La mejor lucha que se puede hacer contra los malos tiempos y la incertidumbre, es dignificar y hacer con amor nuestro trabajo, o al menos tratar de conservar o tener alguno.
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Por un lado, pareciera que estamos viendo la versión mega extendida (más nunca grandilocuente, ni mucho menos pesada), o mejor dicho la continuación (al fin y al cabo estamos viendo 4 historias casi simultaneamente) totalmente desarrollada de Un hombre bajo la lluvia.
Más por el otro lado, la obra tiene algo de documental y algo de ficción en sus 4 personajes principales (empleados, sin empleo, estudiantes que requieren empleo, empleados vulnerables), y aún con lo estructuradas que se ven las formas técnicas (la película está expuesta con una sencillez alcanzable pero una perfección narrativa irreal, como se muestra en las escenas de calle tan formidablemente filmadas) en el cine de María, los fondos discursivos se sienten tan humanos, tan cercanos y tan universales. Manifiesta que la realidad, las circunstancias y las cotidianidades de las personas, vivamos donde vivamos, no son tan distintas al menos para los que somos clase obrera, con personas que dependen de nosotros, y nos gusta conmovernos con expresiones artísticas que reflejen lo superlativo de nuestra vida: pasar de lo ordinario a lo extraordinario, y viceversa; en un instante, en los pequeños detalles de nuestro transitar.
El cine de María muta, se desprende, por momentos flota como una pluma que siglos atrás pudo haber sido un poema. El cine de María se parte y cambia de manera orgánica y constante, pero pregonando siempre las verdades que sólo su voz es capaz de contar con tanta importancia, sensibilidad y presencia.
Palpable la subtrama entre la historia de sus cuatro personajes principales, que critica de manera sutil y punzante al gobierno argentino por la situación social y la vulnerabilidad económica que se vive en su país (al grado de dudar si puedes comprarte una coquita para platicar con alguien, sin que esto afecte tu estabilidad financiera), y es de destacar que tanto María, como otras y otros artistas argentinos que admiro, no aparten la mirada de ello, y uno agradece cuando el artista no se enajena, y no colabora a la enajenación colectiva haciéndoles mirar hacia ese trozo lado al que el gobierno le conviene que veamos.


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