Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

viernes, 29 de abril de 2022

The Northman.





The Northman ("El hombre del Norte" en español) es el tercer largometraje del muy prometedor director norteamericano Robert Eggers (The Witch - 2019, The Lighthouse - 2019), y sin lugar a dudas es el proyecto más ambicioso económicamente hablando, ya que es la primera de sus películas que es hecha por grandes productoras de Hollywood (Regency Enterprices y Focus Features) y distribuida por Universal Pictures.

La épica dirigida por el joven Eggers a mi consideración reafirma que muchas veces menos es más, por más de una razón en específico, pues si bien la película tiene muchos de los sellos en la obra del realizador (que ya iré mencionando), las cosas que no están tan controladas, hacen que la película pierda algunos méritos, sobre todo en la trama, pero no me adelanto.

La película desde el primer acto, que a mi consideración es el más flojo de todos, se siente como una película genérica del género, una película con una narrativa genérica de A-B-C que desde el principio resultan algunos detalles incongruentes (que se entiende son para dar cierto peso dramático, pero a mi consideración a un muy alto precio), y por momentos la trama es predecible (que esto último bien se puede pasar por alto, pues hay muchas similitudes con Hamlet y Edipo Rey) y que la transición del primer al segundo acto es demasiado abrupta, desperdiciando a mi criterio una rama narrativa que pudo haber producida una lectura aún más profunda del personaje, que nos muestra a un hombre-bestia con un deseo de venganza (el poster principal para la promoción de la película incluso me parece incorrecto, pues es muy corto el lapso en que vemos en esta etapa de verdugo de otros pueblos al hombre del norte), pero que no nos muestra por las desgracias que tuvo que pasar en su transición de niño a hombre. Ya en el tercer acto se rescata mucho de la película en general, pero aún así se siente la ausencia de lo que pudo haber sido la película con algo más de profundidad en ese personaje.

Además de los símbolos que nos hacen saber que apreciamos una obra de Eggers (los primeros planos a sus personajes, los planos generales de los paisajes que acompañan a la historia, el hilo conductor en su obra con historias muy poco conocidas con detalles más apegados a sus lugares de origen y sin una mirada edulcorada de occidente), la gran adaptación de la época y las creencias de la cultura nórdica-vikinga, además de un trabajo deslumbrador del equipo de arte (diseño de producción) me parece que lo más rescatable en el aspecto estético-técnico es la gran dirección de fotografía por parte de Jarin Blaschke, sobre todo en las escenas de acción (aunque no llega a la brutalidad que muchos le adjudican, me parece más brutal con los ojos cerrados muchas de las  películas bélicas de Steven Spielberg), cuya coordinación y propuesta es por demás llamativa.

Sin ser una película del todo mala o errada, pues momentos partes de la misma son por demás destacables (la escena del personajes de Nicole Kidman confesando su verdadera persona, extraordinaria) y con un reparto por demás correcto; me parece sin lugar a dudas la película más floja de Eggers, con un guion desproporcionado y por momento sin mucha elocuencia, que al menos narrativamente no tiene ninguna propuesta deslumbrante como quizá sus dos pasadas películas si lograron sorprender a más de uno. Y cierro diciendo el hecho de que una película de esta magnitud, un blockbuster más que decantado, era imposible que al menos en los valores técnicos y de efectos especiales no cumpliera (como las películas de Marvel, El Señor de los Anillos o de Harry Potter) pues con un presupuesto de 70 millones de dólares, Robert Eggers no logró hacer una película que impactara tanto como sus pasadas películas de 4 millones de dólares, y aquí es sonde digo que, para muchos directores con cierta libertad creativa, las colaboraciones, las productoras o las distribuidoras pueden llegar a perjudicar en sus proyectos, acá es donde digo una vez más: menos es más.

miércoles, 27 de abril de 2022

Compartimento No. 6





La película del realizador finlandés Juho Kuosmanen, tiene una cosa que a mi consideración ha hecho que muchas personas no la tomen en serio o no quieran siquiera tomarse el tiempo para verla: la mala estrategia de marketing.

Esto lo vemos en primera instancia en el cartel, si bien el cartel es muy hermoso, en este aparece un fragmento de la crítica escrita (la cual por cierto es una gran crítica) por Louis Guichard para télérama, en la que se trascribe: "Entre Lost in translation e In the mood for love", esta simple comparación hace que, los que la ven, esperen encontrar algo de la maestría de estas dos obras, lo cual jamás aparece, ni en el fondo ni en la forma desde mi lectura, y en automático la mayoría del espectador promedio puede hacer que pierda interés en el discurso y y el trascurso de la obra. Los que logramos sortear esta lectura, podemos encontrar en esta película una obra maestra que bien podría tener más similitudes con Before sunrise.


La película narra el viaje en tren que hace Laura (Seidi Haarla) de Moscú a Murmansk para ver unos petroglifos, el plan era que iba a viajar con Irina (Dinara Drukarova), su pareja; pero esta de último momento le cancela, así empieza el viaje sola y para su infortunio le toca como compañero de viaje no tan sociable, Lyoha (Yuri Borísov); pues además de ser un borracho, es una persona ofensiva y bastante despreciable, o al menos eso se percibe en una primera instancia, pues una vez que el viaje toma su ritmo, y su cámara empieza a descifrar a su compañero, la mutación de ambos, tanto la de ella como la de él, va encontrando un canal de comunicación que los hace ver, que las apariencias engañan, que en quien confiamos nos puede traicionar y viceversa, y que a veces tomamos posturas por querer o no querer estar solos.


La película básicamente es el estudio de dos personajes en una especie de exploración hacia quienes son realmente, lo que son como personas a raíz de un viaje, y lo que tienen que dejar de ser fuera de su zona de confort. Por un lado tenemos a Irina, una chica que tenía una relación con una mujer y que parece está todo el tiempo en fiestas de amigos de su novia para no estar sola, en una posición más que cómoda en Moscú y lejos de su natal Finlandia, y Lyoha que todo el tiempo está tomando y que parece vive al filo de lo legal y lo ilegal, a pesar que tiene un trabajo en una mina. No es hasta su encuentro, el cual empieza de manera tropezada, y al cual ambos por el afán de no estar solos, lo hacen compartido, pero en este plan por no estar solos, encuentran su verdadero yo, ese al cual, además del factor del tren que los mantiene de alguna manera aislados del mundo (en este compendio quizá tendría una similitud con Lost in translation) los hace conocerse en las peores circunstancias y que da por dictado un par de resoluciones: la primera es que del odio al amor sólo hay un paso, y la segunda que un viaje en tren en el que aparentemente no pasa nada, pasa todo.

Quizá para muchos el término obra maestra sea demasiado aventurado para una obra tan sencilla, pero para mi toda obra que se desprende de la superficialidad, y que en una puesta e historia sencilla, que no busca otra cosa mas que conectar al público con su historia, de manera tan simple, sencilla y orgánica; me parece es ir a contracorriente con lo que el status quo dicta en la industria masiva de películas y blockbusters con millones de dólares y magnificentes producciones de trabajo, pero con muy poca alma, así que desde mi perspectiva todas estas películas pequeñas con historias simples y llenas de amores atípicos y auténticos, de cambios, de esperanza y de estudio humano, siempre serán obras maestras de nuestro tiempo, y esta película para mí ya es una de mis obras favoritas del 2022.

martes, 29 de marzo de 2022

Nudo Mixteco, o los tres regresos a San Mateo.





El cine de los pueblos originarios hasta hace algunos años no dejaba de ser un cine que era atractivo, más que nada, para los festivales europeos, más que por sus formas, por sus fondos tan ajenos a sus muchas veces cómodas realidades. La mayoría de la crítica y la audiencia en esos países veían a estas obras como curiosas y exóticas, y la razón por la que se les catalogaba de esta manera era, la mayoría de las ocasiones, (salvo contadas excepciones, tanto por la obra en sí, como por la lectura más profunda que algunos críticos lograban dar a las obras) era porque los retratos que se hacían de estas historias estaban contadas por directores que eran completamente ajenos a esos conceptos; no sólo porque no conocieran o comprendieran estas historias, o por querer acomplejar a través de una visión privilegiada que ellos tenían; sino porque muchos desconocían totalmente el contexto en el que vivían estas personas. Pero de unos años para acá esto ha ido cambiando, no sólo por el hecho de que cada día mas, el público ha educado su visión universal del cine, sino porque las personas que son parte de este grupo de personas, han empezado a contar sus historias, a base de ir picando piedra durante años, desde los diferentes departamentos del quehacer cinematográfico, pero también por su afán y el deseo de querer ver en la pantalla una digna muestra y representación de lo que son ellos, y no lo que los demás queremos ver que son ellos.

"Nudo mixteco" de la realizadora Ángeles Cruz es un claro ejemplo de lo que vendría a ser el cine de pueblos originarios que representa no sólo dignamente los valores y el valor de estas personas en nuestro sector cultural y social en nuestro país, sino que también es un digno ejemplo de cine de calidad y de la diversificación de su cine, me atrevo a decir que este es el mejor trabajo de la realizadora.


La película nos muestra la vida de tres personas originarias de San Mateo en su retorno al que algún día fue su hogar, pues si bien para los que conocemos el vivir fuera del lugar donde nacemos, y que jamás uno se desprende del todo de su hogar, este deja de ser nuestro hogar presencial. María (Sonia Couoh) que regresa al entierro de su madre, Esteban (con un más que soberbio Noé Hernández) que regresa con su familia después de tres años de ausencia por tenerse que ir a trabajar a los Estados Unidos, y Toña (Myriam Bravo) que regresa al saber que su hija no quiere comer. El regreso de los tres, aunque se da al mismo tiempo, y aunque sus historias no están ligadas en sí, si tienen puntos en común, uno por sobre todas las cosas: el retorno nos presenta el por qué de su decisión de partir, y las consecuencias de ello.


Además de lo ingenioso y versátil de la puesta, dando y pasando una y otra vez por las situaciones que se viven en estos pueblos, cada una desde la historia de los tres personajes principales, que si bien a ratos nos pudieran parecer jocosas a los que no conocemos los usos y costumbres de estos lugares, hay un gran valor a mi parecer de la directora por tocar temas que pudieran parecer escandalosos para algunos, pero que me parece nos dan una cosa por sentada: no somos tan diferentes los de aquí a los de allá. Hay un retrato sin real de las costumbres, sin prejuicio, o que se encasillen como buenas y malas; tanto de las folclóricas y que nos hacen que veamos tan llamativos no sólo a estos lugares, sino también a sus personas, pero también retrata esas viejas e insanas costumbres que se deberían erradicar. Hay escenas que rayan no sólo en la perfección, sino que también además resultan ser hermosas, como el encuentro entre María y Piedad en su casa de esta, como la de Esteban tocando su clarinete al lado de su madre mientras se quema su casa.

La circularidad que surge a raíz de la narración de las historias, que encierran un contexto por demás conocido por Ángeles, dan por resultado todo lo que esta película a recogido en su andar por festivales, en los que no sólo ha encontrado reconocimiento por la crítica, sino que además el público reconoce el valor por retratar temas como la enajenación del lugar de origen, la belleza del amor en toda su expresión y cortar raíces que nuestros ascendientes dejaban prosperar como el machismo o el abuso sexual; sino que también, la película se vuelve en automático en una obra universal que me parece, debería verse como el cine mexicano que se debe divulgar, compartir, dialogar. Estos trabajos no sólo son voz en sí de la obra de una directora, sino que se vuelven punta de lanza para directores que buscan contar sus historias, más que simplemente hacer cosas para un reconocimiento ajeno al de sus raíces o sus ideales personales.

jueves, 24 de marzo de 2022

Licorice pizza: el mismo amor, todas las veces que sea necesario. (o un PT Anderson mirando hacia atrás)





Dice el dicho que para que un amor sea perfecto debe ser inconcluso, pero algo es irrefutable: uno necesita en la vida esos amores que, aunque no duran toda la vida en el plano de pareja, suelen ser reales para siempre, le dan sentido a la vida, y a las cosas que vivimos, las cosas que amamos y que hacemos, y que nos van formando para ser las personas que somos. De eso y mucha nostalgia setentera va el más reciente, personal y sencillo filme del siempre espléndido director californiano PT Anderson.


La forma más compacta de sintetizar la trama de esta película es que vemos el inicio y el desarrollo de la relación entre Alana y Gary hasta que se hacen novios. Ella, una chica de 25 años que se cuestiona constantemente porque le gusta tanto andar entre Gary y sus adolescentes amigos siempre irreverentes y jugando entre el peligro, mientras trata de hacer cosas que realmente tengan un impacto en la vida, y Gary, un joven de 15 años que después de ser una estrella de la farándula hollywoodense, emprende en varios negocios con tal de estar con Alana, aunque sepa que es una chica inalcanzable, por lo cual no pierde el tiempo en tratar de ligar con chicas de su edad, cuando ambos caen en cuenta de lo que quieren, y dejan de lado las apariencias de lo que pretenden demostrar, es que caen en cuenta que están enamorados el uno del otro.


A diferencia de otras películas contemporáneas que a mi parecer, pretenden rendir homenaje a la vida, a la infancia, o a las vivencias de sus realizadores, como Cuarón con Roma, o Branagh con Belfast; PT no hace ninguna gala de la forma para que su película sea vista por la crítica como una aspirante a premios y reconocimientos (con Sorrentino es un tema diferente, ya que si recurre a la forma, pero es su narrativa de siempre, en cambio Cuarón y Branagh no usan su narrativa como en sus demás películas), acá vemos a una película en toda la extensión de las palabras todo corazón, de ahí que me parece la película ha sido tan abrazada por la crítica, pero muy poco atendida (o quizá esto lo decidió el propio Anderson) y tan fuera de foco de festivales y premiaciones. Es una película tan compacta que muestra con perfecta sencillez la anécdota, y que atiende de sobre manera a recoger con gran realismo a los personajes, y a su época, mostrándose auténtica a las cámaras como las bromas entre la pandilla de amigos de Gary.

La película es justamente comparada con la más reciente obra de Tarantino porque ambas logran retratar me parece de manera muy correcta a esa hollywood llena de estrellas consagradas por los estudios de cine, antes de que se revolucionara a la industria, sólo que la película de Tarantino lo expone desde su interior, el bello retrato que hace PT es desde los suburbios, y al igual que Tarantino, sólo lo hace parte del contexto, no es la obra de a exponer, aunque con Tarantino el contexto obviamente brilla más ya que los personajes principales forman parte de este mundo.

Hay paralelismos más que evidentes con la obra de PT, al menos con la obra de los principios de su carrera, esta es la forma en que aún más se siente no sólo la nostalgia del realizador, sino también su lado personal con la obra, algo que jamás había hecho en sus obras más serias. Podemos ver paralelismos sobre todo con Boogie Nights (los comerciales grabados al concejal Wachs) y Punch-Drunk Love (la carrera del encuentro entre Alana y Gary). Lo personal también viene en el cast, no sólo vemos a una familia en la vida real siendo una familia en la ficción, como lo es la familia de Alana; sino que también vemos a el debutante actor principal Cooper Hoffman siendo dirigido por el hombre que dirigió las que para mí son las mejores películas de su padre, el fallecido y espléndido actor PS Hoffman, con el que me parece hay una referencia directa con su personaje en Punch-Drunk Love y su tienda de muebles.

Pero si debemos de hablar de principales, me parece es pertinente hablar de la que para mí es la protagonista absoluta de Licorice Pizza, Alana Haim. La actuación de esta novel actriz me parece es un descubrimiento más que prometedor, su cara irradia una luz refrescante y rejuvenecedora en la industria, que me parece, no sólo saca el mejor lado de todos los actores que interactuan con ella en pantalla, sino que también crea a partir de su actuación una quimica con Cooper de la que uno muy dificilmente no puede quedarse prendado.

La música en las películas de PT siempre es un aspecto medular, pues no es un director que hace videoclips dentro de la película con piezas popularmente muy reconocidas, sino que las canciones elegidas siempre son envueltas en el mood y en el contexto de la trama de la obra, eso es algo que también referencía a sus primeras obras. Escuchar a The doors o a Nina Simone en la vida y las aventuras, ya sea juntos o separados de esta pareja que se debate entre el enojo y la complicidad, entre el odio y el amor, y que siempre después de una peléa van al rescate del otro, para volver a andar juntos ya sea caminando, corriendo, o emprendiendo otra aventura en forma de negocio, es simplemente hermosísimo.

Haciendo justicia a la película, debo de decir que es una película muy propia, muy hermosa, pero que no resalta mucho entre otras películas de los últimos dos años, no es la mejor de PT, pero seguro que es de sus películas más preciadas personalemnte hablando, y dicho sea de paso, a mi parecer es una de esas películas que tanto le hacen falta a nuestro cine hoy en día, sin moraleja escondida, sin discursos bardos o doble moral implícita; es una película con corazón, y hoy día más que nunca eso es lo que le hace falta al cine, y a los espectadores para volver a creer, y de paso, recordar lo que ha sido su vida, sus amores y sus viejos amigos, y lo que es la vida.

jueves, 17 de marzo de 2022

Tres tristes tigres, de Raúl Ruiz



Dentro de las diez obras esenciales del gran director chileno Raúl Ruiz que presenta la retrospectiva que le dedica el FICUNAM, me permito escribir sobre la ópera prima del director y la única película chilena en toda la extensión de la palabra que presenta el festival.

Película del año 1968, que retrata la vida de diversos personajes de distintos órdenes sociales, pero desde la mirada única con la que contaba este realizador, que desde mi perspectiva es una mirada torcida para bien, y nada convencional que siempre caracterizó al cineasta, con una propuesta visual arriesgada con intensos y duros primeros planos y cámara en mano; centra su foco en la figura de Tito, un personaje que es el eje conductor que sucumbe y muestra la vida del chileno tanto alejado de la realidad de su país, como de los que se aferraban a la idea de un país tan polarizado y cambiante. De alguna manera, y sin que ese fuera el propósito de su película, o no de la manera en que hoy día muchos scineastas politizan sus obras con fines preconcebidos de interés morboso, Ruiz mostró y puso el dedo en la llaga de la realidad chilena, y la división de clases sociales.

Vemos personajes con buena posición económica pero infelices, también están los que son parte de la oligarquía social, y que pretenden hacer lo que quieran, vemos a los que forman parte del gobierno y que son además de personas siniestras y adoctrinados en la ideología imperialista yanqui, lo que ofenden sólo porque pueden hacerlo, los que hacen con su vida lo que pueden y aparentan ser interesantes, y vemos a Tito, la radiografía de un hombre que parece no encajar en ningún lugar, (elemento que a uno lo hace recordar a la cubana Memorias del subdesarrollo del mismo año, de Tomás Gutiérrez Alea) es que vemos como sus arranques de ansiedad, violencia, lo hacen perder el control y dejarse arrastrar por el alcohol y las calles de Santiago, al son de una música más que espléndida.

Tito para nada es una victima, de hecho se le podría catalogar por un ser despreciable que es absorbido por un sistema inseguro, y del cual él mismo es consciente de su situación miserable, de ahí que no se a compleja en dejarse llevar por el momento, sin intención en una primera instancia de detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos, igual abandona a un amigo ebrio en la estación, como golpea a su empleador por no llevar a cabo una tarea a tiempo.

Personajes que no hacen nada con su vida, y otros que creen en elefantes blancos, así damos una mirada al Chile antes de lo que años después pasaría con la sociedad de este país, ese oscuro episodio en la historia latinoamericana que hizo que tantos artistas como Ruiz tuvieran que exiliarse, y aún con el hecho de que no era el más comprometido políticamente hablando, pero si el más arriesgado en el plano artístico, sus historias y arte eran un claro opositor para los perpetradores de aquel golpe de estado.

Es interesante ver la lectura que se le puede dar a esta obra del maestro chileno a más de 50 años de su creación, que no fue tan comentada por los espectadores chilenos en su momento, y que incluso hoy día sigue siendo uno de los cineastas menos conocidos y más incomprendidos, a pesar de ser elogiado y reconocido por los conocedores del arte como uno de los más imprescindibles autores, y quizá el más importante de latinoamerica; pero sin duda alguna, el cine de Raúl Ruiz hoy día funge como parte del panorama chileno del último tercio del siglo XX.