Entre la inspiración de la ruta y el agobiante peso sofocante del éxito, esta la nostalgia de los días vividos en el núcleo que nos formó.
"-Primero soy un desgraciado, y luego soy músico. Y otra vez desgraciado, y después compositor."
Debo decir con total honestidad que para alguien como su servidor (mexicano, clase trabajadora, siempre buscando la alternancia) que conoce la música de Leiva desde hace casi 20 años (19 para ser exactos) cuando a las estaciones de radio de provincia (gracias Lobos) llegaba tardíamente el Animales de Pereza junto con Aproximaciones, este documental me es insuficiente (de ahí se entiende que en el documental incluso se hable de una serie que Netflix quería hacer con Leiva); pero para los fines del mismo, y los centros que se quieren tocar en este, me parece se ha hecho con total atino.
El documental discursivamente se rige y conduce sobre todo por tres vías que están en constante contacto: entender con claridad el problema de garganta que tiene Miguel, cómo después del concierto en el Auditorio Nacional de su gira "Cuando te muerdes el labio" (detallazo ese de empezar el documental en la CDMX) empieza a vislumbrar una canción que le trae paz en su inestabilidad (que termina siendo la canción Barrio), y evidentemente toda la historia que hay detrás de lo que hoy es Leiva, y que además se narra de manera muy directa, sintetizada y vívida por el propio Miguel.
En todo el barullo de ese proceso y estados de ánimo por los que pasa Miguel a lo largo de cosa de cinco años (entre ellos sus descansos y sus sesiones terapéuticas de senderismo que hace en su casa de campo donde suele recluirse varias semanas para recuperarse del cansancio de las giras), vemos caras conocidas que le son importantes (y que para los fanáticos también nos son importantes, como puede ser la figura de los padres cuya dinámica es bonita en el sentido de como siguen acompañando y estando al pendiente de este hombre de casi 50 años que a los 12 años les pegó el peor susto de sus vidas) escuchamos voces, pláticas y confesiones sobre sus inicios y esos días que fueron felicidad y euforia al lado de Rubén, y como esto contrasta con el presente condicionado y el futuro incierto para un artista del nivel de Leiva.
En la parte de la hechura, no puedo negar que aunque como mencionaba casi al principio, uno querría ver más de la historia de sus primeros proyectos y toda la farra tras bambalinas que vivió en sus primeros años de rockstar, es evidente que el documental no iba sobre eso y no había que explotar esto sólo para generar contenido. El escritor y los directores del documental tenían claro qué querían contar de la mano de una voz importante y querida para ellos, contando esas historias sólo con lo justo, que es lo que le gusta a Leiva, no exponer demás sólo por el morbo. Acá el grado de exposición de su persona y su historia por parte de un hombre que conserva de manera muy hermética su vida privada es monumental, pero Leiva sabía que iba en función de algo, y acá nos regala momentos de mucha intimidad y vulnerabilidad (entre ellos, sus larguísimos lapsos de insomnio y duda sobre la continuidad de su carrera luego de las charlas con su doctora, su estadía en el hospital, el proceso de creación de una canción que va sobre su temor por la escalada de la vida digital sobre la real, y el proceso de composición con Joaquín Sabina de una nueva canción que más de uno seguro ya queremos escuchar); que muchos dirían que así como esto pudo haber durado una miniserie de 3 horas, pudo haber durado un cortometraje de 29 minutos, pero más allá de la duración, es el valor narrativo que dan los directores de contar el pasado aislado de manera concisa, y exponer el presente central más inmediato de manera detallada, extendida y a cuenta gotas, sirviéndose de un juego visual que mezcla cámaras y formatos lo cual le da ese grado aún más real, íntimo y verídico.
El final del documental discursivamente hablando es un bocado agridulce, al saber que quizá no le queda mucho tiempo a Leiva hablando de lo que puede darnos como cantante, pero que el arte y la música está por encima, y su capacidad de crear, escribir y componer no está comprometida y jamás lo estará, mientras siga habiendo ese contacto con gente en los escenarios, en la Alameda, en los viajes por la carretera o en las caminatas como las que suele hacer su padre.

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