Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

domingo, 11 de diciembre de 2022

Pinocchio: una historia de padres imperfectos e hijos imperfectos.


Siento que dedicarle unas pocas palabras, o escribir de manera breve sobre un trabajo que se llevó alrededor de 15 años su elaboración, es un acto mezquino, egoísta y nada correcto; aún así siento que el trabajo de Guillermo del Toro se merece un trato especial, porque es un trabajo especial, y atendiendo una de las máximas del cine que yo siempre he valorado y que más me representan, en esta ocasión trataré de empezar a crear un diálogo con ustedes apreciables lectores, en el que con poco intentaré decir mucho, trataré de hacer más con menos. Así pues, fundamentaré mi breve comentario con todo lo que me vino a la mente mientras miraba la obra del creador tapatío.






Debemos empezar partiendo de lo más obvio: el trabajo de animación. La belleza lograda por Guillermo y su equipo de animadores con este stop-motion es absolutamente y verdaderamente apabullante, desde el minuto uno ya vemos la belleza en ella, y es ineludible quedar atrapado ante tal maestría, y esta forma se complementa inmediatamente por el discurso del fondo. Aunque se pueden percibir pequeñas diferencias en el trabajo entre las unidades de animación (esto se puede hablar de un sello de cada una de ellas), se ve que hay una mente maestra detrás de toda la obra, pues hay congruencia en toda la película hablando de este departamento creativo. El atinado ritmo narrativo hacen que la película, a pesar de durar dos horas, no se sienta en ningún momento largo o pesado, el relato es completamente dinámico. El trabajo fotográfico es perfecto, iluminación y escenografía van perfectamente de la mano con toda la obra sin sentirse en ningún momento forzoso con el discurso, 

Guillermo lleva a su Pinocchio a la Italia fascista de Mussolini, y con él nos entrega a este ser que, sin ser creativo, es la creación "insubordinada" a la que tanto temía este y otros regímenes, y como también en su momento quisieron hacer propaganda con ello, y en consecuencia utilizarlo como un arma, o incluso utilizarlo para adoctrinar a más gente (claro ejemplo: las películas que utilizaba Hitler para vender los campos de concentración como un "buen hogar" para los judíos) y como el sacrificio de la creación para salvar a su padre, se basa en el exilio de los que más ama para salvarlos, y así entregarse a otro ser implacable y depredador: el espectáculo y el dinero (claro ejemplo: los cineastas que huyeron para ir a dar a la industria de Hollywood, unos integrándose a esta y logrando luego de muchos años libertad creativa, otros ignorados por no seguir las prácticas de ese sistema).

Desde el principio Guillermo hace algo fundamental para la película: atiende de manera muy precisa y correcta, los motivos que llevaron a Gepetto a crear a Pinocchio, el por qué lo hace de la madera del árbol que lo crea, y el estado emocional en el que estaba, y eso es algo que ninguna otra obra lo había hecho o siquiera explorado como lo hace él. La película trata en muchos sentidos sobre las relaciones difíciles entre padres e hijos, de las formas imperfectas de la comunicación en estas relaciones y como el desear que uno o el otro sea diferente a lo que es, crea conflictos. El planteamiento de la pérdida de un hijo, o de un padre, y que eso nos haga reconsiderar lo que sentimos y las palabras que decimos, es algo poderoso. El hecho de hacer el bien y ayudar a los otros, incluso yendo en contra de las leyes impuestas por un sistema podrido, el dar lo mejor que tenemos, e intentemos hacer lo mejor, haciendo que este acto sea lo mejor que somos, son sólo algunos de los muchos mensajes que la película ejemplifica y lleva al acto.

Hay muchos elementos que nos permiten identificar el gran trabajo que se hizo desde el guion, el hecho de que la historia sea narrada por un grillo maduro y que sea un escritor (o cuenta cuentos, lo cual hace aún más congruente y atinado que él cuente la historia y el cómo la cuenta), y la idea de las múltiples vidas de la creación; el prueba y error, y las lecciones que se aprenden de ello. El discurso del sacrificio y aprender a hacer lo correcto desde el ejemplo de un niño que no es un niño (y que jamás llega a ser un niño), tiene mucho poder y es un discurso muy universal que llega a chicos y grandes. La película cuenta, aun con su forma adulta de realización, con un lenguaje muy infantil, hay muchos elementos de fantasía y de melodrama clásico (que muchas veces se refuerza con la influenciable música del gran Alexandre Desplat), pero con esto se fortalece, aunque parezca contradictorio; el realismo que tiene la obra (algo que no lograron otras adaptaciones de la obra de Carlo Collodi, o mejor dicho; el Pinocho de Disney) y el sello que caracteriza al cine de Guillermo. Hay un misticismo en todos los elementos que conforman al fondo y forma que a uno lo hace recordar inmediatamente toda la obra del director, incluso al cine que él ama (se ve una aura del cine de Miyasaki), y eso es algo disfrutable para todos los públicos.

Sin duda alguna el Pinocchio de Guillermo es una película que deja huella, es de esas películas que no te sacas de la cabeza muy fácilmente, y que su mensaje queda guardado en el corazón cual caja de fósforos en la que se guarda ese grillo cantor que es nuestra conciencia, y que nos hace ver por instantes fugaces con los ojos de un niño y recordar que la vida es pasajera, que hay que ver morir a nuestros seres queridos y que nos enseñaron a amar lo que amamos en esta vida, hasta que nos perdamos y hagamos uno con el planeta. Sin duda una de las películas más bellas del amigo de los monstruos, que ya es mucho decir, y una de las mejores películas de este año.

martes, 8 de noviembre de 2022

"El reino de dios" de Claudia Sainte-Luce: juegos de niños, dolores que nos hacen crecer.





La cuarta película de la realizadora veracruzana Claudia Sainte-Luce no sólo figurará para el fin de año como una de las mejores películas mexicanas que figuró en festivales importantes de cine en el 2022 (pues nada más tiene en su recorrido a la Berlinale, al FICG y al Festival del Nuevo Cine Mexicano de Durango), sino también como una de mis favoritas, y una película que representa fielmente la idea de que en el cine caben todas las historias posibles, sin que estas tengan que ser violentas, intensas, dramáticas o trasgresoras; es la fiel representación que el cine también puede reflejar esas historias simples llenas de cotidianidad, juegos y retratos que rayan en las realidades de muchas personas en lugares muy pequeños y lejanos, desde la trinchera del cine independiente mexicano tan lleno de corazón.


Neimar tiene ocho años, vive en un pequeño pueblo y está ilusionado por hacer su primera comunión, ya que su abuela le ha asegurado que ese día conocerá a Dios. Su vida transcurre tranquila entre cuidar caballos de carreras, de los que es fanático; trabajar en un tope pidiendo dinero y ayudar a su mamá a vender tamales los fines de semana junto a su mejor amiga, Demi. Toda esta serenidad en el entorno de Neimar cambia de pronto. Su vida se va llenando de decepciones que harán que reconsidere su entorno, dejando de lado su inocencia.


El discurso y la narrativa en la película de Claudia es tan sencilla como efectiva, pues vemos tal cual toda la trama y el desarrollo de la historia contada de una manera que se siente natural y orgánica, esto quizá se deba al hecho de que la película tiene como propósito mostrar una situación de crecimiento, más que un discurso complejo. Hay una universalidad en la historia de Neimar, que vemos capturada esa infancia con la que pocas veces los adultos podemos conectar si no es con películas como esta.

Hay una suerte de espontaneidad que hace que lo que veamos no se sienta como un montaje o algo que está planeado o escrito, se siente como si estuviéramos ante un pedazo de realidad, como si más que una ficción, lo que viéramos fuera un documental (por muchos momentos me hizo recordar a Cosas que no hacemos de Bruno Santamaría), y esto se debe en mucho al trabajo colaborativo entre directora y fotógrafo, pues vemos en cada plano, en cada secuencia y en cada encuadre (que por momentos logran unas composiciones realmente hermosas), una chispa de intuición sobre lo que Neimar está viviendo y está haciendo ante cámara, su interacción con su entorno, con los animales que tanto ama, con las personas, y eso es algo que tiene una belleza tan gozosa que no necesariamente se tiene que describir, Neimar es un niño con y por el que reímos, y con y por el que lloramos, además de que está plagada de personajes realmente humanos, auténticos y honestos, como la abuelita de Neimar o al hombre que pasa a saludar todos los días a su ventana.

El conocer más el contexto y las inquietudes que hicieron a Claudia querer hacer esta película, uno puede intuir porque el trabajo logra conectar de las formas que conecta y las emociones que nos hace pasar a los espectadores, que van desde lo personal (la película se rodó en Tlalixcoyan, lugar de donde es originaria Claudia, Diego Armando Lara Lagunes, el niño que interpreta a Neimar, es su sobrino en la vida real, y ella también sale actuando en la película) hasta la forma en que ella defiende el cine, pues esta película fue realizada sin ningún apoyo económico (es decir, sólo con recursos de ella, equipo conseguido por el productor, y apoyos en especie) y se rodó sólo con muy pocas personas involucradas en el crew técnico, con no-actores que vivían en el mismo Tlalixcoyan, todas estas cosas que abonaron a una forma más liberada y poco convencional de hacer cine según lo dicta la industria (incluso el hecho de no tener como tal un guion literario y diálogos previamente escritos al rodaje), les dio una libertad creativa que lograron asentar perfectamente, y que logra saltar de alguna manera de la pantalla y el espectador es testigo ocular y auditivo en todo momento de esta magia, esta película confirma la máxima de que en el cine siempre, menos es más, cuando sabes lo que con tu discurso quieres comunicar.

La forma en que Claudia concibe el cine, ha hecho que en ocasiones critique la forma en que opera el cine industrial y comercial, y todo lo que este conlleva como aspirar a fondos de realización, postproducción y distribución, cuestión que incluso muchas veces a llevado a hacer declaraciones públicas al respecto (acá un video al respecto), de ahí que ver esta película que en muchas maneras dignifica y además es congruente con el discurso de Claudia tanto en las formas como en los fondos de las historias que Claudia ha retratado hasta ahora en el cine, esta película es un baldazo de agua fresca este año en un cine mexicano tan necesario de historias simples, cercanas, bellas y empáticas; con todas las realidades que caben en nuestro país.

"Ir y volver" de José Permar: fondos que llegan al corazón, formas hechas con el corazón.





El cortometraje documental más reciente del realizador sudcaliforniano José Permar, es un ejercicio que me parece uno de los trabajos más brillantes y valientes del año, ya que en él, además de plasmar una historia muy personal, hay una serie de elementos en el plano creativo que son por demás propositivos, pero vamos por partes para hablar de su hechura y su importancia tanto en el discurso como en su narrativa.


Según Filminlatino, esta sería su sinopsis:
Mientras una madre está en terapia intensiva con pocas esperanzas de sobrevivir, su hijo se encuentra en otro continente sin posibilidades de verla.


Este cortometraje que a mi parecer entra dentro de la corriente del cine-ensayo, experimenta de manera muy natural en su narrativa, tanto en lo auditivo, como en lo visual, pues por una parte podemos escuchar de manera entrelazada, tanto las reflexiones de José por la situación que estaba viviendo su mamá en México al caer en terapia intensiva y en un coma inducido, mientras él viajaba por Europa para estudiar un Máster en cine documental; así como los vagos pasajes que su madre recordaba de esos días en que ella estaba entre la vida y la muerte, todo mientras el espectador escucha a su madre hablando con él por teléfono, y a él como si estuviera escribiendo una carta en la que no sabe si ir con su madre y de esta manera dar por sentada la posibilidad de que ella realmente podía morir, o seguir el camino natural de las razones por las que él hizo ese viaje, con la esperanza de que su madre estará bien y podrá volver a verla y escucharla a su regreso.

El discurso que José crea en el plano auditivo es realmente emocional, sin caer jamás en el melodramatismo burdo y barato, no teme en mostrarse vulnerable ante una situación en la que cualquiera de nosotros caería en el estado de mayor vulnerabilidad que el ser humano puede caer, como lo puede ser la posible muerte de un ser tan amado como lo es una madre. Esto sobre todo se demuestra cuando José trata de grabar un audio que los médicos que se encargan de su madre, le recomiendan que haga para que ella probablemente lo pueda escuchar.

En el plano visual, José crea un montaje realmente hermoso que hilvana y empata perfectamente con el discurso de sus reflexiones, a través de las imágenes que él registra de sus viajes y los lugares en que está mientras está viviendo todo esta situación en su interior y en la distancia (no sé si José filmó con película o si ese detalle para darle el aspecto de película se trabajó en la post-producción), encontramos imágenes realmente bellas, que a uno lo hacen remontar a los grandes maestros del cine-ensayo y cine-diario, por lo cual no es nada difícil de entender el por qué José trabajó su discurso a través del montaje que hizo. Hay elementos muy sencillo, pero que en su sencillez se vuelven poderosísimos para entrar precisamente en la psique del discurso que José expone en su trabajo, como ese bucle que hace en unas escaleras, con casi todo en oscuridad salvo por una lámpara que nos da una luz que bien podría representar la esperanza de poder volver, como José expone su deseo de poder hacerlo como su madre lo hizo, sin sentir esa sensación de que cada vez le es más difícil volver a su lugar de origen, de no sentirse más un nómada, un extranjero que va de acá para allá al cual cada vez se siente más lejano, como él lo expone en esta carta visual.

Un trabajo muy sencillo en el que lo que vemos de manera muy natural y cotidiano, enmarca el hecho de que en el trabajo de José, el mensaje es lo más importante y poderoso, en el que el contexto social  e histórico de los últimos dos años, podría reflejar la historia de muchas personas que al igual que él, estuvimos en esa disyuntiva entre irse o quedarse, en el que muchos regresaron, y otros ya no pudieron hacerlo.

miércoles, 2 de noviembre de 2022





¿Qué pasa con los lugares cuando ya no están las personas que los hacían especiales? ¿A dónde se van todas las historias? ¿Son sustituidas por otras? ¿Se quedan en nuestra memoria? ¿Alguien más las continua?


"Chronique d’une liaison passagère" del director Emmanuel Mouret es una comedia romántica que encarna en una historia muy particular lo mejor de cineastas como Woody Allen y Eric Rohmer, pero con una mirada muy distinta y muy propia de este director. Temas que quizá serían muy ríspidos o tabús en otras culturas como la infidelidad, para los franceses son tomados de manera muy natural y objetiva sin la necesidad de caer en el melodrama barato como suele caer comúnmente el cine hollywoodense. Se nota cuando el concepto de la fidelidad y el amor abarcan y retratan cosas más concretas y reales, esta manera "open mind" que tienen los franceses para las relaciones amorosas permite mostrar este tipo de historias con mucha propuesta, y son rigurosos sin caer nunca en alguna clase de prejuicio y sin la necesidad de ciertos clichés que en otros cines (no sólo Hollywood) son más como una situación para provocar el chiste fácil que terminan cayendo en situaciones sin sentido.

La película, que empieza como una comedia en toda su esencia desde el principio, de a poco va tomando forma y sentido de manera muy orgánica, que conforme la situación y desarrollo va desembocando en un drama amoroso que es naturalmente orquestado por personajes congruentes, (que por supuesto es gracias a la gran interpretación del actor y la actriz protagónica, que tienen una química que salta de la pantalla) que son fuera de la norma (mostrar abiertamente en fondo y forma un personaje masculino que acepta y se sabe un personaje torpe, sensible y con un lado femenino muy desarrollado) y que tienen un encanto que es cobijado por un ensamble hablando en su forma técnica con elementos como los lugares donde se encuentran, (que casi al final de la película se nos muestran como si fueran un personaje más [un elemento muy "Before" de Linklater], justo antes de ese final muy "Annie Hall") la fotografía y como la colorización y el diseño de producción son parte de la misma narrativa sutil y delicada, que además tiene en muchos sentidos la idea del cine que defendía y ejemplificaba Rohmer, como la forma de utilizar la música, todo en un contexto si bien más contemporáneo, se siente esa esencia de un regla de cine que no caduca.

Una película realmente encantadora, en la que las pláticas entre sus protagonistas, que oscilan entre trivialidades, absurdos, y complejidades; arrebatan al espectador varias risas y sonrisas, y unas cuantas lágrimas y suspiros.


El norte sobre el vacío.





Hace unos años, haciéndole una entrevista al realizador sudcaliforniano José Permar (además muy buen amigo), este me comentó un hecho que yo de alguna manera ya intuía, pero escucharlo de otra persona me hizo confirmarlo, y este hecho es que en México, cuando un documental toca una causa social justa, o es de denuncia por actos de violencia, se da por hecho de que es un buen documental, cuando no siempre es así. Y esta regla considero yo que también muchas veces se puede aplicar en la ficción, que si bien podría ser más difícil de burlar para quienes hacemos análisis cinematográfico, para el público general podría pasar de noche y creer que es, sino una obra maestra, porque los grandes públicos no suelen hablar en términos de "obras maestras", si podrían ser fácilmente engañados y creer que están ante una buena película. Esto lo utilizo como introducción para hablar sobre la más reciente película de la muy interesante Alejandra Márquez Abella.


El norte sobre el vacío habla en términos muy generales de como un hombre de familia de rancho, un patriarca en toda la extensión de la palabra, que claramente está venido abajo, ya en declive, tanto por la edad como por la que podría ser una enfermedad tipo Alzheimer; ve amenazado su rancho por el crimen organizado. Es en su ímpetu de macho que hará defender a toda costa su legado familiar, manda a su familia al lugar de donde realmente son, la ciudad, y se queda él solo en el rancho con sus trabajadores para hacerles frente a los pillos y defender ese pedazo de tierra que es parte de su historia, aunque ese legado y esa historia esté más en el pasado que en el futuro, pues sus hijos cada día están menos interesados en sus historias que cambian y no le dan de alguna manera el lugar a la mujer, y la figura en la que él confiaba que podía suplantar la ausencia de un heredero del rancho, es quien lo traiciona por querer tener lo que ella creía que merecía por lo que ella le dio, aunque al final se arrepiente e intenta redimirse lo cual sin lugar a dudas es lo peor no sólo para él y para ella, sino para toda la película..


No creo que haya crítico, por muy caprichoso u objetivo que vea, que ponga en tela de juicio el valor del fondo (o fondos, que a ojos de ciertos espectadores esta lectura puede ser totalmente válida) en la historia de la directora; en donde recae el criterio de lo que podemos criticar de su obra es definitivamente en la forma, ahí si que tenemos elementos para hablar de la cosas que a criterio de cada uno, son buenas o malas elecciones.

Al hablar de la forma, no necesariamente hablamos de esta en los términos técnicos, pues hay sin duda alguna todos los elementos para ver que la producción es perfecta en todos los departamentos que conforman una película, es decir: se ve bien y se escucha bien (en ese sentido creo está justificado el premio otorgado a Mejor Película en el pasado Festival de Morelia), pero cuando me refiero a la forma, es en el sentido narrativo que no empata desde mi perspectiva, de manera correcta para que el fondo logre ser poderoso y tener el peso que supongo Alejandra buscaba.

En lo que respecta a las cosas que están bien en la película, sin duda alguna habría que empezar con las actuaciones. Hablando sobre todo de los actores principales, creo que hay un trabajo por demás importante, sobre todo destacaría el trabajo de Paloma Petra, con un personaje que en lo general es muy taciturno, pero cuya presencia es apabullante, no sólo en lo que la trama en lo general representa y que al final se ve revelada, sino por esta forma en que puede pesar tanto su presencia aún cuando casi no tiene líneas, y que se confirma cuando estas pocas aparecen, pues tiene un poder en su palabra que hace que todos la obedezcan, aquí si creo que se encarna todo lo que se dice sobre ella, y los elogios conquistados: es un personaje que enaltece y redignifica al personaje cumbre del western, una antihéroe que por si sola, tiene más valor que una película en si. En el caso de Gerardo Trejoluna, también sin lugar a dudas hay un trabajo muy meticuloso para encarnar el constante y paulatino derrumbe de este patriarca que va perdiendo de a poco sus facultades de poder controlar todo, como lo hizo el años atrás, como lo hizo su padre, en tiempos en que la mujer se dejaba someter, un vaquero en su crepúsculo, que además, a mi parecer lo mejor del personaje que él interpreta, es que amalgama de manera perfecta y natural con todos los personajes siempre que tienen interacción con él, es una especie de mariscal de campo, pero hay detalles que decrecen todo lo bueno de este personaje encarnado por este actor que más delante plantearé. Mayra Hermosillo está más que perfecta también con un papel muy pequeño pero poderoso, Dolores Heredia discreta pero perfecta, Raúl Briones está irreconocible para bien. Fernando Bonilla está perfecto en un personaje que lastimosamente le queda chico, pues es el personaje más estereotipado que yo recuerde en mucho tiempo en el cine nacional, algo que lastima viniendo de una película que en el papel es "seria e importante", y esto demuestra que no todo es miel sobre hojuelas en este departamento, pues así como hay más personajes que sólo se usan como relleno aún cuando son secundarios, hay ciertos actores que me parece no dan la construcción que deberían a estos personajes, pues en el caso de Juan Daniel García, veo literalmente al Ulises de Ya no estoy aquí pero vestido de jornalero, y bien de eso podríamos incluso culpar al guion y a la directora de eso (que ya iremos a esos temas más adelante) pero en lo particular no creo sea el caso en él, pues también aparece como peón el actor Yahir Alday (el Sudadera en la película antes citada), que desde mi perspectiva, hace un mejor trabajo que Juan Daniel en la construcción de su personaje.




A mi parecer el gran problema de El norte sobre el vacío radica en su guion, y eso es, algo al menos para mí muy grave, pues si el guion falla, la historia y el discurso no se sostienen, por muy bonito que se vea todo en pantalla y por muy bien que se escuche el sonido, de ahí que me molestara un poco que se le distinguiera con el premio a Mejor Guion en Morelia. Parto desde el hecho que como lo comenté al principio, hay muchas cosas que la trama quiere tocar, exponer y diseccionar, pero desde mi punto de vista sólo las presenta, ya no digamos que las empieza a desarrollar y se quedan incompletas, ni siquiera empieza a desarrollarlas, dejando todas esas cosas interesantes que menciona (y vaya que si son interesantes), sólo como un dato curioso. Muchos podrán defender este hecho con el argumento que Alejandra quería sembrar en el espectador el germen para que en la cabeza de uno se empezara a armar estas inquietudes a través de cada uno de nosotros por la tensión que propone, pero el problema, una vez más que radica en el guion, pues siempre, lo siguiente que vemos y empieza a mostrar la pantalla, trata de dictar otra situación completamente diferente, otro fondo que en el papel resulta igual de interesante, y que esperamos sea el real conductor de toda la trama, lo que vemos y escuchamos, pero volvemos a quedar donde mismo, y esto hace que uno como espectador se canse.

Otro de los elementos que hace que uno como espectador no conecte, es el hecho de que los diálogos de los personajes ponen en muchas ocasiones tropiezos al desarrollo de estos y lo mucho que los actores iban construyendo. En más de una ocasión las pláticas entre estos se sienten acartonadas, son predecibles, y caen en la torpeza y en lo redundante, además acompañados casi siempre con chistes malos, aunque este detalle, como lo comenté antes, puede ser por el hecho de que así sea realmente el ranchero en Nuevo León, pero creo que esto también juega en contra del discurso que quiere proponer Alejandra, pues podría caer en el hecho de utilizar estereotipos que no siempre son buenos en el cine de denuncia o violencia, y no es el único de los elementos que resultan ser un arma de doble filo, sin contar los muchos errores de continuidad que tiene la película, y decisiones en el montaje que a mi parecer son erróneas, que si bien no son del todo graves o visibles, o que si bien no se notarían al ojo del público general, el hecho de que lo que se trata de exponer a través de los diálogos y el discurso de cada situación, jamás llega a ser sólido, uno cae en todas las faltas que rodean a todo lo que aparece en cuadro, sus incongruencias y sus inverosimilitudes.

La película por momentos parece que quiere ser una película seria (o más que "seria", tensa) sobre denuncia para visibilizar lo que sufren las comunidades del norte del país al ser despojados de sus tierras por el crimen organizado, trata de exponer estas situaciones y que no son denunciadas, y que si lo llegan a ser, no hay en sí una real atención de un estado corrupto hasta la médula, pero esta crítica social raya en muchos sentidos con lo que malamente hizo Michel Franco con su detestable Nuevo orden, pues vemos claros estereotipos de el bueno y el malo, del que quiere sacar ventaja y las víctimas, del rico y el pobre, y cómo estos se visten y hablan, no hay en muchos sentidos desarrollo de las razones del por qué son como son, y si lo hay, sólo es para confirmar en muchos sentidos el clasismo y los estereotipos que malamente engendran los discursos de querer hacer un trabajo audiovisual que impacte y gane reconocimiento a raíz de situaciones complejas y reales, pero que no se sale del molde y no construye nada, sólo intenta hacerlo, y eso si es algo que logran hacer otras películas mexicanas de este año como Zapatos rojos de Carlos Eichelmann (aun cuando la trama no gira entorno a eso y que logra resumir en una simple escena) o Manto de gemas de Natalia López.

Y a esto último, quizá mi reflexión personal sería, al igual que me pasó luego de ver Selva trágica, la última película realizada por Yulene Olaizola, es el hecho de que qué tan perjudicial es el hecho de tener más presupuesto para hacer grandes películas, te da o te quita libertad creativa, y con libertad creativa no me refiero a utilizar un lente bien cabrón que te de un reflejo que se ve bien padre para hacer como que entras en la psique de tu personaje confundido, o utilizar en el montaje el recurso de repetir una y otra vez para enfatizar la tensión que viven los dos personajes principales en un momento de gran importancia, no; a libertad creativa me refiero a que el realizador realmente saque, y exponga, y cuente historias que realmente quiera contar, no sólo por contexto social (que también lo puede tener, y ser en su discurso una obra honesta y personal), por elogios o por generar conversación, se necesitan historias que muestren personajes congruentes y que se desarrollen con sus consecuencias sin caricaturizarlos o quererlos romantizar de más con diálogos ficticios (que si bien, la ficción es ficción, esta se gesta de la realidad y no del ilusionismo); porque no sé si Narcos llegó a cambiar el discurso y las convicciones de la creadora de Semana santa, porque no sé quien quiera hacer una película de unos ricos regiomontanos, más bien fifís, que vivían en la ciudad y que cada año iban a visitar el rancho de sus abuelos y se vestían de botas y sombrero, pero que no les importaba un carajo la tierra, salvo por ese patriarca que quería seguir creyendo que su abuelo había fundado lo que tanto orgullo de hombre le generaba, y no su abuela, y que murió con esa creencia hasta el final.

viernes, 21 de octubre de 2022

Micro-críticas.



Kirschblüten-Hanami - Doris Dörrie
Para mí no es una casualidad el hecho de que esta directora haya elegido Japón para que sea el centro de su película en muchos sentidos, y es que si la historia tiene esta esencia es fundamentalmente no por el amor a este país en si, sino por el amor y el homenaje que la directora quiere hacer a uno de los directores de cine más influyentes de la historia: Yasujiro Ozu y su obra maestra: Cuentos de Tokio; y este amor se refleja sobretodo en la primera mitad de la película, en la forma en que está hecha, en cada plano, en cada situación, en la forma en que retrata y cuenta esta historia a través de detalles que parece no cuentan mucho, y que no están conectadas de manera clara con la historia, como en las calles, en los pasillos, en esas cotidianidades que cuentan con tan poco, mucho; así como en los personajes que son un claro espejo de los personajes de Cuentos de Tokio, sobre todo en los dos personajes protagónicos, y con el papel de la hermosa Nadja Uhl, que es la representación perfecta de Setsuko Hara al interpretar a Noriko, un personaje que la hizo inmortal.
Pero aún con todo esto y que para mí la película es un homenaje, hay un discurso y una mirada muy propia de la directora que es inevitable hacer notar el gran trabajo que hace a través de su estilo y el lenguaje que forma con tan hermosa historia, hay un dominio impresionante de las situaciones que por momentos literalmente vemos como captura momentos que pareciera no fueron del todo capturados a través del guion, pues se siente por momentos que hay más intuición e improvisación por las cosas que ocurren y como las captura, como cuando el personaje principal se pierde en Tokio y recorre la ciudad, o cuando está en el hotel con su última compañera de viaje en el monte Fuji.
La película hace un par de representaciones de la muerte, que son en verdad hermosas.




Die fremde - Feo Aladag
Es inevitable al ver esta película recordar a la más contemporánea Nur eine Frau de la directora Sherry Hormann, y que va más allá del reparto (que cosa extraña, aparecen varios actores en ambas), y es inevitable porque básicamente ambas historias tratan la misma historia que es verídica. Si bien la película de Hormann se proclama como una película que retrata esta historia verídica, como si fuera un biopic (incluso toma varios elementos de la noticia y material de archivo de la mujer que retrata) la película de Feo, toma parte de esta historia y la adapta para hacer su propia historia, y esto se nota sobretodo en el final de esta.
Una de las diferencias entre la película de Sherry y de Feo es que en la de la segunda, hay un peso más que interesante en la forma en que la familia de la mujer que trata de ejercer su libertad, ve trastocada en su psique personal esta decisión que les cambia la vida, hay un claro sufrimiento en todos los integrantes, al grado que les pesa no poder hablar con la persona que los puso en vergüenza en su comunidad, y como realmente les cuesta afrontar la única forma en que pueden ver su situación solucionada, algo que no se ve de esa manera tan profunda y catártica en la película de Sherry.
El trabajo actoral de todo el reparto es estupendo, pero sin lugar a dudas el personaje que a mí me maravilló fue el del pequeño Nizam Schiller, que es el personaje que al final termina pagando todo el viaje doloroso que emprende su madre con tal de que ambos pudieran ser libres y felices sin la represión que sufren las mujeres musulmanas por parte de su propio pueblo.

martes, 11 de octubre de 2022

50 (o dos ballenas que se encuentran en la playa): cuando dos niños tristes se encuentran.





Es interesante ver el modo en que directores, y sobre todo nóveles directores, abordan sus películas basadas en temas socialmente importantes, y más retratando de alguna manera a través de la ficción, noticias que en su momento fueron relevantes, como lo fue el caso del "reto de la ballena azul" que en el 2017 se viralizó por el alto índice de casos en los que jóvenes engañados fueron parte de este reto que consistía en 50 retos en los que atentaban contra su integridad, la vida de los demás, hasta llegado el punto cumbre del reto, les pedía suicidarse, y que si no lo cumplían matones rusos acabarían con toda su familia, este caso es en el que basa el argumento Jorge Cuchí de su ópera prima, la que para mí es una de las más potentes de los últimos dos años.

La premisa de la película empieza a correr a partir del reto número 45 que cumple Felix, un joven con notorias secuelas no sólo de los retos que ya a cumplido, sino también de la abrumante depresión que arrastra por la vida que lleva al de su madre, que es con la única persona que vive y con la única persona con la que lo vemos convivir, aún así sea sólo para recibir regaños por sus llegadas tarde y por su adicción al cigarro. Y desde la escena inicial ya vemos la potencia del lenguaje de Cuchí, vemos que hay una clara intensión de ser crudo y directo con el espectador de la manera más violenta posible, hay mucho riesgo en el planteamiento y lenguaje empleado por Cuchí, tanto que muchos críticos y espectadores se pueden asustar, al grado de decir que es una película que glorifica el suicidio, pero me parece nada está más alejado de la realidad.

Hay un claro espectro que Cuchí aborda, explora y muestra de las depresiones juveniles a raíz de falta de identidad, ya sea por la ausencia o poco interés de los padres por entablar un diálogo a través del cual se puedan acercar a ellos en la difícil etapa que puede ser la adolescencia y juventud, más cuando ellos no pueden expresar hechos traumáticos vividos en su vida, como lo es el de Elisa, que es la compañera amorosa de Felix, y quien secretamente lo inicia en el juego de la ballena, aunque sus intenciones no son reveladas hasta que ya es demasiado tarde para Felix salir de la situación en la que ambos se meten por sufrimiento contra el mundo y el amor mutuo que desarrollan.

Los actores que encarnan a estos dos personajes realmente hacen un trabajo impresionante, son de esas actuaciones que a uno lo marcan, si la película trasgrede en más de un sentido, haciéndonos saber aun cuando es una ficción, y que no es un trabajo esencialmente periodístico o que raye por momentos en el documental, que sus historias son reales, nos hacen creer que todo lo que pasa en la pantalla está pasando en realidad, y eso marca, a veces incluso en un grado incomodo, en el subconsciente del espectador, y muy pocas películas pueden lograr eso, y eso se logra gracias al extraordinario trabajo de José Antonio Toledano y Karla Coronado, que firman dos de las mejores actuaciones a mi parecer del año.

Así como en muchos sentidos Cuchí trasgrede al espectador con las situaciones tan tensas que provocan Feliz y Elisa, también hay momentos que se marcan con una sutileza que es por demás apremiante y propositiva, como el hecho de mostrar muy poco los rostros de las madres, que bien podríamos dar lectura en un cuestionamiento muy cerrado, como las verdaderas responsables del desenlace de estos dos jóvenes, pero me parece en ningún momentos es lo que propone Cuchí con la propuesta de enfoque de plano, sino más bien es la forma en que Cuchí hace al espectador entender que sólo dos personajes importan en la trama, los que son victimas de sus propias circunstancias, dos jóvenes tristes que no supieron adaptarse al mundo, y tanto en estos momentos como en las partes más crudas de la trama, la cámara y todos los elementos bajo la dirección de Cuchí propone esta naturaleza incendiaria. Esta parte implícita que Cuchí propone también está en los encuentros sexuales que sostienen estos jóvenes una vez que están comprometidos con la tarea del reto 49, de los cuales no vemos absolutamente nada, y eso también habla de una propuesta que busca ser reaccionaria, pero en ningún momento morbosa.

Hay otros elementos a nivel realización que son por demás propositivos, potentes y valiosos; quizá el que más salta a la vista del espectador es este recurso de utilizar el plano dividido para ver la vida diaria de  Feliz y Elisa, que si bien se pueden ver diferencias marcadas en su estilo de vida, como Elisa que es de una familia, si bien trabajadora, con una madre tratando de rehacer su vida luego de la muerte de su marido, es de mejor condición socioeconómica que la de Felix, que vive, como ya lo había comentado, sólo con su madre y un padre al que ve cada quince días, también está el elemento de la filosofía de los colores, donde vemos el entorno de Elisa con cálidos más presentes, a diferencia de la paleta de colores en el entorno de Felix, que es mucho más fría; pero aún así con todas estas diferencias marcadas, podemos ver que su vida no es muy distinta, teniendo pláticas y peleas muy similares con sus madres, incluso en sus respuestas, y el refugio que les dan las sustancias prohibidas para su edad (así como Felix fuma, Elisa bebe), su soledad, y el juego de la ballena azul.

No es hasta la parte final que la película cae en un momento en el que parece quiere inducir al espectador un efecto de anestesia, de bajón, al cual muchos espectadores les dejará insatisfechos por toda la adrenalina que el resto de la película les inyectó, pero me parece que la elección de Cuchí es la indicada, pues había que bajar ese nivel para que precisamente dimensionáramos el mismo bajón que el mismo Felix experimenta para al final contemplar este encuentro onírico con Elisa que es muy poco probable que haya podido pasar, en un limbo que sin lugar a dudas resalta por su belleza, y que seguramente fue lo más caro de la película.

Oaxacalifornia, el regreso: registro del viaje de los que heredan la identidad.





Me parece que el logro más grande de Trisha Ziff, directora del documental, es crear de cierta manera la misma esencia del trabajo que hizo posible la realización de este documental, por supuesto me refiero a "Oaxacalifornia" de Sylvia Stevens, del que Trisha fue productora y guionista, y que en muchos sentidos se podría sentir como la primera parte de este trabajo.

Trisha vuelve 25 años después (la primera parte fue realizada en 1995, este en el año 2020) con la misma familia, ahora con el padre del personaje principal fallecido, y con nietas y nietos ya siendo adolescentes, y me parece que la primera escena del documental es muy importante, pues es de los patriarcas, abuela y abuelo, viendo "Oaxacalifornia" con sus nietas y nietos, y en esta vemos como un preámbulo de lo que el documental irá desarrollando a lo largo de este, pues vemos las reacciones de sus nietos, como sé emocionan, y vemos cuáles de ellos son los que más se interesan por sus raíces, quiénes son los más curiosos, los que más preguntan, los que más se involucran, y eso se confirma a lo largo del documental, con sus testimonios de cómo en algún punto de sus vidas esta doble identidad les genera cierto conflicto con su entorno en Fresno California, pero aún así están orgullosos que se sienten de esta parte tan importante de su vida, tan así que aún se cuestionan el no conocer tanto de su historia familiar, o incluso el idioma, y esto lo vemos sobre todo en los las hijas y el hijo del hijo del protagonista, que quizá se deba al hecho de que este se casó con una mexicana, mientras que los hijos de la hija mayor del protagonista, son hijos de una mexicana y un norteamericano.

Hay algo bien interesante que el documental registra, y es el hecho de cómo la educación en las cosas más importantes y elementales se repiten de generación en generación, pues vemos como lo que el bisnieto hacía, también lo hace el bisnieto, en un contexto histórico y social claramente diferente, pero no así en el espectro familiar, en el que pareciera no cambia nada, tanto en su forma de ganarse la vida, como su trato de puertas para dentro en la casa.

Hay también un retrato y una reflexión que se hace un el documental de cómo desde la película de 1995 el deseo del personaje protagónico es el de querer volver y vivir sus últimos días de vida en su pueblo en Oaxaca, pero ahora 25 años después se cuestiona esta decisión, tanto él como su esposa pues ahora ya con nietos, ven lo mucho que se perderán de su desarrollo como personas, además de que saben que en Oaxaca no tienen a nadie cercano que los pudiera cuidar en su vejez.

En el ámbito cinematográfico, dentro de la propuesta orquestada por Trisha me parece hay un par de cosas que realmente me parecieron extraordinarias, la primera es lo que logra crear en el viaje que hacen a Oaxaca en el 2020, pues durante el trayecto Trisha yuxtapone fragmentos del viaje que realizaron sólo padres e hijos al mismo lugar, y el montaje logra crear que el espectador sienta que, a pesar de los distintos equipos con los que fueron registrados y el cambio que hay en la carretera y el pueblo, que está viendo el mismo viaje, de alguna manera se logra difuminar la barrera del tiempo, en la que incluso vemos en muchos sentidos como los nietos toman el lugar de sus padres, incluso en cosas que recrean, como quien va con aires de curiosidad mirando por la ventanilla, o quien se queda dormido. Y la segunda cosa va muy pegada a la ya expuesta, y es que si bien el cine, no sólo hablando del documental, registra o crea de alguna manera algo que es irrepetible, hay muy pocos trabajos que logran hacer al espectador tener plena conciencia de que lo que está viendo es algo que jamás va a poder de igual manera, esa cosa efímera de la vida que se registra sólo una vez y jamás se vuelve a apreciar, y eso es algo que el trabajo de Trisha logra, y sin lugar a dudas es el hilo conductor de todo el documental, y que además lo logra de manera muy breve y muy concisa.

Termino sólo comentando que para nada es casualidad que estemos ante uno de los mejores documentales del año y uno de los más sensible además, pues trae entre sus productores a personajes más que importantes de la industria cinematográfica en México como a Alejandro Springall (que si bien como director yo cuestiono mucho su trabajo, como productor es uno de los más puntuales en México), Hugo Villa Smythe (quien en su momento fuera el director de la Filmoteca de la UNAM), y Daniela Alatorre (directora de la afamada productora mexicana No Ficción), además de una música por demás hermosa, característica de esta clase de trabajo, y que además acrecenta esta sensación de estar ante un momento irrepetible, a cargo de Andrés Sánchez Maher y Jacobo Lieberman.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Las colonias.





"Las colonias" es un documental y ópera prima del cinefotógrafo duranguense Luis Lazalde, en el que retrata la vida, las vivencias y la historia de la comunidad menonita que hay en el estado de Durango, y es para mí uno de los documentales más auténticos del año.

El tono y ritmo que propone Luis en el documental me parece de lo más correcto, partiendo por el hecho de que, aunque se ve un retrato muy intimo hacia la identidad como tal de la comunidad y su historia, hay algo que se propone a través de la cámara, sobre todo con estas tomas en plano general de sus vidas y sus rutinas tanto en casa como en el trabajo, que sugieren cierta distancia y lejanía por parte de Luis (y esto supongo se debe al respeto y cariño que tiene Luis por integrantes de la comunidad), pero esto a su vez da una especie de proximidad muy potente al retrato que hace de estas comunidades, y que le va muy bien al documental. Hay todo un espectro que se revela a través del documental de Luis sobre una comunidad que aparentemente conocemos, pero que realmente conocemos muy poco la gran mayoría, o sólo conocemos por lo que hablan las personas externas que viven y que de alguna manera conviven con ellos, porque en realidad no conviven del todo con ellos salvo por los negocios, por la naturaleza social de ellos; se desmitifican muchas cosas que se creen sobre ellos, pero también se nos confirman otras.

Luis no impone de ninguna forma un juicio sobre ellos, no hay ni se siente en ningún momento que él quiera de alguna manera decir al espectador que pensar sobre ellos, lo que quizá sí ocurre, es que la catarsis y la crítica que se forma en el documental, porque la hay, es hecha por ellos hacia ellos mismos, mientras cuentan el éxodo migratorio que vivieron sus antepasados para llegar a donde ahora están, y durante el documental vemos como se van cuestionando ciertas costumbres que tienen, y cómo de alguna manera ya no encajan en el mundo moderno, y como éste de alguna los va rebasando, sobre todo por los jóvenes que ya no quieren seguir las tradiciones que ellos tienen muy arraigadas, como el de la agricultura sobre todo, que hay todo un contexto histórico del por qué ellos la tienen inculcada desde muy pequeños, por una creencia más catastrófica que otra cosa. Vemos como ellos mismos se cuestionan y empiezan a tener ciertas concesiones con la vida moderna, sobre todo en la parte religiosa y de vestimenta, pero cómo también hay otras cosas que simplemente no van a aceptar cambiar por sus costumbres y contexto cultural bastante arraigado, lo cual de alguna manera hace que muchos de ellos se sientan unos exiliados, que no son ni de aquí, ni de allá; pero hay otros que sí se saben, a pesar de sus raíces, mexicanos.

Lo que a mí me parece brillante del documental de Luis es que es un trabajo por demás congruente con lo que quiere retratar y exponer para el espectador, es un trabajo por demás sencillo y directo, que en ningún momento quiere buscar alguna especie de escándalo, es un trabajo sin pretensiones ocultas o una grandilocuencia innecesaria, es claro que lo que Luis quiere poner en la mesa, es que por muy distintos que seamos en ciertas cosas, en otras no somos tan diferentes, como el amor y la importancia que siempre damos a nuestras familias, y el modo en que él expone ese discurso, haciendo un retrato muy general de sus costumbres, de su convivencia, de su trabajo, donde no hay muchos testimonios, y muchos menos ante la cámara, es por la congruencia que hablo que viene desde el propio realizador, es coherente con éste porque Luis sabe que en muchas ocasiones una imagen habla más que mil palabras, la cual además hay que decir, está por demás cuidada y tiene una propuesta estética a través de la composición que uno disfruta demasiado, y en la que además se expone una de mis grandes máximas en el cine: menos es más, sobre todo con las tomas fijas externas, y las que hace desde el vehículo en la carretera, un recurso que a mí me fascina y que cada día utilizan menos los documentalistas por la "poca limpieza" que muchos realizadores dicen que tiene y que puede dañar lo que pretenden exponer, Luis se ve que eso no le importa y no le tiene miedo a utilizar esa especie de recursos que son realistas, porque tiene bastante claro lo que el documental busca y quiere.

La primera lectura que uno le podría dar al documental básicamente sería la de conocer la historia de esta comunidad y cómo llegó a Durango, y sobre la tarea que desarrollan productiva y económicamente, pero rápidamente descubrimos que hay mucho más en el relato, que es la de todo un grupo de gente que acarrea una historia rica y con particulares antecedentes, que los rebasan a ellos mismos, que se ven reflejados en sus largas jornadas de trabajo, las funciones que desempeñan en la casa cada integrante de cada familia, las jerarquías que existen entre ellos, y todo esto se expone paulatinamente tanto en testimonios propios de ellos mismos, como de personas externas. La parte que quizá muchos sentirán en extremo larga será la de los niños y su educación, pero a mí me parece atinada y acertada la manera en que Luis la retrata, pues al final de cuentas es como vemos que se les enseña desde pequeños las tareas y obligaciones que desde ya desempeñan, pero que serán más pesadas las que llevarán cuando sean grandes, como las desempeñan sus padres. Entonces los vemos como estudiar, jugar, trabajar, formarse, y así es como muchos de ellos seguirán mientras sean parte de esa comunidad y de su identidad.

Blonde: la dualidad de las estrellas.





"Blonde" de Andrew Dominik, era sin lugar a dudas una de las películas más esperadas de este año por muchas razones particulares, que si porque la película era financiada, producida y distribuida por Netflix, que si porque saldría con clasificación R, que si porque iba a ser protagonizada por Ana de Armas y muchos auguraban que no iba a estar a la altura de la figura que encarnaba; pero con todo eso la película se estrenó en la Biennale, y aunque en el festival su recepción fue por demás "animosa", ahora ya estrenada en la plataforma con más suscriptores en el mundo, las críticas la han venido poniendo en el lugar que yo considero debe de tener, el de una película con cosas bastante brillantes, pero otras bastante penosas, y desde ya para mí una de las grandes decepciones del año.

La fidelidad de la película, o la trama de la película, con la vida de la propia Marilyn Monroe, se puede poner en tela de juicio desde el principio, si tomamos en cuenta que el guion que escribe el propio Dominik está basado en la novela de Joyce Carol Oates, y no en una biografía como tal; pero lejos de ese terreno, que no tendría que ser un problema si la película tiene un desarrollo y un discurso coherente, la película no se defiende por sí misma, pues es errática y fallida en más de un sentido, ahora me explico.




Quizá lo más pertinente sería empezar hablando de las cosas que realmente son buenas y brillantes de la película, porque hay muchas cosas que se rescatan de esta, y son las cosas que podrían haber hecho de ésta una de las mejores películas del año, pero que por cuestiones que después trataré de plantear, no se logra. Podríamos empezar partiendo del hecho que a todas luces brilla como lo mejor de la película: las actuaciones. Sin duda alguna todos los personajes y actores son realmente apabullantes, hay un trabajo realmente intenso en cuanto lo que cada personaje debía transmitir e interpretar, todos son una pieza en el engranaje para que este reloj camine a buen puerto, en el de las actuaciones me refiero, por supuesto. Si bien Ana de Armas por momentos a mí no me llega a convencer totalmente, la mayor parte de la película si llega a los niveles interpretativos que requería el personaje y las situaciones que estaba viviendo, a diferencia de otros críticos que despotrican en contra de la actriz o del guion que todo el tiempo la tiene llorando y gritando, a mi me parece que está en el tono que debía, aunque con todo lo antes dicho, debo decir que sigo prefiriendo a la Marilyn de Michelle Williams, por el rango histriónico que tiene y muestra la actriz de My week with Marilyn, aunque también hay que mencionar que Ana tiene un parecido físico más próximo a la de Norma Jeane, y que seguramente veremos nominada en todo lo ques e le tenga que nominar, y creo que si hay algo de justicia en ello. Dentro del cast debo de destacar de sobre manera tanto a Adrien Brody como Arthur Miller (qué pedazo de actor es Adrien, descomunal, sublime -por mucho que me cague esta palabra, no hay otro sinónimo para el trabajo del actor-), Bobby Cannavale como Joe DiMaggio, de quien se hace un retrato bastante brutal, y Toby Huss como Whitey, que es el personaje al que se podría asumir tanto el que más apoyó y ayudó a Marilyn, pero también el que de alguna manera si bien no la indujo a los vicios, si es el que no le dice el daño que le están haciendo. Otra cosa que me agradó es como de alguna manera dan lugar y desmitifican algunas cosas de personajes que vivieron cierta etapa de su vida o su carrera con Marilyn, como el personaje de Billy Wilder, que muestran toda la paciencia que tuvo para que su película pudiera salir adelante, aún en el momento en el que Marilyn perdió no sólo la abstinencia y el juicio por la pérdida de su segundo bebé (en la película se plantea la pérdida de un primer bebé, sólo por hacer una película de la que después ella se avergonzaría y que jamás se perdonaría esa pérdida), sino también al hombre que quizá más la amo.

La fotografía sin duda alguna es el siguiente departamento que más destaca de la película, que esta a cargo del joven Chayse Irvin, y que va muy de la mano con lo hecho por el diseño de producción, la dirección de arte (a cargo del veterano Peter Andrus), así como maquillaje, vestuario y decoración. Y la música incidental, que si bien es muy poca (y que uno agradece siempre esos detalles con creces), es muy buena.






Ahora bien, que es lo que hace que la película sea fallida con todas las virtudes comentadas al momento, pues sobre todo, dos cosas que si no están alineadas o bien estructuradas desde la pre-producción, simplemente se te puede caer hasta el mejor argumento de la historia, o si no caerse, si perder el rumbo, y esto es la dirección y el montaje.

Andrew Dominik no tiene el control de lo que quiere plantear en su discurso con lo que vemos en pantalla, o mejor dicho, con lo que el rodó y nos muestra en pantalla, porque una cosa es lo que puede estar en la pantalla, y otra cosa es cómo se nos muestra y, además de ser incoherente, no tiene congruencia con el discurso.

Podría partir por el vicio que le adolece a la gran mayoría de los biopics, y este es el hecho de siempre empezar de una manera súper grandilocuente con un hecho en la vida del personaje/persona retratada, que marca a este como un hito, como algo intocable, y luego seguirlo con sus orígenes, es algo que realmente da hueva, y que creo que va más a un vicio impuesto e implementado por las modas dictadas por las corporaciones, más que por inquietudes artísticas del realizador por explorar la psique del personaje, acá se nota que no se busca eso, sólo se busca impacto inmediato. Debo confesar que lo que más me molesta la película es la manera tan desbordada y jamás justificada de pasar de un formato a otro sólo por el simple hecho de hacerlo, por momento vemos un espectro radial de 4:3, luego pasamos al Widescreen decantado, luego vamos al 16:9 FHD de nuestros días, luego volvemos al 4:3 con textura de 35MM; que eso no tendría nada de malo si hubiera de entrada algo en la película que nos dijera que siempre se quiso jugar con el formato, o al menos que hay un algo de experimental que sea congruente o tenga alguna conexión con la historia en sí, pero no, incluso si la utilidad del recurso del cambio de formatos correspondiera a algo en específico y particular, como por ejemplo la época, la ficción, la realidad, cuando Marilyn es Marilyn, o cuando Norma Jeane es Norma Jeane, pero no, se utiliza de manera irregular, ilógica e incongruente, más como un capricho de que se vea diferente y bonita, pero que no abona ni tiene nada que ver con el desarrollo de la trama. Esta cuestión de Norma Jeane añorando volver a ser alguien fuera del foco y el hastío que le provoca en muchos sentidos y en muchas ocasiones ser Marilyn, se ha explotado en muchas ocasiones, sobre todo en las biopics, y alguien que me parece lo hizo perfectamente, y que además muestra de una manera magistral el como todo el contexto en la obra, tanto en lo técnico como narrativo debe tener coherencia, es Pablo Larraín con Spencer, y si no la han visto y no quieren ver la película completa para comprobarlo, basta con buscar la escena de las perlas y el baño, es el claro ejemplo de esta lucha de una mujer que quiere volver a ser lo que fue.

Si bien el trabajo fotográfico lo alabo por la limpieza de este y lo que propone en términos conceptuales y anímicos con la iluminación y la casi siempre perfecta composición de los planos, hay detalles en el manejo de la cámara, que me parecen en todo sentido una aberración, como cuando DiMaggio llega a casa luego de recibir las fotografías de Norma de mano de sus ex-amantes y la encuentra desnuda, es una cosa sacada de la película de Netflix que ustedes me digan, sobre todo de las estupi-comedias que les encanta producir para tener aún más idiotizados a sus suscriptores, y como este ejemplo hay otros. En términos de montaje debo decir que no todo está perdido, pues hay algunas transiciones que realmente son impresionantes, como la de la cama que se convierte en cascada (no quiero hacer spoilers de más) y el de Marilyn en el avión y su ida al baño, que hablando de esta escena, la parte del vómito, es en verdad de risa, incluso yo he podido hacer una escena de vómito más decente que la de Anita, o incluso en este caso, vuelvo a poner como ejemplo a la extraordinaria interpretación de Kristen Stewart en Spencer.




En resumen, no sé si la presión de Netflix hacia los productores y el director de la película terminó por modificar o hacer que el producto tuviera el sello Netflix hasta en como se hacía (y es que la verdad hay algo en mi que se niega a creer que Dominik esté tan nublado y limitado para haber querido hacer algo así), porque incluso desde su clasificación me parece muy ligera para ser R, pues he visto otras películas con clasificación R que realmente son R, con sexo más explícito y consumo de sustancias que se muestran de manera más literal, y acá me parece que hay un grado de mojigatez, en el que parece sólo se quiere mostrar la vida tan ruda y rápida que vivió Marilyn, y que vaya que si sufrió, y creo que la escena de ella con Kennedy lo confirma. De la cual viene la caída de final de Marilyn con un "supuesto" giro de tuerca que se supone nadie se veía venir (yo si lo veía venir) que tiene que ver con su padre ausente y anhelado, ese que buscó en cada hombre que llegó a su cama, y que termina la película con unas partes desenfocadas realmente horribles, y un final con dos figuras que jamás se entiende por qué, de la rubia más idolatrada del nocivo mundo de las películas de Hollywood.


jueves, 22 de septiembre de 2022

Comala: viaje al descubrimiento del patrón que se rompe.


¿Hasta que punto es válido o sano que el documental trasgreda en la autonomía de las personas en pos de encontrar la verdad o descubrir algo que se quiere encontrar? ¿Es sano involucrar a personas que quizá no saben la dimensión de lo que el autor quiere exponer en su trabajo? Esta y muchas preguntas más surgen cuando uno ve un trabajo tan abierto como el de Gian Cassini, un trabajo trasgresor y valiente en las mismas proporciones, pero también en muchos sentidos muy necesario.

No hay que ser un iluminado para entender el título del documental de Gian y su relación con lo que el expone en este, Gian se embarca en un viaje con muchas latitudes para encontrar la verdadera identidad que tenía su padre muerto, aún cuando este ya la intuía, y en este viaje empieza cuestionando a las personas más cercanas a él, en primer lugar a su abuela materna, en segundo a su madre, y en tercero a su media hermana, y la forma en que Gian las va cuestionando puede hacer creer al espectador que este es un trabajo en el que el realizador sólo cuestiona y no se involucra para quizá no perder la objetividad, pero muy pronto Gian desaparece esa barrera de no involucrarse, y lo hace en maneras que otro realizador o los críticos más cuadrados podrían cuestionarle, pero la forma en que Gian se embarca y del cual por supuesto rasga muchas cosas internas como ser humano, no hace que uno piense que la objetividad se va para ver sólo un documental impregnado de melodramatismo y crítica de la guerra antidrogas que orquesto el funesto gobierno de Calderón, el documental de Gian explora y expone mucho más.

La forma en que Gian se involucra en el viaje para encontrar la identidad de su padre toca varias latitudes, y con estas un retrato y espectro de los lugares como de las personas con las que se cruza, y Gian pocas veces pone un filtro para aligerar su realidad, su identidad y su carga, Gian hace un retrato honesto y fidedigno de las causalidades que hacen ser a las personas como son, tanto por el contexto socio-político y socio-económico del lugar en donde viven.

En el mismo sentido que Gian recorre y hace todo este viaje desmenuzando en muchos sentidos la historia de su familia, y en consecuencia de la propia y entender por qué es como es, Gian se hace el personaje protagónico del documental, y en el vemos el peso de los errores que él piensa cometió por su inexperiencia y su juventud, pero realmente vemos una catarsis no sólo en él, al estar con las personas que tanto su padre como su hermano muerto ya no pueden estar por este halo de violencia y machismo del que jamás se pudieron desprender, sino también a las personas a su alrededor, como lo es el caso de sus sobrinos y el de su abuelo paterno, y otros personajes que prefiero no mencionar para que ustedes mismos los descubran.

Una de las cosas más brillantes del documental, o sino más brillantes, sí de gran valor para su servidor; es el hecho de que la forma en que todo está retratado, hace aún más creíble el discurso que se construye, con cámara en mano y una grabadora que aún en sus pericias hacen que el espectador conecte con todo el viaje de Gian, pero no con esto trato de decir que no haya un montaje o una narrativa que proponga Gian, más bien todo lo contrario, aún con lo modesto de la producción, que seguramente si obtuvo algún apoyo se destinó más a los viajes que a los grandilocuentes equipos de filmación, hay un ojo bastante interesante en cuanto a creatividad se refiere.

El final del viaje se da con la madre de Gian, que siempre negó saber la naturaleza de su expareja, siendo cuestionada por el propio hijo con una carta en la que ella le dice al padre de Gian que ya no sabe que decirle al Gian niño, entonces en este cuestionamiento ella le pregunta que qué cree que lo hizo no ser como su padre, en este punto el documental, el propio Gian, la madre y seguramente más de un espectador nos rompemos, sabiendo que el amor de la familia, y principalmente el de nuestra madre, nos salva y refugia de todos los males, sean del mundo exterior o de la propia familia.

jueves, 8 de septiembre de 2022

L'événement: detenerlo o dejarlo seguir.

 



Una de las películas que había esperado mucho tiempo para poder ver es la pasada ganadora del Festival Internacional de Cine de Venecia (conocido por los cinéfilos adeptos a los festivales de cine europeo clase A, la Biennale), una película francesa que, contra todo pronóstico de que una vez más la ganadora fuera una película hollywoodense como había pasado años anteriores, venció y sin lugar a dudas me parece tiene todos los méritos no sólo para que lo haya hecho, sino para que haya sido una de las películas más sencillas, desgarradoras y por supuesto de las mejores del 2021.


La premisa de la película dirigida por la realizadora Audrey Diwan (Mais vous êtes fous, 2019) no es muy distintas a otras películas que, sobre todo en los últimos años han explorado el tema del aborto y el desarrollo de una mujer cuando este se ve comprometido por un embarazo no planificado, incluso la película tiene paralelismos realmente brillantes y hermosos con la también extraordinaria Never rarely sometimes always de Eliza Hittman (Beach Rats, 2017; It Felt Like Love, 2013), sobre todo en la mirada detallista de ambas directoras, aunque con su lenguaje cinematográfico bastante distintivo entre ambas, así como el contexto histórico/social de las mujeres principales en la historia.

En la Francia de 1963, Anne, una estudiante destacada de letras de 23 años, ve su vida truncada cuando se da cuenta que está embarazada de una relación pasajera que tuvo con un joven que conoció y con el que tuvo encuentros amorosos en un hotel. A partir de este momento Anne agota todas las opciones y alternativas que tiene por investigar quien puede detener su embarazo, algo que le resulta realmente difícil pues en ese tiempo el sólo hablar de este tema podía llevarte a la cárcel, pero aún así Anne sigue con su objetivo, pues no desea traer al mundo un bebé al que quizá pueda odiar. Y es a partir de ahí que vemos a Anne hacer todo lo que está en sus manos para poder abortar, incluso atentar contra su propio cuerpo, y más adelante contra su propia vida, pero es un continuo echarse el mundo encima, un mundo que no la delata, pero tampoco la apoya, porque en el fondo muchos de ellos entienden su dilema.

Si bien en Never rarely sometimes always todo es más sugestivo, en la película de Audrey es más directo, más cercana la impresión de todo lo que pasa Anne, que es maravillosamente interpretada por Anamaria Vartolomei, que logra transmitir todo el calvario de esas semanas de incertidumbre, la desesperación, la angustia y agonía. Y lo brillante en la narrativa impuesta por Audrey, que es meticulosa, mesurada y muy sencilla, es que el tema está desde los primeros cinco minutos de la película, pero ver el proceso de Anne, sus dificultades y como va sorteando todo, es lo que da el ritmo y la fuerza a la historia, no el desenlace en si, que también es reivindicador en muchos sentidos.

Como lo dije al principio, con una historia bien contada, contextualizada en su tiempo, y con un trabajo de arte muy correcto, esta película sencilla, con un tema por demás importante, logra una de las mejores películas del 2021, y una de mis favoritas vistas este año, con la mirada y la voz de una directora que, además siendo periodista, sin duda que se documentó para dar aún más veracidad a su ficción que muchas mujeres vivieron en esa época, y que no estuvieron para contarlo.


Nope: los malos milagros.




Entre los años 2015 y 2018, cuatro directores entregaron sus óperas primas en el cine norteamericano, que desde el momento en que se revelaron las primeras críticas, más del 80% de estas vaticinaban el surgimiento de nuevos directores que vendrían a poner el cine de horror/terror en una nueva era en la que se apremiaba a historias bien contadas y desarrolladas, y a sus directores como parte de una nueva generación de realizadores creativos y vanguardistas.

The witch de Robert Eggers, Ex Machina de Alex Garland, Heredity de Ari Aster, y Get Out de Jordan Peele; y los cuatro directores con su segunda película confirmaron lo que se pronosticaba desde sus óperas primas, historias bien desarrolladas, todos siguiendo de alguna forma el género del horror/terror, pero explorando otros temas y corrientes que responden más a los temas que les preocupan y que les gustan, así como su sello visual y creativo muy distintivo, y al día de hoy ya casi todos con su tercera película (sólo Ari Aster sigue en producción de esta), desde mi punto de vista, dos siguen confirmando que ya no son una promesa, sino que son la voz cantante de este nuevo cine, si bien hollywoodense al fin y al cabo, si están al al margen de lo que la big industry sigue vendiendo en sus blockbusters de verano, los dos que para mí aún tienen esa valía intacta son Alex Garland y Jordan Peele, que es de quien escribiremos, así como de esta tercera entrega.

(No incluyo a Robert Eggers porque, a pesar de que sus dos películas predecesoras son portentosas, para mí su Hombre del norte deja mucho que deber, ya que es una película de épica bastante predecible, y que sólo tiene dos o tres momentos realmente brillantes en todos los sentidos, pero de eso a más, creo que no está a la altura de los otros dos)


Y empiezo diciendo que para mí esta película de Peele es su tercera entrega, no sólo porque sea su tercer largometraje como director, sino que es para mí la tercera parte de una trilogía bien definida de sus película que sin duda alguna tienen un lazo en común a la que yo he bautizado como la trilogía de los vicios norteamericanos, en las que se exponen temas muy diversos, pero todos en realidad conectados por el fuerte problema de racismo que hasta el día de hoy sigue azotando la vida norteamericana. Y en esta película no es la excepción, pero como suele suceder en el cine de Peele, aunque las condiciones de desarrollo y supervivencia para este grupo de personas venidas a hacer menos es complicado y severo, siempre logran de alguna forma el final feliz gracias a la hermandad entre ellos, y en Nope no se vuelve a mostrar.

Hay muchas líneas de interpretación y de lectura para esta película, y giran muchos temas y contextos alrededor de ella que trataré de apremiar en palabras muy breves y concisas. El primer tema traído a la mesa es el de la escena inicial, con el programa de Gordy, en el que se suscita un "evento desafortunado" en el que el chimpancé del programa se vuelve loco y ataca a todos los miembros de elenco, excepto a un chico asiático que se esconde. Si bien el evento se toma como un "acontecimiento paranormal", que es congruente con el contexto de la película, el subtexto de esta apertura no es más que la de un grupo segregado y discriminado, que llega a un límite y atenta contra quien lo tiene sometido en contra de su voluntad; y esto es un guiño más que claro a El planeta de los simios, o incluso a Joker. El hecho de que no ataque al niño asiático es también de alguna manera la confirmación de esta idea, ya que sólo ataca a los blancos opresores, no al niño que también es visto como carne fresca que le gusta a la audiencia, y no más, que luego este chico tiene un subtexto completamente diferente seguida la trama, ya como una persona que adapta y acepta la forma de vida norteamericana, sintiéndose un "elegido".

Se expone también el culto por las imágenes perfectas, que se manifiesta cuando quieren capturar la imagen de esta "presencia paranormal" y en la que se expone que las imágenes imperfectas pueden ser catalogadas como "falsas", pero cuando se dan cuenta que la tecnología puede llegar a ser obsoleta en ese sentido, se cae en la experiencia de este camarógrafo con su equipo que podría atravesar una guerra y salir ilesa, pero en este personaje también cae de alguna manera la voz de la experiencia con su desafortunado desenlace y sus últimas palabras, que también podrían interpretarse de dos formas, este "no estamos preparados para esto" bien podría ser el negarnos conocer los misterios más ocultos de nuestro universo, o también el auto sacrificio para conocer aún más las entrañas de lo sobrenatural, sabiendo o creyendo que es en los equipos obsoletos que sólo necesitan mecánica y luz para funcionar, que se pueden desmitificar verdades que "otros" se empeñan en ocultarnos, aún cuando sea con imágenes imperfectas que no son controladas por un ordenador y el Internet.

La película conforma aún más el amor que Peele se empeña en mostrar entre las comunidades minimizadas, reprimidas o menospreciadas por el sistema social, político y judicial de los Estados Unidos (incluso por el sistema cultural, y para muestra, el hecho muy poco mencionado sobre Eadweard Muybridge), y como la hermandad entre ellos es el que los hace seguir adelante, con vida, sin bajar los brazos, con sus complejidades y su riqueza cultural, que va mucho más allá del gusto por la música rap y vestir jerseys de la NBA, incluso se ve con el personaje de Angel.

La película en cuestiones técnicas es un portento, una fotografía más que sublime del extraordinario y muy experimentado Hoyte Van Hoytema, que da la atmósfera que Peele quería para el argumento, los espacios abiertos son espectaculares, y los cerrados son apabullantes, la escena de los monos inflables marcando la pista, es una clase magistral sobre desplazamiento de cámara, no como la cosa horrenda hecha en The gray man. El cast es de una altura impresionante, y por supuesto hay que poner sobre todos ellos al extraordinario Daniel Kaluuya, que hay que decirlo logra hacer un personaje muy distinto al hecho en Get Out, y me parece esta actuación no se debe olvidar en mucho tiempo, aunque no vaya a figurar en ninguna premiación en este departamento.

Quizá como dato final me parece es pertinente hablar de esta "presencia paranormal", y como se asocia su comportamiento con el de un ser vivo, más en concreto, con el de los animales, ahora la pregunta sería: ¿esta es la actitud de un animal marcando su territorio, o de un animal defendiéndose luego de tanto ataque, acoso y acecho de los humanos que lo ven como un espectáculo?. Ahora reformulo la pregunta: ¿Esta es la actitud de un animal, o la actitud de un ser más evolucionado que se da cuenta que todo está mal?


miércoles, 31 de agosto de 2022

Breve comentario sobre "Crimes of the future"

 


Hay una clara diferencia que no puede engañar al público que conoce la obra de ciertos directores, cuando realizan una película por encargo, una película con un guion bien trabajado (cuando hablamos de directores que no escriben sus películas), y las obras que estos directores realizan por amor al cine, o del género que los hizo querer ser directores de cine. Los ejemplos más recientes, curiosamente se han manifestado en directores longevos y consagrados, como Vorhoeven con Benedetta, Ridley Scott con Alien Covenant, y ahora el rey del horror corporal; David Cronenberg con Crimes of the future.

La simple línea argumental en la que muchos resumirían la película sería que es una película sobre las mutaciones y mutilaciones que se realizan las personas en el futuro, y como estas las hacen experimentar tal placer (y dolor) que es lo que sustituye al sexo. Pero la película profundiza en temas aún más complejos y relevantes que van más por eso que todos los realizadores expresan en sus obras cumbres, y es sobre la forma en que ellos no sólo realizan, sino cómo perciben el arte en su máxima y más clara esencia.

La subversión en que impregna el horror atmosférico más que un horror orquestal (el ejemplo más claro de este horror es a mi parecer Nosferatu) disfraza de alguna manera la clara intención de Cronenberg por hacer un discurso que entrelaza un juego que mezcla humor negro y no deja de jactar los vicios del arte moderno (o mal llamado "arte abstracto") como de la crítica, como de los imitadores (o plagiadores), como de los gobiernos mediadores; y cómo estos se manifiestan en ciertos personajes, que se disfrazan de "buenos".

Hay un discurso también que elabora de manera más que brillante Cronenberg sobre la forma natural en que el ser humano se adapta a su entorno cuando se son relegados o diferenciados sólo por las prácticas que no encajan en la norma, o que no encajan en las conductas que el orden mundial establece como "normales" para el control de las masas, y como los subversivos (en este caso, los come plásticos que en muchos sentidos podrían ser la figura del artista perseguido en tiempos modernos por gobiernos autoritarios) son los parásitos, cuando el ser humano por naturaleza es evolutivo y cambiante, en consecuencia de sus propios actos, o los actos de los poderosos (un claro ejemplo: Hiroshima, 1945).

Prácticas de arte y experimentación que, sin ser socialmente aceptadas, no implican un riesgo para quienes mueven los hilos mundiales, como en la obra de Cronenberg podrían ser los artistas del cuerpo, pero los come plástico, que en realidad jamás quisieron hacer daño a nadie más que se les dejara vivir con su condición de vida diferente, son perseguidos y aniquilados. Los libres se someten a formas de placer para disfrazar el dolor, y la última escena, además de ser un homenaje hermoso a la obra cumbre de Carl Theodor Dreyer, es la expresión máxima de satisfacción ante el hambre que provoca la falta de libertad y romper las cadenas que nos someten a placeres falsos que no son más que placebos, como tantos ejemplos podemos dar de los tiempos que nos acontecen.


miércoles, 6 de julio de 2022

Nuestras madres.





Hace unos meses, cuando escribí sobre Nudo mixteco, tocaba el tema de cómo a los festivales europeos les encanta tener y premiar a películas latinoamericanas que tocan temas densos y que ellos pueden disfrutar cómodamente desde su butaca y su visión primermundista, y cómo muchas veces esas películas retratan precisamente estas historias de manera sensacionalista o sólo con el simple objetivo de poder ganar premios en los festivales por los que pasan, como es el caso de Nuevo orden o Chicuarotes.

Afortunadamente también dentro de ese cine que llega a Europa con esta bandera, hay películas realmente destacadas que retratan esas historias de pueblos originarios que duelen y que se muestran con fidelidad, tal es el caso de la ya mencionada Nudo mixteco, y también de la película de la que escribo a continuación: Nuestras madres de Cesar Díaz, película ganadora de la Caméra d'or en el Festival de Cannes en el 2019 (y que curiosamente este año lo ganó la película Way Pony de Riley Keough y Gina Gammell, sobre un par de jóvenes de una reserva de indios nativos en Estados Unidos)


La película expone como, a la par de que se llevan juicios políticos en contra de militares que asesinaron a muchísimas personas durante la guerra civil en Guatemala, los forenses investigan, descubren y desentierran fosas clandestinas a lo largo del país. Uno de ellos, Ernesto, se encuentra con el testimonio de una mujer que le da la ubicación de donde los militares llegan a su pueblo tras los guerrilleros que ya se habían ido, y matan a bebés, niños y hombres, entre ellos su marido. Es después de que la señora le enseña una foto donde aparece su marido con los guerrilleros, que Ernesto se toma personal el caso, pues uno de los guerrilleros que aparecen en la foto es su padre, desaparecido como miles de personas más en ese espeluznante episodio de la historia guatemalteca. Entonces es a partir de ahí que Ernesto va descubriendo cosas, y en este viaje emocional su madre con él, revelándosele cosas que, como en su momento le diría su madre, no le contaría ni aunque estuviera bajo tortura, pero que al final de cuentas lo hace, por justicia propia y por justicia para los demás.


Lo primero que poderosamente me llama la atención de la película de Cesar Díaz es el control que tiene de la tensión y la trama a través de la estética que propone. Es una película que estéticamente es fuerte y directa en los momentos más duros, hay una propuesta estética que hace que uno vea de cerca la situación, a los personajes y las reacciones que ellos tienen ante los testimonios que dan y los testimonios que escuchan, y eso se siente cuando uno ve la película en una sala de cine, pues es en estos momentos en los que no se escucha ni siquiera a una persona en la sala comer sus palomitas de maíz. Jamás se podría decir que es una película que se ve "bonita", porque lo que cuenta no es para nada bonito, es una película que se muestra de manera correcta, y cuya propuesta visual ayuda al móvil de lo que la historia requiere, siempre con un respeto y un cuidado que impresionan y uno agradece. Por momentos hace recordar al cine de Dumont y de Ozon, y quizá de ahí venga el apoyo y el cariño de Francia hacia esta película.

Las actuaciones de Armando Espitia (quien está hecho un actorazo) y Emma Dib son realmente extraordinarias, ambos encarnan a la perfección la lucha interna que sufren sus personajes. Por una parte Armando en Ernesto refleja esa intensidad de la búsqueda de la figura paterna que jamás conoció, y que la sabe arrebatada por un Estado que ya no existe, pero que no deja de tener manchas en la política actual, como esas trabas que tiene que pasar para desenterrar a los muertos de esa comunidad y dar con el paradero de su padre, porque la burocracia siempre está rindiendo cuentas a alguien. Vemos el duelo por el que atraviesa cada vez que se siente impotente y lejos de su objetivo, a demás de la lucha con su madre que no quiere destapar la cloaca del pasado que vivió al no querer testificar en el juicio que hace el pueblo contra las figuras de sus pesadillas y que busca justicia y no perdonar ni olvidar. En el caso de Emma con Cristina, es muy similar la lucha a la de Ernesto, pero siempre desde la calma y la mesura, por el miedo que le provoca el exponer hasta a su hijo por las represalias del pasado. La vemos siempre dar vueltas a temas delicados con Ernesto, no querer acompañarlo en la búsqueda, siempre deslindarse y siendo distante, pero la transformación de ocultamiento a aceptación en ella es triste pero liberador en ese culminante testimonio fulminante, liberador hasta en nosotros los espectadores, como las escenas en las que Ernesto descubre la verdad sobre su padre.

La película recuerda a obras como El silencio de los otros, Flor de otomí e Incendies por la temática que aborda, pero la forma en que lo hace Cesar, me parece nos pone ante un realizador latinoamericano que dará muchas historias con fondo y forma que enriquecerán aún más nuestra filmografía como pueblos con historias potentes por sacar a la luz.