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viernes, 5 de junio de 2020
Cortometrajes en cuarentena.
Últimamente me es muy difícil escribir o hacer un análisis a cierta película, documental, o incluso cualquier trabajo audiovisual, sin hacer, o basar mucho de lo que quiero exponer, referencias a otros trabajos audiovisuales, y casi nunca lo hago de manera despectiva, ni para la película que analizo, ni para la referencia, lo hago básicamente por dos motivos, al menos en estos días que nos refieren: la primera, no creo en expresión artística que nazca como concebida de manera omnipotente, todo arte se alimenta del arte, quien diga lo contrario, o tiene un acercamiento muy limitado al arte, o pone su atención a asuntos meramente banales. Y el segundo, es porque en estos últimos dos meses he visto muchas películas (en todas sus ramas generales: ficción, documental, cortometraje), y es muy difícil no llegar al punto en que unas conectan con otras, ya sea por linea de interpretación, tema, estética, etc.
En este sentido, me había propuesto la tarea de enlistar todas las películas que viera durante la cuarentena, para compartirla en el blog, con pequeñas notas sobre cada una, o al menos de las que yo considerara pertinente hacerlo, pero como aún no termina el confinamiento, y no quiero que el ejercicio a la hora de hacerlo, se haga muy extenso, y por consiguiente, difícil de leer; he decidido hacer este primer ejercicio comentando algunos de los mejores cortometrajes que he visto. El visionado total al día de hoy que he hecho de cortometrajes es de más de 30 títulos (debo confesar que el número real de los cortometrajes no lo llevo contabilizado con exactitud, ya que muchos de los cortometrajes que he visto no están registrados en IMDb), y sin lugar a dudas son más de una, en diferentes directrices, las razones que me hicieron escribir sobre ellos.
¿Existes? - David Rodriguez Estrada
Menciono en primer lugar este trabajo de David Rodríguez porque sin duda es uno de los mejores cortometrajes que he visto en este lapso de tiempo (sino es que el más, y por supuesto de mis favoritos de la Muestra de la Paloma Itinerante), y sin lugar a dudas uno de los mejores producidos por un duranguense desde siempre.
(El cortometraje está realizado en la ciudad de Los Ángeles, California en el año 2010)
La tesis del cortometraje es tan simple, y a la vez tan compleja y universal, que es imposible ser indiferente a ella. Se nos presentan los argumentos (o pensamientos, o ambas cosas) de seis personajes alrededor del mundo que giran en torno a lo que denota el placer que sentimos en el acto de la masturbación. El amor propio, el placer en si, el temor o cuestionamiento de un dios, la represión por un sistema político o religioso, o incluso por la sociedad sobre lo que está bien y está mal, o el amor y la manera en que lo percibimos, o reprimimos; son sólo algunas de las cuestiones que emanan de ver a estos seis seres que mediante una puesta nada púdica, y con un efecto de cámara que nos saca del momento "real" para atenuar el acto como algo que es íntimo, se nos revelan personajes tan reales como nosotros. La recreación de los escenarios y la atinada elección de David por hacer que sus personajes hablasen en un idioma distinto, dan un tono aún más universal al unificado discurso (y sin que este se sienta gratuitamente un material de mera inclusión, sino que se sienta realmente concebido honestamente así), y hacen en consecuencia, a este cortometraje un documento muy valioso, una oda y un canto al placer.
A Heroine - Diego Llaca Ojinaga
Cortometraje del año pasado producido, escrito, fotografiado y dirigido por este mexicano radicado en la ciudad de Nueva York que presenta la historia de una sobrina y un tío que se entrelazan con sutiles simbolismos.
Luego de que ella contesta el celular de su madre (por orden de esta) y escucha la voz desesperada de su tío, de quien no ha sabido nada en dos años, pidiendo ayuda por algo que no termina por entender (sabe que hay algo relacionado con un accidente, un médico y morfina), pero que sabe que su tío está vulnerable. Sale de su casa para conseguir algo que lo ayude, sin saber a ciencia cierta en qué, así que va con unos amigos, que la hacen dar con el paradero de una persona que al parecer ella desprecia, pero que sabe le puede dar algo que le ayude a su tío. Al final, sin ser consciente de ello, su sola presencia, cuando llega a casa de su tío, puede ser la cosa que este necesitaba: un punto de compasión y apoyo en la persona de este, la heroina que ella buscaba, y él necesitaba, resulta ser ella.
Una propuesta completa, corta y efectiva, cuya técnica es correcta e impecable, y que gracias a la plataforma en linea del Festival Internacional de Cine de Morelia, hemos podido disfrutar.
Úsame - Fernanda Simental
Fernanda Simental quizá sea una de las pioneras de la nueva ola de directores nóveles duranguenses de los últimos veinte años, este trabajo sirve como ejemplo no sólo de lo diestra que es para concebir buenas historias, sino para atender de manera precisa una de las grandes normas en el mundo del arte: el fondo siempre será más importante que la forma.
En este trabajo del año 2014, y de 8 minutos y medio de duración; se nos narra, con un lenguaje efectivo, con una puesta de cámara correcta, y tres personajes distintos, definidos, y muy diferentes entre si, las consecuencias de creer que los roles de poder ya están dictados por el orden social o natural, vemos a un indigente gritando su suerte al macho desgraciado (una especie de antagónico detestable, y magistralmente interpretado por el actor que lo encarna) y detectando la maldad en la que parecía era la víctima en esta historia.
Son muy evidentes las deficiencias que el trabajo de Fernanda tiene en cuanto a las formas: calidad de la imagen, iluminación, sonido, pero a pesar de ellas, o dando la vuelta a estas, vemos como Fernanda logra sacar el mejor provecho a estas y hacer que la historia funcione, y el espectador conecte con ella.
Esta clase de trabajos son la muestra fehaciente de que el que sabe contar historias, las cuenta contra viento y marea.
Jaanpäät (hasta pronto) - Luz María Cardenal
Quizá con el sólo hecho de comentar que la valía de este cortometraje radica en el hecho de saber que realizadores indigenas de nuestro país están produciendo no sólo cine porque si, sino que comparten sus historias, y demandan atención a ciertos temas que los citadinos vemos tan lejanos, pero que de igual manera nos atañen, y que lo hacen además a través de su propia lengua, y de manera muy excelsa, sería suficiente, pero no es así, el cine creado por realizadores como Luz María Cardenal, Ángeles Cruz, Luna Marán, y demás realizadores, va mucho más allá de ser esto, o quizá siendo eso, se vuelve muy general su mensaje: retratando lo propio, lo que importa para el realizador, su discurso se vuelve universal.
Algo así podría resumirse que es este trabajo de Luz María, un cortometraje que con una historia pequeña, sencilla, sobre un padre que no quiere que su hija se exponga a los peligros del exterior, y que se refleja en sus sueños con un jaguar, y el regreso de su madre que lo abandonó, este aprende a perdonar y suelta lo que no puede retener a la fuerza. Sólo el corazón sanado es capaz de escuchar la música del maravilloso futuro porvenir, cuando suelta el peso del pasado.
Cosas de niños - Iván Santillan
Quizá por mucho el cortometraje más entrañable de las producciones que he visto de los paisanos realizadores, que a pesar de la economía de recursos, y algunas pericias en su desarrollo y ejecución, logra transmitir fidedignamente el sentimiento y la tesis de su bella historia.
Luego de que Manuel se entera de que su amiga Carmelita se va del pueblo para irse a la ciudad de Guadalajara, este toma prestada la bicicleta de uno de sus amigos, sin importarle dejar el mandado de su mamá en la tienda, y toma a su "hijo" choco, para alcanzar a Carmelita a la central de autobuses y poder despedirse de ella, en el camino pasará por una serie de contratiempos que trompicarán sus deseos, pero una vez que logra llegar a tiempo, vemos el rostro de la esperanza por el reencuentro, enmascarar una mentira para no hacer sufrir a su mejor amiga, y volver a casa con una victoria que sabe a derrota, y encontrar en los brazos de su madre, el alivio al dolor de un niño que pierde sólo por el hecho de vivir y el curso natural de la vida.
No es secreto para nadie habitual en el blog que las historias de infancia me trastocan mucho, y la de los encuentros y promesas de encuentros hasta se podría decir que son una tendencia en mi esencia personal, pero además de conectarme por eso con la historia de Iván Santillan, lo que me gustó y llamó poderosamente la atención, es la gallardía y la valentía de Iván Santillan de poder contar esta historia, y a su vez involucrar y buscar apoyo en la misma gente de esta comunidad. Otra prueba fehaciente de que cine se puede hacer en todos lados, y contar historias sencillas, personales, reales, y lograr transmitir genuinamente lo que el realizador busca plasmar.
La frontera - Erika Oregel
Cortometraje de la realizadora Erika Oregel que yo podría decir va de menos a más. Cuenta una de esas tantas historias que bien podrían ser reales en nuestro país, en la que vemos el batir y el sufrimiento de una madre luego de que el mayor de sus niños, que es enviado a entregar ciertos paquetes que sacan él y su padre del lago en el que trabajan como pescadores, un día no regresa, ella desesperada por imaginar el destino de su hijo, toma a su hijo más pequeño para irse del lugar, pero es alcanzada y retenida por su esposo, al saber que si se va los buscarán y su destino no será muy distinto al de su hijo, además, dice su esposo, "ahí tienen trabajo", ahora, ella se sacrificará para en la medida de lo posible, pueda saber que fue de su hijo perdido, y poder proteger al más pequeño y no exponerlo al futuro incierto que le espera en ese lugar.
Mi reparo quizá con el trabajo de la realizadora es que algunos diálogos se sienten forzados, no se sienten reales, hay algo que a mi me parecería, pudo haberse hecho en el guion para todavía enriquecerlo más; pero por otro lado, la fotografía, la cual enriquece mucho a la historia por el punto de quiebre que propone a través de los encuadres empleados por el encargado de este departamento, y en el cual toma yo diría de manera perfecta a cada personaje, en sus respectivas escenas, que funge para matizar lo mejor de este trabajo: el desempeño de su actriz protagónica. Simplemente perfecta en su actuación.
Si algo nos han dejado desafortunadamente los gobiernos pasados de nuestro país, es una abundancia de historias como esta, pero afortunadamente muchos realizadores, que quizá desde una perspectiva muy cercana, o por el hecho propio del artista que intenta crear a través de las problemáticas sociales de su entorno, no dejan en el olvido estos hechos que unos se empeñan en enterrar.
Espasmos de la memoria - Jackelyn González
Quizá muchos piensen que por enlistarlo muy abajo sea de menor importancia que el resto de los mencionados, pero quizá deba confesar que, junto con el de David Rodriguez, este es uno de mis cortometrajes favoritos no sólo de los comentados acá, sino hablando generalmente.
El trabajo audiovisual de Jackelyn está dotado de una voz tan poderosa y dominante que basa en el recurso de la narración, la base de su discurso, y logra crear entre este y las ímagenes que vemos en pantalla, no siempre con una conexión "lógica" de lo narrado por Jackelyn, que no es más que una anécdota pareciera personal (y en consecuencia, honesta) un encuentro poético gracias al montaje, que uno no puede más que sucumbir y esperar el desenlace de este, pero sólo para al terminar esperar dos cosas: la primera, preguntarnos cómo es que la realizadora logró hacer lo que vimos, y segundo; cuando veremos algo más realizado por ella.
Mi único problema quizá sería el hecho que en la narración son evidente los cortes que hay, lo cual es un problema menor, e incluso hasta comprensible, y en cierto grado honesto, porque si los cortes entre toma y toma son notorios, ¿por qué los cortes en el audio no? Si estos son para darle mayor fluidez, vemos la parte real y la parte artificiosa que siempre debe tener el cine.
Sin temor a retractarme, utilizaré las mismas palabras que mi colega y compañero Andrei Maldonado utilizó para describirlo: "estamos ante una obra mayor". Una obra mayor en la que uno puede ver que el cine no está muerto, un cine que uno siempre buscará, como hacedor de cine, tratar de emular.
El retorno perpetuo - José Luis Cano y Melissa Delgadillo
Este trabajo no sólo viene a confirmar mi opinión con respecto a que José Luis Cano sin lugar a dudas será un agente importante en un futuro muy cercano para el cine realizado en Durango, y realizado por un duranguense (porque seguro con su talento, y muchas de las personas que integran su crew familiar, realizarán producciones más allá de lo que confiere el estado), sino que además muestra que tiene talento para crear historias en géneros distintos con una calidad y creatividad notable, y que puede trabajar compartiendo visión, algo que muy pocos realizadores pueden hacer.
El retorno perpetuo es un cortometraje a lo Groundhog day, en el que un joven tiene una sencilla tarea: dejar una bolsa de dinero enterrada para que su hermana sea liberada de lo que parece ser un rapto. El joven, que se ve tiene más problemas quizá que sólo el asunto de su hermana, entra al bosque con miedo, este se hace aún más presente cuando llega al anuncio que determina el retorno perpetuo, y a lo lejos ve a un hombre, el cual le pide agua, algo pasa entre estos dos y el joven sin perder más tiempo va y entierra la bolsa, pero cual es su sorpresa que cuando quiere regresar, regresa al anuncio que muestra su llegada al lugar, y vuelve a ver al mismo hombre que una y otra vez aparecerá, siempre pidiendo agua, pidiendo hasta que llega quizá la resignación en un llanto desgarrador, como quizá a este hombre que pide agua le llegó.
Cabe destacar que la historia escrita por José Luis Cano, es dotada de un horror involuntario que se disfraza de un suspenso admirable, logra además darle una originalidad al efecto looper que se ha intentado en este género muchas veces, pero de manera deficiente, este no es el caso. Otra cosa a destacar, y quizá la más importante, es la composición de la imagen en la secuencias que logra crear el director encargado del departamento de fotografía: Alejandro Subia. Él comenta que tanto la planeación con el director, las condiciones meteorológicas, y algo de trabajo complementario en la postproducción; hicieron que lograra crear esta subexposición que le viene tremenda al trabajo por demás limpio del joven profesional.
(Cabe destacar además, que el mismo Alejandro Subia es quien hace también la fotografía del trabajo de Jackelyn González)
La única cuestión con los trabajos de este género es que, a diferencia de otros géneros, a mi parecer se valen mucho de su musicalización, sus bandas sonoras juegan un papel por demás importante para la fluidez de su discurso y la atmósfera que el director quiere crear, sino nada más recordemos a El Exorcista, que sería de esta película sin la magistral banda sonora de Eugene Marks. Sin embargo, a pesar de lo antes mencionado, Cano y Delgadillo logran un trabajo excelso que a pesar de mínimos detalles a cuestionar, logran hacer que esta sensación que experimenta el personaje, sea transmitida al espectador. Ahora mi duda es, como se la planteé al propio realizador: ¿Qué habría sido de este trabajo de haberlo musicalizado? Quizá estaríamos hablando de una obra aún mayor, pero sin duda alguna también es por demás plausible darle valor a los riesgos y las decisiones que los realizadores toman en torno a sus obras, y que las respeten tal y como fueron concebidas.
Expreso - Eric Eduarte Villa
El gran merito, o lo valioso del trabajo de Eric por todo lo que yo pueda opinar de su excelente trabajo en este cortometraje, es la forma en que en el mismo relato, parte su estructura y logra crear dos trabajos ligados en si. La primera parte, dos personajes en apariencia, muy distintos, y alejados tan de si, a pesar de lo que la cercanía o cotidianeidad pareciera mostrar, al final uno de ellos se da cuenta que, la presencia de ese indigente que siempre carga su valija y su muñequito y que parece siempre estar buscando algo, además de qué comer, no le incomodaba tanto. Ya en la segunda parte se nos revela, a través de una carta (leída por Jackelyn González, por si existía alguna duda de la potente y expresiva voz que tiene esta chica) lo que este hombre buscaba en realidad, y porque buscaba llegar, tan desesperadamente, a pesar de su estado, a la estación de tren, o al menos a lo que esta era en el pasado.
No puedo comentar mucho más que el hecho de decir que salvo una toma que sale quemada (y que no influye, ni arruina para nada el argumento), para mi este cortometraje es perfecto, y que sin duda ha merecido toda distinción y proyección que se le ha dado tanto en nuestro país (Rally 48 en Corto) como fuera (Little México Film Festival Chicago).
Amarrados - Amat Escalante
Este cortometraje del laureado y reconocido cineasta (uno de los más [sino es que el más] en nuestro país en los últimos años, por encima de su maestro Carlos Reygadas) realizó este cortometraje allá en el lejano 2002, y desde entonces ya se notaban muchas de las preocupaciones que después expondría de manera aún más lograda en sus largometrajes.
Crea un relato libre de convenciones narrativas, fusionando realismo con surrealismo, la historia de un niño de la calle adicto al chemo por no tener que comer, y que es abatido sexualmente por una mujer de mayores privilegios, el desenlace, no es otro que el de la dura realidad.
Metafóricamente todo lo que vemos tiene un fuerte punzante en el colectivo real, hay elementos y simbolismos que podrían estar hablando de más de una cosa, pero todo apuntala a lo mismo, la diferencia que hay entre los sectores pudientes y los vulnerables en nuestro país, y que muchas veces no tienen que ver con "blanco y negro", o "el que le echa más ganas y el vago", la coyuntura en nuestro país señala a responsables claros ya desde hace muchas décadas, y las malas prácticas de unos, las terminan pagando siempre otros.
Un trabajo más que extraordinario de un director que desde entonces, se le veía un futuro que hoy día tiene más que merecido.
lunes, 20 de abril de 2020
El amor en los tiempos del coronavirus, episodio 4
-¿Dónde estabas?
Le gritaba Sofía a su hermano. Había olvidado su celular en la casa y cuando lo mandó al suermercado y este se había tardado más de la media hora que le llevaba hacer las compras semanales se había preocupado pensando que le había podido haber pasado algo en el camino. Le había estado marcando pero se percató que jamás le iba a contestar.
-En el supermercado. -Le respondía él con una serenidad inusual.
-¿Y por qué tardaste tanto?
Él no contestó. Ella notaba algo en su hermano, estaba como perdido, como zombie, pero se le veía una cara de imbécil, y una sonrisa llena de felicidad.
-¿Qué te pasa? -Por fin le preguntó Sofia.
-Es que me pasó algo. Algo muy raro.
-¿Qué te pasó?
-Me enamoré.
Ella se quedó viéndolo con una cara de "serás tan estúpido", pero luego, al ver la reacción de su hermano posterior a la confesión, se dio cuenta de que no estaba jugando. Además era su hermano, un tipo que jamás había mostrado emoción alguna hacia ya no digamos a una chica, a esas alturas de la vida si un día llegaba a la casa presentándoles algún novio, todos festejarían por lo alto sabiendo que por fin ese hijo concebido no era una especie de engendro sin corazón, o un robot, pero no; incluso muchos de los que lo conocían creían que era una de las verdaderas pocas personas en el planeta en ser asexual.
-¿Y cómo fue eso?
-Fue bastante extraño en realidad. Estaba buscando esos purés que me encargas para Mateo, justo al final del supermercado donde los estantes ya no son muy altos. Estaba yo ahí, y de repente de la nada, sentí como una presencia, algo me decía que tenía que voltear a ver a la persona que estaba en el otro pasillo, y que se había parado justo en frente de mi, yo levanté la cabeza como si nada, al fin de cuentas eso es algo que no se nos prohíbe aún, voltear a ver a las personas en el supermercado, siempre y cuando las voltees a ver a los ojos, y no a su trasero. El caso es que volteo a ver, y ahí estaba, la chica más linda que yo jamás haya visto. Tenía mi estatura, quizá un par de centímetros menos, era morena, muy morena, ojos grandes, café marrón si tuviera que apostar por el color de estos, pero no estoy completamente seguro. Ella no se percató en un principio que la miraba, era muy linda, y muy lindo verla, se veía muy concentrada como leyendo algo en un paquete, seguro eran galletas. Te estoy describiendo lo linda que era, pero no te he dicho lo que en verdad me llamó la atención, lo que me hizo que me enamorara.
-¿Qué fue? -Le preguntó la hermana que para este punto había olvidado el enojo, el susto, y que tenía que darle de comer al bebé.
-Su cubrebocas. En él tenía los colmillos de un vampiro. Sé que eran de vampiro porque tenía unas gotas de sangre también pintadas en él. Entonces, luego de unos segundos de verla, se me escapó, no sé si fue una risa o un suspiro, en todo caso ella volteó a verme y se percató que la estaba observando, entonces yo desvié la mirada, y empecé a leer lo que decía el puré que tenía en la mano, no lo hice durante mucho tiempo, porque mi curiosidad hizo que volviera mi mirada de donde venía, y ella seguía mirándome. No lo puedo afirmar, porque no podía ver su boca, pero por la expresión que hicieron sus ojos, podría casi jurar que me sonrió. Yo dejé de mirarla y empecé a caminar lentamente hacia el final del pasillo, la miraba de reojo, y me percataba que me seguía, al mismo compás de mis pasos, la miraba de vez en vez, ella no despegaba sus ojos de mi. No te voy a mentir, hubo un punto en el que llegué a sentirme muy nervioso, no con miedo, sino con esa especie de nervio en el que sabes que es inminente que pase eso que te estás imaginando, por muy disparatado que esto pueda ser, y pasó, justo al final del pasillo, cuando yo iba a girar hacia el pasillo de ella, y ella al mio, se sacó el cubrebocas y tomó el mio para sacármelo y me besó. Todo me pareció como si hubiera pasado en cámara lenta, ella tomando mi barba con suma no derecha, justo la que me había quitado el cubrebocas, su mano izquierda, la que había quitado su cubrebocas, se había dirigido a mi nuca. Mi mano derecha en su cintura, por debajo de su playera blanca, su piel era tersa, tibia, sólo sentía por debajo de mi dedo meñique el frío de su cinturón. Mi mano derecha empujaba su espalda contra mi cuerpo. Luego de los no sé cuantos minutos que estuvimos allí, ella se puso su cubrebocas y ya no la vi, no la seguí, supuse que ella no quería que la siguiera.
-Pero puedes buscarla, puedes volver el mismo día la siguiente semana, quizá la vuelvas a ver, no es motivo para hablar de ella en tiempo pasado, como si no existiera más.
-Quizá, pero prefiero que sea así, me enamoré, y no la quiero volver a ver.
jueves, 16 de abril de 2020
El amor en los tiempos del coronavirus, episodio 3
Estaba viendo esa tonta serie que hacía años le gustaba pero ahora no le causaba la misma satisfacción ni la misma emoción, pero era justo lo que necesitaba en ese momento, estaba tan estresado por el trabajo, por los textos a entregar, por tener que desplazarse todos los días unas horas al trabajo donde no había trabajo, pero lo poco que ganaba ayudaba a para poder pagar las cuentas de lo que significaba vivir solo, hacía días que no hablaba con nadie cercano, por la imposibilidad de hilvanar más de tres palabras cuando hablaba con teléfono con alguien a quien no podía ver a los ojos, salvo los clientes, en el camino no se topaba con nadie conocido, saludaba a los ancianos que miraba en la calle, ignoraba a los jóvenes, y evitaba a toda costa mirar a los automóviles, no quería buscar caras en sitios donde era imposible que estuvieran.
"Ese trabajo te va a matar, no sé cómo lo puedes aguantar", decía la canción que sonaba. La ciudad parecía una zona nuclear, no había nadie en la calle a esa hora, sólo perros, gatos, pájaros, y al otro lado de la calle, caminaba una pareja tomada de la mano y quitándose su cubrebocas para besarse, los miraba y detrás de sus gafas oscuras sonreía. No pensaba ya en ninguna exnovia, la última vez que se había enamorado había sido justamente un año atrás, una amiga que se había ido de la ciudad le había regalado recuerdos muy lindos con soundtracks que implicaban literatura, viajes y mucho cine. Su historial amoroso implicaba relaciones compartidas, relaciones cortas, relaciones con mujeres mayores que él.
De ahí que se sorprendiera pensando precisamente en ella, que ni era mayor, ni tenía una relación (o eso creía), ni buscaba algo fugaz; él mismo no quería algo, no en ese momento, pero recordando el capítulo que había visto una noche anterior de esa tonta serie, se sorprendía pensando en ella.
martes, 7 de abril de 2020
El amor en tiempos del coronavirus, segundo episodio.
Ramiro, no Rogelio; y Carmela, no Carmen, ni "Carmelita"; son una pareja que habitualmente se transporta en su vehículo, pero en últimos días con el aislamiento, las pocas veces que salían de casa para suministrarse de víveres, lo hacían caminando, además el hecho de que este acontecimiento los había hecho más responsables ecológicamente hablando, por los intereses que este episodio que nos tocaba vivir a los habitantes de este planeta podían tener por la presión del uso de productos derivados del petroleo como los plásticos, aceites minerales y demás, los había hecho practicar más la caminata.
Además de eso, les gustaba ver como la ciudad iba siendo reclamada por las criaturas que habían sido relegadas a las orillas de la misma, criaturas que en horas muertas, eran las verdaderas dueñas de las calles, pájaros, gallos, patos, vagabundos, ellos ahora eran quienes transitaban la ciudad, ellos y Ramiro y Carmela, y un que otro ser igual de loco o necesitado.
Caminaban por las calles de la ciudad, tomados de la mano, pero guardaban su distancia de los demás, no por temor a la pandemia, sino por respeto a los demás, si ellos eran un poco anárquicos y escépticos, respetaban las creencias y reglas por los que se regían los demás, llevaban lentes oscuros, cubrebocas, pero el sólo hecho de ir tomados de la mano, y de vez en vez besarse, por el placer de compartir lo que comparten solos en su casa, que no es otra cosa que su amor, hacía que se ganaran miradas acusadoras por parte de quien los miraba por la calle, ya fuera desde la comodidad de su bestia metálica, o la otra acera caminando a toda velocidad, para no pescar algo en el viento.
Llegaban a su supermercado de siempre, luego de la represión que habían sufrido la última vez por parte de clientes y vigilantes por la cercanía con la que hacían todo, y la muestra de cariño antes citada, aún con los argumentos que ambos dieron amablemente a la multitud acusadora y alarmista, de que no tenían contacto con nadie en el lugar, que cuidaban no acercarse mucho a las demás personas ni en el supermercado, ni en la calle, mucho menos en su casa donde vivían solos, les habían prohibido el paso a los dos, por eso en esta ocasión sólo Carmela hacía las compras, él no la perdía de vista desde las grandes ventanas del supermercado, no la dejaba de mirar, sonreía, ella de vez en vez sonreía antes de verlo, sonreía porque sabía que él no dejaba de mirarla, tenían esta conversación con la mirada en la distancia.
-¡Ya!
-¿Qué pasa?
-¡Deja de mirarme así!
-¿Por qué?
-Los demás en el supermercado se van a dar cuenta y les va a dar miedo. Si sigues así nos van a prohibir venir a este lugar. Después nos encerrarán en nuestra casa argumentando que podríamos crear un nuevo virus que hace que todos amen perdidamente a su pareja de verdad, y no como todos dicen que lo hacen, o como la sociedad permite las muestras de amor.
-Encerrados, a la fuerza, tú y yo, sin necesidad de salir al mundo exterior. No lo sé, me agrada la idea, provoquemos eso y hagámoslo entonces.

miércoles, 1 de abril de 2020
El amor en los tiempos del coronavirus.
El contacto/encanto visual había sido instantáneo, mutuo; y cómo no iba a serlo, si se conocían, sabían quienes eran, se veían en ese encantador bar luego de muchas semanas sin poder verse.
Ella, igual de radiante; él, muy golpeado por los desvelos. Se miraban y al momento que se iban acercando, uno de los dos pensaba que no había razón para luchar en contra de lo que el otro provocaba en su sentir, ¿cuál de los dos sentía eso? Vaya la vida a saber, como Jorge Pellegrini de "El mismo amor, la misma lluvia" dijo: "yo de eso no sé nada". Y al final de cuentas, ¿cómo podría saberlo yo? Si sólo soy un robot. Si ustedes así lo quieren, quizá si, uno influenciado por las comedias románticas británicas como las dirigidas por Richard Curtis, y ese valsecito ranchero de Miguel Conejo llamado "La Francesita" que justo apareció en el playlist cuando empezaba a querer escribir algo; pero de ahí en fuera, yo no sabría decirle quien es quien en esta historia.
Entonces sus miradas no muestran otra cosa que el buen cariño y afecto que se tienen, sonríen, como diablos no hacerlo; Al estar a justamente un metro y medio de distancia, él le dice a ella:
-"Stay at home".
-Ya sé. ¿Pero quién eres tú para decirme algo? Si el otro día vi que...
-Lo sé. Sólo bromeo. //Me encanta el coqueteo de estos dos. Pero sigamos, disculpen la interrupción.// -¿Cómo estás?
-Bien. ¿Y tú?
-Con unas inmensas ganas de besarte. Pero no puedo hacerlo.


*Derechos, créditos y agradecimientos por las ilustraciones, a quien correspondan
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