sábado, 30 de julio de 2016

La Chica del Muelle 11va parte



Caminar por estos lugares tan apartados de tu rutina y tu vida diaria, la vida real que tienes en algún otro lugar y esta sigue aunque tú no estés, sigue y cambia aunque tu muchas veces no cambies tanto en el transcurso de una semana o diez años, o quizá cambies más, te hace pensar en lo que es valioso de la vida, de tu vida, el sitio en el que estas, te hace cuestionar si realmente vives la vida que siempre quisiste o solo vives la vida que te permitieron vivir ya sea las creencias que te inculcaron de pequeño, incluso los errores que te marcaron o los golpes psicológicos que pudiste haber adquirido de tus padres a temprana edad con todas esas quejas del uno al otro por la educación que te estaban dando o las peleas entre ellos, es difícil ignorar todas estas cosas cuando no tienes más que caminar, respirar y contemplar el atardecer solo en un lugar tan bello como este, quizá no me quede con Nahomi por eso cuando pude, quizá porque tenía miedo de tener lo que mis padres tuvieron cuando era pequeño, ahora están bien y los amo, y aunque no los culpo del todo porque al final uno escoge que es lo que le hace daño o no, al final de cuentas uno hace su propia vida a pesar de todo y es tonto culpar a algo o a alguien más como dijo aquel famoso poeta chileno, si tuvieron cierta influencia en mi persona de no querer estar con nadie por miedo a lastimarlo o jugar con él, para eso tengo a mi imaginación, y creo que soy bastante bueno, si tan solo pudiera conocer a alguien más aunque creo que eso es imposible, si tan sólo pudiera, si tan sólo pudiera.









viernes, 29 de julio de 2016

Carta de Julio Cortázar a Mario Vargas Llosa.




Ginebra, 18 de agosto de 1965

Querido Mario:

A esta máquina le faltan todos los acentos; los iré poniendo a mano cuando relea esta carta, pero perdonarás que se me salten algunos. Por paquete certificado te devuelvo la novela, y espero que recibas las dos cosas sin demora. He dejado pasar una semana después de la lectura de tu libro, porque no quería escribirte bajo el arrebato de entusiasmo que me provocó La casa verde. Y sin embargo, ahora que voy a decirte algunas cosas sin pensarlas demasiado, dejando que la máquina vuele casi a su gusto, siento que el entusiasmo no solamente no ha disminuido sino que se ha afirmado, se ha vuelto ya eso que todo novelista quiere para su obra: recuerdo, memoria segura y firme. Quisiera decirte, ante todo, que una de las horas más gratas que me reserva el futuro será la relectura de tu libro cuando esté impreso, cuando no haya que luchar con esa “a” partida en dos que tiene tu condenada máquina (tírala a la calle desde el piso 14, hará un ruido extraordinario, y Patricia se divertirá mucho, y a la mañana siguiente encontrarás todos los pedacitos en la calle y será estupendo, sin contar la estupefacción de los vecinos, puesto que en Francia las-máquinas-de-escribir-no-se-tiran-por-la-ventana).
Sí, leer tu libro impreso va a ser una gran maravilla, porque volveré a vivir el largo viaje de Fushía y Aquilino, que me parece la viga maestra del edificio, o mejor, el hilo conductor de todo el tapiz, como en los diagramas geográficos la línea del nivel del mar parece regir todas las curvas ascendentes y descendentes, las montañas y las fosas submarinas. Y volveré a encontrarme con Bonifacia y con Lituma, con Nieves y con Lalita, para mí los personajes más vivos y logrados de la novela después de Fushía, o junto con él. Fíjate que así, soltándote unas primeras impresiones casi pasionales, te estoy dando ya una opinión sobre el libro; pero me parece necesario decirte, antes de seguir, alguna cosa sobre la totalidad del libro. Bueno, Mario Vargas Llosa. Ahora te voy a decir toda la verdad: empecé a leer tu novela muerto de miedo. Porque tanto había admirado La ciudad y los perros (que secretamente sigue siendo para mí Los impostores), que tenía un casi inconfesado temor de que tu segunda novela me pareciera inferior, y que llegara la hora de tener que decírtelo (pues te lo hubiera dicho, creo que nos conocemos). A las diez páginas encendí un cigarrillo, me recosté a gusto en el sillón, y todo el miedo se me fue de golpe, y lo reemplazó de nuevo esa misma sensación de maravilla que me había causado mi primer encuentro con Alberto, con el Jaguar, con Gamboa. A la altura de los primeros diálogos de Bonifacia con las monjitas ya estaba yo totalmente dominado por tu enorme capacidad narrativa, por eso que tenés y que te hace diferente y mejor que todos los otros novelistas latinoamericanos vivientes; por esa fuerza y ese lujo novelesco y ese dominio de la materia que inmediatamente pone a cualquier lector sensible en un estado muy próximo a la hipnosis (y eso no significa pérdida de lucidez, sino paso a otra forma de lucidez, que es el milagro de toda gran novela, de un Lowry o un Joyce Cary o un Dostoievski, y no te pongas colorado, peruanito, que yo no elogio así nomás a nadie, aunque sea un amigo muy querido).
A todo esto Aurora se había apoderado del primer cuadernillo, y me seguía de cerca, de modo que terminamos casi al mismo tiempo el libro y pudimos hablar mucho y criticar todo lo que encontrábamos criticable, y controlarnos mutuamente para evitar las ingenuidades o los entusiasmos excesivos o momentáneos. Para mí fue una gran alegría que mi mujer sintiera exactamente lo mismo que yo, porque es una crítica severa y tiene sobre mí la ventaja de que es más desapasionada y toma sus distancias y juzga objetivamente. Cuando sentí que ella reaccionaba igual que yo, las pocas dudas que pudieran haberme quedado sobre mi primera impresión se disiparon totalmente. Hoy, a muchos días ya de la lectura, seguimos hablando con el mismo tono del primer día. Has escrito una gran novela, un libro extraordinariamente difícil y arriesgado, y has salido adelante por todo lo alto, como diría alguno de nuestros compañeros españoles. Me río perversamente al pensar en nuestras discusiones sobre Alejo Carpentier, a quien defiendes con tanto encarnizamiento. Pero hombre, cuando salga tu libro, El siglo de las luces quedará automáticamente situado en eso que yo te dije para tu escándalo, en el rincón de los trastos anacrónicos, de los brillantes ejercicios de estilo. Vos sos América, la tuya es la verdadera luz americana, su verdadero drama, y también su esperanza en la medida en que es capaz de haberte hecho lo que sos.
Quizá te moleste este tono un poco exaltado. De acuerdo, bajaré el registro y te hablaré profesionalmente, sin olvidar las críticas que se me ocurren y sobre las que volveremos a hablar cuando nos veamos. Pero como también me ocurre que la novela me interesa profesionalmente, hay algo que tengo que decirte de entrada y sin el menor regateo: en el plano técnico, La casa verde es maravillosa. Yo no sé si alguien ha empleado ya el recurso que utilizas de los flashbacks incorporados a la acción en presente; no recuerdo ningún ejemplo, y pienso que lo has inventado. Cuando lo advertí por primera vez (Fushía y Aquilino hablan en la barca, Aquilino quiere saber cómo se evadió Fushía de la cárcel, y ahí nomás sigue un diálogo entre Fushía y sus compañeros de evasión, para volver después a renglón seguido al diálogo en presente, y otra vez atrás) sentí una impresión casi vertiginosa. Comprendí que conseguías un téléscopage del tiempo y el espacio, que le ahorrabas al lector un montón de ideas y situaciones intermedias, que tocabas lo esencial de lo narrativo, esa elección de lo realmente significativo y necesario, que a su manera todo gran novelista logra. A ese primer acierto técnico, que me sigue pareciendo cada vez más extraordinario, se suman muchos otros análogos; la irritante, a veces exasperante ambigüedad de los planos del tiempo, que exige del lector una atención vigilante, los episodios que coexisten en un solo momento del relato por el hecho de que hay una relación analógica entre ellos y es natural que los acerques (es natural, pero había que hacerlo, y es difícil, como en el relato paralelo de la muerte de Toñita y del aborto de Bonifacia). Es curioso, pero cuando iba llegando al final del libro, antes del epílogo, tuve una sensación que pocas veces he tenido al leer novelas; la de que había como una complejísima estructura musical, en el sentido en que un poema sinfónico supone temas entretejidos de una manera que el oído, que los percibe consecutivamente, puede sin embargo lograr gracias a la distribución, a los timbres, a los desarrollos y los leit-motivs, algo como una estructura simultánea, un enorme pedazo de música petrificada en la que todo lo que fluía se organiza en un inmenso tapiz suspendido delante de los ojos –del oído, si quieres– como una vivencia total y simultánea. No sé explicarme mejor, pero pienso que mientras hilvanabas los temas, los subtemas, las infinitas recurrencias y resonancias de la novela, entraste sabiéndolo o no en una dimensión musical. No lo entiendas a la manera de una influencia, por supuesto (creo que no eres demasiado melómano), sino de una analogía “estructural”. Yo, que soy melómano incurable, no encuentro otra manera de decirte hasta qué punto la trama de tu libro me parece una especie de potenciación, de proyección hacia ese plano de la arquitectura sonora, sin la cual ninguna obra humana (plástica, literaria o poética) puede superar sus limitaciones. En todo caso, desde el punto de vista de la armazón narrativa, tu libro es uno de los más complejos y más incitantes que he leído en muchos años.
Te prometí las críticas, y paso a ellas para no seguir elogiando de una manera que pueda parecerte indiscriminada. La primera observación viene de Aurora, y yo la comparto. No nos gusta el título del libro. Es pintoresco, y muy por debajo de todo lo que ocurre. Ya sé que un título es cosa difícil, pero trata de imaginar otro. Me gustaría sugerirte alguno, pero no se me ocurre nada. Y ahora, pasando a los personajes, quizá te sorprenda que, para mí, Anselmo no está logrado. Digo que quizá te sorprenda porque en algún sentido debe ser para vos el eje mismo del libro, sin contar que el epílogo está centrado en torno a él. Pues bien, no he logrado “vivir” a Anselmo. Así como Lituma chorrea vida, y Bonifacia, y Fushía, y los inconquistables en pleno, y Lalita, me ocurre que a Anselmo lo veo… literariamente. No entiendo demasiado su llegada, la fundación del prostíbulo, su decadencia, me fastidia un poco cuando está viejo y trabaja para su hija, no llega a emocionarme su amor por la ciega ni su muerte. Me pregunto por qué, y quizá cuando vuelva a leer el libro lo descubra.
En líneas generales siento como si la segunda parte de la novela estuviera algo por debajo de la primera, pero es que hay una tal variedad y una tal fuerza en todo lo que ocurre al principio y hasta la mitad, que uno queda un poco como un perro apaleado y puede ser que entonces influya alguna fatiga hasta física. No te preocupes por esta observación, que puede ser demasiado subjetiva. Pienso también (hice una nota para indicarte el lugar exacto, pero la he perdido) que algunas referencias “explicativas” están completamente de más, a menos que sean irónicas y se me haya escapado la intención. Me refiero a una parte donde das algunos datos geográficos sobre el Marañón (u otro río, pero creo que es el Marañón), y lo haces en uno o dos párrafos que parecen intercalados didácticamente, y que me molestan por eso. Precisamente lo estupendo del libro (ayer se lo decía a Deustua) es que la descripción de la naturaleza, que es fundamental en la novela, está de tal manera fusionada con la acción, que jamás se da uno cuenta de que tú le estás mostrando al lector cómo es un claro del bosque, una curva del río, una calle de la ciudad. Hay una sola atmósfera en que todo ocurre simultáneamente, escenarios y acciones, y eso es de lo más difícil y te lo digo por amarga experiencia personal. El clima general del libro (sequedad y arena y viento, o calor húmedo y alimañas y pantanos) surge con una fuerza tremenda, y alguna vez que me he detenido a analizar un par de páginas para ver cuál era la acumulación de detalles que provocaba esa fuerza, he visto lo que te digo más arriba, es decir, que te basta contar a tu manera para que todo se dé en una misma instancia narrativa, sin esa separación escolar entre “descripción” y “acción” que es propia del novelista común.
Hablando de descripción, se me ocurre que así como en la edición de La ciudad y los perros Seix Barral incluyó la foto del Leoncito Prado, estaría muy bien que en La casa verde hubiera un mapa. Los no peruanos tendríamos un gran placer en ubicar mejor el escenario general del libro, y creo –es una idea de Aurora, que como ves colabora bastante en esta carta– que si la cubierta del libro fuera un gran mapa de toda la Amazonía (abarcando el lomo y la contratapa), en esa forma se eliminaría lo que tiene de pedante o “científico” un mapa en el interior del libro, y a la vez el lector se daría el gusto de situar a Iquitos o de imaginar la barca de Aquilino en algún tramo del río. A esto te agrego que un pequeño glosario no sería inútil; las diversas tribus indígenas, y unas cincuenta palabras-clave del libro, merecerían una explicación. Uno las va comprendiendo por el contexto, pero comprenderás que los no peruanos estamos a veces un poco perdidos. Silabario puta, soldado carajo, che. Chuncha de la madre, calato, gamitana o zúngaro, silabario jodido, che Mario.
Última cosa: Creo que nunca le das su verdadero nombre al Pesado, pero al final, cuando se ha casado con Lalita, le das su apellido y el lector se queda desconcertado hasta que lo reconoce. O le suprimís el apellido (creo que sería lo mejor, porque uno ya es amigo del Pesado, y no tiene otro nombre que ése) o se lo das un par de veces al comienzo para que no sorprenda al final.
Bueno, yo creo que por esta vez ya está bien. Espero no haberte aburrido demasiado, pero cuando nos encontremos (alguien susurra que venís a Ginebra en estos días, y sería estupendo, porque nosotros estaremos hasta el 27 y podríamos quizá encontrarnos todavía) volveremos a hablar mucho de tu libro. Te agradezco que me lo hayas confiado así, en manuscrito; me permití prestárselo a Raúl, que lo había leído sólo en parte y quería terminarlo. Otros me lo pidieron (Girbau, por ejemplo), pero me negué, porque no me sentía autorizado a hacerlo.
Perdóname la improvisación de esta carta, dale un beso a Patricia de parte de Aurora y de mí, y un gran abrazo de este hermano tuyo que se siente tan feliz de haberte escrito esta carta,
Julio

[P. S.] Oleriny me manda una postal, y dice que no le has mandado el libro. Me pide que “pierda dos palabras en su favor”. En checo, supongo que quiere decir que te recuerde que le gustaría recibir la novela. No tengo aquí la dirección de Chermak en Praga. ¿Podrías hacerle llegar las líneas que te envío adjuntas? Muchísimas gracias.




miércoles, 27 de julio de 2016

Mis Diez Discos.


Como ustedes sabrán, cuando hago un listado como tal a la hora de enlistar no lo hago precisamente de una manera muy elocuaz, o como decirlo mejor; de una manera racional, por lo general siempre logra ganarme esa parte emocional y que me hace recordar muchas de las cosas que he vivido y hacen especial las cosas que precisamente se enlistan aquí. Pues bueno habiendo explicado esto les comento que los diez discos de música enlistados aquí probablemente para ustedes no serán los mejores ni mucho menos tendrán gran trascendencia, pero para mí son discos que en verdad me llevan a personas, situaciones, lugares, entrañas que ninguna otra música puede hacer, y que no se me tache sólo de vividor de recuerdos o como dirían por ahí de sentimentalista, lo que sea de cada quien estos discos también tienen una gran calidad en cuanto a lo musical y lo lírico se refiere. Así que sin más les comparto la lista de los diez discos que más vivo me hacen sentir. Y esta vez se los compartiré sin mucha introducción.


1.- Extrañando Casa - División Minúscula.
Que les digo señores, creo que el puro nombre lo dice todo. Es mi disco favorito, para mi es el mejor disco del mundo; dense una oportunidad y escúchenlo, terminaran amándolo como yo.
Canción Favorita. Pude haber escogido sinceramente cualquiera como por ejemplo Betty Boop, o Cursi (si quisiera acordarme de aquella chica en específico) o televidente; pero sin duda mi canción favorita de este disco es Hombre Nuevo.




2.- American Idiot - Green Day.
Que les digo, mi banda favorita no podía faltar acá con el que sin duda es su mejor disco. (Bueno, la verdad compite muy de cerca con el siguiente enlistado de esta banda.
Canción Favorita. Acá si me ganó por mucho el corazón y los recuerdos. Whatsername. Que en mi caso si tiene un nombre, pero rostro ya no.




3.- Take Of The Pants And Jacket - Blink 182
Canciones con la que cualquier chico se podría formar felizmente durante su adolescencia y su juventud. Neta banda, que hermosa juventud tuve.
Canción Favorita. Sin duda la mejor canción de este disco es Stay Together For The Kids. Una canción tan profunda como poderosa.




4.- Warning - Green Day.
Incluso hoy día a pesar que tengo desde la década pasada que empecé a escucharlo, si tengo un día muy malo, fatal, pésimo, no hay nada como este disco para quitarme el mal humor, es como mi Principito musicalmente hablando. Pero con algo más de anarquía :) (Quizá fue una mala idea la comparación entre este disco y el mejor libro del mundo)
Canción Favorita.



5.- Enema Of The State - Blink 182
Sólo de amigos y diversión estúpida que se tiene a los diez y tantos sólo puedo recordar.
Canción Favorita. What´s My Age Again.



6.- Defecto Perfecto - División Minúscula.
Melodioso y poderoso, pero más lírico que otra cosa (y lírico en el mejor sentido de la palabra) esta banda y chicos de Matamoros Tamaulipas me han regalado desde los martes más fríos de diciembre, hasta los paseos por las luces de la ciudad de noche.
Canción Favorita - La decisión es difícil particularmente en este disco, porque todas las canciones significan algo en mi vida, todas sin excepción alguna, pero creo que Me Tomé Una Pastilla si es la que más me duele y me hace "vivir".



7.- Efecto Dominó - Chetes.
Chetes que en sus inicios estuviera con Zurdok y Vaquero, saca su lado más armonioso en solitario, y aunque deja los amplificadores para tomar las riendas además de todos los instrumentos a la hora de grabar, la dirección del sintetizador, este disco es una joya.
Canción Favorita. También es difícil escoger una, pero Efecto Dominó tiene una grandísima letra.



8.- Plan Perfecto - Los Claxons.
Para bailar, para llorar, para recordar, para dedicar, este disco en mi vida a servido para todo. Acá todas las canciones son un 10.
Canción Favorita. Tu Sonrisa, por supuesto dedicada para su sonrisa. -La de ella diría Benedetti.



9.- Bajo El Control Del Radar. Thermo.
Un disco que también me hace recordar a muchos amigos y muchas noches en vela sentados en cualquier esquina con una fogata de chamarra, los chistes de bufanda, y los amigos de guantes. Mi canción favorita acá también fue difícil de escoger, pero me quedo con esta.



10.- Una Vida No Es Suficiente - Insite.
Este disco en particular duele, pero viví una de las experiencias más hermosas que he vivido en mi vida, amé y me amaron, que más se puede pedir en esta vida que el sentir, aunque duela, mientras sea real.
Canción Favorita, También me duele mucho, pero Siempre Me Dejas, siempre me hará temblar.




Bonus Track.

Acá les dejo dos discos que también amo, el primero es de una de las bandas que también más amo y creo que en varias ocasiones lo he dejado muy claro en el blog, Los Beatles con su Abbey Road, de donde se desprende una de las canciones más hermosas jamás escritas, Something, Una que para mí es imperdible cuando viajo en la carretera, I Want You, y la mejor canción quizá de todas y escrita por mi beatle favorito, George Harrison; Here Come´s The Sun. Acompañadas por canciones como Oh Darling, Come Together, etc, etc, etc.




Y el segundo si bien es de una banda que aunque no me disgusta, no es de mis favoritas, es The Dark Side Of The Moon, es un disco imposición por el buen amigo Pent, pero sin duda por el concepto que este disco tiene (y creo que es padre y pionero de los discos orquesta o discos historia o conexos) lo hacen un disco que disfruto en demasía poder escucharlo completo.