Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

domingo, 28 de junio de 2020

Tierra mía.




Tierra Mía es un documental del muy reconocido y experimentado documentalista Pedro González-Rubio, del año 2018 (año en el que realizó también el muy interesante y poco conocido documental Antígona), del que si bien, uno no puede decir con toda certeza que este sea un documental que busca conectar con el lado sentimental del espectador, no demerita la gran calidad y el buen argumento que se desarrolla en él. En pocas palabras, más allá de lo que busca ser el documental en el espectador que encuentra a su paso (porque todos lo que vean este documental seguro caerán en su propósito) no quiere decir que este no sea bueno, porque lo es; y de manera muy sobresaliente.


El documental empieza en un completo estado onírico, y narrado en náhuatl, que nos lleva por un pasaje cual viaje por las riquezas que tiene nuestro país. Luego de eso, nos muestra a un padre con su hija haciendo por su cuenta otro viaje en busca de algo, esto ya en el plano real; y de ahí se nos sumerge a otro viaje que involucra y nos lleva por varios puntos del estado de Puebla, desde comunidades pequeñas hasta la ciudad, documentando a varios grupos de gente y sus costumbres, sus oficios y sus creencias, una riqueza de la que no siempre somos partícipes, que creemos tan lejana y que pertenece a nuestras raíces; raíces que creemos perdidas por tantas formas de colonización que han sido impuestas de manera "natural" a nuestros ojos.


Quizá la mejor manera de empezar a escribir sobre este documental sería diciendo que para mi lo mejor de este estupendo documental es sin lugar a dudas su conjunto, ver esta clase de trabajos es un privilegio, un agasajo (y una especie de fortuna y suerte), no sólo por la joya que resulta ser visualmente, aunque no llegue al lirismo visual y poético al que el mismo director llegó con Alamar, pero sin lugar a dudas es una verdadera maravilla y un encuentro fortuito con un trabajo que sin quizá el tesón de su director, esto habría quedado en un cajón, sin realización.

Otra de las razones por las cuales este documental es por demás valioso, es que mucha de la belleza de su argumento reside en la conexión inconexa de la historias, pareciera que no hay nada que las una, y así es, no debe de haber un camino dictado en la linea argumental, cada historia es tan rica y tan única que uno no debe buscar más que la belleza obtenida de ver la vida de un ser que ama su tierra, el lugar donde vive, y aquí la cámara y el trabajo del documentalista es más que importante, por un lado, porque se debe notar su trabajo de grabar en los momentos apropiados, pero también se debe notar el respiro que se le da al ser observado. Vemos a las personas realizar sus actividades sin ver en ningún momento a la cámara, y los vemos hablar sin tapujo alguno, en palabras simples; vemos el registro que hace una cámara presente pero invisible. Y en este punto también se le debe reconocer el trabajo al director, ya que así como documenta de cerca momentos medulares, íntimos y tan llenos de riqueza de estas personas tan comunes; también sabe tomar su distancia cuando debe de hacerlo, pero sin motivo alguno, o para enriquecer al argumento, y mucho menos de una manera manipuladora o tramposa, lo vemos tomar su distancia con todo lo que esto representa, mirar de lejos, sin escuchar nada, sólo viendo las simples acciones de estas personas comunes a lo lejos. El documental es una suerte y especie de vouyerismo a la vida pasible, amena, hermosa y común de la gente de provincia.

En el documental también vemos de manera muy fidedigna la tradición de las familias mexicanas que no se pierde con el paso de los años, y esta es la jerárquica figura de las matriarcas, como el evento en el que nos hace partícipes el director de uno de estos grupos de gente que se documentan, en el cual esta figura de autoridad dice a las más jóvenes de la familia que deben aprender a cocinar como ella porque no les va a durar toda la vida.

La figura del director en el documental en sí es evidente en dos puntos, por dos circunstancias muy precisas. La primera, es como lo mencionaba en un principio, la belleza visual que resulta ser el documental, vemos una puesta muy limpia, pero que no es artificial ni mucho menos "artificiosa", sino que vemos que, incluso en sus escasos movimientos, hay un patrón casi se podría decir en la misma proporción tanto armonioso como armonioso, y su atino y buen ojo para tomar las cosas de manera tan atinada, y digna, se debe sobretodo al hecho de que Pedro es un cinefógrafo de profesión, de modo de lo que yo pueda apuntar sobre esto, está de más. La segunda, es el hecho de que, si bien el director nació en Bruselas, Bélgica (al igual que Julio Cortázar), vivió un tiempo en Puebla, de modo que este documental se vuelve de manera muy directa, honesta, y clara; una carta de amor a este estado, a su tierra, a su comida, pero sobre todas las cosas; a su gente.

Para mi quizá la única conexión que tiene este documental con sus otros trabajos, como en Alamar, es mostrar el hecho de la búsqueda de personas tratando de heredar a otras personas, más jóvenes que ellos, el amor por ciertas cosas, valores, costumbres, pero sobretodo; el amor por la tierra, como la figura de este padre y su hija al principio del documental (como en el caso de Alamar, que sólo se centraba en la relación de este padre-hijo que estaba apunto de irse a otro país y que la figura del padre no quería que olvidara sus raíces) que al final sabemos cual era el destino de su viaje, un viaje que involucraba una herencia milenaria que ahora sería pasada a una generación más. El documental acaba donde empieza.

No está de más decirlo, como ya lo comenté justo al principio de estas palabras, que este maravilloso documental resulta ser un bellísimo viaje en el que nos adentramos durante 74 minutos, y del cual es inevitable salir feliz, y en automático, tener la certeza de haber visto uno de los mejores documentales realizados en los últimos dos años, que busca conectar con el lado más sensible del espectador desde la historia misma, y no a base una tramposa y "armada" puesta.



jueves, 25 de junio de 2020

Mujer, por el amor de dios; no me deje así.


quedé
enredado en la pendiente de
un juego emocional

tal vez,
[tú]
puedas tener[me]
un poco de piedad
...
¿Por qué tanto placer en verme así?





Agridulce canapé
gesto involuntario
un pequeño decimal
fue lo que hizo el cambio
en el instante preciso
la diminuta grandeza
de una molécula preciosa
fue lo que hizo la diferencia para los dos . . . .


Leto, de Kirill Serebrennikov.


Leto es una película del año 2018 que tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes de dicho año, dentro de la selección oficial para competir por la Palma de Oro, esa edición que para muchos ha sido de las más significativas en lo que va del siglo, por la aparición de películas como "Shoplifters", "Cold war", "Le livre d'imágenes", "Three faces", "Burning", "Long day's journey into night", entre muchas otras. Incluso, como sucedió con muchas películas en dicha edición, un sector de la crítica que no estuvo tan entusiasmada con la elección de la Palma de Oro para Kore-eda, mencionó que la verdadera "Palma de Oro" era la película del ruso Kirill Serebrennikov, quien no pudo asistir al festival al haber sido arrestado y llevado a prisión por supuesta malversión de fondos en Rusia.


La película narra la historia de la escena del rock en Leningrado a principios de los ochenta, una escena que, aunque tenía cierta fachada de clandestinidad, era permitida y vigilada para no mostrar actitudes e ideas "nocivas" para la sociedad. Dicho movimiento en gran medida era liderado por Mayk, que a su vez era motivado por su hermosa novia Natasha. De repente, cual viento cambiante entre década y década, el rock que él y la mayoría de la gente que lo rodea escucha, empieza un nuevo ciclo, Mayk ve que ese nuevo ciclo puede incluir una figura sovietica, ya no con él como portavoz, sino en la figura de Viktor: el vago con influencias New Wave y que compone letras cual Dylan sobre su reprimida generación en la sociedad que les tocó vivir. La figura de Viktor también viene a mover el núcleo familiar de Mayk y Natasha, creándose un triangulo amoroso muy lejos de las convencionalismos hollywoodenses y pretenciosas formas de la Europa occidental. Todo esto es narrado mientras un personaje nos saca de la historia propia, -que no es más que una biografía narrada muy libremente del director (según los comentarios de varios especialistas y exponentes de este mundo)-, para que, al son de los Talkin' Heads, Iggy Pop, Lou Reed y David Bowie, nos narre cómo debieron haber sido ciertas cosas, de haber estado en un país muy diferente a como lo era la URSS. Pero de haber sido así: ¿la película tendría el mismo encanto que tiene?


La película tiene un grado de notoriedad por muchas razones, de las cuales destacan en materia técnico/narrativa el hecho de utilizar una fotografía en blanco y negro (muy parecida a la manera en que se expone en Roma) para acentuar la presencia de un pasado que ya sea en una medida más o menos honesta (eso lo determinará cada uno como espectador en la medida de sus conocimientos), nos está contando una historia verdadera. En contrapunto a este elemento, se nos muestra parte del material de archivo recreado de los personajes siendo filmados por un personaje que todo el tiempo está con ellos con cámara en mano, esto fragmentos se nos presentan como una especie de "material de álbum" (incluso con cierto aspecto de material de archivo o de making of) con animaciones de las letras de sus canciones, secuencias muy dinámicas que se integran y fluyen con uno de los propósitos de la película, que es el mostrar el hambre de estos jóvenes por más libertad creativa, y libertad en general. La animación expuesta de esta forma también está en los números musicales que protagoniza este personaje anárquico que vendría a representar la voz del director, y a mi me parece que en la osada propuesta arriesga mucho de lo que la película querría exponer en sí, pero sale por demás bien librada, son precisamente estas delirantes secuencias las que narran su necesidad de cambio, los sueños materializados de lo que ellos hubieran querido hacer de no ser tan reprendidos, se ve lo que logran crear con lo poco que se les era permitido, aún así tuvieran que exponerse a uno que otro castigo, que nunca se ven en si en la película, y quizá de ahí algunas de las críticas negativas que el filme recibió.

Los planos a los que recurre gran parte del metraje, enfocan a la presencia general y da énfasis a la profundidad de campo, ya sea en espacios vacíos o llenos de gente, los que bien podrían simbolizar la necesidad de libertad de los personajes. Hay una pieza musical en particular que los acompaña la mayoría de las veces que es muy armoniosa y que detona en gran medida una nostalgia por el pasado a los que de alguna manera pertenecimos a una escena muy similar.

Dentro de todos los contextos que la película expone, a través de los conceptos que desarrolla, algunos de manera completa y formidable, otros como meros elementos determinantes para poner tensión y atención en los primeros, a mi me parece se desarrolla uno en el que al menos yo conecté y me enganché, y por el cual para mi la película tiene su mayor valía en un arte cinematográfico cada vez más corrompido. Este elemento es el personaje de Mayk, por mucho el más completo y más complejo.

En Mayk se encarna (en este punto debo decir que, no sólo Roman Bilyk, que es quien interpreta al personaje [y que tiene un parecido extraordinario al regiomontano Chetes] sino que todos los actores hacen un trabajo impecable), no sólo la figura del líder rockero al que estamos habituados, sin estar entregado al vicio, a las mujeres, al efímero momento de gloria como se nos presentan las grandes figuras del rock de las décadas finales del siglo pasado (ni siquiera hay que mencionar estas figuras, todos las conocemos); sino que siendo esa figura, y con ese peso para su -si ustedes quieren- muy limitada escena, lo es, y con tal peso, que su merito es que lidia con ello de una manera muy opuesta, y sin querer lo que occidente tiene en ese aspecto, aunque si habla todo el tiempo de poder tener una escena como en occidente, pero por el punto mediático del rock, que es generar conciencia entre las masas y tratar de cantar lirismos de paz y libertad entre los jóvenes. Partiendo de ahí me parece que en este punto radica mucho del encanto de la película, si bien tiene una mirada un tanto melancólica y nostálgica, no es una copia de las actitudes occidentales como tal, estos son personajes que admiraban la música hecha por los ingleses, por lo cual eran atacados y acusados por los hombres mayores de su país, al grado de tacharlos de traidores, pero en ningún momento se nos presentan como copias de personajes inspirados en cantantes de rock. Mayk es un hombre estable que tiene un hijo, vive con sus padres (este fenómeno no se muestra sólo en él, también se presenta en el productor que hace las grabaciones de él y sus amigos, lo cual nos hace deducir mucho de lo que era ser un joven en ese tiempo en Leningrado), trabaja mientras no deja morir su sueño, entonces cuando se presenta la figura de Viktor, y este deslumbra a Natasha (Irina Starshenbaum, la actriz que interpreta al personaje, tiene un gran parecido a la actriz norteamericana Mary Elizabeth Windstead), él comprende perfectamente que si por algo se da este deslumbramiento, es porque quizá para Natasha es la figura del hombre que fue Mayk, y de lo que podría haber sido Mayk de tener esa edad en esos recién empezados ochenta. A partir de entonces, Mayk lucha, hace y da todo lo que esté en sus manos para que Viktor logre el sueño no sólo de Viktor como tal, sino de toda una generación detrás de él, (incluso interponiendo su sueños al saber que por la edad, su estatus sentimental, o simplemente porque sabía que no podía aportar algo más que otros ya hubieran aportado, aun con el talento que tenía, y que no era más que siete años mayor que Viktor) esa generación que soñaba con conciertos como los de David Bowie, y no sólo en el sentido de ellos ser la figura de Bowie para los jóvenes de su país, sino de ser también ese espectador disfrutando de esos conciertos. Vemos en la figura de ellos tres, pero más en la de Mayk, la figura del soñador que destina mucho de su miserable sueldo, para invertirlo en lo que él amaba, y su novia amaba, para al final, si bien no ver que su sueño culminara como el quería (creo que esa es la lectura que se puede dar del final, y habrá quien esté en desacuerdo), si entrega su vida a algo en lo que él creía, algo que hizo con buenas intenciones, y que al final es retribuido de la forma que él esperaba. De cierto modo, el personaje de Mayk también interpreta la figura del hermano que se sacrifica para que su hermano menor cumpla el sueño de ambos (a pesar de la figura arrogante que por momentos presenta Viktor, que en este caso representaría la figura del hermano menor, el protegido) como lo hizo John Carney en Sing Street.

Leto se convierte así en un canto al verano, al rock, al amor, a la juventud, a la libertad, a la música como escape; un canto a los sueños que no se abandonan. Y eso en automático, en la honestidad que representa dentro de la obra misma, la hace una de las mejores películas del género en lo que va del siglo.



miércoles, 24 de junio de 2020

....


-Lupita. -Le decía él y sonreía al ver como ella volteaba a verlo en el acto. Siempre mirándola con esos ojos embobecidos cada vez que tenía el gusto de volver a toparse con esa amiga suya, cada vez que sus itinerarios ocupadísimos los hacían "coincidir" en alguna ciudad próxima al lugar donde vivían.
-¿Sí? -Respondía ella, se le denotaba un poco de impaciencia cada vez que él la llamaba por su nombre, sabía que un comentario con cierta tonalidad de confesión le esperaba, aún con eso, y la ansiedad que le generaba; le gustaba mucho escuchar esas "historias". Ambos se trataban con cierta parsimonia, con un grado de respeto muy significativo, cual seres habitantes en algún poema de Benedetti, como si fueran maestre y contramaestre, aunque en este caso, sería difícil determinar quien era quien.
-Anoche la soñé.
-¿En serio?
-Si.
-Cuénteme sobre eso.
-No fue muy especial. Quiero decir, si lo fue; pero no por la forma en que muchos dirían que un sueño es especial. No sé si me entienda.
-Creo que si. Lo que trata usted de decirme, según puedo apreciar; es que soñó conmigo, pero sin ninguna connotación sexual, o sentimental.
-Exactamente. Eso. Bueno, aunque eso de la connotación sentimental no estoy muy seguro. Pero déjeme le explico, no me mire usted así con esos ojos que voy a creer que le emociona saber eso.
-Yo no lo estoy mirando de ninguna manera -dijo ella mientras se le ruborizaba la cara, horas más tarde culparía de eso al vino blanco que había bebido-. Pero por favor, prosiga.
-Estábamos en su casa.
-¿Ahora estábamos en la mía? Recuerdo que la última vez estábamos en la suya.
-Si. ¿Me deja terminar?
-Perdón, si. Disculpe usted, prosiga.
-Entonces estábamos allí. Como suele suceder en todos los sueños, no sé cómo es que llegamos a este lugar, la cuestión es que estábamos y hablábamos sobre un proyecto en conjunto. Veíamos las fotos de su último viaje a Italia y me contaba del accidente que había tenido en la carretera. Usted quería que yo pintara algunas de esas fotos, pero con meticulosas indicaciones suyas, y por supuesto, cada una de ellas se utilizaría en el libro sobre su viaje, si yo las acataba al pie de la letra. Lo cuál...
-...Ya sé. Usted me decía que eso era imposible porque a un artista no se le puede imponer una mirada ajena que no sea la de él, aunque su obra sea una adaptación de una base original. La mente de cada persona ve cosas diferentes, y seguro me mencionaría la historia de usted y su hermana cuando siendo niños su mamá los puso a contemplar el árbol que tenían en el patio de su casa y diez minutos después les pidió que dibujaran lo que habían visto en él.
-En realidad no le iba a decir eso. Aunque me halaga mucho que recuerde usted esa historia.
-Y cómo no iba a recordarla, si usted la cuenta a la menor provocación en las reuniones que asiste a las galerías, allí es donde la escuché en repetidas ocasiones, cuando vivíamos en la misma ciudad.
-Él adopta una actitud seria, observa su copa de vino, ya no prueba bocado de comida. Ella lo mira con cierta ternura, como si viera al niño de la historia. Él voltea a verla y percibe el sentimiento que esconde esa sonrisa en ella. Entonces él le dice:
-La verdad Lupita, es que yo en el sueño le decía que me encantaría trabajar con usted, y eso se lo decía por dos cosas en particular. La primera, por el privilegio que sería poder estar cerca de usted un largo lapso de tiempo, como en aquellos meses en la costa, como en ese momento del sueño en el que estábamos tan cerca sentados en ese viejo sillón café suyo que tanto me gusta. Quizá no debería de decir esto pero, llevaba puesto ese vestido gris que llevaba el día en que conocimos.
-Eso fue hace diez años señor...
-¿Y me va a decir que ya no lo tiene? -Él la mira fijamente de la forma en que a las mujeres les da pavor que un hombre las vea porque se saben perdidas ante un descubrimiento que era uno de los secretos que creían mejor guardado de su existencia-. Y la segunda razón por la que le decía que sí, era por la sencillísima razón de que yo nunca le diría que no a ese par de hermosos ojos suyos, y el brillo que desprenden cuando me ven como si estuviera loco, o como si siguiera siendo un escuincle a pesar de las arrugas y las canas. Y ya entrados en confianza, le daré una tercera razón: no hay mirada que yo sienta más próxima y parecida a la mía, que la mirada suya.

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Y nada más. Anoche soñé con usted. De hecho, he soñado con usted dos noches seguidas.