domingo, 2 de junio de 2019
Amado Nervo.
Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.
Si tú me dices «¡ven!», todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar!
lunes, 27 de mayo de 2019
La mirada de Bresson.
Robert Bresson es uno de los grandes directores en la historia del cine, ya no digamos de una época como la posguerra, ya no digamos de un país como tal como lo es Francia, rico y prolifero en la historia de la cinematografía (además de ser el país en que se creó el cine). El cine de Robert Bresson es uno de los pilares fundamentales para ver el cine que hoy día vemos, uno de los mayores exponentes en la historia.
Pero, ¿qué tiene de distintivo su cine? ¿Qué lo hace tan especial? ¿Qué lo hace diferente? Corrijo lo último: ¿Qué hizo Bresson con su cine para que grandes directores como Haneke, Tarkovski, Ozon, Schrader o Godard lo mencionaran como una de sus grandes referencias? Ahora lo expongo.
Bresson es el heredero por tiempo y derecho de los grandes realizadores franceses como Jean Renoir, Jean Cocteau, Jean Vigo, y René Clair. Su cine refleja en primera instancia lo real, deja de lado un poco lo que los franceses había hecho en su mayoría en los años veinte y treinta: historias llenas de fantasía y surrealismo en primera instancia, ya cerca de los años cuarenta se tornó a una condición más realista, cosa que seguiría Bresson con su filmografía.
Pero el realismo en el cine de Bresson es parco, tan natural como las emociones de sus personajes, personajes por lo general jóvenes, confundidos, callados, inexpresivos salvo con la mirada, una mirada tan pura como vibrante; vemos a través de sus ojos todas las emociones humanas, vemos la pena, la alegría, el dolor, la desesperación, como en El Proceso de Juana de Arco (de 1962, película de poco más de una hora que narra el juicio que tuvo Juana de Arco), Pickpocket (de 1959, una peculiar historia de amor sobre, como lo define al final su personaje protagónico Michel) y Un condenado a muerte se ha escapado (de 1956, a mi parecer su obra maestra, que narra cual fue el escape de dos prisioneros del ejercito nazi, y el plan elaborado para realizarlo, fuente de inspiración para innumerables películas del género); pero jamás en un tono de exageración, son tan naturales porque sus personajes son reales, lo explico mejor: sus personajes generalmente no son interpretados por actores profesionales. Si bien muchos de estos después hicieron una carrera dentro de la actuación, Bresson los descubrió desde una esencia limpia, pura, virgen, Bresson vio lo hermoso en sus miradas, la naturalidad que se podría representar, una natural que el actor profesional ya no puede tener. La naturalidad que se requiere para sentir otro factor y denominador común en su cine: la necesidad de libertad, el anhelo por tenerla, y esto quizá se deba a una cuestión más personal del realizador francés.
Robert Bresson estuvo más de un año en un campo de concentración cuando recién se detonó la Segunda Guerra Mundial, una vez que los alemanes ocuparon París. Bresson experimentó de primera mano lo que su generación experimentó no sólo con el aislamiento obligado, sino con la represión intelectual, vio a la juventud de su país ver truncados sus sueños y como los traumas provocados por las guerras los hicieron ser en gran medida seres que estaban en constante búsqueda, algunos encontraron refugio en el arte, otros lo buscaron en el libertinaje, en las drogas, para al final encontrar su salvación en el suicidio. No es coincidencia que su etapa más prolifera fue justo con sus filmes de la posguerra de la década de los cincuenta y sesenta, su etapa en blanco y negro, ya en los setenta si bien sus película a color no son consideradas obras maestras como las anteriores, si vienen a enriquecer su obra como autor. Pero no es la única condición que separa a su filmografía la mencionada, su primera etapa narra historias de jóvenes en escenarios rurales, lo que Bresson conocía hasta ese entonces además fungía perfectamente para aunar más su filosofía de una austeridad necesaria para fijar nuestra vista en lo invisible que que no debía serlo, me explico: el invisible valor de las cosas sin valor. Su segunda etapa comprende historias contadas en la ciudad, en la gran urbe, pero no hay que ser un gran especialista para darse cuenta que las historias en cierta medida son las mismas. En todos sus personajes se siente una especie de aislamiento, de represión, de una u otra manera se sentían aislados del resto, algunos en un sentido más literal, otros en un sentido más figurado. En apariencia la trama de muchas de las historias de sus películas son regidas por un azar falso, y digo falso porque todo lo que se desarrolla en cada una de las películas son consecuencias de las acciones de los personajes, ya sea por voluntad de los principales, o las acciones atroces de secundarios, como lo dicta la historia misma universal. Un ejemplo claro de esto es la maravillosa pero devastadora Mouchette (de 1967, Historia de una niña que vive en un completo estado de marginación, con un final liberador).
Era un hombre que no hablaba mucho sobre su obra, le incomodaba mucho dar entrevistas, por lo general no lo hacía porque estas le quitaban tiempo valioso en el que podía estar escribiendo o filmando. Sus películas se llevaban mucho tiempo, era un hombre que trabajaba con guiones basados generalmente en grandes obras literarias, pero nunca se ataba a este, él mismo solía decir que no sabía lo que haría al día siguiente mientras estaba filmando, lo sabría hasta llegar al lugar.
Características y sellos propios de su filmografía como una importancia de contar parte de la trama de manera epistolar, dictar el camino cada vez que algo está a punto de ocurrir y que cambiará todo sin seguir a nuestro personaje y sus miradas, sino a sus pies, o estos personajes que como ya lo he mencionado, hablan más para ellos mismos que para los demás, que sólo se expresan con la mirada que es igual la representación de una mirada parca, pero pulcra a la hora de juzgar al resto, al normal y la poca atención que pone a las cosas importantes que pasaron y que pasan, las miradas de sus personajes reprimidos, oprimidos y silenciosos, son la mirada misma de Bresson. Otro sello de su cine es lo poco que se hace valer de escenarios naturales, nada artificioso, hace que uno se involucre aún más con la historia, como ya lo mencioné. Pocos diálogos y muchos silencios transmiten mucho, aunado a la poca música de la que hecha mano pero que es de primer corte, lo hace un narrador nato, un autor como muy pocos. Su versatilidad y su buen manejo de dirección y narración hacían que con una escena de segundos nos pusieran en perspectiva de lo que el personaje principal había pasado en un largo lapso de tiempo, no nos da toda la historia lineal, ni nos da la sopa en la boca, no nos da cosas por sentado, esto lo hace muy palpable en Al Azar Baltasar (de 1966, película que lleva como hilo conductor la vida de un burro y sus dueños, y como el destino los marca hasta que este muere). En sus distintivos y firmas de autor en cada una de sus películas se hace más fácil distinguir la esencia pura de su obra, la premisa del cine de Bresson: menos es más. Donde el ser humano no necesita de mucho para poder encontrarse, una búsqueda interminable del ser, de un ideal, una búsqueda que pareciera ser más difícil para los excluidos. La obra de Bresson es el estado ascético y en parte nihilista de la vida, de sus personajes, y de su cine que no pretende hacer que entendamos la vida, sino que simplemente aprendamos a sentir sin necesidad de trucos, exageraciones, excesos.
Entrevistas a Robert Bresson 1:2 from Tierno Galván on Vimeo.
Entrevistas a Robert Bresson 2:2 from Tierno Galván on Vimeo.
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domingo, 19 de mayo de 2019
Yo no soy guapo: el baile no discrimina.
Yo No Soy Guapo es un documental mexicano estrenado el año pasado dirigido por la cineasta Joyce García (ópera prima) que narra un poco lo que es la historia y como comenzó el movimiento de los sonideros en la Ciudad de México, más en preciso, en el barrio bravo de "Tepito", pero vámonos por partes, de esta película hay que hablar a detalle.
Para empezar lo primero que habría que destacar es que la película bien se puede dividir en tres partes. La primera es sobre el origen como tal, donde se empezó el movimiento, quién lo empezó, la importancia que tenía el movimiento ya desde la década del 70, importancia aún mayor que las estaciones de radio en la zona y que estas se servían de los sonideros por la buena música que importaban, los precursores, todo esto va siendo narrado principalmente por Lupita "La Cigarra", la que quizá sea hoy día la sonidera más famosa de Tepito, vemos como Joyce la va siguiendo con cámara en mano mientras nos narra épocas, lugares, personas que han hecho del sonidero lo que hoy es. En un plano no tan protagónico, pero igual de importante se va recogiendo el testimonio de Ricardo "El Duende", y su familia, otros de los grandes exponentes del los sonideros. La segunda parte el documental trata de dar a conocer la historia de la precursora del movimiento sonidero, de nombre también Guadalupe, conocida como La Socia, de quien se dice fue la primer mujer sonidero que fue quien apoyó en sus inicios a los que se les podría llamar las leyendas del sonidero, tal es el caso de La Changa, a quien se le menciona mucho en el documental. En esta parte en la que van a la casa donde vivía la señora lupita y entrevistan a su hermana, viudo e hija, se toca también el tema de la discriminación que había hacia ella al no ser reconocida en su momento por las radios y los demás hombres del gremio, aunque su lugar estuviera bien respetado en el barrio como una de las que empezaron el movimiento. La tercera parte gira en torno a dos de las fiestas más importantes de los sonideros: la fiesta del mercado de la merced en septiembre que hacen año con año para rendir tributo a la virgen que tienen como patrona, y la fiesta del barrio de Tepito en octubre, en estas fiestas se solía hacer una gran tocada con sonideros de toda la Ciudad de México, pero es a raíz del 2014 que por disposiciones del gobierno se les prohíbe hacerlo, poniendo en riesgo no sólo la continuidad de ambas fiestas, sino de que el movimiento sonidero siga creciendo, así fomentando de a poco la exhibición de este y haciendo que muchas generaciones se pierdan de lo que es la historia y cultura de su ciudad.
El documental además de lo que en apariencia puede ser, y que si es para bien, como lo es la fiesta del baile, las luces, la alegría, también toca temas muy importantes y no los deja a la ligera; es una dura crítica a todas esas instancias gubernamentales que les quita los espacios a estas formas de expresión artísticas diferentes sólo por el simple hecho que en estas no tienen retribución o ganancias como quizá si las tienen en antros y establecimientos donde se paga por entrar y beber. Se excusan las autoridades (o al menos así se hace ver en el documental) de la difícil situación que se vivía en el 2014 y que estas fiestas podían salirse de control, y en propios testimonios no sólo de lo que nos pudieran decir ambos narradores del documental, sino de lo que vamos viendo en la película, se deja ver que las personas mientras bailan, son felices. Se ve a parejas bailando, a niños bailando, a niños con sus papás bailando, reos bailando, hombres con hombres bailando, gente de la calle bailando, no hay discriminación a la hora del baile, la propia Lupita de alguna manera lo dice: "dale a un joven el baile y va a dejar la droga", la gente que recuerda los bailes de antaño dicen algo similar: "nosotros también éramos "mariguanos", pero nos íbamos a las orillas o a la azotea y dejábamos a la gente bailar, y después nosotros también volvíamos a bailar".
Joyce recoge un documento digno, honesto y humano, donde no se ve jamás un gramo de ser algo maquilado, se le nota el alma genuina a su proyecto, muy vivaz, muy enfocado al detalle, que además es fotografiado por ella misma.
En la primera parte de la película mientras Joyce y La Cigarra van por un tianguis y van a visitar un puesto de discos, uno de los señores que está en el lugar dice a la cámara que hoy día sólo se escuchaba música local de muy mala calidad (y hacen un poco alegoría a mucha de la música del género regional mexicano) y que en los tiempos de apogeo del sonidero, se importaba música de Nueva York, Puerto Rico, Colombia, Cuba, y demás países latinoamericanos.
El documental es un pretexto perfecto para dos cosas: la primera, ver este extraordinario trabajo de 80 minutos (muchos de los que me leen sabrán como alabo las películas que en menos de 90 minutos te pueden mostrar algo que realmente valga la pena ser visto) y conocer el movimiento del sonidero que es pieza fundamental de la identidad de la capital de nuestro país, un movimiento que ha sido reconocido fuera de nuestro continente incluso, que ha sido plataforma incluso para que nuevos talentos y nuevas agrupaciones se conozcan, brillen y tengan fama entre la gente que sólo busca una cosa: amar, disfrutar la vida, bailar. Que el gobierno quiera erradicar este tipo de expresiones culturales es en vano, pues como lo dice El Duende al final de la película: (que dicho sea de paso, el final es extraordinario) "querer acabar con esto, es como querer acabar con el pueblo".
Como comentario final sólo decir que ojalá este tipo de proyectos tuvieran aún más apoyo del que ya tienen por parte del IMCINE y festivales donde se tienen apoyos de postproducción, pues si bien el material se filmó en el 2014 y se tiene que trabajar mucho tiempo para que quede listo, con el apoyo suficiente, se deberían de exhibir como mínimo en 2 años, si bien hay películas, productores y directores que por año estrenan incluso hasta dos películas (claramente con apoyo de las mismas cadenas exhibidoras de cine porque saben que es dinero seguro dando las mismas falacias a la gente por el simple hecho de que no se les da alternativa) este tipo de películas deberían de recibir el mismo apoyo, pero eso sería en un país perfecto, donde a la gente se le deje ocupar sus calles, y no se orille a sus jóvenes a buscar otras alternativas de diversión más dañinas.
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viernes, 17 de mayo de 2019
La Carrière de Suzanne.
La Carrera de Suzanne es el segundo de los capítulos de la serie de películas que comprenden los seis cuentos morales del realizador Eric Rohmer.
En este capítulo, el cual básicamente es un mediometraje (por su duración de menos de 60 minutos) es más profunda la marca que deja la moral en nuestro protagónico, el cual no lleva el nombre de Suzanne.
Nuestro protagónico es Bertrand, joven estudiante de medicina de la Sorbona que vive en una pequeña habitación de un hotel (al más puro estilo de Michel de Pickpocket de Bresson) quien siempre está tratando de estudiar y que carece de dinero, siempre se encuentra con su mejor amigo Guillaume, quien vive solo en la casa de su madre, quien es la que lo mantiene. Guillaume siempre logra sin gran esfuerzo hacer que Bertrand deje sus ocupaciones para que lo acompañe a su casa, o la los clubes, o a donde este se le ocurra. La película empieza básicamente cuando estos dos conocen a Suzanne, una chica que estudia interpretación y que trabaja en una dependencia gubernamental que trata la tuberculosis, de este encuentro se da un amorío entre Guillaume y ella, mientras que Bertrand trata de conquistar a Sophie, pero sin un plan definido o prisa alguna, en vez de preocuparse por sus problemas mira la relación tormentosa de Suzanne y Guillaume, relación que va y viene, pues Guillaume no la trata en serio y siempre termina hiriendo a Suzanne, pero basta que este le pida perdón para que ella vuelva a sus brazos. En una ausencia que tiene Guillaume la relación entre Suzanne y Bertrand se vuelve más sólida, al grado que cuando Bertrand no quería salir por falta de dinero, ella le daba, pero cuando Guillaume se entera de esto le propone a Bertrand sacarle todo el dinero que tiene, aquí es donde empieza el duelo de Bertrand entre ayudar a su mejor amigo (quien es un vividor) y la culpa de hacerle algo tan bajo a la buena chica que sólo buscaba su compañía porque de verdad le quería, aunque de cierto modo la estuviera comprando, al final Bertrand se da cuenta que la única que supo leer todo el panorama fue Suzanne, la que supo entender las reglas del juego y al final ganar la carrera, quien no duda en aprovechar la situación a pesar de lo buena que es, cuando esta después de un bache tanto emocional como económico, luego de dejar su trabajo y quedarse sin amigos ni dinero, de cierta forma vende su felicidad, mientras que los demás se dan cuenta que no tienen lo que en verdad querían, porque se dieron cuenta de lo que en verdad querían demasiado tarde, ahora se tenían que conformar con lo que creían querer y que al final perderán, como lo puede ser una chica, como lo puede ser el dinero.
En esta película Rohmer expone quizá con más fidelidad muchas de las bases que conforman las particularidades de la Nueva Ola Francesa. La película es el reflejo de una generación de jóvenes que buscaban su lugar en el mundo y que apreciaban lo bello de él, y despreciaban (aunque se ayudaban de eso por supuesto) de las viejas tradiciones de los viejos como la de querer en contra del sistema y la corriente todo el tiempo. Todo el tiempo la cámara observa meticulosamente a nuestros personajes, los muestra reales y pueriles (incluso a veces sin ser el foco de atención ante la cámara) aun en sus ratos de ocio y sus desencantos, en sus pensamientos profundos como en los no tan profundos. (Otra similitud que guarda a mi parecer con Pickpocket es como el protagonista se vuelve el narrador).
Muchas veces se menciona la palabra "snob" entre los personajes, lo cual refleja, o pretende reflejar la falta de identidad de estos, el siempre estar en constante cambio, queriendo encajar, fingir lo que no son o no tienen, salvo por las circunstancia o casualidades de la vida, ya sea por no tener valor propio, o por querer la compañía del otro. De los grandes valores sin lugar a dudas es la música de la película, una selección de jazz que bien podría envidiarle cualquier película de Woody Allen, hablando de mujeres que se nos escapan por estar tras de otras.
En menos de una hora Rohmer es capaz de seducirnos y envolvernos en una historia con un discurso que podría envolver generación tras generación de jóvenes buscándose, ya sea en el estudio, en la fiesta, en el amor, en el dinero, en la vida; porque al final de cuentas la juventud no envejece, la juventud siempre está presente aun sigan pasando los años.
El amor después de medio día: el amor después del amor, o lo que Woody Allen siempre nos ha querido decir.
l'amour l'après midi es el último de los seis cuentos morales del sublime director Eric Rohmer, que a mi me ha parecido el más poético de todos.
La película nos narra prácticamente los pensamientos de Frédéric, un hombre joven con aparente éxito laboral que está felizmente casado. Sus pensamientos son narrados mientras vemos su día a día y como lidia con estos lapsos de crisis de identidad existenciales y emocionales, y como estos se ven estrujados aun más cuando llega una visita que no tenía contemplada en su vida, se le presenta ese oscuro objeto del deseo del que tanto nos habló Buñuel y el mismo Allen en la figura de Chloe, una exnovia de su mejor amigo que es tan problemática como inestable, con la cual él mismo dice llevaba una relación cordial, pero la cual nunca le gustó. Es justo cuando sus encuentros con ella se dan justo en la hora del día en que le vienen estos pensamientos existenciales, que es cuando está alejado de su casa, que empieza a ser una figura imprescindible en su vida, tanto el uno para el otro, y es justo que por la naturaleza de la misma Chloe que es tan distinta a la de su esposa que le parece tan adictiva su presencia, pero es justo al desenlace, cuando uno quiere que se de el encuentro deseado entre estos dos, porque simplemente es antinatural que no se de un encuentro entre dos personas con tanta química entre si, cuando la magia de Rohmer aparece.
La película es extraordinaria por muchas particularidades en concreto, una de mis partes favoritas es el final del prólogo, justo antes de que aparezca Chloe, cuando Frédéric está en la terraza del café y mientras cuenta como a veces se imagina que tiene un medallón con el cual puede hacer que ninguna mujer se le resista (la escena con él en la calle y la cámara haciéndole un close-up es sublime) todas las mujeres que pasan frente al café son actrices que actuaron con Rohmer en algunos de los cuentos pasados. La mayoría de los personajes protagónicos de los seis cuentos son personajes que atraviesan por una crisis existencial o emocional, pero siempre se les ve tratando de aliviar su sufrir a través del arte, ahí encuentran refugio y a la vez solución. También la forma en que justo cuando se busca este alivio a los pensamientos, a esa necesidad de libertad de lo que se conoce llega una mujer que es la antítesis de la que ya se tiene o se estaba buscando, la búsqueda de lo que no se tiene habitualmente nos hace valorar lo que ya teníamos, y en este caso no es la excepción, es como en las películas de Woody Allen que siempre al buscar una mujer que no era la que se tiene uno termina encontrando la felicidad con la segunda, o termina sin ninguna, pero en este caso con Rohmer es distinto, justo cuando parece Frédéric sucumbir a los deseos que antes tenía y por los cuales abogaba una libertad, a pesar de decir lo mucho que amaba a su esposa y lo mucho que la desea después del nacimiento de su segundo hijo, incluso mucho más que cuando la conoció, incluso descubriéndose confeso de que quizá hace mejor pareja con Chloe, es el gesto más insignificante el que lo hace volver con su mujer, con sus hijos, a la hora en que jamás les había dado su atención, cuando sin saberlo más los necesitaba, en esas horas en que las calles de la gran ciudad llevan montones de gente sin dirección y de quienes jamás sabremos nada sobre sus vidas y que a veces quisiéramos saber por simple curiosidad. La crisis en su vida se disuelve con el amor real, no del deseo ni de la necesidad de querer todo romantizar.
Lo fascinante de las películas del también critico y escritor Eric Rohmer, es que son tan universales que nos hacen pensar en esa necesidad de identidad y de libertad que el arte nos puede dar, la dirección que necesita nuestra vida, está en el cine vivo de la Nueva Ola Francesa, tan real, quien diga que esto sólo es variedad burguesa e intelectual, no sé en que planeta vive, o que tiene en la cabeza.
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