Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

viernes, 13 de febrero de 2026

"La desaparición de Josef Mengele", de Kirill Serebrennikov.





De entrada debo decir que probablemente ha sido la película más difícil de ver de lo que conozco de la filmografía de Kirill, más allá del hecho de que cada una de sus películas que he visto ha sido una experiencia totalmente distinta y formidable (es de los pocos directores contemporáneos que cada encuentro con alguna de sus películas, me hace sentir que estoy ante una completa obra cinematográfica), y del hecho de la dureza y rudeza de su personaje protagónico, que sin duda se podría decir que es el más ríspido de todos (por no decir otra palabra); hay congruencia con el hecho de que a Kirill siempre le ha gustado hacer retratos en su cine de personajes de fuerte presencia, controversiales, y para nada tibios.

En la persona de Josef Mengele, que es extraordinariamente interpretado por August Diehl (que nuevamente vuelve a interpretar a un nazi sádico, aunque también ha estado en el otro lado de la moneda) explora la maldad natura del ser humano condicionado por sus circunstancias y su educación familiar (claros reflejos en la convivencia padre-hijo). Muestra tal maldad sin filtros ni recato, aunque sin ser desmedidamente gráfica u obscena. Muestra la maldad que existe sin hacer apología ni ser partícipe de su creencia, desde un punto objetivo que no prejuicia, sin avalar ni condenar, aunque sí muestra las consecuencias y destino que todo mal recibe, y examina estructuralmente qué tanto hay de maldad en el individuo, en la sociedad, y en el régimen que obliga a esa maldad, o aún más incisiva está la posibilidad discursiva que plantea casi al final del largo metraje: la maldad en tiempos violentos de guerra se erigen en base a una creencia del poder de una raza, desde el resentimiento que no se puede revelar, o por sobrevivir para luego convertirse en la figura del perseguido y ser la historia (recordemos que la historia "oficial" está construida y contada por los pueblos triunfantes y dominantes) olvidada de quien se esconde tanto en la comodidad de la impunidad, en la precariedad del olvido, hasta morir en una tumba, con la máscara de un personaje (o varios); lejos de lo que se defendía.

Técnicamente la película es impresionte, la libertad creativa y narrativa que tanto caracteriza a Kirill acá viene acompañada primero en lo visual, que por una parte se permite imaginar un mundo donde la vida es miserable, en blanco y negro; mientras que el dispositivo cinematográfico da color al horror; además de que cada plano, encuadre y desplazamiento de cámara producen una tensión y un suspenso absoluto que se asocia y suma aún más peso al delirio de persecución que experimenta el personaje de Josef (además de que vislumbré ciertos homenajes a tres dioses de la cinematografía, pero mencionarlos sería hacer spoilers innecesario). La riqueza de la propuesta narrativa en el montaje nos obliga a adentrarnos a la historia diseccionándola en un juego de muchas piezas, sin orden lineal. La dirección es magistral, y la musicalizacion y sonoridad es primordial, como suele serlo en el cine de Kirill.

Una historia sobre el estado de paranoia e histeria que vive quien actúa con maldad, esperando que la historia y la vida venga con su divino derecho de la revancha y la venganza; y como lastimosamente el ofendido puede convertirse en el reflejo de su verdugo, como lo muestra nuestra contemporaneidad.

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