Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

viernes, 13 de octubre de 2023

Dioses de México.




“Dioses de México” de Helmut Dosantos es un trabajo que en definitiva está hecho como el director quiso hacerlo, lo cual no está mal, porque creo que el documental como relato funciona; pero creo que de haber tomado otras decisiones en el tratamiento narrativo, le hubieran funcionado mejor y le habrían dado aún más potencia y valor como obra cinematográfica. 


La primera y cuarta parte del documental son más que cualquier otra cosa un retrato realista de la región y el contexto que registra (aunque también consideró que no hay crítica ni finalidad en el discurso del director), pero carecen de la poética que la segunda y tercera parte tienen. Y la segunda y tercera parte, que tienen este lenguaje poético, carece del enfoque realista, más allá de lo pintoresco que encuentra un extranjero en tierras y personajes “exóticos”. Dicho en otras palabras, es un trabajo desequilibrado. 


Un elemento que yo siento se sobre explota de sobre manera, es el artilugio ficcional en la obra. Es decir, se siente la presencia deliberada del director en las acciones de las personas a cuadro, además de en el montaje y en el tratamiento de la imagen. Esto en automático hizo que al menos yo, no me tomara la puesta tan en serio, aunque en teoría no debería de sentirse como una puesta. Y es que está claro que lo que la cámara registra es hermoso, pero también es claro que hay una imposición del ojo humano y la mano en la máquina por resaltar aún más una belleza natural que ya lo es por sí sola, sin necesidad de que se le maquille. 


Otro elemento que me parece podría haber cambiado la película es la cuestión de los diálogos, pues si bien hay cierto encanto del material por la falta de estos, creo que habría funcionado mejor si Helmut le hubiera dado voz a estas personas que muy pocas veces la tienen a esta magnitud y de forma real en cuanto al cine se refiere.


lunes, 9 de octubre de 2023

“Runner” de Marian Mathias: la iluminada exploración del enojo agreste estadounidense.





I saw the light, I saw the light

No more darkness, no more night

Now I'm so happy, no sorrow in sight

Praise the Lord, I saw the light



La ópera prima de esta realizadora me parece es, aún con algunas cuestiones narrativas jugándole en contra por la naturaleza de la misma, una de las más destacadas y prometedoras dentro de la escena indie norteamericana.


Antes de abordar mi lectura de esta magnífica película, creo pertinente compartir la sinopsis de la película que se comparte en la mayoría de sitios web:



Tras la súbita muerte de su padre, Haas conoce a Will. La historia de dos jóvenes desconocidos y solitarios que se encuentran a través del vasto paisaje de EEUU..



El enojo agreste subyace y se define no sólo a través de la melancólica y parca presencia de los primeros dos personajes que se nos presentan, por un lado tenemos al padre de Haas completamente perdido por las peripecias de la vida y el destino, que espera cumplir el sueño de su juventud y con la ayuda de un dios que lo miró a los ojos. Por otro lado tenemos a Haas que fue arrastrada por su padre en su desgracia, un cuadro familiar compuesto si de manera particular en el contexto de la película, pero no tan especial en el contexto real por la gran cantidad de historias que se conocen con respecto al sueño americano que no arrastra solo a inmigrantes llegados a este país, sino también a los propios relegados en los campos y valles de cada región de esa dura, áspera, fría tierra a veces tan llena de tragedias y calamidades, aún con la luz que la baña. 


El enojo agreste también está en cómo la cámara comandada por Marian enmarca, conduce y dirige la mirada tanto a los personajes de carne y hueso como al gran personaje que es el espacio donde estos se mueven, y como se reafirma su influencia atmosférica por medio de la composición, del montaje y de la corrección de color, pocas veces se ve en una paleta fría y melancólica, una luminosidad tan cegadora y desgarradora, que vemos y justificamos en la dura expresión de Haas, que siempre corre cuando el cielo se le viene encima, antes de la muerte de su padre, en el regreso a la que ya no es su casa, y en el viaje a darle entierro en el lugar que él eligió en vida, y como la vida de la propia Haas se ilumina con la presencia de Will, cuya presencia podría ser un raro y fascinante viaje en el tiempo para que Haas aprenda sobre los sueños que tienen las personas en su juventud y como estos pueden fallar, o simplemente una coincidencia y reafirmación de que uno atrae la historia que nos corresponde. 


La falta de diálogos, o la prominente presencia de silencios, aunada a estas secuencias extensas y contemplativas, hacen que la película ahonde en la naturaleza de estos personajes que por momentos parecen sacados de los cuadros de Magritte, Hoover y de Wood, en el que el expresionismo se manifiesta en todo su esplendor. Incluso me hizo recordar en muchos sentidos a los primeros y mejores trabajos de Terrence Malick.


Una película que reluce y saca todo el provecho posible a sus 76 minutos de duración, con esta historia pequeña y anecdótica, pero de propuesta argumentativa bastante interesante por las posibles lecturas que el espectador puede hacer de ella, sobre las razones de cada uno de los personajes y la dualidad del enojo avenido de la esperanza, y como posterior a este viene otra dualidad: un estado de tristeza y/o felicidad avenido de los encuentros y la metaforización de estos. 


sábado, 16 de septiembre de 2023

EO: la melancolía de los seres no-humanos.





A pesar de que en el pasado festival de Cannes, obtuvo el Premio del Jurado, la crítica se dividió entorno a la más reciente obra del veterano director polaco Jerzy Skolimowski, y creo que en muchos sentidos se debió al atrevimiento y osadía de tratar de alguna manera re versionar la obra maestra del maestro Robert Bresson, por supuesto me refiero a la magnánima “Al azar Baltazar”, pero me parece que la película del maestro Jerzy, aún no resultando una obra maestra, aporta desde los tiempos contemporáneos, a la fábula del dolor de los seres sometidos a los caprichos del depredador más grande del planeta Tierra: el hombre. 



La película es el tránsito por la vida de este burro gris de ojos melancólicos, vemos cómo en su edad adulta, que es cuando inicia el argumento planteado, es amado, protegido y cuidado por Kasandra (Sandra Drzymalska, que también es co-guionista de la película), y podemos ver, cómo mediante un tratamiento que posteriormente trataré de exponer, EO también ama a Kasandra, pero justo cuando al circo donde donde Kasandra y EO comparten su vida, le prohíben tener animales, es cuando la vida de EO cambia, y experimenta momentos buenos y momentos malos, encontrándose con gente buena y gente mala; atravesando en el víacrucis que es la vida, un destino que, si bien es fatídico y se puede leer por sentado, porque al final de cuentas todos morimos, su muerte es muy distinta al de un burro llamado Baltazar en el siglo pasado. 


La narrativa del maestro Jerzy desde mi punto de vista sorprende en muchos sentidos y tiene un valor por demás notable, aún cuando está no sea igual de sólida durante todo e filme. Hay una osadía y proeza en el hecho de que un hombre de 85 años (82 al momento que la rodó) haya recurrido a que, a través de una narrativa fresca en el sentido tecnológico, la historia de EO se contara y fuera entendible tanto para una generación cada día menos identificada con el cine contemplativo, pero también a quienes amamos su cine polaco de los 80’s y la inspiración de EO en particular. 


Si bien sabemos el truco del cine, en el sentido que sabemos que EO fue interpretado por seis burros, y que las lágrimas de uno de ellos no son reales cuando Kasandra se despide de él, o su llanto cuando se despide por segunda vez, o sus caras de asombro; o bien si pueden ser reales, pero que no ocurren justo en el momento que la película lo plantea, pero estas si llegan a transmitir emociones reales y verdaderas en el espectador; y esa es la magia del montaje empleado por Jerzy. Otro de los grandes atributos de la película es como fotográficamente la cámara capta la mayor parte del tiempo en cuasi primerísimos planos (mismos que hacen más próxima y sensorial la experiencia en la vida de EO, y en consecuencia la tesis es más potente) tanto a EO como a las personas que se cruzan con su nostálgica vida, tanto buenos como malos, y en este sentido el tratamiento llega a ser muy parecido al que Bresson propuso con Baltazar, pues si bien Bresson no recurrió a esta especie de planos, y su tono era más contemplativo y general; sí que la figura de la vida de un animal para tratar y plantear la belleza y hostilidad de la vida en diferentes personajes de paso, los entornos en los que está, y las atmósferas creadas en estos. 


Hay un elemento que simbólicamente me resulta poderoso y que además dada por una lectura de nuestros tiempos es catárticamente notable, este elemento es la de luz roja, pues no sólo simbólicamente es como tal la manifestación en que el realizador le dice a todo aquel que se enfrenta a la obra “aquí viene el peligro” sino que también de alguna manera es una advertencia y un foco para poner atención en las cosas que hacen que este mundo sea tan desagradable para los animales, en este caso representados por un asno que atraviesa una profunda depresión por haber sido apartado por dos seres que amaba, una niña que lo salvaba de la muerte, y una yegua blanca que no lo correspondió. 


Quizá la debilidad en la película de Jerzy, o por la cual muchos críticos le quitaron importancia a su obra, es que los momentos que rozan perfectamente a la obra de Bresson en cuanto a naturalidad y realismo se refiere, pierden fuerza cuando el montaje interviene e influye en las acciones de EO y en su destino, pero para mí aunque es evidente la barrera que propone y un es palpable ambas formas de narrativa, ninguna hace menos a la otra. 


La música acompañada por los encuadres en que vemos los ojos tristes de EO, es realmente perfecta y catártica, estrujan al espectador con una empatía tremenda que yo no había sentido en el corto plazo más que con el maravilloso documental “Cow” de Andrea Arnold, o la huida de EO que me remitió a la fuga en la perrera de “Hagen y yo” de Kornél Mundruczó, y que además, muchos de estos planos y secuencias que son fáciles de identificar fotográficamente, también Jerzy nos plantea la idea que, al igual que el humano, los animales también pueden tener deseos y sueños, como correr libre por la pradera, o no ser menospreciados ni confundidos con caballos o vacas, como lo manifiesta ese final. La película también podría ser un manifiesto sobre la identidad y la dignidad. 


miércoles, 30 de agosto de 2023

•Notas sobre Eme (o dos historias sobre [cómo] soltar)




La primera absurda y tonta excusa/justificación del porque escribo sobre esto es porque quizá sea la única oportunidad para explicar un poco de la intención que tenía con la “forma” de hacer este corto, también explicaré un poco sobre el “fondo”, por muy doloroso e innecesario que sea el acto de escribirlo. 


También siento que debo algo a mi obra que es precisamente defender los puntos del porque hago cine como lo hago. De los cuatro cortometrajes que he realizado a la fecha (sin contar “Negro” y “Carta en susurro”, a los cuales lo único que salva su hechura es la presencia de las dos personas [el buen Francisco una de ellas, a quien por supuesto extraño] que me ayudaron a llevarlo a cabo más allá de mi mal manejo técnico) jamás he expuesto y defendido mi postura ante público, con “Confesión en dos tonos”, mi trabajo más celebrado y con el que empiezo la forma en que aprendí a plasmar emociones a través de lo aprendido con los cine-diarios de Mekas, he tenido la oportunidad de hablar en entrevistas y en lo cercano con muchos amigos realizadores. Con “Ecos transeúntes” que considero es mi trabajo más incomprendido, hay una osadía al hacer un documental en toda la esencia del cinema verite, lo cual por un momento me hizo plantearme el hecho si debía seguir haciendo mi cine al traspasar reglas e invadir la privacidad de personas que no sabían que eran escuchadas por un voyeur [sin connotación sexual, cabe aclarar] sin remedio, y lo de incomprendido viene del hecho de que tratando de solucionar carencias técnicas de las que estaba consciente, traté de dar congruencia a mi discurso con dos elementos que siempre estarán presentes en mi obra: los susurros y el secretismo. “L’homme qui fume” es un trabajo que yo me atrevería a decir que no tiene etiqueta, es un híbrido en el que exploro un tema que me ocupa, me preocupa y es importante para mí porque expone lo que siento sobre el lugar donde ahora vivo, y debo decir que para mí sorpresa, pues lo considero un trabajo muy sencillo narrativamente hablando y en cuanto al montaje se refiere; ha sido muy elogiado. 


Con “Eme”, visualmente quise contar esta historia utilizando aún menos elementos narrativos, una escatimes de planos y tomas completamente deliberadas. Es una historia fragmentada en dos, una vez más influenciado por Bi Gan, siendo en ese sentido, el trabajo más parecido y en el que regreso al estilo que inicié con “Confesión en dos tonos”. En la primera mitad es un completo plano secuencia con la cámara fija en el que retrato en blanco y negro una confesión, mi confesión, de ese encuentro que ha desatado mi necesidad de crear, y creo que sobra decir con esta explicación que ha sido lo más duro y personal que he hecho hasta ahora. “Confesiones…” mi novela, narra en cosa de 400 páginas en manera de clave lo que en “Eme” confieso en dos minutos y medio, esa sí es de alguna manera la magia del cine, aunque la magia también quema. En la segunda parte, el monólogo armado, es un juego de tres tomas que fragmento y trato de dar intención a través de recursos bastante sencillos en el montaje, y al igual que en “Confesión…”, es mi manera de hacer una especie de homenaje a las historia que fueron pero ya no son, y que mis oídos han guardado durante años por las historias que a mí me parecía que las personas que me las contaron en su momento en forma de confesión (ya fueran de borrachera o no) yo las sentía auténticas y genuinas, y al menos a mí me habían conmovido al grado de no poder olvidarlas hasta que las hice lenguaje.


En cuanto al diseño sonoro, también es un trabajo que se parte en dos, pues mientras que en la primera parte el audio es fuerte para que sea en toda la forma una confesión que el personaje hace a una persona que jamás es vista por el espectador (y que el espectador bien podría ser ese personaje invisible, pero sin la obviedad a la que recurrí en “Confesión…” al romper la cuarta pared), en la segunda parte sólo la bocina derecha reproduce el apenas perceptible sonido de la segunda confesión, que se hace como si el personaje estuviera susurrándole al oído derecho (hemisferio derecho=creatividad) sus sentimientos a ese personaje que ya no está presente, y que en un principio mi intención era que el espectador explorara la posibilidad de si estos testimonios estaban conectados o no, y que vieran tanto el lado oscuro/luminoso y optimista/pesimista de los adioses, de las rupturas amorosas y de la pérdida de seres queridos, las distintas formas en que las personas manejamos nuestros duelos. 


“Eme” es una inquietud que apareció por y siempre en forma de esa A que sigo persiguiendo, la idea del amor completo y entregado, aunque no sea eterno; esa chispa que creo un único terremoto y que no deja más que pequeñas réplicas una vez que su tiempo termina. Cuando empecé a escribir las primeras líneas del diálogo influenciado en obras como “Rayuela” o “500 días con ella” hace 9 años (creo, la fecha es inexacta), y no se terminó de formar hasta hace unos tres años que añadí la segunda historia, la cual debo decir que jamás se habría formado sin la ayuda de seis amigas (a quienes por supuesto no mencionaré para no arrastrarlas aún más a esta vorágine que cree), para darle aún más veracidad y verdad a la forma de expresión femenina a la que me quería acercar u de la cual estaba dudoso de poder recrear. 


Como podrán ver en las imágenes, con “Eme” quise reducir aún más los elementos físicos para contar la historia, para la primera parte no utilicé más que una luz, mi cámara Canon M50 y un rebotador para hacer sombra, nadie me asistió porque me iba a ser muy difícil decir mis líneas (más de lo que por si fue), y ya en la segunda parte debo agradecer a Edzna por haberme prestado su voz y a Gabriela por haberme prestado su presencia (ese día de rodaje, Fernando me asistió en la producción y sonido), ambas le dieron forma a muchas mujeres que he conocido en mi vida, por lo cual siempre les estaré agradecido, pero también tengo la necesidad de disculparme con ellas por arrastrarlas a esta cosa. 


Me cuesta mucho involucrar a personas en lo que hago por dos razones: la primera es que son cosas tan personales que me da pudor y pavor mostrar las entrañas de mi pensar y sentir, y la segunda es porque a veces siento que mi forma de hacer cine es tan sencilla y poco ambiciosa, que creo que a nadie le llamaría la atención formar parte de lo que hago, por eso agradezco a quien de una forma u otra, ha formado parte de estos universos hasta el día de hoy.


Algo que quiero comentar y que siento que no puedo dejar pasar, es el hecho de que a mí me gusta ver mis trabajos desde la cosmovisión de la preproducción hasta la postproducción, soy una persona que piensa y habla de sus proyectos desde la concepción hasta la consecución de la obra, no hablo sólo del rodaje o el trabajo ya realizado. En el caso de “Eme”, así como en el de “Confesión…” es un trabajo que se pensó de una forma y terminó siendo de otra, y es que el afán de querer hacer cine de la forma académica, o siguiendo la estructura “a-b-c” es algo que todos quisiéramos hacer, vamos, que es el sueño, pero el autosabotaje es bárbaro, eso me pasó con “Eme” que al querer que fuera mi primer trabajo con un crew de muchas personas y actores profesionales y prácticamente ya armado con un plan de rodaje, lo eché para atrás; inseguridad, pudor, vaya usted a saber, pero había algo en mi interior que me decía que está historia no debía de contarse como el guion lo decía (escrito por mí en un momento impúdico absorto de la ambición que emanaba de mí a mi regreso a Durango), sino como mi intuición lo pedía. Para “Eme” en preciso fueron tres días de rodaje en un transcurso de dos meses (uno para la primera parte, otro para grabar voces y sonidos, y otro para grabar la segunda parte), y la decisión del montaje se llevó a cabo en un lapso entre 12 y 18 horas (eso si, ininterrumpidas). 


Comentándolo con dos personas a las que aprecio y admiro mucho, además de ser dos personas de mi entera confianza, considero que “Eme” es sobre todas las cosas, un trabajo terapéutico más que nada, para mí, es soltarme de una historia en la que he vivido atrapado durante 16 años, y en ese sentido es la sobre exposición más grande que he hecho de mí persona, en el que honestamente no hay ambición alguna más que expresarme, sin tratar de pensar mucho en la metralla que le pueda llegar a otros, aunque como también lo he comentado en muchas ocasiones, lo que yo trato de buscar en mis ficciones, es que el espectador se sienta parte de la historia, que forme parte de ella, que ate cabos y se involucre (culpo a Julio Cortázar de esto) y que pueda encontrar una identificación, sino con la historia propia, quizá si con la confesión de borrachera que alguna persona cercana y amada le haya podido haber hecho alguna vez.


Y por último, debo confesarles que si no fuera porque “Manifesto Hersinki” (premisa del título de mi siguiente cortometraje, otra cosa bastante rara pero menos personal) no alcanzó a quedar, no sé si “Eme” habría visto la luz, aunque también debo reconocer que el comentario de una de esas personas que admiro me a tranquilizado un poco, y que hace años le aprendí un consejo que siempre busco aplicar en mis rodajes, cuando me dijo que en un rodaje la esencia de una escena, una línea o un diálogo; es genuina hasta la tercera toma, después de eso pierde la magia y fuerzas a los actores a sacar la perfección sacrificando el sentimiento y lo genuino de sus diálogos y sus personajes, por eso soy un ferviente creyente de que, como en el cine de Mekas, Marker, y Bresson, menos es más, la perfección está sobrevalorada y el error a veces conecta más con el espectador que busca en el cine identificación y el sentimiento real, porque la vida no es perfecta, no va acompañada de planos perfectos, enfoques milimétricos o paleta de colores que se mueve con nuestro estado de ánimo, las personas en la vida real trastabillamos, dudamos, somos impulsivos y nos salimos del guion y del destino, se nos olvida lo que queremos decir cuando hablamos con emoción, se nos traba la lengua, salivamos; esas cosas que a muchas personas no les llaman la atención como la silueta de una mujer a media luz, el apenas perceptible susurro de dos jovenes que se van contando cosas al oído en el asiento de atrás del transporte público, esas son las cosas que yo quiero explorar con mis ejercicios audiovisuales, los demás puestos para contar temas sociales o ficciones crudas de nuestra realidad, o temas fantásticos para eludir la realidad, creo que ya están cubiertos. Yo escribo, hablo y grabo desde lo que a mí me emociona.


jueves, 1 de junio de 2023

Close: la necesidad de al menos una amistad en la vida.


Fue en el año 2018 que el joven director belga Lukas Dhont se dio a conocer en el mundo del cine con su película Girl, la cual se presentó en el Festival de Cannes en la sección Una cierta mirada, una película que ciertamente no sólo fascinó a la crítica, sino también al jurado en Cannes pues le fue otorgada la Cámara de oro como la mejor ópera prima, además de un premio especial al actor protagónico de la misma. Esta pequeña introducción la hago para servirme de ella al decir que si el debut de este joven era tan esperanzador como una carga para hacer de su segunda película una obra maestra, y que se presentara cuatro años después en el mismo festival en la selección oficial, me parece la superó con creces. Me explico.

La razón por la cual me parece Close una de las obras más importantes del año pasado, y seguramente una de las más recordadas de la década en curso y de las grandes negligencias de Cannes, es que Lukas tenía tan claramente la forma en que tenía que filmar esta historia, qué me parece es una película perfecta en todos los aspectos, y si alguien tuviera un pero sobre esta, tendría que exponerme bastante su argumento para poderme convencer.

La película tiene algo muy difícil de conseguir en el arte qué usted me diga y mande, y esto es que se vea tan armoniosa la complejidad y la sencillez. Lo vemos desde la historia, qué gira entorno a Leo y Remi, dos amigos de toda la vida que hacen todo juntos cual si fueran siameses, y que al entrar a la secundaria y escuchar a sus compañeros de clase sobre la rara relación entre estos, uno se aleja del otro, haciendo que este acto tenga consecuencias irremediables, el cual marcará a la otra mitad de la relación amistosa, la que resultó menos dañada. Esta premisa "sencilla" y que bien podríamos haber visto en cualquier producto de consumo ligero en el Hollywood donde don señor dinero manda, en manos de Lukas adquiere una complejidad en muchos sentidos.

Partiendo desde lo narrativo, me parece que la forma en que Lukas cuenta la historia, desborda una genialidad apabullante. Desde el principio la película es directa y clara, y en ningún momento se sirve de trucos para que él espectador pueda sentir las emociones y las evocaciones en la vida de cada uno de los personajes en los que nos podamos ver reflejados o con los que nos podamos sentir identificados. La narrativa qué entrelaza la historia y los recursos técnicos para pulir la forma en que se cuenta, inicia desde el minuto 1, un juego de niños en los que la imaginación y la oscuridad mezclan la óptica y el pensamiento de Leo y Remi, y que culmina en un plano secuencia hermosísimo que funge de manera breve y efectiva para darnos el contexto de la naturaleza de su relación, la relación de dos niños que comparten además de juegos, silencios, sueños y susurros. Y de manera casi inmediata Lukas nos muestra el conflicto de la trama, un conflicto que al hablar de una película que refleja "La honestidad del cine" lo podemos leer desde un principio entre líneas, pero la belleza de la historia de Lukas es el como no la va mostrando, como va desenvolviendo y entramando el conflicto principal de la película, y en el acto crear una pieza digna de cualquier espectador.

La trama que crea Lukas, más allá de la lectura fácil, va sobre el duelo que experimenta Leo por tratar de ser un chico con algo especial en su vida, así como Remi tenía el clarinete; la necesidad de Leo de expandir su mundo, un tanto por la edad que le exigía crecer, y por la presión del contexto social a su alrededor (en esto hay un lazo notorio con "Girl") lo hace crecer de una manera más dolorosa que al resto de niños que se les da muy fácil mentir en cuanto a su relación con Remi, cuando a él le cuesta decir la verdad y va soltando su dolor paulatinamente hasta quebrarse en el lugar menos esperado y sin reacción caótica alguna, por quedarse sin su mejor amigo, todo por no tener la madurez necesaria para darse cuenta de que Remi era su amigo, su hermano, su alma gemela. Un coming-of-age que retrata la amistad masculina como ninguno.

La película está plagada de momentos realmente hermosos y duros que a uno lo conmueven hasta el alma, creados en gran parte a las estupendas actuaciones de todo el cast, sobre todo los niños y las mamá. Estos momentos generalmente son acompañados por silencios y sutilezas visuales que revelan mucho sin necesidad de desgastar el lenguaje (o de hacer a la película redundante. En pocas palabras: dicen mucho con poco) que añaden más valor al poder narrativo qué acompaña al ojo de Lukas, que a mi parecer hacen que con apenas su segunda película, este en el olimpo de los grandes creadores cinematográficos, y un claro sucesor del cine de los hermanos Dardenne.