jueves, 26 de febrero de 2015

¿Qué es lo más importante en tu vida? ¿Qué es lo que en verdad cuenta?



 De las preguntas más absurdas que nos pueden hacer en la vida es qué edad tenemos. Porque no nos da ninguna pista de a quién tenemos delante. Yo la verdad es que no lo sé. Ni me importa. Porque lo importante no es cuantos años tenemos, sino en cuantos de ellos hemos vivido.


Yo prefiero decir que tengo:


"Unas 40 miradas en el colectivo que me han hecho sonreír, 6 de ellas me hubiera gustado que duraran un poco más." Tengo 2 “te quiero” suicidas que dije sabiendo que quien tenía delante no me quería a mi. También tengo 14 abrazos inolvidables, 3 de ellos irrepetibles porque quien me los dio ya no está.

Tengo unos 35 “lo siento” de los cuales 8 jamás me perdonaron. Y 2 que me costó mucho perdonar pero que al final lo hice porque la persona era más importante que el problema y al final lo valieron. Tengo 6 noches de hospital al lado de alguien que me importaba y "500 noches pensando en una persona a quien no le importaba yo. Tengo unos 300 besos, pero solo me acuerdo de 4. Tengo 3 veranos que fueron infinitos y 4 inviernos que fueron mejores. Tengo sin exagerar unos 10000 recuerdos de infancia maravillosos y 3 que no lo son tanto pero que ya no importan."
 
Tengo 6 noches sin dormir y ninguna de ellas fue por fiesta, y algunas lágrimas gastadas en cosas que no importaban. También tengo 4 lágrimas muy amargas invertidas en algo que merecía llorar durante años. Tengo 150 carcajadas de esas que hacen que te falte el aire y 10 sonrisas por compromiso.

Tengo 9 deseos de infancia que me reprochan todas esas promesas que nunca cumplí. Tengo 1 consejo recibido que entendí mucho tiempo después. Tengo 2 camas donde me acosté sin querer, 1 sofá que jamás volverá a ser sofá para mi memoria, unas 5 camas donde me hubiera gustado pasar una noche y sólo 1 donde hubiera matado por despertar. Tengo 5 errores que volvería a cometer y 2 de los que me arrepiento mucho, aunque solo un poco.

Tengo miles de cenas, pero pocas como aquellas 6. Y tengo 43 escalofrios que me han recorrido el cuerpo entero. 10 conciertos, más de 1000 películas.... y creo que ninguno de nosotros sería capaz de contar las canciones.

Tengo años enteros en los que comía papas en la esquina de mi cuadra viendo la vida pasar con mis amigos. Y unas 30 tardes más recordándolas unos años después.

De las cosas que más atesoro y valoro y que significan algo más para mí, incluso más que años enteros de vida son esos fácil más de 400 atardeceres y poco menos de la mitad de amaneceres, pero todos los cambiaría por volver a vivir aquel amanecer.

Tengo 5 adioses. De dos de ellos nunca quise despedirme en realidad.

Tengo tantas cosas por decir que nunca diré y tantas que me tendría que haber callado. Pero sobre todo creo que tengo muy poco papel.

Para quién quiera saberlo, esa es mi edad.

Y no tengo ni puta idea de en cuántos años cabe es....







Quise compartirles esta maravilla de escrito que descubrí gracias al blog de Sindrome Coleccionista llamado ¿Y tú, qué edad tienes?. En su blog ella pone como autor a Macondo, pero indagando un buen rato por la red llegué hasta el blog de Enric Sanchez, ahora no sé si Macondo y Enric Sanchez sean la misma persona, pero lo que si es innegable es que cualquiera que haya sido el autor de este maravilloso conjunto de palabras creo algo grande y sirvió de inspiración para un montón de personas con esas palabras. Me he tomado el atrevimiento de modificarlo con algunas vivencias mías que pude recordar, las partes en amarillo son vivencias mías, algunas recordadas con exactitud como si hubieran sido ayer, con algunas tuve que dar números -datos- generalizados. Así que espero les guste y les dejo el enlace de la versión original y de la publicada en Sindrome Coleccionista.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Así pensaba Julio Cortázar.


"....Yo soy muy vago para escribir, escribo cuando me da la gana y me tomo todo el tiempo que sea necesario. No soy un escritor profesional, soy un aficionado que escribe libros, he escrito algunos libros, unos cuantos pero me considero un aficionado y quiero considerarme un aficionado, es importante para mi no sentir la noción de profesionalización...."

"...Partiendo de la noción de horarios. No suelo tener ninguna noción de horario, me resulta insoportable la idea, nunca he querido; cuando tenía que ganarme la vida con algo que no tenía nada que ver con la literatura nunca -nunca- aguante los horarios siempre -me busque un tipo de empleo que supusiera dos o tres horas a lo sumo- aunque te pagaran muy poco porque luego después salías a la calle y eras tú-. Entonces en el trabajo literario es lo mismo yo no soy absolutamente nada disciplinado, cuando -cuando- estoy atrapado por un texto, por ejemplo tu ves que ahora hay un cuento que camina por algún lado que empecé a sentir hace algunas semanas y que ha continuado hasta aquí en este momento pero ya con algo más de obsesión. Entonces lo he estado escribiendo en estos días en diferentes pedazos de papel, va saliendo así sabes, por momentos, sin ninguna sugeción a horarios, porque de alguna manera el cuento ya está escrito lo que necesita simplemente es convertirse en idioma y ahí ese es mi trabajo, pero el cuento ya esta escrito, no tengo ningún temor, es decir podrían suceder diferentes interrupciones, tres semanas en que yo no pudiera escribir, pero no importa, el cuento ya está hecho lo terminaré en el primer momento en que tenga un café o un café donde se pueda escribir o un tren o un avión o mi casa. Entonces trabajo de una manera muy desperdigada, muy anárquica, sin ningún horario. Salvo, y ya no es una cuestión de horario sino una cuestión de obsesión lo que tu llamabas -etat second- una especie de estado hipnótico salvo cuando estoy llegando a, al punto central de lo que quiero decir porque en ese momento yo soy un poco la victima de lo que estoy haciendo, estoy poseído por lo que estoy haciendo y fíjate que cuando todo el final de Rayuela, fue escrito en condiciones físicas tremendas porque yo me olvidé del tiempo, no sabía si era de día o de noche. Recuerdo que mi mujer venía con un tazón de sopa o me decía: "Bueno, hay que dormir un poco", ese tipo de cosas durante varias semanas. Pero antes de eso habían pasado dos años en que yo no había hecho nada, escribía cosas sueltas así; un capítulo, otro. Pero hay un momento en que todo se concentra y ahí tiene que terminar."


En Charla con Joaquín Soler, presentador y periodista español.



Quise compartirles estas palabras que tengo muy grabadas en mi memoria de un fragmento de una de las tantas entrevistas que tengo guardadas del gran Julio Cortázar en la que habla de algo que en estos últimos días he estado experimentando. Y es que aunque ya una vez lo había experimentado por unos cuantos días (para ser preciso cuatros) cuando terminaba de escribir mi primera novela solía acostarme a las cuatro de la mañana y me levantaba a las siete para seguir escribiendo, y es que como dicen las palabras de Julio Cortázar eso es lo que una vez más me ha estado pasando en estos días, uno no almuerza, come y cena más que esa parte de la historia que une y hace que todo lo que has escrito por meses o incluso años tenga sentido, si esta parte no te hiciera de ella, si no te metiera literalmente a la historia, si no te sintieras y estuvieras viviendo lo que narra la historia, esta como tal no tendría sentido. Pues estos días he estado justamente así, en el trabajo aunque lo hago como siempre he tenido que hacerlo más rápido y bien para seguir escribiendo en pequeños pedazos de papel, he estado durmiendo hasta muy tarde y aunque es una historia que hace años tenía en la mente y había escrito un poco de ambas partes pero hasta hace unos días de la nada me vino de golpe esa parte que conectaba a todo. Y ahora ya no puedo pensar ni en planes futuros ni en viajes ni en comer ni en dormir. Solo en escribir, pero que les digo, la verdad esta sensacion es la que más me hace sentir vivo.

Y aunque mi pretención es estár desconectado por un rato trataré de estar en contacto lo más posible por este medio, ya que por las otras redes sociales si pienso "desaparecer" porque al final son las que absorben todo mi tiempo, y mi blog sólo me roba noches y ratos de inspiración, pero la inspiración no es como el tiempo, la inspiración si regresa, el tiempo no.




martes, 3 de febrero de 2015

No es lunes, pero si es 3 de Febrero....





Hace 55 años se estaban leyendo por primera vez (sin contar al autor, a Santomé y a los editores) estas maravillosas palabras.

Aún no les he hablado sobre mis libros favoritos pero sin duda "La Tregua" de Mario Benedetti está dentro de los primeros cinco de la lista. Ahora no les hablo mucho del libro ni de esa lista, ya habrá tiempo en otra ocasión.