Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

jueves, 22 de septiembre de 2022

Comala: viaje al descubrimirnto del patrón que se rompe.


¿Hasta que punto es válido o sano que el documental trasgreda en la autonomía de las personas en pos de encontrar la verdad o descubrir algo que se quiere encontrar? ¿Es sano involucrar a personas que quizá no saben la dimensión de lo que el autor quiere exponer en su trabajo? Esta y muchas preguntas más surgen cuando uno ve un trabajo tan abierto como el de Gian Cassini, un trabajo trasgresor y valiente en las mismas proporciones, pero también en muchos sentidos muy necesario.

No hay que ser un iluminado para entender el título del documental de Gian y su relación con lo que el expone en este, Gian se embarca en un viaje con muchas latitudes para encontrar la verdadera identidad que tenía su padre muerto, aún cuando este ya la intuía, y en este vieja empieza cuestionando a las personas más cercanas a él, en primer lugar a su abuela materna, en segundo a su madre, y en tercero a su media hermana, y la forma en que Gian las va cuestionando pueden hacer creer al espectador que este es un trabajo en el que el realizador sólo cuestiona y no se involucra quizá para no perder la objetividad, pero muy pronto Gian desaparece esa barrera de ni involucrarse, y lo hace en maneras que otro realizador o los críticos más cuadrados podrían cuestionarle, pero la forma en que Gian se embarca y del cual por supuesto rasga muchas cosas internas como ser humano, no hace que uno piense que la objetividad se va para ver sólo un documental impregnado de melodramatismo y crítica de la guerra antidrogas que orquesto el funesto gobierno de Calderón.

La forma en que Gian se involucra en el viaje para encontrar la identidad de su padre toca varias latitudes, y con estas un retrato y espectro de los lugares como de las personas con las que se cruza, y Gian pocas veces pone un filtro para aligerar su realidad, su identidad y su carga, Gian hace un retrato honesto y fidedigno de las causalidades que hacen ser a las personas como son, tanto por el contexto sociopolítico y socioeconómico del lugar en donde viven.

En el mismo sentido que Gian recorre y hace todo este viaje desmenuzando en muchos sentidos la historia de su familia, y en consecuencia de las propia y entender por qué es como es, Gian se hace el personaje protagónico del documental, y en el vemos el peso de los errores que él piensa cometió por su inexperiencia y su juventud, pero realmente vemos una catarsis no sólo en él, al estar con las personas que tanto su padre como su hermano muerto ya no pueden estar por este halo de violencia y machismo del que jamás se pudieron desprender, sino también a las personas a su alrededor, como lo es el caso de sus sobrinos y el de su abuelo paterno, y otros personajes que prefiero no mencionar para que ustedes mismos los descubran.

Una de las cosas más brillantes, o si no más brillantes pero si de gran valor es el hecho de que la forma en que todo está retratado lo hace aún más creíble el discurso que construye el documental, con una cámara en mano y una grabadora que aún en sus pericias hacen que el espectador conecte con todo el viaje de Gian, pero no con esto trato de decir que no haya un montaje o una narrativa que proponga Gian, más bien todo lo contrario, aún con lo modesto de la producción, que seguramente si obtuvo algún apoyo se destinó más a los viajes que a los grandilocuentes equipos de filmación, hay un ojo bastante interesante en cuanto a creatividad se refiere.

El final del viaje se da con la madre de Gian, que siempre negó saber la naturaleza de su expareja, siendo cuestionada por el propio hijo con una carta en la que ella le dice al padre de Gian que ya no sabe que decirle al Gian niño, entonces en este cuestionamiento ella le pregunta que qué cree que lo hizo no ser como su padre, en este punto el documental, el propio Gina, la madre y seguramente más de un espectador nos rompimos, sabiendo que el amor de la familia, y principalmente el de nuestra madre, nos salva y refugia de todos los males, sean del mundo exterior o de la propia familia.

jueves, 8 de septiembre de 2022

L'événement: detenerlo o dejarlo seguir.

 



Una de las películas que había esperado mucho tiempo para poder ver es la pasada ganadora del Festival Internacional de Cine de Venecia (conocido por los cinéfilos adeptos a los festivales de cine europeo clase A, la Biennale), una película francesa que, contra todo pronóstico de que una vez más la ganadora fuera una película hollywoodense como había pasado años anteriores, venció y sin lugar a dudas me parece tiene todos los méritos no sólo para que lo haya hecho, sino para que haya sido una de las películas más sencillas, desgarradoras y por supuesto de las mejores del 2021.


La premisa de la película dirigida por la realizadora Audrey Diwan (Mais vous êtes fous, 2019) no es muy distintas a otras películas que, sobre todo en los últimos años han explorado el tema del aborto y el desarrollo de una mujer cuando este se ve comprometido por un embarazo no planificado, incluso la película tiene paralelismos realmente brillantes y hermosos con la también extraordinaria Never rarely sometimes always de Eliza Hittman (Beach Rats, 2017; It Felt Like Love, 2013), sobre todo en la mirada detallista de ambas directoras, aunque con su lenguaje cinematográfico bastante distintivo entre ambas, así como el contexto histórico/social de las mujeres principales en la historia.

En la Francia de 1963, Anne, una estudiante destacada de letras de 23 años, ve su vida truncada cuando se da cuenta que está embarazada de una relación pasajera que tuvo con un joven que conoció y con el que tuvo encuentros amorosos en un hotel. A partir de este momento Anne agota todas las opciones y alternativas que tiene por investigar quien puede detener su embarazo, algo que le resulta realmente difícil pues en ese tiempo el sólo hablar de este tema podía llevarte a la cárcel, pero aún así Anne sigue con su objetivo, pues no desea traer al mundo un bebé al que quizá pueda odiar. Y es a partir de ahí que vemos a Anne hacer todo lo que está en sus manos para poder abortar, incluso atentar contra su propio cuerpo, y más adelante contra su propia vida, pero es un continuo echarse el mundo encima, un mundo que no la delata, pero tampoco la apoya, porque en el fondo muchos de ellos entienden su dilema.

Si bien en Never rarely sometimes always todo es más sugestivo, en la película de Audrey es más directo, más cercana la impresión de todo lo que pasa Anne, que es maravillosamente interpretada por Anamaria Vartolomei, que logra transmitir todo el calvario de esas semanas de incertidumbre, la desesperación, la angustia y agonía. Y lo brillante en la narrativa impuesta por Audrey, que es meticulosa, mesurada y muy sencilla, es que el tema está desde los primeros cinco minutos de la película, pero ver el proceso de Anne, sus dificultades y como va sorteando todo, es lo que da el ritmo y la fuerza a la historia, no el desenlace en si, que también es reivindicador en muchos sentidos.

Como lo dije al principio, con una historia bien contada, contextualizada en su tiempo, y con un trabajo de arte muy correcto, esta película sencilla, con un tema por demás importante, logra una de las mejores películas del 2021, y una de mis favoritas vistas este año, con la mirada y la voz de una directora que, además siendo periodista, sin duda que se documentó para dar aún más veracidad a su ficción que muchas mujeres vivieron en esa época, y que no estuvieron para contarlo.


Nope: los malos milagros.




Entre los años 2015 y 2018, cuatro directores entregaron sus óperas primas en el cine norteamericano, que desde el momento en que se revelaron las primeras críticas, más del 80% de estas vaticinaban el surgimiento de nuevos directores que vendrían a poner el cine de horror/terror en una nueva era en la que se apremiaba a historias bien contadas y desarrolladas, y a sus directores como parte de una nueva generación de realizadores creativos y vanguardistas.

The witch de Robert Eggers, Ex Machina de Alex Garland, Heredity de Ari Aster, y Get Out de Jordan Peele; y los cuatro directores con su segunda película confirmaron lo que se pronosticaba desde sus óperas primas, historias bien desarrolladas, todos siguiendo de alguna forma el género del horror/terror, pero explorando otros temas y corrientes que responden más a los temas que les preocupan y que les gustan, así como su sello visual y creativo muy distintivo, y al día de hoy ya casi todos con su tercera película (sólo Ari Aster sigue en producción de esta), desde mi punto de vista, dos siguen confirmando que ya no son una promesa, sino que son la voz cantante de este nuevo cine, si bien hollywoodense al fin y al cabo, si están al al margen de lo que la big industry sigue vendiendo en sus blockbusters de verano, los dos que para mí aún tienen esa valía intacta son Alex Garland y Jordan Peele, que es de quien escribiremos, así como de esta tercera entrega.

(No incluyo a Robert Eggers porque, a pesar de que sus dos películas predecesoras son portentosas, para mí su Hombre del norte deja mucho que deber, ya que es una película de épica bastante predecible, y que sólo tiene dos o tres momentos realmente brillantes en todos los sentidos, pero de eso a más, creo que no está a la altura de los otros dos)


Y empiezo diciendo que para mí esta película de Peele es su tercera entrega, no sólo porque sea su tercer largometraje como director, sino que es para mí la tercera parte de una trilogía bien definida de sus película que sin duda alguna tienen un lazo en común a la que yo he bautizado como la trilogía de los vicios norteamericanos, en las que se exponen temas muy diversos, pero todos en realidad conectados por el fuerte problema de racismo que hasta el día de hoy sigue azotando la vida norteamericana. Y en esta película no es la excepción, pero como suele suceder en el cine de Peele, aunque las condiciones de desarrollo y supervivencia para este grupo de personas venidas a hacer menos es complicado y severo, siempre logran de alguna forma el final feliz gracias a la hermandad entre ellos, y en Nope no se vuelve a mostrar.

Hay muchas líneas de interpretación y de lectura para esta película, y giran muchos temas y contextos alrededor de ella que trataré de apremiar en palabras muy breves y concisas. El primer tema traído a la mesa es el de la escena inicial, con el programa de Gordy, en el que se suscita un "evento desafortunado" en el que el chimpancé del programa se vuelve loco y ataca a todos los miembros de elenco, excepto a un chico asiático que se esconde. Si bien el evento se toma como un "acontecimiento paranormal", que es congruente con el contexto de la película, el subtexto de esta apertura no es más que la de un grupo segregado y discriminado, que llega a un límite y atenta contra quien lo tiene sometido en contra de su voluntad; y esto es un guiño más que claro a El planeta de los simios, o incluso a Joker. El hecho de que no ataque al niño asiático es también de alguna manera la confirmación de esta idea, ya que sólo ataca a los blancos opresores, no al niño que también es visto como carne fresca que le gusta a la audiencia, y no más, que luego este chico tiene un subtexto completamente diferente seguida la trama, ya como una persona que adapta y acepta la forma de vida norteamericana, sintiéndose un "elegido".

Se expone también el culto por las imágenes perfectas, que se manifiesta cuando quieren capturar la imagen de esta "presencia paranormal" y en la que se expone que las imágenes imperfectas pueden ser catalogadas como "falsas", pero cuando se dan cuenta que la tecnología puede llegar a ser obsoleta en ese sentido, se cae en la experiencia de este camarógrafo con su equipo que podría atravesar una guerra y salir ilesa, pero en este personaje también cae de alguna manera la voz de la experiencia con su desafortunado desenlace y sus últimas palabras, que también podrían interpretarse de dos formas, este "no estamos preparados para esto" bien podría ser el negarnos conocer los misterios más ocultos de nuestro universo, o también el auto sacrificio para conocer aún más las entrañas de lo sobrenatural, sabiendo o creyendo que es en los equipos obsoletos que sólo necesitan mecánica y luz para funcionar, que se pueden desmitificar verdades que "otros" se empeñan en ocultarnos, aún cuando sea con imágenes imperfectas que no son controladas por un ordenador y el Internet.

La película conforma aún más el amor que Peele se empeña en mostrar entre las comunidades minimizadas, reprimidas o menospreciadas por el sistema social, político y judicial de los Estados Unidos (incluso por el sistema cultural, y para muestra, el hecho muy poco mencionado sobre Eadweard Muybridge), y como la hermandad entre ellos es el que los hace seguir adelante, con vida, sin bajar los brazos, con sus complejidades y su riqueza cultural, que va mucho más allá del gusto por la música rap y vestir jerseys de la NBA, incluso se ve con el personaje de Angel.

La película en cuestiones técnicas es un portento, una fotografía más que sublime del extraordinario y muy experimentado Hoyte Van Hoytema, que da la atmósfera que Peele quería para el argumento, los espacios abiertos son espectaculares, y los cerrados son apabullantes, la escena de los monos inflables marcando la pista, es una clase magistral sobre desplazamiento de cámara, no como la cosa horrenda hecha en The gray man. El cast es de una altura impresionante, y por supuesto hay que poner sobre todos ellos al extraordinario Daniel Kaluuya, que hay que decirlo logra hacer un personaje muy distinto al hecho en Get Out, y me parece esta actuación no se debe olvidar en mucho tiempo, aunque no vaya a figurar en ninguna premiación en este departamento.

Quizá como dato final me parece es pertinente hablar de esta "presencia paranormal", y como se asocia su comportamiento con el de un ser vivo, más en concreto, con el de los animales, ahora la pregunta sería: ¿esta es la actitud de un animal marcando su territorio, o de un animal defendiéndose luego de tanto ataque, acoso y acecho de los humanos que lo ven como un espectáculo?. Ahora reformulo la pregunta: ¿Esta es la actitud de un animal, o la actitud de un ser más evolucionado que se da cuenta que todo está mal?


miércoles, 31 de agosto de 2022

Breve comentario sobre "Crimes of the future"

 


Hay una clara diferencia que no puede engañar al público que conoce la obra de ciertos directores, cuando realizan una película por encargo, una película con un guion bien trabajado (cuando hablamos de directores que no escriben sus películas), y las obras que estos directores realizan por amor al cine, o del género que los hizo querer ser directores de cine. Los ejemplos más recientes, curiosamente se han manifestado en directores longevos y consagrados, como Vorhoeven con Benedetta, Ridley Scott con Alien Covenant, y ahora el rey del horror corporal; David Cronenberg con Crimes of the future.

La simple línea argumental en la que muchos resumirían la película sería que es una película sobre las mutaciones y mutilaciones que se realizan las personas en el futuro, y como estas las hacen experimentar tal placer (y dolor) que es lo que sustituye al sexo. Pero la película profundiza en temas aún más complejos y relevantes que van más por eso que todos los realizadores expresan en sus obras cumbres, y es sobre la forma en que ellos no sólo realizan, sino cómo perciben el arte en su máxima y más clara esencia.

La subversión en que impregna el horror atmosférico más que un horror orquestal (el ejemplo más claro de este horror es a mi parecer Nosferatu) disfraza de alguna manera la clara intención de Cronenberg por hacer un discurso que entrelaza un juego que mezcla humor negro y no deja de jactar los vicios del arte moderno (o mal llamado "arte abstracto") como de la crítica, como de los imitadores (o plagiadores), como de los gobiernos mediadores; y cómo estos se manifiestan en ciertos personajes, que se disfrazan de "buenos".

Hay un discurso también que elabora de manera más que brillante Cronenberg sobre la forma natural en que el ser humano se adapta a su entorno cuando se son relegados o diferenciados sólo por las prácticas que no encajan en la norma, o que no encajan en las conductas que el orden mundial establece como "normales" para el control de las masas, y como los subversivos (en este caso, los come plásticos que en muchos sentidos podrían ser la figura del artista perseguido en tiempos modernos por gobiernos autoritarios) son los parásitos, cuando el ser humano por naturaleza es evolutivo y cambiante, en consecuencia de sus propios actos, o los actos de los poderosos (un claro ejemplo: Hiroshima, 1945).

Prácticas de arte y experimentación que, sin ser socialmente aceptadas, no implican un riesgo para quienes mueven los hilos mundiales, como en la obra de Cronenberg podrían ser los artistas del cuerpo, pero los come plástico, que en realidad jamás quisieron hacer daño a nadie más que se les dejara vivir con su condición de vida diferente, son perseguidos y aniquilados. Los libres se someten a formas de placer para disfrazar el dolor, y la última escena, además de ser un homenaje hermoso a la obra cumbre de Carl Theodor Dreyer, es la expresión máxima de satisfacción ante el hambre que provoca la falta de libertad y romper las cadenas que nos someten a placeres falsos que no son más que placebos, como tantos ejemplos podemos dar de los tiempos que nos acontecen.


miércoles, 6 de julio de 2022

Nuestras madres.





Hace unos meses, cuando escribí sobre Nudo mixteco, tocaba el tema de cómo a los festivales europeos les encanta tener y premiar a películas latinoamericanas que tocan temas densos y que ellos pueden disfrutar cómodamente desde su butaca y su visión primermundista, y cómo muchas veces esas películas retratan precisamente estas historias de manera sensacionalista o sólo con el simple objetivo de poder ganar premios en los festivales por los que pasan, como es el caso de Nuevo orden o Chicuarotes.

Afortunadamente también dentro de ese cine que llega a Europa con esta bandera, hay películas realmente destacadas que retratan esas historias de pueblos originarios que duelen y que se muestran con fidelidad, tal es el caso de la ya mencionada Nudo mixteco, y también de la película de la que escribo a continuación: Nuestras madres de Cesar Díaz, película ganadora de la Caméra d'or en el Festival de Cannes en el 2019 (y que curiosamente este año lo ganó la película Way Pony de Riley Keough y Gina Gammell, sobre un par de jóvenes de una reserva de indios nativos en Estados Unidos)


La película expone como, a la par de que se llevan juicios políticos en contra de militares que asesinaron a muchísimas personas durante la guerra civil en Guatemala, los forenses investigan, descubren y desentierran fosas clandestinas a lo largo del país. Uno de ellos, Ernesto, se encuentra con el testimonio de una mujer que le da la ubicación de donde los militares llegan a su pueblo tras los guerrilleros que ya se habían ido, y matan a bebés, niños y hombres, entre ellos su marido. Es después de que la señora le enseña una foto donde aparece su marido con los guerrilleros, que Ernesto se toma personal el caso, pues uno de los guerrilleros que aparecen en la foto es su padre, desaparecido como miles de personas más en ese espeluznante episodio de la historia guatemalteca. Entonces es a partir de ahí que Ernesto va descubriendo cosas, y en este viaje emocional su madre con él, revelándosele cosas que, como en su momento le diría su madre, no le contaría ni aunque estuviera bajo tortura, pero que al final de cuentas lo hace, por justicia propia y por justicia para los demás.


Lo primero que poderosamente me llama la atención de la película de Cesar Díaz es el control que tiene de la tensión y la trama a través de la estética que propone. Es una película que estéticamente es fuerte y directa en los momentos más duros, hay una propuesta estética que hace que uno vea de cerca la situación, a los personajes y las reacciones que ellos tienen ante los testimonios que dan y los testimonios que escuchan, y eso se siente cuando uno ve la película en una sala de cine, pues es en estos momentos en los que no se escucha ni siquiera a una persona en la sala comer sus palomitas de maíz. Jamás se podría decir que es una película que se ve "bonita", porque lo que cuenta no es para nada bonito, es una película que se muestra de manera correcta, y cuya propuesta visual ayuda al móvil de lo que la historia requiere, siempre con un respeto y un cuidado que impresionan y uno agradece. Por momentos hace recordar al cine de Dumont y de Ozon, y quizá de ahí venga el apoyo y el cariño de Francia hacia esta película.

Las actuaciones de Armando Espitia (quien está hecho un actorazo) y Emma Dib son realmente extraordinarias, ambos encarnan a la perfección la lucha interna que sufren sus personajes. Por una parte Armando en Ernesto refleja esa intensidad de la búsqueda de la figura paterna que jamás conoció, y que la sabe arrebatada por un Estado que ya no existe, pero que no deja de tener manchas en la política actual, como esas trabas que tiene que pasar para desenterrar a los muertos de esa comunidad y dar con el paradero de su padre, porque la burocracia siempre está rindiendo cuentas a alguien. Vemos el duelo por el que atraviesa cada vez que se siente impotente y lejos de su objetivo, a demás de la lucha con su madre que no quiere destapar la cloaca del pasado que vivió al no querer testificar en el juicio que hace el pueblo contra las figuras de sus pesadillas y que busca justicia y no perdonar ni olvidar. En el caso de Emma con Cristina, es muy similar la lucha a la de Ernesto, pero siempre desde la calma y la mesura, por el miedo que le provoca el exponer hasta a su hijo por las represalias del pasado. La vemos siempre dar vueltas a temas delicados con Ernesto, no querer acompañarlo en la búsqueda, siempre deslindarse y siendo distante, pero la transformación de ocultamiento a aceptación en ella es triste pero liberador en ese culminante testimonio fulminante, liberador hasta en nosotros los espectadores, como las escenas en las que Ernesto descubre la verdad sobre su padre.

La película recuerda a obras como El silencio de los otros, Flor de otomí e Incendies por la temática que aborda, pero la forma en que lo hace Cesar, me parece nos pone ante un realizador latinoamericano que dará muchas historias con fondo y forma que enriquecerán aún más nuestra filmografía como pueblos con historias potentes por sacar a la luz.