrantes de generaciones pasadas de esa misma comunidad. Vemos así entonces, como al documentar y mostrar las historias de estas mujeres, ella sabe que es una carga que sólo ella ha llevado, que otras mujeres sufren lo mismo, y que la sanación, aunque viene de distintas maneras, así como darse cuenta del problema real, que es la intención de un sistema que discrimina, y no una palabra como tal; el arte ayuda en este proceso de aceptación e identificación.

Es interesante por muchos motivos como narrativamente la directora aborda toda la estructura y la trama del documental, por un lado está como es que expone el problema del sistema. Este se expone a través de los testimonios y las pláticas que regalan estas cuatro mujeres a la directora, y menciono que vemos un problema estructural en el sistema ya que vemos como se les trata de hacer sentir menos o inferiores a estas personas desde la escuela, y hay una especie de estigma incluso desde la casa, por lo que implica ser negro históricamente. Hay un lapso al principio con una de las mujeres en la que ella le pregunta a un hombre sobre qué opina de que si hay mujeres negras en el sur de México (el documental recoge los testimonios de mujeres en distintos puntos de Guerrero, Oaxaca y Chiapas), entonces el esquiva la pregunta y termina diciendo que sólo en Estados Unidos hay "negras", relegando así el problema.

La personalidad de cada mujer es muy distinta, y eso enriquece el documental, pues en sus diferencias, vemos un común denominador en la discriminación desde la postura social general. Está la mujer que quizá perdió la oportunidad de empezar una relación con el hombre de su vida, la adolescente que no encaja en los cánones de belleza establecidos por la sociedad (otro tema que se plantea y se toca muchas veces en el documental) y que muestra su enojo con aislamiento, la artista que tuvo que vivir en un entorno difícil que la hizo tener que "blanquear" para poder sobrevivir, y la joven que además de lidiar con la discriminación y la burla por su ascendencia africana, también tenía por otro lado su linaje indígena.

El documental sirve como un examen de conciencia de cómo nosotros hemos cargado y de alguna manera contribuido con malos hábitos de comunicación, que vienen desde la cultura popular mismas al crear estereotipos de siglos pasados y que seguimos de ciertas formas replicando (tales y tan cotidianos son que los encontramos en simples formas de hablar como: "el negrito en el arroz,", o "mi negra suerte"), con comentarios o apodos que en apariencia, son inofensivos, y que sólo los utilizamos para divertirnos, cuando en realidad lastiman a otras personas, y como se menciona en el documental por la directora misma (el ejercicio de la silla vacía es en las mismas proporciones fuerte y espectacular), la palabra en si no es la que está mal, sino la intención que lleva, y también la capacidad de la persona herida de aceptar sus raíces, ya que es otro punto que expone el documental me parece de manera puntual y brillante, el origen de estas personas a pesar de lo duro que es: las personas africanas fueron traídas al país como esclavos, y parte del crecer es conocer y aceptar la historia para no repetir viejas y malas costumbres, y conocer como durante años han trabajado para poder derribar esos estereotipos y mostrar lo importantes que son para la comunidad, un claro ejemplo son las muestras de apoyo en el deporte norteamericano por la violencia racial que se vive en ese país.

Llega un punto al final del documental que el discurso y la imagen se funden y lo hace a través de planos perfectos, como el del monólogo recitado al mar.

La catarsis del documental, y la curación de estas mujeres llega al reconocerse y compartir su experiencia con otras mujeres que vivieron lo mismo, y saber que no son las únicas que vivieron esas cosas. Es así que la directora se refugia y se acompaña de estas historias, para contar la propia, y es así de este modo que, contando las cosas que nos importan, y que en automático se vuelven importantes y universales, se cuentas y proyectan las cosas importantes de tocar y compartir con los demás, las historias del pasado, y las historias que vendrán.

Como comentario final quizá diría que al igual que estas historias unen de distintas maneras a la experiencia de la directora, la sanación también las unen en puntos muy específicos, como el dibujo, el baile, el cine, la poesía, el arte en lo general; pero quizá el punto más importante que las une es la familia, su descendencia, y esta parte al igual de poderosa y emotiva, lo hace comulgar con otros extraordinarios documentales como For Sama y Tote_abuelo.


martes, 18 de agosto de 2020

Sanctorum.

 





Sanctorum es una película del director mexicano Joshua Gil, estrenada el año pasado en festivales de cine tanto mexicanos como internacionales. (Por ejemplo, cerró la semana de la crítica del festival de Venecia)


La película habla de como una pequeña comunidad de campesinos en la zona serrana de Oaxaca, enclavado entre un majestuoso bosque, tiene que sobrevivir trabajando la tierra para el crimen organizado, sembrando marihuana; tienen que velar por su comunidad, por su familia, y además enfrentarse por un lado, a los malos tratos de las gente que los despoja de sus tierras, y las autoridades que los trata como delincuentes, y no es luego de una matanza a cargo de los "dueños" de las tierras, que dejan a un niño huérfano, que los restantes de esa comunidad liderados por un maestro que habla de idealismos a los niños que aún quedan entre ellos, que decide emprender la huida y confrontar a la autoridad que viene por ellos a toda costa como si fueran los malos de la historia. Pero la película no es tratada como una ficción sin redención, el director nos propone una "solución" distinta: ¿qué pasaría si los difuntos y los ancestros de estas comunidades orquestaran el fin del mundo por los malos tratos que han tenido que soportar durante tantos y tantos años?


La película es, para mí una obra que hay que considerar, indudablemente, como una película muy aparte (para bien) dentro de las producciones mexicanas de al menos los últimos diez años, las razones son más de una y acá les comentaré sólo algunas. La valía y la apuesta arriesgada de la película empieza desde el idioma, la película casi en su totalidad está hablada en lengua mixe, y con no actores, una de las cosas más arriesgadas, y a la vez más atinadas; pues esto hace, por una parte, hacer que el espectador entre desde un principio en un mundo y una zona del país que es muy poco conocida y explorada, tan poco conocida y explorada es, que las autoridades no les brindan la seguridad que esas pequeñas comunidades necesitan, para el gobierno es más fácil darlos desde antes por criminales, que como victimas, si de algo son culpables, como se menciona en la misma película, es de "saber trabajar la tierra y tratar de sobrevivir". Si el idioma ayuda, como ya lo mencioné, para que desde un principio uno entre y se involucre en la historia, la forma en que se utiliza la luz en toda la película crea un efecto aún más impactante. Hay un empleo de esta tan apabullante, que raya en los extremos de la sobreexposición y la subexposición, que uno empieza a identificar, pero jamás de manera manipuladora, el contraste y la división entre el mundo de los vivos y el de los muertos, la realidad de los que sufren el embate por los hombres que los rodean, y ese mundo de los muertos del que ellos son conscientes, por las creencias milenarias que los acompañan desde que nacen, pero que nosotros podemos ver.

Muy pocas películas mexicanas contemporáneas han llegado por una parte, a crear una película de fantasía tan deslumbrante visualmente hablando (esto por supuesto atiende tanto a la forma en que fotografía tanto los paisajes majestuosos de los bosques, como son tratados los efectos especiales), como tan llena de simbolismos, pocas películas llegan a un realismo mágico digno de una obra apocalíptica escrita incluso por el mismo García Márquez, en una historia que prácticamente tiene de todo (como las escenas de la esposa difunta del maestro). Quizá algunos mencionarían a películas como Vuelven de Issa López, o El sueño del Mara'akame de Federico Cecchetti, (películas que a mí particularmente no me resultan tan bien logradas, o tan redondas como la de Joshua Gil), o incluso Belzebuth de Emilio Portes, o Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas (de la que es innegable recordar en la escena del niño buscando a su mamá y las luciérnagas, otro guiño que más de uno asociará al cine de anime japonés. Incluso en las primeras escenas donde hablan un par de parejas, una de ancianos, y una de jóvenes, sobre señales a manera de premonición; en las que vino a mi mente la magnánima obra del húngaro Bela Tarr, El caballo de Turin), pero creo que la película de Joshua, como ya lo mencioné en un principio, está más allá, y si está más allá, es por la propuesta tan valiente que va más allá de como narrar y plasma la historia en la pantalla, sino de la historia tan potente que narra.

La película no se anda en ningún momento por las ramas, como dirían coloquialmente; es fuerte, es directa, (tan fuerte y directa es que nada más hay que ver las escenas que grabaron en los plantíos) habla de frente y fuerte tanto a la violencia como a los que la ejecutan, ya sea del bando que sea. Retrata la lucha de estas comunidades que desde siempre, han tenido que verse sometidos por la gente de las ciudades, la gente de las armas, la gente del dinero y del poder, con tal de defender su patrimonio, su riqueza, su tierra, sus costumbres, y eso se ha hecho más visible y evidente gracias a películas y documentales que muestran las formas en que el gobierno y el crimen organizado operan, como Laberinto Yo'eme de Sergi Pedro Ros, El guardián de la memoria de Marcela Arteaga, incluso el tema de la discriminación a los pueblos indígenas es retratado (en una índole e intimista, cabe aclarar) en Tote_abuelo de María Sojob, y otros tantos más, vemos como o son desplazados, o esclavizados, o exterminados, por muy dura que se escuche esta palabra.

Tan fuerte y desolador es el panorama que nos presenta la película, porque es un reflejo de la realidad; que nos dice desde el poster de la misma, frase que viene de la parte final de la película: "El fin del mundo se acerca. El tiempo de la humanidad ha terminado". Quizá yo rescataría, como conclusión final, algo que dijo el director cuando presentó la película en Morelia el año pasado: “La gran hipótesis del proyecto tiene que ver con tratar de hablar con el capo mexicano, con la criminalización. La población (rural) tiene que encontrar cómo sobrevivir con otro producto que no sea maíz o café porque ya no pagan como debe ser. Posiblemente el fin del mundo sea mejor de lo que estamos viviendo.”

A mí la tesis que me queda al final es: "Que nos ayuden y nos protejan nuestros muertos, porque los vivos, o no pueden o no quieren."