lunes, 30 de noviembre de 2015

Esnelia 4ta parte



-Léeme una de tus cartas.
-Está bien, esta es una que me gusta mucho. Dice:


Día 10.
Me acabo de despertar de un sueño en el que tú estabas, lo cual me hace pensar que has estado pensando en mi. (Si ya tienes un nuevo novio espero que te escriba cosas tan hermosas como estas, y si no; que pena me daría ser tu novio y que alegría me daría poder ser tu novio). Llevabas un hermoso vestdo blanco (jamás te llegué a ver en un hermoso vestido blanco pero seguro te verías igual de hermosa que en mis sueños, sabes el amor que llego a guardar y a atesorar en mis sueños, es otra vida para mi). Sé que dijimos que nos escribiríamos todos los días durante este año pero la verdad ya se me hace suficiente castigo no poder hablar contigo siquiera por teléfono para además escribirte cartas que se que no puedes leer, que no te puedo enviar, así que a partir de este día dejaré de escribirte diario, y espero que tú también hagas lo mismo y vivas tú vida mi vida. Son las tres de la mañana y espero dormir al menos seis horas más, y espero amor que tú hagas lo mismo. Te mando un beso hasta donde quiera que estes y por favor, descansa. Te amo, hasta mañana.


-Que te pareció.
-Me encantó.
-Léeme ahora una tuya.
-Está bien lo haré, pero antes dejame hacerte una pregunta.
-Si, dime.
-Recuerdas si pudiste dormir esa noche.
-La noche que escribí esto.
-Si.
-¿Qué si lo recuerdo? Como si hubiera sido antier.
-Será ayer.
-No, ayer no porque ayer en la noche hicimos el amor.
-Está bien, esta bien. Entonces, dime. ¿Pudiste dormir?
-En realidad no, hasta que empezó a verse algo de luz. ¿Por qué me lo preguntas?
-Porque yo recuerdo perfectamente la noche del décimo día. Ese día estuve a punto de tener sexo con alguien. Estaba en Nueva York y salí a ver una exposición en una galería de arte que se acababa de inaugurar una semana atrás y unas amigas me presentaron al expositor, era un hombre apuesto. Así que este nos invito a un centro nocturno y nosotras aceptamos. Era un lugar muy raro, digo; he estado en toda clase de lugares pero este desde que llegamos me dio mala espina. Era un lugar casi por completo a oscuras salvo por una luz roja que parpadeaba con el sonido de la música del DJ y el color de unas pastillas que estaban dando y los tragos en la barra, un lugar que tú odiarías sin lugar a dudas. Recuerdo que yo sólo tomé un trago y al instante este desordenó y alteró todos mis sentidos. Empecé a bailar con el tipo y entonces él me empezó a acariciar mientra yo lo tocaba y lo masturbaba, él me dijo que su departamento estaba algunos pisos arriba, yo le dije que me diera el piso en el que estaba su apartamento, él me lo dio y le dije que subiera y que me esperara con una botella de vino rosado en lo que yo me despedía de mis amigas. Así que él se fue y, la verdad es que yo estaba totalmente excitada, estaba convencida de irme a la cama con él, así que al dirigirme al lugar donde estaban mis amigas algo pasó.
-¿Qué? ¿Qué pasó?
-Te vi a ti.
-A mí. En la fiesta.
-No tonto, no precisamente ahí en la fiesta, es como si tu recuerdo hubiera salido de mi cabeza en ese preciso instante para salvarme de una nueva estupidez, y al acordarme de ti sabes que fue lo primero que hice.
-No lo sé. Me imagino que por lo que me estás contando seguro fue no subir a la habitación de ese tipo.
-Sí. Pero, antes, lo primero que hice en el instante que tú viniste a mi mente y no subir con ese tipo y salir de aquel horrendo lugar sin despedirme de mis amigas fue, mirar mi teléfono celular y ver la hora. ¿Sabes que hora era? Las cuatro de la madrugada. Lo que quiere decir que por la diferencia de horario contigo eran...
-Las tres.
-Así es.
-Así que tomé un taxi y empecé a andar por la ciudad, que por cierto me costó una fortuna por tu culpa -ella ríe-. No tenía sueño ni tenía un lugar a donde ir, bueno; en realidad si tenía un lugar a donde ir pero no era precisamente el lugar al que quería ir en ese momento, en ese momento, sólo diez días después de habernos despedido el único sitio al que quería ir, con la única persona que quería estar en ese momento era contigo. Le dije al taxista que diera vueltas por la ciudad, y yo creo el taxista se percató de inmediato que había tenido una mala noche y que lo último que quería era hablar sobre eso, así que muy amable sólo me sonrió y de vez en vez volteaba por su espejo retrovisor para cerciorarse de que estuviese bien y de que no me quedara dormida, se portó muy bien, y mientras pensaba en ti veía las luces de la ciudad y estas me iban hipnotizando, empecé a verlas y pensaba en ti, en lo mucho que te encantan esos paseos nocturnos cual sea el sitio en el que estés y lo mucho que te gusta platicar con esta clase de gente y conocer sus historias e interpretarlas como tuyas o de alguna manera crear una conexión con la tuya y la manera en que te emociona venir a contarme y. En esos momentos no hacía otra cosa que pensar en ti Juan. Y cuando se empezó a ver el cielo más azul y las luces ya no brillaban tanto fue que decidí ir a mi apartamento a dormir, apagué mi celular y me fui de Nueva York, y desde entonces no he vuelto. Pero antes de todo esto y dormirme te escribí esto.
Juan tomó la carta que Sofía sostenía en su mano que temblaba y le estiraba, la abrió y la leyó en voz alta. La carta decía:


Día 10.
Te amo.


-Ese fue el primer día que te empecé a escribir. Así que estarás contento con saber que yo tampoco te escribí todos los días, de hecho fue lo único que te escribí en todas mis cartas.
-En serio.
-Si.
-¿Cuántos días me escribiste?
-No lo sé, poco más de doscientos.
-En serio.
-Sí. ¿Tú cuántos?
-No fueron tantos, déjame ver. Poco más de cincuenta, supongo.
-Pero seguro escribiste miles de palabras más que yo.
-Pues sí pero, no dejo de estar desilusionado.
-¿De qué? ¿De haber escrito menos cartas que yo? Cuando vas a entender Juan que en esta relación la mujer soy yo, ¡eh! Es lógico que yo haya escrito más cartas que tú. Pero eso no te quita que tú seas el hombre más romántico del mundo y el hombre al que yo más amo.
-Pues probablemente sí, en eso tenas razón.
-Me lees la última carta que me escribiste.
-No, eso no es justo. Yo ya sé lo que dicen todas las tuyas.
-Por eso mismo quiero que me leas sólo la última, te prometo que hoy mismo leeré todas las demás yo sola. Además se lo que te fascina leerme mientras estoy sobre ti.
-En eso tienes toda la razón. Bueno, está bien señorita. Veamos, esta comienza así.
-Espera, espera.
-¿Qué?
-Nada más dime una cosa, ¿hace cuánto la escribiste?
-Fue hace exactamente 32 días.

-Está bien. Te escucho....






domingo, 29 de noviembre de 2015

Antecedentes


Querida Sofía:

Estos últimos días sin ti han sido muy raros, siento como si más que estar despierto, estuviera dormido. Las noches se han convertido en días, los días se han convertido en noches; durante el día no hago nada, no salgo, no como; y en las noches no puedo dormir, no quiero dormir, sólo te escribo. No pienso decirte que día es hoy, no necesitas saberlo; lo único que -yo- sé que te importa es que no dejo de pensar en ti.
Durante el día las nubes son negras y el sol se apaga y todo oscurece, y en las noches las -son- nuben blancas y la luna resplandece. Ha estado lloviendo, pero mas que lluvia parece que neva, frío no hace pero sabes que me encanta usar chamarras, las torres no dejan de ser torres; frías, metálicas, y las luces rojas no dejan de hacerme guiños, quizá te los hacen a ti, quizá ellas también te buscan, te buscan a ti en esta ventana, me acuerdo como te gustaba respirar el aire que llegaba hasta este balcón que desde que no estás es inútil. A veces las nubes son de todos colores, a veces también son transparentes. La vida parece un sueño mientras que dormido pareciera que es cuando más vivo, y si me siento más vivo es porque tú -si- estás allí.
P.d. Ya no sé si llamarte Sofía o Esnelia, quizá deba de rebautizarte. Quizá deba llamarte por tu nombre. Diez.

Destrúyase después de leerse.


"Dear and lover my"
Perdón por este silencio tan largo, pero como no puedes darte siquiera una idea de cuanto te extraño, el escribirte para mi es como atizar la llama de un fuego que el agua y el viento se empeñan y seguro lograrán apagar.
Igual así me arriesgue a escribirte a pesar del dolor que me provoca esto, escribirte y pensarte; pero es uno de esos dolores que son placenteros en el recuerdo y nececarios para el alma, porque siento que este sueño no podía terminar con un silencio, fue un sueño tan hermoso que se merecía una despedida.
Para serte sincero a mi me hubiera encantado despedirme de ti haciéndote el amor en la cama. Haciéndole el amor a tu oreja, a tu ombligo, a tus pies, a tus piernas, a tus senos, a tu espalda, a tus labios, a tus manos, a tus hombros. A tus oidos, a tus entrañas, a tu caminar, a tus shorts cortos, a tu corazón, a tu parado, a tu boca, a tu tocar, a los tirantes de tu ropa interior, a esos no; a esos se los he hecho infinidad de veces, creo que a tus ojos y tu mirada se lo sigo haciendo aun sin darte cuenta. O quizá si, espero que no.
Me hubiera encantado hacerte por última vez el amor y no tanto por mi tonta nesecidad de carne y mi maldita juventud, sino por regalarme a ti, por hacerte sentir en verdad lo que es que alguien te ame, hacerte sentir amada; hacerte sentir lo que jamás nadie te ha hecho sentir. (Con soberbia y orgullo te lo digo, jamás has sentido lo que yo pude haberte hecho sentir)
Te amo, no puedo decirte cuanto te amo pero ni siquiera yo lo sé, sólo te puedo decir que es esa clase de amor que siento, y pienso que nesecitaba, que me hacía falta sentir, quizá no tan fuerte como otros que he sentido en mi pasado, pero si quizá más necesario. No sabes como me arrepiento de no haberte desnudado aquel día que tuve la oportunidad, creo que mis palabras desaparecen cuando más las necesito, por eso ahora te las estoy escribiendo, pero como aquel día te lo dije, el tiempo vuela y quizá en algunos años nos conceda nuestro regalo deseado.



sábado, 28 de noviembre de 2015

El Principito en el cine.


Hace un par de semana llegó a México la más reciente adaptación cinematográfica que se ha hecho del clásico literario "El Principito" de Antoinede Saint-Exupéry, y aquí quisiera hacerles algunos detalles de la película que una vez más toca este libro que es muy bien sabido por los que leen habitualmente mi blog, es un libro al cual amo profundamente.
La primera parte de la película es encantadora, incluso enternecedora, como van mezclando la historia del principito con la vida y la realidad de esta pequeña niña que pareciera estar preparada para el mundo de los adultos. Las dos técnicas de animación son púlcras, pero no les voy a negar que la parte de la historia y la forma en que la plasman al principito y al aviador me encantó. La dirección de Osborne es exquisita con tomas no tan exploradas en las películas animadas al igual que la producción de su hermano. La música y la mezcla son perfectas. (No estoy seguro pero me parece que ahí hay mano de Hans Zimmer).
 Ahora la segunda parte en donde la niña hace este viaje metafórico para encontrar a un señor principe ya como parte del sistema donde lo tachan de fracasado por no encajar en ningun lugar, ver en un pequeño gran asteroide la realidad plasmada de la tierra y el mundo en el que vivimos, donde tratan de quitarnos todo lo que nos inspira para crearlo mercancia o algo útil para los negocios. Ver al adulado (tv basura y cómicos vendidos sin alma) y al rey servir al hombre de negocios que utiliza las estrellas para generar energia y luz artificial para que los demás "hombres" sigan siendo productivos (oprimidos). Me hace recordar un video-mensaje de José Mujica en el que nos advierte que el consumismo no nos quita dinero, lo que nos quita en realidad es el tiempo que invertimos en conseguir esr dinero, y el tiempo que perdemos en conseguir esr dinero es nuestra vida y nuestra libertad. Al final la niña y el principe escapan de ese asteroide y liberan a las estrellas. Llegan a B612 y al verlo desolado y encontrar a la rosa del principito este recuerda todo. Ahora, lo que no me gustó tanto de esta última parte es que no es tan necesaria como tal a la historia del principito, y aunque es mi opinión va muy bien con la película, y aunque me hubiera gustado también que ese viaje de la niña hubiera sido más bien un sueño, hubiera estado mejor, pero me gusta eso de que le dan un final a una historia, que aunque grandiosa, tiene un final triste, aquí te dan la certeza y la felicidad de que el principito llego con su rosa, aunque con muchos años de retraso porque ella ya no vive, pero él sabe que estará para siempre con él, así como el viejo aviador ya vivirá por siempre en el corazón de la niña, la película va mucho de eso, de las barreras que rompe el amor y los lazos que perduran aun después de que las personas que amamos ya no estan con nosotros a pesar de la muerte, asi como me gusta el final y la historia como tal de "El regreso del joven principe" de Roemmers, así como una historia que creé hace algunos años (el primer cuento que me atreví a escribir fue inspirado en el principito, el cual sólo ha sido leido por mi, mi hermano menor y su profesor. Quizá algún día se los comparta acá). Creo que lo más valioso del principito y el final que nos da Exupéry es que él nos invita a darle un final feliz a todos los que leemos ese maravilloso libro, y creo que por eso siempre preferiré el libro por sobre cualquier película que se haga sobre este. La película me gustó, pero sin duda al igual que lo que me pasa con El Gran Gatsby amo más al libro que la inspiró.







jueves, 26 de noviembre de 2015


Carta de Pablo Neruda, enviada al presidente de México, Lic. Gustavo Díaz Ordaz, en Febrero de 1969.
(Pidiendo la liberación de José Revueltas).

Me escriben que José Revueltas, el novelista, está preso en su patria, México. La noticia es áspera para quien lo conozca y a mí me provoca recuerdos y tristeza.

Esta familia Revueltas tiene “ángel”. En un país de creación perpetua, como el país hermano, ellos se revelaron excelentes y superdotados. Es una familia eficaz en la música, en el idioma, en los escenarios. Pasa como con los Parra de Chile, familia poética y folklórica con talento granado y desgranado.

Una tarde, al regresar de mis trabajos, encontré a un desconocido sentado en la sala de mi casa, en la ciudad de México. Yo no le veía claramente la cara porque se había puesto uno de mis sombreros de paja, pequeño y multicolor, comprado en la Feria. Debajo de sus alas una melena profusa y entrecana protegía su robusto cuello. Más abajo, venían unos hombros de coloso y un traje desaliñado. Junto a él había varias botellas de mi precioso vino chileno, estrictamente vacías. Se trataba del más grande, más original y poderoso compositor de México: Silvestre Revueltas.

Me senté frente a él y de pronto levantó su cabeza de minotauro. Apenas abrió los ojos me dijo:

-Tráeme otra botella. Hace ya varias horas que te espero. Se me ocurrió pensar esta mañana que puedo morir un día de estos sin haberte conocido. Por eso estoy aquí. Es malo que los hermanos no se conozcan.

Era fantástico, pletórico y pueril. Era el gigante genial de la música de México. Tres días y tres noches se pasó en mi casa. Yo salí a mis quehaceres y volvía a encontrarlo sentado esperándome en el mismo sillón.
Repasamos nuestras vidas y las vidas ajenas. Conversábamos hasta muy tarde en la noche y luego él se echaba sobre una cama con el traje y los zapatos puestos. Al verlo dormido, yo le dejaba otra botella de vino, abierta, cerca de su inmensa cabeza.

Así como llego a mi casa, un día desapareció sin despedida y sin ceremonia. Se había ido a dirigir los ensayos de su Renacuajo paseador, ballet clásico de nuestra época contempóranea.

Algún tiempo después, la noche del estreno, estaba yo en un palco. En el programa se acercaba el momento en que debía presentarse Silvestre a dirigir su obra. Pero en ese momento no llegó. Sentí que desde la sombra me tocaban el hombro. Mire hacía atrás. Su hermano José Revueltas me susurró:

-Vengo de casa. Acaba de morir Silvestre. Eres el primero en saberlo. Salimos a conversar. Me contó que se había agravado en los últimos días y que poco antes de morir había pedido que colgaran en la pared, frente a su lecho, el sombrerito de paja que se llevó aquella vez.

Al día siguiente lo enterramos. Yo leí mi Oratorio menor, dedicado a su memoria. Nunca un muerto me había oído con más cuidado. Porque mi poema lo sacaba de las circunstancias y del territorio para darle la verdadera dimensión continental que le correspondía.

Hablando de los Revueltas, contaré que en Berlín me invitó Helene Weigel, viuda de Bertolt Brecht, a una función del Berliner Emsemble. Se daba una obra rusa del siglo pasado, en alemán, se comprende, con muchas damas y caballeros cazadores en escena. La protagonista era bella, festejada, fatal y natural. Miré el programa. La actriz era la hermana de los Revueltas, la mexicana morena Rosaura Revueltas. Allí estaba con su mirada negra, echando rayos y centellas y hablando en alemán, en una capital de Europa y en el centro del conjunto teatral más famoso del mundo.
Después de la función, le pregunté:

-¿Y qué hiciste para aparecer tan blanca en ese teatro de rubios? Pensé que te verías como una mosca en la leche. ¿Te pintaron?

-No –me respondió-. No te imaginas lo que pasó. Oscurecieron a los otros.

Pero, ahora, nuestro importante Revueltas es José. Contradictorio, hirsuto, inventivo, desesperado y travieso es José Revueltas: una síntesis del alma mexicana. Tiene, como su patria, una órbita propia, libre y violenta. Tiene la rebeldía de México y una grandeza heredada de familia.

Yo siento amor carnal por México con los altibajos de la pasión: quemadura y embeleso. Nada de lo que pasa allí me deja frío. Y a menudo me hieren sus dolores, me perturban sus errores, y comparto cada una de sus victorias. Se aprende a amar a México en su dulzura y en su aspereza, sufriéndolo y cantándolo como yo lo he hecho, desde cerca y desde lejos.

Por eso, con la tranquilidad que da el derecho ganado con amor, termino así esta prosa:

Señor Presidente Díaz Ordaz:

Yo reclamo la libertad de José Revueltas, entre otras cosas, porque seguramente es inocente. Además, porque tiene la genialidad de los Revueltas y también, lo que es muy importante, porque lo queremos muchísimo.

Pablo Neruda.
Texto del libro "Los Revueltas: biografía de una familia" de Rosaura Revueltas.

Editorial UJED, segunda edición 2010.





martes, 24 de noviembre de 2015

Midnight In Paris y la ilusión del loco romántico empedernido.


2011.

Año en que la AMPAS vuelve a otorgar otro premio a Woody Allen y otro año que los vuelve a desairar, pero con que película se los ha ganado esta vez. Déjenme hablarles de mi amor por Medianoche en París.

Con Midnight In Paris, Woody Allen lleva a la realidad que nos permite plasmar la ficción, el sueño de todo escritor de novelas románticas amante de la literatura americana de la generación perdida y los años veinte, ya que nos lleva con los ojos como si fuéramos nosotros mismos, como si fuera nuestra historia la vida de Gil Pender, un americano que viaja con su novia Ines y los padres de ella a la eterna y bella ciudad de la luz mientras sigue trabajando en su primera novela con la que sueña por fin alejarse de las compañías de cine que ruegan por sus historias y sus guiones, y mientras escribe sin querer mostrar aun sus adelantos por no creer que nadie pueda juzgar lo que con tanto amor ha hecho, pasea por la ciudad mientras se embriaga de esa felicidad que sólo la lluvia en esta ciudad puede brindar, cierto día mientras se reúnen en una muestra de vinos franceses con una pareja de amigos de Ines que también están en la ciudad, ellos deciden que quieres ir a bailar cuando salen del lugar, pero Gil insiste que quiere ir a dormir así que se va caminando hasta el hotel mientras Ines se va a bailar. Así que mientras Gil camina perdido por la ciudad, algo ebrio, sin poder hablar con nadie que lo entienda, y sin llegar a su hotel, le da la medianoche en una vieja calle al pie de unos escalones. Cuando las campanas de la medianoche suenan, un viejo Peugeot con un grupo de jóvenes bastante animados llegan hasta donde está él y le dicen que los acompañe a la fiesta, cosa que después de que Gil les expone que se ha perdido y que está algo ebrio decide acompañar a aquel grupo de franceses de los cuales sólo algunos hablan inglés, así que después de recorrer a una París que él no se ha dado cuenta es más vieja de lo que era hace algunas horas, y después de varias copas de Champagne llegan hasta una casa donde la gente que concurre ahí viste de manera muy peculiar, como si se tratara de una fiesta de época, también al llegar Gil nota que al piano hay un pianista bastante diestro que no sólo interpreta las canciones como si fuera el compositor, sino que además es muy parecido a este, en eso llega a interrumpir su razonamiento profundo una mujer bebiendo preguntándole si se encuentra bien, pues lo ve como perdido, -por decirlo de alguna manera para no parafrasearla-, y él le dice que sólo un poco, entonces Gil le pregunta que si ella es Americana, ella le dice que es de Alabama, Gil le dice que es de California, entonces ella le pregunta que a que se dedica, y Gil le responde que es escritor y que está trabajando justamente en una novela, entonces hace llamar a su acompañante que estaba platicando en ese momento con alguien más, entonces ella lo presenta y le dice de donde es, y el joven se presenta como Scott Fitzgerald, entonces Gil le dice que que coincidencia que tengan los mismos nombres de los escritores, ellos preguntan que los mismos nombres de que escritores, entonces Gil les dice que igual que Scott y Zelda Fitzgerald, entonces ellos le dicen que ellos son los únicos Scott y Zeda Fitzgerald entonces Gil un poco aturdido por las coincidencias de la noche y las bebidas que había tomado les dice que sólo hace un rato miraba al pianista y que le creyera o no, él lo había visto en viejas partituras de música, entonces ella le dice, que Cole era un genio que escribía las canciones más hermosas del mundo, y que si ella quisiera podría escribir también pero que su único y verdadero talento era beber, a lo que afirma Scott, entonces Gil les dice que es imposible que él hubiera escrito esas canciones, pues eran demasiado bellas, entonces Scott le pregunta que de que trata su novea, a lo que Gil después de hacer un esfuerzo por contestarle, acabo por sólo cuestionarles donde es a donde se a metido, entonces Scott le pregunta que si no conoce al anfitrión, así que Scott le dice que esa es una pequeña fiesta que han hecho para Jean Cocteau, entonces Gil les dice que si eso es una especie de broma, entonces Zelda les dice que quizá él se siente aburrido, y que ella también lo está, así que convence a Scott para que salgan de ahí, junto con Porter -que era su amigo íntimo- y su acompañante, entonces Scott le pregunta a Gil que si los acompaña, sin el saberlo a conocer a la gente más exquisita y más fascinante que pudiera conocer, una época que nos ha marcado a tantos aun casi un siglo después y de la que no volvería a ver al mundo tan fría y tan esperanzado a la vez como él solía verlo.

Así que mientras deambulan Gil y compañía (y nosotros con ellos) por las calles de un viejo París -que dicho sea de paso fue recreado en España- en los que conocen los lugares más íntimos y prohibidos de aquellos tiempos, que conoce a Ernest Hemingway -mi maestro- en un mítico bar de aquel París, a Geltrud Stein, a Pablo Picasso, a la encantadora Adriana de la que queda perdidamente enamorado, a Buñuel, a Dalí, a Man Ray, a Matisse, y a tantos artistas más mientras cada noche a la media noche brinca y se asoma en más de una época mientras su presente deja de ser cada vez más relevante y lo que creía importante deja de serlo para darle la oportunidad a las sorpresas que esa ciudad deba de darle ya sea en el pasado que todos soñamos o en el presente al que tarde o temprano todos debemos de regresar, sin duda con este filme Woody Allen a recuperado a mucho de su público que con los años lo habían abandonado tras dejar de filmar en su adorada Manhattan y a otros cuantos a los que nos adentra a estos mundos tan de él en los que uno lo que busca más que la magia, o la fantasía o esos mundos tan encantadores, o ese misterio que también se le da muy bien y del cual también sabe explotarlo, lo que uno busca en realidad de los filmes de Allen es ese amor, que muchas veces no llega como uno lo espera.


Por acá pueden encontrar encontrar el dialogo de esta escena




Acá podrán encontrar mi versión de esta escena










Cada quien interpreta a la vida a través de su arte

La elección de "cast" fue perfecto.



Lea Seydoux <3

domingo, 22 de noviembre de 2015


"Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.


Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente. O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.


Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente.
Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente. Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente. O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.


Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido. Con sueño y con frío.


Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente. Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.


También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente. "


Fernando del Paso - Palinuro de México (Fragmento)

Hacíamos el amor a oscuras.
Será por eso.
Seguro que es por eso.
Que tengo una memoria táctil de esas noches.
De tu cuerpo.

Imagen: Película Damage
Juliette Binoche y Jeremy Irons

viernes, 20 de noviembre de 2015

Spectre


Que les digo señores, la entrega quizá que yo recuerde sea la más esperada del espía secreto por excelencia del Reino Unido, James Bond; sin duda alguna era esta, (al menos para mí lo era) puesto que se había filmado una parte en México, que dicho sea de paso si comparto la opinión con muchos críticos en esto de que esa parte fácilmente se pudo haber ahorrado más que nada por las horrendas escenas del derrumbe y el interior del helicóptero donde se notaba a leguas de distancia al doble de Daniel Craig -lo cual se me hizo bastante raro pues es suele grabar todas sus escenas- pero también hay escenas muy rescatables como la del desfile del día de muertos que me parece retrata fielmente lo que significa para nosotros los mexicanos esta celebración y la escena del helicóptero sobrevolando el zócalo, bueno; creo que esa escena se cuece aparte. Además de que la expectación que generaba este estreno de saber si al final se sabría si Craig seguiría con la saga o partiría, y creo que si fue respondida la interrogativa al final.

La película por lo general marcha bien, muy buena y muy ligera; pero también comparto ese comentario que haría un buen amigo sobre que es el Bond más oscuro, y no sólo por esta parte de los secretos y el antagonista mismo que está en las sombras; sino por la cinematografía en general, que desde mi punto de vista no es malo, pero creo que nadie recuerda un Bond así (aunque yo digo que deberíamos de conformarnos con que esta ocasión no salió tan sentimental y vulnerable.)

Quisiera destacar algunos puntos que me gustaron de sobremanera. Uno es la fotografía de Hoyte Van Hoytema, fotógrafo de películas como Her (que ya es mencionar demasiado) que realmente aun manejando una película tan oscura (o con poca luz, creo que es el término correcto) le da tanto brillo con la cámara. En las escenas de acción o en las escenas con diálogos fundamentales (y los encuadres que les da a los rostros) o los paisajes que nos muestra. Simplemente sensacional. Otro punto que la verdad a mí me aterrorizaba era el de la jovensísima y hermosísima actriz Lea Seydoux, ya que aunque es una de mis diez actrices favoritas (que por cierto ya dentro de poco les estaré compartiendo la lista completa desde mi blog) me parecía que quizá no daría el ancho, pero la verdad me sorprendió, la mujer desborda talento y una sensualidad tan sutil que en verdad uno no llega a imaginarse la película sin ella que también dicho sea de paso uno no puede dejar de amar su ronca voz tan francesa. Y hablando de amar no podía dejar de mencionar al antagonista, Christoph Waltz que aunque su aparición en realidad no es tan acaparadora en realidad este señor no necesita de mucho para demostrar y derrochar su talento actoral, para mí ya un Robert De Niro de nuestra época que donde lo pongas derrite la pantalla. Un dato chistoso que me paso y lo tengo que mencionar porque si no no me iré a gusto, bueno en realidad son dos pero el que más me agrado y creo que todos los que conocemos un poco más de buen cine es este en el que Monica Bellucci en su papel llega a su casa campireña estilo Italiana y se toma un trago, pone algo de música y empieza a caminar; señores, no pude dejar de recordar a Malena. También el otro dato es este de la última bala que tira el helicóptero donde va Waltz, y se me hizo la escena más cliché, pero bueno; aunque sea Bond no deja de ser una película del género de acción y no se le puede pedir más.

La película me gustó, pero no fue mi favorita de la saga Craig, ni mucho menos de todas las demás, el resto del elenco me pareció sobrio, Dave Bautista me parece es un refresco a los enemigos de Bond pues por lo general todos eran mentes maestras y matones precisos, y este más que nada es la fuerza encarnada como hace mucho no lo veíamos en una película de 007, que a veces puede llegar a hacer mucho daño, pero al final acaba como tenía que acabar. Y en cuanto al final como tal de la película y el adiós de Craig, bueno; creo que si Connery alguna vez tuvo que decir adiós, porque Craig no. Tuvo que acabar como tenía que acabar.


Este es mi reporte. Regresamos al estudio.






miércoles, 18 de noviembre de 2015

Claudia


¿En qué piensas Juan?
En nada, ¿por qué?
No sé, es sólo que siempre estás tan callado, como pensando.
Quizá será que soy muy serio.
Quizá, o quizá sea también que en realidad si estás pensando en algo, sólo que no sabes en lo que estás pensando.


¿En qué estás pensando?

Era una pregunta que muy habitualmente me hacía Claudia, mirándome desde su silla al lado de la caja registradora interrogando el porqué de mi silencio tan absorto y profundo cuando estaba sentado en la barra o mientras estaba enfrente del mostrador escribiendo algunas lineas tratando de componer música en aquellos años en servilletas o detrás de las hojas de publicidad que dejaban cada semana donde venía nuestro negocio junto con otros que jamás llegué a conocer. Esta pregunta sólo me la hacía cuando yo estaba de su lado, ya que mientras yo estaba trabajando de mi lado ella nunca cruzó salvo por algo realmente necesario o cuando me hablaba cuando había que cocinar algo, no era como esa Nanci que en cualquier momento mientras uno estaba lavando los cuchillos llegaba por atrás para abrazarte, o esa Vicki que llegaba con un vaso de agua de horchata o alguna infusión de yerbas para la buena alimentación mientras te decía lo flaco que estabas, o esa Ale que quitaba el recipiente del pan de la banca donde lo poníamos para sentarse junto a ti y recargar su cabeza en tu hombro o que se ponía a humectarse los gluteos con tanta naturalidad frente a ti, nunca le gustaba cruzar ni mucho menos ir a platicar mientras trabajaba, le gustaba mantener esos limites de espacio de trabajo, y yo; aunque creía en los limites que debe haber entre persona y persona, esa regla en lugares públicos nunca me gustó respetarla.

Y siempre que Claudia me hacía esta pregunta por lo general la respuesta solía ser la misma de mi parte:
"En nada."

Y en aquellos años así lo creía, pero la verdad era que en qué cosas no pensaba. No pensaba en ella, eso era seguro, y no porque no fuera atractiva, era una de esas mujeres con una clase de belleza rara, única, que he tratado de describir y emular en algunos personajes que he escrito dentro de mis historias, pero que pocas veces logro tan a la perfección como uno lo puede llegar a ver y experimentar en la vida real. Tenía los ojos verdes, era de tez blanca, siempre estaba leyendo, ella me presenta tres de los libros que más he disfrutado leer y uno que se ha convertido en uno de mis diez libros favoritos, El Retrato de Dorian Grey. Precisamente pensaba en ese tipo de cosas cuando estaba con ella, en cosas que platicábamos habitualmente cuando yo no estaba callado, cosas que me mostró y que me enseñó, como su amor por "Numb" y que era la única canción que había logrado aprender a tocar en el piano, algunas de sus aventuras con su amiga Victoria, aventuras algunas divertidas, otras no tanto, otras tan inverosímiles que me llegaba a preguntar a mi mismo como me podía contar esas cosas, quizá lo hacía sólo para hacerme hablar a mi también, siempre trataba, casi nunca en vano de sacarme de esos silencio y hacerme hablar, aunque fuera también historias tontas, sin sentido, pero por lo general siempre eran charlas en verdad muy significativas y profundas, que empezaban con tonterias, recuerdo que en veces me hacía algunas preguntas tan absurdas, que yo pensaba "En realidad me acaba de preguntar eso" pero sin duda es algo que agradezco, porque sin ser quizá una de las conexiones o lo podría decir con toda certeza de mi parte, amistades que más significado tengan para mi, si era una amistad y una conexión diferente y única, y eso yo no lo agradezco, porque como ya lo he escrito en otra ocasión, el amor no se agradece, pero si me siento muy feliz de aquel tiempo que tuve el privilegio de vivir en el que conocí a gente tan importante para mi y que me enseño lo que es el mundo en verdad, una diversidad sin sentido. Claudia es una chica que no sólo me influenció y me inspiró en aquel tiempo, incluso hoy día cada vez que me pongo a escribir alguna historia ficticia, trato de encontrar un personaje que tenga algo de ella, una chica como Ana que todo el tiempo esté provocando la risa y la plática con sus preguntas en doble sentido o sin tapujos, o esa Sofia de ojos hermosos, pero como ya lo he dicho, una vez que conoces una persona como Claudia en la vida, y tratas de preservar algo de ella en la ficción, pocas veces se logra el objetivo, quizá puedas pasar toda tu vida escribiendo, o quizá no, pero personas como ella, no se emulan, y por eso, por la autenticidad de cada persona en la vida, por eso si agradezco.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Canciones para hacer el amor (o aquel mágico e increíble viernes inolvidable)


-Es increíble, ¿no?
-¿Qué cosa? -Me dijo ella volteando a verme y dejando de mirar las luces de la iglesia que estaba -justo- al final de la calle-.
-¿Eso es un cumplido?
-No lo sé. Creo que trataba de serlo.
-No. Digo. -Ella titubió por un segundo y dijo: -Si lo fue. -quizá el mejor que le hayan hecho dijo mucho rato después.
-Bien. -Creo que mi capacidad de hablar me falla en encuentros trascendentales de vida, pero como ya lo he escrito alguna vez por ahí: "Al menos así tengo la certeza de que los besos que llegaron a mi vida fueron los que tenían que llegar, y más que haber sido reales, estaban llenos y cargados de toneladas de sentimientos".
Yo sonrio
-¿Qué? -Pregunta ella.
-Nada. Es sólo que. ¿Sí revisas mi Facebook verdad?
Ella rie y el mundo para
-Sólo de vez en cuando.



Antes que todo y primero que nada. Esta entrada la tenía casi lista desde hace ya algunas semanas, pero como me puse a escribir otras y la verdad creo que le di bastante tiempo de borrador a esta (quizá uno de los borradores más largos -de tiempo- que he tenido en el blog) porque quería tomarme todo el tiempo que fuera necesario para escribir sobre esto porque además de que quería digerir todo lo sucedido aquella noche tan corta como irreal (aunque esta haya sido real -y creo que los sentimientos encontrados en mi se derivan al hecho de que la verdad a mi me hubiera gustado que todo aquello no hubiera pasado, me hubiera gustado haberlo encontrado en algún escrito, algún significativo libro, pero no; me ocurrió a mí que no soy nadie-) la verdad no quería omitir pero tampoco poner nada demás, y con esto me refiero a no haber idealizado nada o haber creado en mi mente algo diferente a lo que en realidad pasó. (como algunas veces mi loca y amada imaginación puede llegar a hacerme esta clase de bromas como acá lo narro -dejaré la parte con letras rojas para que no batallen en encontrarlo-) Además de que tenía que consultar esta entrada y pedirle permiso a la protagonista que completo conmigo el reparto de aquella noche; y aunque al principio no le gustó mucho la idea de aparecer en mi blog, al final me ayudó con eso y accedió con la condición de que su persona no tuviera nombre sólo por esta vez, aunque la verdad si he de ser honesto con ustedes, ella tiene infinidad de nombres que alguna vez han aparecido en algunos de mis escritos.




Prefacio.

La ciudad de Durango de día jamás será lo mismo que la ciudad de Durango de noche. Es como si las personas guardaran una mascara todo el día para ponerse en la noche, cuando salen los que salen. Jamás son los mismos. Y creo que lo peor es que nunca son ellos. Las mujeres siguen siendo guapas pero dejan de ser bellas, dejan olvidada mientras se ponen el maquillaje esa luz que sale espontanea de sus ojos y que es la que les permite ser hermosas, esa luz que las hace ser las mujeres más bellas del mundo, muy pocas como la que hoy me acompaña y camina a mi lado hacen un parentesis y son la excepción a esta regla, y por mujeres como ella yo aún respiro y regreso a esta ciudad para ver las luces de sus ojos y de la ciudad. Jamás se vuelve a ver esa inocencia, ese brillo en la mayoría de las mujeres nocturnas, la oscuridad se apodera de las personas y las lleva a lugares que los vuelve a transformar, un adicto en Ibiza, un poeta en Viena, un catedrático en Lyon, una prostituta en Praga. Los lugares te vuelven a poner más mascaras, todo es superficial, pero ¿quién dijo que todas las mascaras son malas?

Mientras algunas personas te pueden asquear a altas horas de la noche, incluso las que creías querer a tu lado; la ciudad te vuelve a enamorar y no te deja que vuelvas a ser el mismo, porque ella se convierte en tu más ferviente pasión, así como a ti te transforma, -ella- también se transforma, como tú.


11/09/15

Siempre hay una noche -esta noche- que aunque yo lo niegue todo el tiempo, me hace saber una vez más que yo jamás me podré morir sin antes volver a esta ciudad que tanto me da.

El olor a elote cociéndose, el color de las frituras, blanco, amarillo, naranja; la gente que no deja de sonreír, los niños aún jugando de noche a pesar de todo, esa mágica edad eterna mientras se es niño, las luces que dejan de dar eso que son, luz; la música que no deja de sonar en los cafés que tanto he amado, amo y empiezo a amar a raíz de esta visita fugaz por la ciudad de mis recuerdos, la ciudad fantasma, mientras deambulo como un fantasma. La ciudad jamás me deja irme, me llama en la distancia, su recuerdo evoca recuerdo y letras al mismo tiempo, y yo no puedo dejar de escuchar esa melodía que ella tararea mientras baila y yo la miro sin que mis ojos piensen en otra cosa que no sea ella, la mente no piensa en lo que la mente piensa cuando no hay nada que brille en la tierra, pero esta noche en especial la ciudad brilla más que nunca, las viejas farolas brillan mas que las nuevas y nos permiten ver a los dos los recuerdos que vivimos cruzar la calle, nos alumbran con su precaria y romántica media luz mientras la nueva trata de cegarnos y hacernos recordar que nuestro tiempo soñado a acabado y se ha quedado en el pasado, pero ella está aquí y yo soy feliz, y siento que vuelvo a ver y vuelvo a vivir, ella está aquí y brilla más que todo, brillo yo y mis ojos no dejan de mirar y regalar luz, sus ojos me iluminan mientras ella brilla y yo siento que puedo morir, pero a mismo tiempo siento que vivo una vez más, como nunca me he atrevido a brillar, a vivir, y a mirar. Sin duda esta noche, este viaje y esta mujer se han convertido en la experiencia más poderosa de mi vida.

Amé y he amado a muchas, pero nadie me amo a mí como ella y -ella- baila mientras la ciudad nos deja ser aquellos jóvenes de 18 años. La ciudad no deja de brillar y enamorarnos y recordar y ser ella.




-¿Y este es el mejor lugar del mundo?
-En este preciso momento. No sé, déjame pensarlo, Si, creo que lo es.
-Sabes, creo que ahora somos más compatibles y tenemos más cosas en común a cuando éramos más jóvenes y pubertos.
-Pienso lo mismo.




La velada -y la historia- había comenzado con muchos, pero terminó sólo con dos y una canción, quizá fueron dos pero una nos recordó que lo intangible, así como el amor incompleto, es lo mejor que nos puede pasar, lo que en verdad dura una eternidad y nos hace sufrir, pero a la vez vivir.

Septiembre, las lluvias, diciembre, el frío, semana santa, los vientos y los arroyos nos hacen recordar a personas que nos amaron y a otras que nos hicieron vivir; siempre he preferido a las que nos hicieron vivir aunque no nos hayan amado como nosotros a ellas.

No creo que sea digno de nombrar a las personas del primer plano, ellas se fueron, todos tuvieron que haberse ido pero la iniciativa de aquella mujer a la que moría por seguir viendo me propuso lo que quizá yo no hubiera propuesto; la propuesta sólo se extendía a una caminata un poco más larga, mirar una que otra tienda de arte, quizá sentarnos en alguna banca para presenciar -principalmente- su sonrisa -y en segundo término- y a la gente pasar, esa clase de gente que no siempre quieres ver pasar por tu vida, pero con ella a mi lado sencillamente nada opacaba mi felicidad.

La plática en momentos era trivial y muy formal, de a ratos mis irónicos y sarcásticos comentarios hacían sacar toda formalidad y ella era una gran compinche en eso, esto me sorprendió pues había olvidado lo divertida que ella podía llegar a ser, me sorprendió que aun lo siguiera siendo y me sorprendió que yo lo haya olvidado, supongo que hay cosas que solemos olvidar de las personas, así hayan sido personas a las que amamos en algún tiempo demasiado. El tiempo de la propuesta parecía que estaba por llegar a su fin, pues habíamos llegado al punto donde habíamos acordado la despedida, pero frente a nosotros había un puente y fiel a mi doctrina cinéfila y como lo dicen las sagradas escrituras del profeta Woody Allen había que aprovechar la ocasión, esta vez mi propuesta fue subir el puente, sin saber hasta donde nos conduciría el otro extremo, ella, titubeó; no sé si porque en realidad se tenía que ir, o por miedo a algo que no mencionaré pero que es evidente cuando estás con una persona que escribe.

Al final accedió.

Subimos y la vista era increíble, ya ahí empezó a desvanecerse un poco los protocolos oficiales y las pláticas sobre nuestros presentes "satisfactorios" para ser un poco más honestos con nuestros secretos y nuestros sueños, la confidencialidad de años atrás empezaba a asomarse. No fueron muchos minutos, ella fue interrumpida por una pregunta mía y me pidió si podíamos regresar a la plaza mayor (los que sean de esta ciudad y estén leyendo esto sabrán con exactitud a cual me refiero) caminamos de regreso, esta vez no hablábamos mucho, disfrutábamos del silencio, del espacio entre nosotros, entre nuestras miradas, disfrutábamos de la noche más que de las luces, pedíamos -al menos yo- con toda la intensidad de nuestras fuerzas y nuestros sentimientos que hubiera mas sombras con menos luz, pero la ciudad nos ayudaba en la medida que nosotros quisiéramos ayudarnos.

Llegamos a la plaza y ella compró un elote, yo compré unas frituras, no tenía apetito para más, nos sentamos en una banca y ella empezó a hablar ya no del presente, ni del futuro, sino del pasado, en ese donde estábamos juntos, quizá mas tiempo que el que estuvimos durante aquellas horas, pero no tan juntos. Ya estando sentados y cobijados con la frasada que sólo la confianza puede dar ella me pidió mi celular, yo le pregunté que para qué lo quería; ella me contestó que quería escuchar lo que estaba escuchando cuando llegó al café, fuimos los primeros en llegar a la reunión, creo que inconscientemente éramos los que más deseábamos aquél encuentro, yo le dije que era música vieja y que quizá no le gustaría, ella me dijo que sólo quería saber porque me veía tan feliz al escuchar aquello. La canción en la que se había parado el reproductor y la que hacía que estuviera tan "feliz" como ella decía y tan "nervioso" como en realidad estaba, era "Parlez-moi d´amour" o como a mi me gusta llamarla "Canción para hacer el amor", ella me pidió mis audífonos, empezó a escucharla y me puso un audífono a mi, la canción terminó y empezó a sonar "I love Penny Sue" -canción que desde aquella noche fácilmente podría llamarse de otra manera- al terminar esta canción me entregó el teléfono y me dijo que tal vez lo mejor sería que nos fuéramos, yo no objeté porque con aquella mirada, aquella forma en que sus ojos me veían y su voz me hablaba yo había quedado más satisfecho que si hubiera hecho el amor, supongo que de alguna manera aquella noche nosotros experimentamos una forma de hacer el amor que pocos valoran pero que es tan profunda y necesaria, incluso algunas veces tan común que estas formas de amor lleguen a pasar que les restamos importancia, la cotidianidad les quita mucho, pero yo y mi maldita memorabília y hacer que todo brille con más luz aunque haya sido pura oscuridad, me hacen valorar estos momentos. Semanas después de que aquel viaje terminó y ya no nos despedimos más de la forma que aquella noche nos permitió, yo le dije que aquella noche yo había sentido que ella me había hecho el amor de esa manera tan especial, ella me dijo que había sentido lo mismo cuando íbamos a tomar el taxi y ella se contoneaba mientras tarareaba "mi canción" y yo la veía, fue entonces, cuando ella me dijo eso que yo decidí escribir esto, saber que es un recuerdo pero que puedo expresarlo en algo más que mis sueños y esa mujer, el resultado, bien hecho o mal hecho; esta vez no me importa, fui feliz, al carajo todo lo demás.





sábado, 14 de noviembre de 2015

Esos mejores amigos. (o las fotografías perdidas)


Si algo puedo agradecer en la vida y a la vida, sin duda son los amigos que he tenido. Que si bien no han sido muchos, o quizá si; han estado ahí siempre. Bueno, la verdad es que cuando uno habla sobre los amigos siempre hay de todo tipo, están los que nos hacen reír, con los que podemos llorar, los que han estado desde siempre, los que han estado desde ayer, están los que casi no ves pero es como si estuvieran siempre contigo, y están los que ves a diario como si fuera uno más de tu familia, están los de la distancia que no impide ese lazo, están los eventuales que nos ayudan a pasar los ratos. Y también están los que no conocemos en persona pero que igual son importantes, porque sabemos que nos escuchan (o en su caso nos leen).

Muchos amigos son los que puedo mencionar que me han hecho ser una mejor persona y que han crecido junto conmigo, que han dejado algo de ellos en mi así como yo en ellos, también están los que han estado una temporada, pero que también me hacen recordar buenos momentos, están los de un día, están los de una noche, están los de una borrachera, están los del trabajo, los de la escuela, los de la vieja escuela; pero no tiene caso poner nombres, ellos saben quienes son. Pero si tuviera que nombrar a mis mejores amigos, a esos que han dejado esa huella indeleble que ya está ahí desde siempre y para siempre, sólo tendría que utilizar cuatro dedos de una mano.


Dos todavía están, y aunque en la distancia siempre de una forma u otra se de ellos como ellos de mí, uno es un hombre y la otra es una mujer, y a ellos no los mencionaré en esta ocasión, aunque ya han aparecido algunas veces en este blog (quizá sin ustedes saberlo, o ellos mismos saberlo; una es de la familia, y el otro, bueno que les digo, el otro simplemente es insustituible); y los otros dos son de esos amigos que llegan, le dan felicidad a tu vida, y por azares del destino nunca vuelves a ver; pues en esta ocasión me gustaría hablarles de ellos (teniendo la esperanza que por este medio al ver su nombre aquí sepan lo importante que fueron en mi vida –como seguramente yo lo fui también en la de ellos- y así pueda ponerme en contacto una vez más con ellos).




El primero quizá sea el primer amigo del cual tenga yo conciencia que tuve, cuando tenía la edad de cinco años y acababa de llegar de Los Angeles CA. a México con mi joven madre y mi hermano prácticamente siendo un bebé (cuando todavía lo quería J), frente a nuestra casa había una tiendita donde vendían dulces y ahí vivía Adán, sinceramente no recuerdo muchas cosas de esa época de mi vida (muchos lapsos de mis primeros seis años de vida son un misterio para mi, aunque también hay muchos recuerdos muy lúcidos de esa época, y muchos son con aquel amigo que tuve) pero recuerdo el nombre de su mamá, se llamaba Lupita (o quizá era Juanita). Tampoco recuerdo muy bien como fue que nos hicimos amigos, pero recuerdo que éramos inseparables, recuerdo que iba mucho con él a visitar a su abuelita, y que todo el tiempo estábamos jugando e inventando historias con nuestros muñecos de acción como nuestras “Tortugas Ninjas”, o su muñeco de “Mazinger Z” y mi muñeco del “Power Ranger” Rojo y mi luchador réplica de Octagón. (Actividad que también hacía con la que considero mi mejor amiga, que si bien es algo más que sólo mi amiga, ella sabe el cariño tan especial que tengo por ella).

La verdad es que tampoco tengo noción de cuando dejé de verlo, recuerdo que mientras estaba en el Kinder lo miraba todos los días ya que volvía a casa, y de un día para otro ya no estaba, recuerdo que mi madre me decía en aquellos años que se había ido a vivir con su abuelita porque su papá ya no vivía con él y su mamá, la tienda se cerró y la casa estuvo sola durante mucho tiempo, sino hasta como un par de años después llegó gente a vivir a ella, supimos al tiempo de empezar a socializar con los nuevos vecinos que no sabían nada de ellos y así el tiempo y la vida fue borrando a mi amigo de la mente (mas no de la memoria) y fueron llegando más amigos, también igual de buenos y con los que viví más cosas y más tiempo, pero Adán por alguna razón se quedó en un lado bien especial, quizá si hoy día nos volviéramos a ver no nos caeríamos bien, quizá no nos hablaríamos y nuestros gustos no serían compatibles, pero en un tiempo fueron los mejores amigos y quizá nos conocemos mejor que a nadie y que nadie, al fin de cuentas nos conocimos prácticamente en nuestros primeros años de vida, conocimos nuestra esencia.




Mi otro mejor amigo ya lo conocí más grande y sin duda ya se ha colado a una de mis historias (quizá ustedes ya habrán leído sobre él). Cuando entré a mi primer trabajo jamás pensé que en un trabajo, que a pesar de la mala paga, me gustaría tanto, y además de todo, podría llegar a conocer a gente tan grandiosa, y lo más rescatable, algunos tan importantes en mi vida, una de esas personas sin duda alguna fue Antonio.

(Ya les he hablado de lo importante que fue esta tapa en mi vida en la entrada “Cancionesque me gusta escuchar en los días de lluvia” en la que atribuyo y nombro a muchos de los amigos que conocí en este lugar y los recuerdo por la canción “Hollywood” de la banda de Rock regiomontana Niña)

A Antonio lo conozco en un invierno muy especial hace aproximadamente 8 años, un invierno en el que conocí a personas y personajes que me marcaron la vida en muchas formas (de los cuales hoy día muy pocos están, y no sigo sólo porque haya perdido contacto con todos, sino porque uno de ellos quizá se encuentre en mejor lugar), fue rara desde un inicio nuestra amistad, para empezar Antonio era del tipo serio, muy, muy serio (al igual que su servidor) y había entrado a trabajar sólo para no enfadarse en sus vacaciones, ya que como él lo argumentaba, no necesitaba dinero. Un tipo flaco, moreno, nariz larga y curva; bueno en pocas palabras me estoy describiendo a mí en aquella época, sólo que más blanco. En aquel invierno en la cocina éramos cuatro cocineros y dos chicas atendiendo, todos nos llevábamos bien, pero conforme iban pasando las semanas nos empezábamos a dar cuenta Antonio y yo que teníamos gustos muy similares, nos gustaba la misma música, él era un año menor que yo, cuando supo que sabía tocar la guitarra me pidió que le enseñara (de hecho por mi fue que compró su primera guitarra, sin saber hoy día si sí llegó a aprender a tocarla) ambos formamos una relación muy linda con las dos compañeras de trabajo. Tiempo después de que las vacaciones de invierno se vieron concluidas y una de las chicas se salió de trabajar la patrona le preguntó que si no podía seguir trabajando medio turno, ya no como cocinero sino atendiendo, después de analizarlo por una semana, Antonio regresó y seguimos cultivando esa gran amistad.

Recuerdo una plática que tuvimos una vez en la que después de hablar sobre las amigas de nuestras primas y nuestras novias en turno (que por cierto aun recuerdo que la novia de él era una chica bien linda, mientras el buen Antonio estaba enamorado de la chica que primero trabajaba en los cosméticos y que después trabajó en la comida china) Antonio me preguntó quien era y como se llamaba mi mejor amigo, al cabo de pensar un buen rato le dije que sinceramente no sabría decirle sólo uno, pues en aquel entonces había muchos muy buenos amigos, (muchos de los cuales hoy día ya no lo son) además de los que ya habían pasado en mi vida como los de la secundaría que quizá ya no veía tanto pero que seguían siendo igual de especiales; entonces él me dijo que le dijera a los que consideraba como mis mejores amigos, estuvieran o no; y después les pusiera un número. En aquella ocasión creo que después de meditarlo un considerable rato sólo arrojé cinco nombres (los cuales no revelaré), y después de haberle dicho los nombres de mis cinco mejores amigos yo le pregunté que cual era su mejor amigo, y su respuesta fue algo así:


“Pues si te tuviera que dar el nombre de mi mejor amigo en este momento, te diría que eres tú; porque es con quien estoy ahorita”


La verdad es que en aquel entonces no medité mucho su respuesta, digamos que sólo lo normal claro porque después de que me dijo eso no evité el sentirme un poco mal por yo no haberlo incluido a él, le dije que él estaba en sexto lugar de mi lista. Pero recuerdo que ese mismo día, luego de un rato y ya que estaba en mi casa, taché un poco de frívola y convenienciera la respuesta de Antonio, porque me dije: “Cómo es que puede condicionar una amistad a la presencia del otro. O sea que sólo puedes ser amigo de los que están.” Pero quizá hoy día si lo analizo bien, lo que él quizá trató de decirme fue que uno puede tener amigos, muchos, pero no a todos puedes considerarlos como tus mejores amigos, además del hecho de que quizá si siempre disfrutáramos a las personas que tenemos a nuestro alrededor, y no sólo viviéramos pensando en aquellos viejos amigos que si bien nos dieron días de gloria, hoy ya no están.

Quizá lo único que les puedo decir es que a partir de aquel día Antonio se volvió más especial para mi como uno de los mejores amigos que he tenido, muchos sueños y planes se quedaron truncados, planes que teníamos con Pier, Luis (q.e.p.d.), y Vicki los cuales teníamos planeados después de su graduación y a la cual juramos asistiríamos, además de seguir en contacto, pero algunos meses pasaron y yo emprendí un viaje que en aquellos poco más de cuatro meses que nos conocimos, no tenía idea que haría, pero por algo pasan las cosas, y muchos de ustedes quizá digan, como es posible que no hayamos seguido en comunicación en la época de la tecnología con celulares y correo electrónico, pues les diré que su teléfono si lo tenía pero el celular que tenía en aquella época lo perdí y era muy joven como para creer que necesitaba tener un respaldo, al fin de cuentas tenía a todos mis amigos cerca además de poder comerme al mundo como todos los jóvenes.


Ahora, a esta entrada también le puse "las fotografías perdidas" por una razón que ahora les narro.
Hace unos meses que regresé a mi vieja casa, a mi vieja ciudad, con mi gente de siempre, mi idea era recolectar todas esas fotos de mi infancia e ir compartiendo algunas de mis viejos amigos acá en el blog, (un par en especial, las que tenían que ir publicadas en este post, una donde estaba yo con Adán y otro amigo mio de la infancia que también es como un hermano, y la otra era una mia que me tomó Antonio -tenía que subir esa porque por desgracia no tenía ninguna de Antonio- pero me di cuenta que no era necesario, al final caí en cuenta que las fotos solo sirven para una cosa, algo que ya vivimos y que nos hizo ser lo que somos, esas fotos ya las tengo con las vivencias que viví con ellos, con todas esas personas que he compartido fiestas, desvelos, tardes de "quemados" lluvias en las canchas de basket en el Guadiana. Creo que están mejor guardadas en mi casa.


Quizá en el siguiente post me tome el tiempo de escribirles de una amiga muy especial que conocí en este lugar tan mágico en el que trabajé en aquel invierno, una a la que le debo mucho de lo que soy y pretendo ser ahora. En realidad son dos, Una es más especial y es la protagonista de mucho de lo que hoy habita en mi portafolio, además de que quizá ustedes ya la conozcan por medio de lo que ya he escrito acá en el blog, la otra me enseñó mucho y también ha sido muy especial para mi, otra de esas personas a las que sólo topas durante un tiempo por la vida de ellas, para hacerte mejor persona, y nunca más vuelves a saber nada de ellas, y que se vuelven más especiales con el tiempo y la distancia, por el simple hecho de saber que hubiera sido de aquella amistad si hubieran seguido siendo amigos durante más tiempo, pues de esta amiga es de la que precisamente les quiero hablar, pero esto será en otra ocasión.

Y me despido con una pregunta que Claudia me hizo poco antes de despedirnos (porque de ella si me pude despedir, la forma en que yo lo hice, otra de las cosas que más me arrepiento en la vida, pero era joven y estúpido, quizá ella comprendió).


“Si nos cruzáramos por la calle dentro de diez o veinte años, tú con tu moicano más largo y tu guitarra en el hombro, y yo con mi portafolio saliendo de un juzgado ¿tú crees que si nos reconoceríamos al volvernos a ver?”


Muchos pudieran tacharme de que idealizo mucho sobre lo que son las personas por lo que me hicieron sentir en vez de lo que son en realidad. Quizá tengan razón, pero; ¿Acaso eso no es la vida?....