miércoles, 30 de noviembre de 2016

Se llamaba Valeria.


-Alguna vez has vivido un momento de gran felicidad y tanta felicidad que quisieras que en ese momento terminara tu vida, o al menos piensas en a posibilidad de que eso puede pasar. Que la vida que ha regalado ese momento porque ya no puede darte más y te tendrá que terminar. Hay momentos que nos hacen pensar que no puede existir la posibilidad, uno no puede concebir que se puede ser más feliz que lo que ese momento nos regaló de felicidad, más sin embargo siempre llega otra vez la felicidad; quizá no de la misma forma o con tanta intensidad, pero si igual o más especial. Uno no suele ponerse a pensar en esto pero, que pasa cuando esos momentos terminan, cuando el extasis del momento se ha acabado y uno tiene que volver a dejar de ser dioses de un mundo que uno crea para volver a ser esclavos y mortales en la vida real, uno que hace cuando se termina esa felicidad. Sabes, siempre he preferido salir con el corazón roto, o con la cara rota, aunque la segunda aun no haya pasado. Soy como Julio Cortázar cuando escribió: "Hago todo lo posible para que las cosas se desprendan de mi" o algo así. Es como esa frase que alguna vez un poeta dijo: "Enamórate por ratitos, por fracciones de segundos, por lapsos cortos; sólo eso garantiza el amor verdadero, el amor perfecto, el amor eterno, el amor para siempre. El amor que se lleva en el recuerdo. Prefiero ser un bello recuerdo a una espantosa realidad."
-Si. Pero me da miedo, después de oirte decir todo esto, confesarte que uno de esos momentos es este.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario