La lengua que se sacude se muerde.
-Contigo el tiempo pasa muy deprisa.
-Contigo también.
No tengo muebles y no me gusta que una mujer me obligue a identificarla como una parte del mobiliario. [...] Me gustaría que ella también fuera tan libre como yo, movible, ligera, transportable. Sin equipaje físico y moral.
El niño debe tener arraigos. Ya se desarraigara cuando ella quiera.
-Y por lo que ha dicho usted también está sola.
-Si, pero para mi es sólo un estado de espera.
-¿Y qué espera?
-Sencillamente esa cosa tan imprevisible que es el amor.
El amor es algo ardiente, yo quiero arder de amor.
Cuando la pasión arde tan deprisa su llama es breve.
-¿Por qué hablar siempre del después?
-Porque el amor como la vida ocurren al tiempo.
-En el tiempo si, pero en el momento presente. Tú, por ejemplo, estás en el futuro pero en un futuro improbable, por eso no vives.
-¿Tienes esperanzas?
-Claro, no tenerlas a mi edad sería una tontería.
Hay que conocer a la gente para quererla.
Tienes razón, el amor es un sueño.
-Aprende a vivir el presente, eso te dará fuerza.
-No, soy débil, muy débil.
Mi libertad es interesarme en quien yo quiera.
Escucha Pierre, cuanto peor me hables de él, más me interesará.
Puede que sea peligroso pero siempre me ha fascinado el peligro.
-Es una pena que no seas mi amigo. Porque si lo fueras podrías ayudarme.
-¿A qué?
-Pues a resistirme a esa fascinación. Pero con tu actitud celosa me empujas al fuego.
Si quieren salir cierran la puerta y listo. Aquí no hay nada que robar.
-Vengo ahora porque por la tarde no puedo verte.
-Di mas bien que no quieres.
-No, no puedo, es algo físico. Me repugna ese tipo.
Su poder no se basa en la simpatía sino en el encantamiento. Estás hechizada.
-A conseguido su objetivo.
-Ay, que palabra más horrible.
-La palabra no es horrible, sino el hecho.
¿Por qué buscas tan lejos lo que tienes a tu lado?
-Me siento muy cercano a tí.
-Por eso mismo estás lejano. Yo no busco a alguien que se me parezca, sino a alguien que me complete.
-Tu eres perfecta, no necesitas que te completen.
-Todo ser está incompleto.
Acostarte con un tipo al que no verás más le llamas amor.
Cuando se quiere, le das la vuelta al mundo en dos días.
Prefiero vivir con él algunos momentos intensos que compartir una existencia monótona como la tuya. Yo necesito emociones.
-Emociónate por ti misma, por tu vocación.
-Pero ¿qué vocación?
-Tu empleo.
Eres un insensato. Quieres imponer los sentimientos a la gente.
A palabras necias oídos sordos.
Te aprovechas de que somos jóvenes para culparnos y arreglar tus líos. Me parece algo asqueroso.
El otro no soy yo, y porque una llore no tiene porque llorar la otra.
Pero ella no debería llorar y la otra si.
-La verdad es que no te entiendo. Tienes una chica de lo mejor que hay y te metes con esa payasa.
-Como verás no tengo prejuicios. Y además esa payasa me resulta excitante.
-Para los viejos quizá.
-Gracias. Ya sé que soy viejo. Pero te voy a decir algo, en la vida he querido y me han querido, pero ya estoy harto. Ahora estoy descansando, no quiero apasionarme
No me gusta hacer llorar a la gente. ¿Ves? soy demasiado bueno, y eso me pone en situaciones difíciles.
En el amor no se manda [...] Y todo lo que me puedas decir contra Henry, y todo lo que me pueda decir yo, no me puede apartar de él.
Quiero enamorarle mucho, mucho mucho. Y si sufro, él sufrirá.
Para que hacerlo sufrir si lo quieres.
Porque en el amor se comparte todo. El placer y el sufrimiento.
-¿En qué piensas?
-En que la gente nunca quiere admitir la elección de los demás.
-El amor es una especie de locura.
-Que va, siempre se ama a quien nos conviene.
-Eres demasiado cercano, te conoce de memoria, careces de misterio para ella. No eres extraño
-Pero yo no quiero ser extraño, lo detesto.
-Perdiste tu oportunidad, no supiste imponerte.
-No me gusta imponerme. Quiero que ella venga a mi por si sola.
-Pues espera.
-Esperare tanto tiempo como haga falta. Hasta que ella me quiera. Y si tarda demasiado hasta que yo deje de quererla. Es probable que deje de quererla algún día. Y quizá entonces ella me quiera pero será tarde, esa será mi venganza.
-Tú no la quiere, quieres que ella te quiera, no es lo mismo.
Que te crees, que soy maquiavélico, en absoluto. Yo actué sin pensar, creí que ellos se esconderían bien tras la puerta.
-Te he hecho daño de verdad.
-No, me has tomado por sorpresa. Sólo quería despertarte con suavidad.
-No seas hipócrita.
-Bueno, eres una mujer y tienes unas piernas preciosas. Eso te resulta más sincero.
-No entiendo a los hombres, sobre todo a los mayores, no hacen nunca nada con sinceridad.
-Es cierto que Marion es muy guapa, tiene un cuerpo extraordinario, perfecto, demasiado perfecto como una estatua, el tipo que todas las mujeres desean, modélico. Quizá por eso la admiro pero no me atrae de verdad. En todo caso menos que una mujer de verdad. La imperfección es sorprendente. Imagina que los genetistas llegaran por medio de la manipulación de los cromosomas a crear un tipo ideal de mujer como en Un Mundo Feliz, ¿lo has leído? Es igual. Estoy convencido de que esta mujer sería como Marion. Y poco a poco todas las mujeres llegarían a parecerse a ese tipo. ¿Te imaginas La Tierra poblada con millones de Marion?
-Tu vendedora me parece mucho más artificial.
-En sus modales quizá, pero no en su naturaleza.
Hay algo que entenderán mucho mejor: Marion se echó en mis brazos, no me dejó tiempo de desearla. Aprende a dejarte desear en la vida sino serás muy desgraciada.
En el fondo, odio las despedidas.
En el campo no te aburres nunca.




















