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jueves, 23 de septiembre de 2021

Ok, está bien: la libre comedia más allá de la referencia y el homenaje






Cuando hablamos de comedia mexicana hoy día, hablamos de películas en las que prevalecen ciertos estereotipos racistas que en afán de causar gracia de manera burda y de hacer reír a la gente, denigran me parece, sin ninguna connotación sarcástica, de sátira o algún elemento creativo que encamine a alguna propuesta narrativa, a la imagen que se proyecta de las personas mexicanas para el resto del mundo, por proyectarnos como nos proyectan.

Ahora, si les planteara que la película de la que les estoy a punto de escribir trata sobre un personaje egocéntrico, vividor, que es adulto y que tiene sexo con una menor de edad, que es la novia de su primo; me creería si les dijera que es la mejor película mexicana de comedia que yo recuerde en varios años. Ahora hondaré en Ok, está bien.


La ópera prima de la directora Gabriela Ivette Sandoval, es una película que nos lleva al año 2009, y nos presenta a Mariano, un joven de 29 años que tras 6 años de haberse graduado de la escuela de cine como guionista, sigue sin escribir su primer guion y dando talleres de guionismo en un asilo de ancianos. Mariano es un cinéfilo de hueso colorado por excelencia, no repara en la oportunidad para despotricar contra la big industry, no se concibe ver una película mientras otra persona le está hablando, ama ir a la cineteca y al chopo con sus dealers (algunos de ellos muy famosos) y siempre convence a su mamá de comprarle las colecciones de películas a cambio de llevar a cabo ciertas obligaciones y responsabilidades en la casa. Su vida, y sus rutinas, se ven distorsionadas cuando su primo lleva de Querétaro a vivir con ellos por una situación familiar que pasó en su hogar, Mariano no quiere indagar mucho en ello, pero siempre está insistiendo en el hecho, pero aún así es evidente que la presencia de su primo, al ser un joven bien parecido, al que se le da muy fácil socializar, de pronto empieza a tener todo aquello que Mariano se le complica desde siempre, entre ello, tener una novia que ama el cine. El oscuro objeto del deseo aparece en la vida de Mariano, y es el motor para que esta comedia ácida y negra llena de homenajes al cine de Woody Allen se desarrolle.


Hay algo apremiante y más que mencionado por Mariano durante toda la película: "El guion es lo más importante en la película", y en eso tiene razón, y evidentemente es lo mejor de esta. Escrito por el propio actor que interpreta a Mariano, el comediante Roberto Andrade, es un guion que de alguna manera se alimenta de la experiencia propia del cómico, pero no sólo por su ideología del guion y su amor por el cine, y la experiencia propia de hacerlo, sino porque como lo manifiesta el personaje, tiene que ver mucho cine para poder escribir un guion perfecto, lo que quizá ya tenía años dominado, y que la inseguridad no le permitía ver, no fue hasta que pasó algo en su vida, como lo fue herir a su primo, lo que hizo que por fin se pusiera a escribir, ese elemento real que pudiera detonar la ficción, o la ficción dentro de la ficción: una especie de metaguion.

Para un amante del cine de Allen como lo es su servidor, fue increíble poder ver homenaje y referencias tan bien realizadas a películas como Manhattan, Zelig y Hanna y sus hermanas, y tan bien amalgamadas a la trama de la película. Aunado a eso, tenemos la construcción tan bien realizada, capa por capa, de todos los personajes, desde la mamá abnegada pero consiente del hijo que tiene, hasta la novia que se decepciona de la experiencia de estar con Mariano. Incluso el elemento del suceso que pasó en Querétaro está magistralmente desarrollado.

La mano y destreza de Gabriela para llevar el guion de Roberto a la ejecución, es por demás admirable, comprende los elementos y conceptos creados por él, y los logra plasmar frente a la cámara de manera perfecta. Hay no sólo congruencia en la trama dentro de la ficción, sino que además no es indulgente, no justifica, nos muestra este ser despreciable y poco tolerante que a veces puede ser un amante del cine, pero al final de cuentas un ser humano que comprende y aprende de sus errores, y mejor aún, les sabe sacar provecho creando arte.

A pesar de que se percibe, se nota y se siente una película pequeña, independiente y de bajo presupuesto, (película financiada por ellos mismos) se le nota un amor al proyecto y una perfecta ejecución, no hay grandilocuencia, salvo (y enhorabuena) en las tomas de la Ciudad de México bajo las notas de George Gerwish y su Rhapsody in blue, todo lo demás es una perfecta comunicación y ejecución entre las pocas partes que forman al crew de esta película, es la película que todo realizador novel y sin dinero quisiera hacer, por supuesto si amara tanto el cine de Allen como Roberto y Gabriela.

Ahora pregunto: ¿Qué diferencia al resto de películas cómicas comerciales que se hacen en México de Ok, está bien? Que las comedias de industria usan el humor de manera tan mal ejecutada y denigrante, que buscan sostener con ella la atención del espectador, y en consecuencia, a toda la película. En cambio, en Ok, está bien, la sátira construye y se construye a través de un personaje particular, evidentemente el protagónico, para al final entregarnos una tesis del cambio de este personaje, y las consecuencias de sus actos, o al menos presentarnos la idea de lo que se va a llegar a convertir, el hecho de que esta película se haya podido realizar es una prueba de ello.


miércoles, 22 de septiembre de 2021

Lado A: autumn en el cono sur, primera parte.


Era una tarde de abril, el sol estaba exquisito y el viento soplaba fuerte en... Creo que esta ocasión no mencionaré el lugar en donde se llevaba la conferencia de la presentación de mi libro, en primer lugar porque no me creerían, pensarían: "miren, una vez más el escritor frustrado está idealizando". Y en segundo lugar, porque cómo era posible que una vez más la vida de Jesse y la mía tuvieran un paralelismo tan similar. Entonces ahí estaba yo, viendo a la gente que estaba en la presentación y escuchando todas las cosas increíbles que hablaba el presentador sobre mi. Y fue entonces que, de la nada, justo mientras presenciaba lo que toda mi vida había soñado, vino a mi mente el recuerdo más feliz que había tenido en toda mi vida: aquellos seis increíbles meses que viví de okupa con aquella chica todosanteña en la ciudad de La Paz. Había soñado toda mi vida con este día, el día en que se me reconocería como un escritor, y me daba cuenta que no era ni la mitad de feliz de lo que había sido en aquellos meses. Todos Santos no era una comunidad muy grande, seguro no tardaría mucho en encontrarla.


Había llegado directo al hotel sin prácticamente mirar nada a través de la ventanilla del taxi, iba inmerso en mi música y en el libro en turno que estaba leyendo, no había querido engatusarme con las luces de la ciudad como en un sin fin de películas lo había hecho, enamorarme de una ciudad por películas que había visto era algo que se me daba muy frecuentemente, de hecho este viaje nació precisamente por esto: una película.

No por el hecho de que yo estuviera haciendo una película, a lo más que aspiraba yo a ser era a escribir para un pequeño periódico de la ciudad donde vivía, yo de creador no tenía nada, lo mio era imaginar, idealizar; yo, el idealizador. Happy Together de Wong Kar Wai era la película que había hecho que desde los 20 años quisiera conocer alguna vez Buenos Aires, y hoy 10 años después por fin había culminado este sueño. Pero no quería que mi primera impresión de la ciudad fuera a través de la ventana de un taxi, no quería una impresión como la de Eve y Adam en Only Lovers Left Alive de Jim Jarmusch, o como la de Bob Harris en Lost In Translation, que si hubiera sabido que Tokyo no era sólo luces, sino que era pasar la noche en un antro hablando con gente en un idioma diferente al suyo, tener una pelea con metralletas, cantando en un karaoke, pasándola con una chica mucho más joven que él, una de las mejores noches de fiesta dentro del cine. Si Bob Harris hubiera sabido eso, no hubiera ido haciendo esa cara de cansancio emocional en el taxi mientras miraba y conocía las luces de esa ciudad.

Pero ahora yo estaba en Buenos Aires, bajo el impulso y la influencia que siempre ha tenido sobre mi el cine. Me ponía a pensar de que manera influía el cine sobre mi persona y he de comentar que desde que tengo uso de memoria ha influido de muchas maneras: en la forma en que idealizo mis citas cuando salgo con alguna chica, alguna caminata, como empezaba a abordar algún tema: "yo, el idealizador", aunque eso de salir con chicas hoy día no es muy recurrente si he de ser honesto. También estaba el cine en algunas de las frases que digo a mis amigos en algún determinado momento en nuestras habituales pláticas, por el hecho de haber visto una situación similar en alguna película, todo el tiempo aplicaba lo aprendido en el cine. Y no era como que quisiera apropiarme de estas ideas o momentos, todo el tiempo revelaba la fuente de mi inspiración, porque todo el tiempo se cuestionaba a mi ingeniosidad, pero el conocimiento es para repartirse, aunque seguro que de cada cien personas a las que recomendaba alguna película o algo por el estilo, sólo dos personas atendían lo compartido, así es cuando uno habla de las cosas que le llenan el alma. Mientras iba en el taxi me negaba a ver la ciudad, como ya lo he dicho, de modo que había llegado al hotel después de pagar al taxista, un hombre bastante amable, con algo de barriga y pelo grisáceo, que llevaba una boina como la mía pero de distinto color, la mía era azul, como el vestido de Ilsa, la de él, gris, como el uniforme de los alemanes. Subí a mi habitación, dejé mis maletas y decidí salir a caminar por la ciudad.

Decidí hacer una primera caminata tomando hacia la izquierda por la calle del hotel, caminaría unas cuantas cuadras sin desviarme, aún no conocía la ciudad, de modo que girar podía ponerme en una situación inesperada, y si bien eso le hacía falta a mi vida, y por eso había hecho este viaje; eso lo dejaría para otro día, ahora sólo quería ver la ciudad, respirarla, ver los rostros de su gente, sólo serían unas horas, el hotel estaba justo en el centro, se llama Esplendor, ¿qué me podría pasar en una caminata tan corta?




lunes, 20 de septiembre de 2021

Ayer maravilla fui: encontrar, tener, perder, ser.






Ayer maravilla fui es el segundo largometraje del realizador mexicano Gabriel Mariño, después de su interesante ópera prima Un mundo secreto. Ambas películas, aunque cuentan historias completamente diferentes, en entornos completamente diferentes, me parece están unidas por hilos casi imperceptibles, pero sin embargo existentes, hondaré en este asunto más adelante en este análisis, pero primero me gustaría escribir sobre Ayer maravilla fui, y las múltiples lecturas que se le pueden, o pudieron dar.

Sin hacer sinopsis alguna en esta ocasión, porque me parece deja en manifiesto una línea que se pudo haber descubierto por sí sola en el transcurrir de la trama, y con ello Gabriel como realizador jugar aún más con la cabeza del espectador (que lo hace, y lo hace bien, pero pudo haberlo hecho aún con mayor potencia y profundidad, aunque eso no le quita para nada el mérito de la gran película lograda) al plantearnos la historia de tres personajes solitarios de la Ciudad de México que se encuentran con una persona por la que por alguna extraña razón, se sienten atraídos, hay un claro sesgo en la conducta de los tres que no nos dan motivo alguno para creer que esta atracción sea por una cuestión simplemente amorosa o sexual, aunque con una de estas si se de, pero el motor principal, la trama en estos tres personajes, que aún sabiendo son el mismo ser, es la contemplación, y al final uno cae en cuenta del por qué había está necesidad de observar y querer estar con esta persona, y desde acá Gabriel ya nos da muestra a través de sus personajes, el tono en el que se mueve este barco sobre el mar.

La película está bellamente fotografiada en blanco y negro (muchos harán un paralelismo por este detalle con Roma), y todo el tiempo, ya sea en panorámicas, o minuciosos close-ups, hay un aura de detallismo e intimismo. Es una película todo contemplación, todo estrujar emociones a través de los no diálogos, a través de un ser que habla más con las plantas que con las personas, y una mujer con aspecto y voz triste todo el tiempo. Las fotografías en el poder de este ser hablan quizá del pasado y del futuro, comunican mucho en la película, y fuera de esta, es el primer lazo entre ambas obras de Gabriel.

Gabriel crea a través de esta película una cartografía muy peculiar y personal de la ciudad como concepto, hay un amor desbordante y un retrato fiel hacia este ente vivo, la vuelve un personaje más. Todas las veces en que la ciudad aparece en forma de diálogos a través de los pensamientos del ser conquistador de cuerpos (hay una lectura también que se sugiere en algún punto de la película del posible lugar de donde toma este ser los cuerpos, pero se resuelve muy pronto sin que el director juegue mucho con nuestra cabeza), hace recordar esas obras que ya han retratado a grandes ciudades con películas de diferentes géneros, como Porto o Columbus, que aunque nunca sobre las mismas ciudades, los sentimientos de sus habitantes muchas veces si suelen ser muy similares, hay mucho de situacionismo y psicogeografía urbana, incluso a uno le vienen a la mente situaciones y lugares comunes y no tan comunes de las ciudades que uno conoce al escuchar o leer sobre esto, como en el fragmento de la novela La sutil danza de las medusas de Andrei Maldonado, o el documental Ciudad de Carlos F. Rossini, que es más evidente del por qué se une al proyecto como productor asociado junto con el mismo Mariño y las muy reconocidas productoras Gabriela Gavica y Erika Avila.

El lazo que comunica a ambas películas de Gabriel, además de la fotografía del mar, es el tratamiento con el que los ruidos generados en dos entornos completamente diferentes, pueden convertirse en un lenguaje, como la ciudad y el mar pueden ser tan parecidos bajo la misma mirada, como los pensamientos generados en la mente de los personajes que exploran y están inmersos en estos silencios contemplando el paisaje, son muy similares a lo que nosotros pensamos al ver la película, al envolvernos en la música y el juego del director.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Noche de fuego: una ficción que sabe a realidad.






Este año, dos de las directoras más reconocidas que hacen cine documental en México, como lo son Yulene Olaizola y Tatiana Huezo, estrenaron sus primeras películas de ficción de manera comercial. Yulene con Selva trágica en Netflix, después de su paso el año pasado por festivales como Venecia; y Tatiana con Noche de fuego que ahora mismo está en salas de cine luego de su paso por Cannes en la sección Una cierta mirada. Ahora escribo sobre esta.


La trama central de la película gira entorno a tres amigas que viven en un pueblo muy escondido en la sierra, en donde sólo hay dos forma de sobrevivir: trabajando en la piedra en el cerro, o en la amapola en el monte. Luego de que una familia desaparece, por razones que todos murmuran pero nadie dice, las mamás de estas tres niñas deciden cortarles su pelo largo para que pasen por niños, así crecen y la delincuencia organizada, la única ley que impera en estos pueblos tan lejanos de la justicia en México, empiezan a hacer de las suyas, y así vamos descubriendo una historia más sobre desplazados y vínculos que se pierden.


Si bien, puedo decir que al igual que Yulene, Tatiana en la ficción no tiene la potencia que suele tener con su obra documental, si debo decir que me parece hace una película bien lograda, y además inteligente, ahora me explico.

Tatiana, a diferencia de sus documentales, no teme dar más dinamismo o vida a la película a través de la cámara, por momentos trabajando planos generales, por momentos primeros planos, la hace muy vivaz, y también muy serena, incluso la deja fija y hace que todo pase frente a ella, como una persona observando el caos que se desata en el imperante infierno que puede llegar a ser nuestro país en tierras sin ley. Si bien en algunas cuestiones Tatiana resuelve de manera fácil a través del trabajo en postproducción y efectos especiales que se logran cuando se tiene presupuesto para una ficción y que aligeran la carga, me parece que muchas veces esto juega en contra creativamente hablando (un ejemplo de esto, la escena del helicóptero), pero también hay que mencionar que algunas veces le resultan de manera extraordinaria, como en la escena donde explotan el cerro frente a la cámara.

Tatiana logra notas magistrales por la forma en la que expone un tema que para nada se aleja de su obra en general, como lo es las consecuencias de la delincuencia y el desplazamiento, pero de una manera sutil y centrada, logra anteponer el efecto de la violencia de una manera atmosférica y no demasiado gráfica, y eso a mi parecer es un acierto por parte de ella. Hay una clara denuncia de los males que traen los problemas de la violencia, y no teme señalarlos: el poder económico, las autoridades permisivas y los problemas de las drogas; de estos principales problemas vienen todos los males, una vez que Tatiana los pone en la mesa, empieza a desentrañar las consecuencias que vienen después, sobre todo hacia la mujer, pero en este punto Tatiana no cae en el sensacionalismo ni en el exhibicionismo, todo lo expone de manera incluso respetuosa, y me parece esto se debe a que Tatiana conoce muy bien el tema, no sólo porque lo haya vivido, sino porque lo investigó bien con su obra documental (algo que, por ejemplo, Michel Franco no hizo con Nuevo Orden), no busca generar el shock a través de las imágenes, sino la concientización a través del discurso y la correcta construcción de la trama, y me parece que en esto es clave el personaje principal de la película: Ana.

Si bien el papel de Paula y María también son importantes, sobre todo el de María y su familia, desde que Ana descubre por propios ojos lo que le pasa a la primera familia que es azotada por la violencia, ella crea una conciencia; a pesar del miedo que siente, ella quiere luchar y ayudar a los demás, quiere combatir la realidad que viven no sólo ella y sus amigas como mujeres, sino también todas las personas en el pueblo, es una chica que tiene sueños a pesar de que se tenga que esconder como gusano y que quiere estar en su pueblo, este continuo revelarse evidentemente le trae problemas con su madre, (acá abro un pequeño paréntesis para hablar en general del gran trabajo de todas y todos los actores profesionales y no profesionales de la película) una mujer que luchó hasta el final para no ser absorbida por el entorno, para no exponer a su hija a lo que el destino dicta en ese lugar. Una vez que llega la noche de fuego, justo al final de la película, es donde me parece la película pierde la fuerza con la que debía cerrar, no pierde el hilo, eso es seguro, porque la catarsis que genera en el personaje principal, era la que debía tener, pero no parece impactar del mismo modo en el resto de los personajes, no está esa misma fuerza y sufrir en el perder la paz, la tranquilidad y el pertenecer una vez que eres desplazado.

Y sin afán de querer comparar, en eso otras películas recientes y no tan recientes, incluso la obra pasada de Tatiana, si son contundentes, y quizá por eso muchos dirán que no estuvo en competencia oficial en Cannes, pero aún así, Tatiana logra a su manera una película digna de un mal antiguo en nuestro país.





viernes, 17 de septiembre de 2021

El vestido azul


-Un día así no se olvida. Los alemanes vestían de gris, tú vestías de azul.
-Si, he guardado ese vestido. Cuando los alemanes se marchen volveré a ponérmelo.


Tú, la mirada en el retrovisor,
tú, con el vestido azul,
tú, llorando en el andén.


Aún recuerdo ese vestido azul,
justo en la esquina esperando el autobús;
tú ibas al norte,
yo iba al sur.


Con su vestido del azul del mar,
azul del mar.










miércoles, 15 de septiembre de 2021

Los amores postmodernos: cada vez nos vamos pareciendo más a nuestros personajes.





Hay críticos de cine en pleno siglo XXI que, cuando se encuentran con una película que no da evidencia de montaje, o que dejan la cámara fija sólo haciendo registro de lo que pasa frente a esta y lo que los personajes explotan en la escena, o que no hay evidencia de la mano del realizador en la edición en postproducción, creen que eso no es cine. Para mí es imposible concebir el cine sin la mano de su realizador, no existe tal cosa, la diferencia está en percibir y encontrar la mano del realizador, aunque esta se empeñe en no ser vista como las manos de un mago efectuando un truco, ya sea en el guion, durante el rodaje, o en la postproducción, siempre hay un montaje que el realizador está efectuando, y nosotros como espectadores, nos guste o no el resultado final, estamos ante su truco.


Escribir sobre Andrei Maldonado y sus trabajos, siempre es escribir, y me alegra que así sea, sobre vanguardia. En muchos sentidos, el trabajo de Andrei se ha vuelto el portavoz de un movimiento de contracultura cinematográfica en Durango. Una propuesta única que rige la fuerza de un realizador que se sujeta y somete sólo a lo que su ente creador le pide, y no lo que el status quo, el mercado o el espectador piensa o cree como cinematográfico. Sobre todo, escribir sobre trabajo de Andrei Maldonado, es escribir sobre él.

"Los amores postmodernos" es el último trabajo realizado por el cineasta duranguense, un mediometraje de casi 36 minutos en el que se aleja aún más de las narrativas convencionales a las que el cine comercial e industrial nos tienen acostumbrados, un ejercicio por demás interesante sobre estudio de personaje, en el que se asoman bastante peculiaridades que a mí me llaman poderosamente la atención y que quiero desmenuzar en este ejercicio escrito que busca ser más que una crítica o análisis.

El trabajo nos muestra a varias actrices (profesionales y no profesionales) decir el mismo diálogo, podemos ver a todas interpretar las líneas que Andrei les hizo llegar como si estuvieran haciendo un casting. Vemos como cada actriz se adueña del personaje a su manera, ya sea por el tono de voz, por la caracterización, por el diseño de producción, por la fuerza de su mirada, o por las peculiaridades entorno a los ruidos de fondo. Cada una de las cenicientas tiene un toque, y Andrei lo explota de manera muy peculiar y aparentemente sin control, pero me parece que el control lo tiene Andrei aunque no se perciba.

Es evidente que la forma en que monta cada uno de los monólogos no es al azar, Andrei los pone de tal manera para que el mediometraje vaya generando una fuerza en el espectador, hay una correcta forma de hacer el corte entre uno y otro. Cada actriz, como ya lo he mencionado, da al personaje cierto matiz y cierto brillo que lo hace atractivo, aunque evidentemente algunas brillan más que otras, de ahí que al juego se le sume la repetición y la doble aparición de algunas, ya sea de la misma manera o de manera distinta. Incluso me atrevería a decir que Andrei nos suma aún más a este truco, pues bien se podría decir mucho de nosotros de acuerdo a cual de los monólogos elegimos como el que más nos gusta.

Hay nuevamente una preponderancia en el trabajo de Andrei de enaltecer y capturar la figura femenina tan latente en sus trabajos, pero en este es me parece muy simbólica y significativa, pues no sólo vemos a un sin fin de mujeres caracterizando a un personaje femenino cualquiera (en esto me recuerda mucho el trabajo de Andrei al de "La princesa de Francia" de Matías Piñeiro) sino que es un personaje que Andrei ya había utilizado en uno de sus trabajos más importantes, "Cenicienta rota" del 2013, lo cual nos hace ver que, Andrei no sólo hace un trabajo innovador y fuera del esquema sólo por la inquietud creadora en él, sino que además da una especie de noción de la que para él representa su paso en el espectro cinematográfico de la región, lo importante que es voltear para atrás y ver lo que éramos, también quizá la nostalgia de lo que fue hacer algunos de nuestros trabajos con personas y personajes muy importantes y significativos en nuestra vida (aquí un paréntesis para hablar que la primera cenicienta fue la joven y distinguida actriz Alejandra Castañeda, y que en "Los amores postmodernos" Andrei logra tener a la muy distinguida actriz Iliana Donatlán entre el cast), y sin lugar a dudas, hay un manifiesto de lo mucho que nos vamos pareciendo a nuestros personajes.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Sobre amores intensos que no quisieran serlo.


La única manifestación de amor de pareja que conozco es la intensa. Esa que se extingue como vela en una noche de huracán.

Esa intensidad que no es más que la máscara para ocultar un fuente de amor que está limitado por la realidad, la vida, el tiempo, las palabras, lo efímero, lo perdurable; amor incomunicable más que con miradas que hacen que uno olvide el mundo allá afuera, hipnotizados por la idea de una fuga de dos a encender las estrellas más remotas de la galaxia a besos. Caprichosa y endemoniada forma de amor que los que amamos con profundidad quisiéramos durara y fuera bella por siempre. Pero si no tuviera fin, ¿sería igual de bella?

Amores desprendidos que cuando se prenden no les importa morir de felicidad, de placer, de dolor, de amor.

Amores intensos sin vigencia, sin contrato, sin temporalidad. Amores a los que les da lo mismo esperar meses por dos días enteros sin salir del colchón. Amores que quisieran ser normales con caminatas los domingos en el parque, visitas a la casa de los suegros; sin tener que esconderse, sin sentir que ofenden a dios por tanta pasión que transpiran. Para al final tener la clásica historia [de amor] en la que ella se salva y encuentra al "hombre ideal" para formar una familia, y él se queda [solo] esperando a volver a prender la llama hasta que esta se esfume y se canse...
Y vuelve a escribir.





miércoles, 1 de septiembre de 2021

El ensueño de Carlotta: la pugna por no crecer.





Si bien hace unos meses, cuando escribí sobre Ricardo sin cabeza, mediometraje y trabajo más reciente de la realizadora Deniss Barreto, expresaba que a mi parecer en este había encontrado su tope artístico y la conjunción de formas y fondos, he de decir que aún con eso, creo que me parece que su trabajo más importante y significativo es El ensueño de Carlotta.


El cortometraje nos muestra a Carlotta, una jovencita que está entrando a la adolescencia y los cambios que esto conlleva. Su lucha contra estos no está sólo por los cambios en sí, sino por la presencia de sus hermanas, por un lado está la menor, que le recuerda lo que fue y ya no será, y como su presencia e hiperactividad la molestan, y su hermana mayor, que de manera burlona le recuerda los cambios por los que está pasando y le muestra la mujer que será, y cómo sus pláticas se tornaran completamente en trivialidades que aún no comprende. Es entonces que Carlotta, sin nadie a quien recurrir más que a sus silencios por el tabú que aún hoy día prevalece en la mayoría de hogares mexicanos cuando se trata de hablar de la sexualidad con los adolescentes, empieza a liberar la fatiga que le produce el crecer, el no querer hacerse aún más mortal, sus pensamientos y sus sueños le van sugiriendo lo que debe de hacer, cómo combatir estos cambios, lo cruel que es ver a un pajarito encerrado en su jaula. Al final Carlotta encuentra una forma en que se puede detener la agonía, el sufrimiento de no ser escuchada. Hay un acto de liberación en el que intenta evadir y atentar contra la realidad que le duele y no quiere vivir, al que le prosigue otro acto. No lo sabemos con certeza, pero seguramente al final el pájaro abandonó la jaula.


Cuando menciono que para mí este trabajo es el más importante en la obra de Deniss, es porque tiene una relevancia más que destacada por el tema y el discurso tan importante que atiende, y por la perfección en su hechura.

Deniss plasma una historia detallista e intimista como sólo habría podido hacerlo una mujer que llevó de una manera tan intensa y profunda esta etapa de su vida, de ahí que me parece que el trabajo en el guion es tan notorio, se siente incluso una conexión personal en la historia, más que autoral, y eso hace en consecuencia que incluso se puede ver identificado un hombre.

En cuanto a la realización, hay un dominio total de las herramientas técnicas y narrativas, Deniss logra con cada plano, con cada movimiento de cámara y con cada encuadre, una armonía. Es un trabajo preciso en el que su lenguaje se enriquece, la historia y lo que transmite, siempre van en ascenso. Hay un trabajo a nivel estético más que importante, y por supuesto todo complementado por unas brillantes actuaciones, destacando por supuesto a la joven Regina González, quien personifica a Carlotta.

Deniss muestra de manera perfecta no sólo a través del guion y su dirección, sino a través del característico tono frío de la fotografía en la mayoría de sus trabajos y la atmósfera que crea a partir de lo que encomienda al departamento de diseño de producción (el homenaje a Ofelia de Millais y toda la parte del bosque es excepcional), lo duro que es crecer para una mujer y los cambios que en su cuerpo y su mente se suscitan, algo que si bien ya ha sido expuesto en el cine, me parece que Deniss logra mucho más que muchas de las películas que ustedes me pudieran citar, ya que Deniss logra mostrar de una manera tan profunda, esta transición, dando realmente todo el peso y el valor al personaje, y a partir de este construir toda la historia, y no al revés.

La intención de querer dejar de ser, buscando desestabilizar el entorno a través de nuestros actos hacia los demás es una forma de combatir lo que no se puede combatir. Y en el acto de perder, o creer que perdemos algo, casi siempre se encuentran sentimientos, emociones, y quizá, nos encontramos a nosotros mismos. ¿Quién dice que no podemos ser ese pájaro muerto que observamos entre nuestras manos?