sábado, 30 de abril de 2016

Welcome to the [fucking] modern era.


De las cosas que más recuerdo de mi infancia y las convivencias con mis amigos cercanos y mis primos además de las semanas santas y los diciembres sin duda alguna son los días del niño, y lo recuerdo muy bien porque tuvimos en la familia, además de unas tías y madres maravillosas que siempre se preocuparon por la sana convivencia entre nosotros y el siempre inculcarnos el vernos como hermanos, esos primos con los que crecí que en realidad el margen de años entre unos y otros no era demasiado lo cual aumentaba más la complicidad entre nosotros. (Éramos alrededor de 7 los primos cercanos además de los amigos de la cuadra y la diferencia entre el mayor y el menos eran sólo cinco años)

Recuerdo que ese día todo era juegos, desde la mañana, hubiera escuela o no, ese día era especial (era como un cumpleaños más) en la tarde la comida era especial, por lo general eran hamburguesas hechas por ellas mismas, nieve napolitano, y por supuesto lo que yo más disfrutaba, las películas.

Mi mamá para ese día en especial (así como para mi cumpleaños) solía ir a rentar películas. (Desde chico si algo me inculcó mi madre es a comprar lo que vale la pena comprar, más que legalmente, original; porque estas comprando el trabajo que alguien más hace con mucho esfuerzo y sudor, como si fuera un artesano, estas comprando algo que se volverá quizá en algo de lo más especial que tendrás y escucharás o verás en tu vida)

Recuerdo en especial un día del niño, tendría entre seis y ocho años (tengo buena memoria, pero a esta altura de la vida no suelo ser tan exacto en las fechas, (diría Julio Cortázar) en los acontecimientos si [y eso a veces porque también uno empieza a mezclar fantasías con sueños y con la realidad] y mi madre había rentado la película The Sandlot (los recurrentes de mi blog sabrán que es una de mis películas favoritas por los recuerdos) y otra llamada La Llave Mágica que también era una de esas películas que todo niño amaba en aquellos años. Entonces recuerdo aquel día del niño y los días siguientes volviendo a verla y replicando con los amigos las escenas de esta y poniéndonos los nombres de los niños de la película. Pero sin duda lo que más recuerdo y lo que más me encantó de aquella ocasión en especial es que mi madre al entregar las películas me llevó con ella, era la primera vez que lo hacía, y al entrar a aquel videocentro que estaba en la calle 20 de Noviembre de la ciudad de Durango, es una de esas cosas que uno jamás olvida, como la primera vez que vas al cine y esa clase de cosas. Entonces yo quedé maravillado y decidí en ese preciso instante que muchas de mis tardes las pasaría en ese lugar. Entonces años después vino el cierre de los videocentro, creo que tendría doce o trece años cuando eso paso, en ese entonces no me afectó tanto porque además de que en aquellos años en la televisión se podían ver muy buenas películas, mi videoteca se había hecho bastante amplia gracias a mi papá que cada año me traía montones de películas de Los Angeles donde el trabajaba y prácticamente donde él se las encontraba a veces en la calle (o al menos era lo que el nos contaba) además llegó el DVD, todavía podías tocar y palpar lo que veías, he de aceptar que en aquellos años mis gustos en el cine quizá no eran tan buenos, pero la verdad siempre he creído que el cine es universal y como en la vida misma uno evoluciona y va encontrando en él lo que necesita, el cine cambia con uno, o uno cambia con el cine.

Hace unos meses, no más de un año en Estados Unidos se anunció la banca rota de Blockbuster, lo que obligó al cierre de sus tiendas en el país vecino del norte, no tardó mucho en llegar esta debacle a México, antes de quebrar cambió su nombre (me imagino que por cuestiones ecomómicas) y meses después, justo hace unas semanas, cerró sus puertas, años de descubrimientos maravillosos, significativos y valiosos momentos que viví entre pasillos de más de una de estas tiendas, es verdad lo que dicen, la película indicada, así como un libro pueden cambiar tu vida, yo cambié infinidad de veces gracias a esta clase de lugares, pero por desgracia, además de la piratería, la aparición de Netflix, acabó por matar a los lugares de alquilamiento de películas, donde se veían esos poster´s retro de años atrás, donde conocías a gente amante del cine como tú, donde veías desde cine de arte europeo, documentales, de todo tipo de películas, y no sólo hablo de los blockbuster´s y videocentros que al final de cuentas eran emporios y cadenas que al final aunque tuvieron que cerrar, hicieron su riqueza sin lugar a dudas, hablo también por esos pequeños santuarios fundados por cinéfilos y cinéfagos como yo que amando el cine se encargaron por años de coleccionar y juntar películas para después crear pequeños cineclubes y compartir su grande amor por grandes películas (gente que amaba el cine de verdad no como los empleados de las cadenas de cine y de los blockbuster´s que sólo estaban en esos lugares por dinero, no por amor, salvo por una persona, un joven que conocí hace años precisamente el cual me animó a comprar Jackie Brown) y lo que más me duele es que Netflix no quiere crear lazos entre películas y nosotros, netflix lo único que quiere es hacer dinero y hacernos perder el tiempo viendo películas en cualquier lado donde podamos llevar un celular o una computadora, antes siendo niños podíamos perder el tiempo en la calle, haciendo otras cosas, sin celulares ni wifi, sólo amigos y nuestra imaginación, para después ver películas en esos lapsos de tiempo que uno se permitía el tiempo para eso, no nos absorbía todo el tiempo, y eso hacía especiales a las películas. Ahora el hecho de que muchas películas decidan hacer sus estrenos y sus premiere a través de esta plataforma sólo porque es mucho más económico, rápido y costeable, me hace corroborar aun más de que la gente detrás de esto sólo es movida por el dinero, los verdaderos cineastas no hacían cine por dinero, lo hacían porque querían expresar algo. Es como la sensación que se siente y que comentaba hace un tiempo Eric Villa, coordinador editorial de la Revista Cinéfagos donde decía como antes tenías que ir al cine y un día cualquiera ser sorprendido con el trailer de una película que esperabas durante años con ansias, no como ahora que meses después los tienes disponible en internet y ya no sólo es un trailer, ahora hasta tres adelantos puedes tener, en muchas ocasiones sin exagerar, puedes adivinar la trama de la película con sólo ver sus trailers, puedes saber si van a ser buenas o malas, es como  el hecho de que ahora también por netflix puedas ver una serie de inicio a fin cuantas veces quieras, quitándote esa sensación que años atrás se sentía cuando te gustaba una serie (poco me gustaron desde siempre las series, pero recuerdo de cuando me obsesioné con Lost) y tenías que esperar toda una semana para ver un capítulo nuevo. Y que conste que mi problema no es con que ahora ya no vaya a haber material físico (que no se me tache de materialista) pero es un poco a lo que comentaba en esta entrada, es el hecho de, como ya lo dije ya no se haga conexiones con las películas y el cine como años atrás se hacía, el hecho de que ahora el cine sea más un negocio que un arte, el hecho de que se busque sólo el hacer que las personas pierdan su tiempo, ahora pienso en un video que hace unos meses hizo Beto de En 10 Puntos con  Memo y su canal de Memento del cine donde hablaban de si se llegaría el día en que Netflix acabaría con el cine, yo la verdad al igual que ellos, no creo que vaya a llegar ese día, no creo que la gente prefiera ver una película en su celular o en su laptop en lugar de salir con familia, amigos o sólos a ver ese espejo gigantesco iluminar sus mentes, no creo y me niego a creer que un día eso pasara, pero de llegar a pasar, se los digo con certeza, ese día o me quito la vida o me hago cineasta para volver a ver las películas como a mi me gusta verlas.

Aunque viendo las cosas con más calma, quizá no sea para tanto todo esto, quizá no sea del todo malo todo esto, quizá sólo sea nostalgia por tiempos mejores, quizá siempre ha sido así, uno tiene que adaptarse o morir. O quizá también sea más que nada nostalgia por las cosas que yo viví al lado de mis amigos cuando era niño, gracias a las películas que llegábamos y solíamos ver juntos, esa libertad que se sentía a pesar de todo, de la tierra, de las carencias, libertad que nuestro niños hoy no tienen, con tantos celulares, aplicaciones y wifi´s, aunque como siempre lo he dicho, no puedo generalizar, aun hay esperanza; espero.

Acá una entrevista donde Tarantino deja en claro su negativa ante este tipo de productos como lo son netflix y muchos más como claro video o blim o klick.
Y acá también una nota de El Universal del tema.


(El día que haya wifi´s en los árboles el mundo estará a salvo, lástima que sólo no den oxigeno para vivir, ¿verdad?)











La chica del cabello rojo fuego - La Chica del Muelle 8va parte


Habían pasado dos años de aquel encuentro fortuito, de aquel encuentro casual. Un año de mi primer intento de volver a encontrarla a ella, a esa sensación que jamás me había hecho sentir nadie. El viaje duraría aproximadamente en barco entre 14 y 16 horas; así que decidí embriagarme y no salir del bar donde servirían la cena; pero mi intento de hacer recortar por última vez este viaje fue en vano cuando vi en la proa del barco a una chica hermosa de entre 24 y 26 años, de cabello que no revelaré hasta que la historia lo crea pertinente. Sería cerca de media noche, la noche era templada pero a la vez cálida, se sentía el viento soplar un aire helado pero sin embargo se sentía una sensación agradable, como de chimenea, de sofá, de aromas agradables como a manzana o chocolate, te podías llegar a sentir en casa, quizá la razón de está sensación era la chimenea del barco. Había muy poca gente afuera, era un febrero en el cual nadie esperaba una noche tan helada, sobre todo por el lugar donde estábamos, pero aun así la poca gente que estábamos afuera no cargábamos abrigo alguno, mientras los de adentro no-s- abandonaban -con- los suyos.
Saqué mi caja de cigarrillos de la bolsa del pantalón, me llevé uno a la boca y al intentar encenderlo y buscar el encendedor recordé que lo había dejado adentro en mi mochila, cuando iba a regresar a adentro la chica que seguía sentada en la misma banca en donde la vi desde adentro me dijo:
-Necesitas fuego.
-Si, me temo que si -he olvidado el mio adentro-.
-Te propongo un trato, te intercambio un cigarrillo por un poco de -cálido- fuego.
-Ok.
Yo me acerqué a ella y le di un cigarrillo mientras ella me daba el encendedor, encendí mi cigarrillo y después encendí el de ella, su cara y su cabello se iluminaban del mismo calor y color de los cigarrillos y lo que nos proporciono el contacto, el primer y único encuentro; el fuego. Ella con la mirada me invitaba a sentarme a su lado mientras arrastraba el humo del cigarro a sus pulmones, yo me senté y empecé a fumar, veía a la nada más para tratar de recordar algo o recrear una vez más en mi cabeza aquel recuerdo que ya no sabía conforme pasaban los minutos si había sido real o si había sido un deseo ficticio una vez más. Cabía la posibilidad de que el único recuerdo vivido, la única cosa que había pasado en mi vida sin que hubiera sido inventado o ficticio; en realidad si lo fuera.
-¿Vacaciones?
-Algo así ¿Y tú?
-Algo así.
Nos miramos y fumé una vez más. Entonces ella me dijo:
-En realidad vengo a buscar a alguien.
-En serio.
-Si. Pero no quiero aburrirte con mi tonta historia.
-No, no me aburres créeme, en realidad me gusta mucho escuchar historias ajenas.
fumó su cigarro y dijo:
-Alguna vez has oído ese viejo dicho que dicen sobre que hay historias que no deben de ser contadas.
-Si, algunas veces.
-Pues la mía es una de esas.
-Ya veo.
-Y que me dices de la tuya, se puede contar.
-Me parece que si, pero la verdad es que ya es tan transparente como un viejo sueño que prefiero no hacerlo.
-Entiendo.
Nos volvimos a mirar, ella se rió y yo sonreí y volví a fumar. Volteé a verla y miraba como volaba su cabello con el viento helado del invierno que empezaba a agonizar ese año como ya había agonizado otros años atrás, como hacía dos años agonizaba de aquella manera tan peculiar. La miraba detenidamente y ella me sonrió.
-¿A qué te dedicas? -Me preguntó más por la cortesía de hacerme más plática que de en verdad querer saber a que me dedicaba.
-A que me dedico. Ante los ojos del mundo trabajo en una importante oficina que se encarga de importar refacciones automotrices, pero secretamente trato de ser escritor.
-¿Escritor? En serio. -El saber mi secreta profesión la hizo entrar de nuevo en el interés de la interacción. -conversación-
-Si.
-Que bien, eres el primer chico de mas o menos mi edad que conozco que me dice que es escritor.
-Y tú, ¿a qué te dedicas?
-Estoy en la universidad aún.
-En serio.
-Sí, estudió administración.
-Que bien. Divertido ¿no?
-Si. -dijo ella riendo- Es lo que es mi padre; así que creo que una cosa llevó a la otra, dice que me dejará su emporio cuando acabé pero, quizá no sea necesario si logro hacer realidad mi sueño.
-¿Cual es tu sueño?
-Creí que dijimos que hay historias que no deben de ser contadas.
-Tienes razón lo siento.
-No te preocupes, no hay problema. Me regalas otro cigarrillo.
-Claro, toma.
Ella lo tomó y mientras veía una vez más como se iluminaba su rostro me dijo al separarse inhalando.
-Tiemblas.
-Por el frío. Tú también tiemblas.
-Estoy nerviosa.
-¿Nerviosa?
-Si. No vayas a creer que es porque estoy aquí contigo a la una de la madrugada, no; es por el viaje.
Nos quedamos en silencio unos segundos, la miraba inhalando el humo, no sólo lo inhalaba, parecía que lo respiraba, como si quisiera que este formara parte de ella, de su cuerpo, de su alma, de sus pensamientos -y disipara, matara, desapareciera y asfixiara todo lo que llevaba dentro-; como si fuera médico y ella supiera que así acabaría su vida. La miraba y para ese momento ya no podía dejar de mirar su pelo moverse, bailaba y danzaba literalmente, se movía con el viento como caballo silvestre, como criatura mítica libre en los sueños de algún libro aun sin leer. Ella volteó a verme y me miró. Miró como yo la veía y la miraba, detenidamente me sonrió y me miró.
-¿Qué?
-¿Qué?
-¿Por qué me miras así?
-No por nada, es sólo que, te va a sonar quizá raro y hasta un tanto presuntuoso pero, créeme que te lo digo en verdad; justamente ahora estoy empezando a escribir una novela donde sale una chica con el pelo idénticamente al tuyo.
-En serio.
-Si.
Su pelo era de un color rojo en serio difícil de describir. en realidad no era ni siquiera rojo, era como un naranja tostado, era un cabello pelirojizo sin duda natural, como el de esas pequeñas niñas irlandesas que aparecen el las enciclopedias digitales donde aparece todo, y sus pecas casi invisibles pero al final de cuentas pecas. El color, el movimiento, la noche, el cigarro, el fuego, la ocasión, mi sed de piel, el lienzo blanco que era su piel y sus casi invisibles pecas cafés, todo hacía perfecta a aquella chica.
-Escritor verdad.
-Si. -dije riendo al ver el ademán que hacía al referirse a escritor como una especie de charlatán.
-Y sobre que trata.
-Recuerdas lo de...
-A grandes rasgos, no tienes que contar el pasado de la historia.
-Bueno. Es sobre un tipo que tras un encuentro casual con una chica en un pasado va en busca de esta chica que él cree con una fe tan ferviente como la que se profesa a un dios que ella es su alma gemela.
-Y esta alma gemela suya es la chica con cabello de vivo fuego.
-¿Vivo fuego?
-Que, me gustó para que lo llames así en tu novela.
-Espero no sea en lo único que me ayudes. En fin, el caso es que no, ella no es. De hecho ella solo es otro encuentro fortuito más que solo aparece, o por lo menos esa es la idea, de que aparezca solo en un capítulo de esta historia.
-Aparece y se va.
-Si, pero creó uno de los capítulos más placenteros y bellos de la historia. De hecho el encuentro entre ella y el protagonista se genera muy parecido a este que estamos teniendo tú y yo ahora mismo, en un barco.
-Ya veo, y dime, el protagonista hace el amor con ella.
Si-De hecho, así es. -La verdad es que eso aun no lo decidía en la historia aun, pero para este punto ya hablaba más mi excitación y el encanto producido y nacido en mis ojos por esta chica que desee en verdad tomarla y meterla en algún lugar que no fuera mi historia.
-Y como dices que se llama la chica.
-De hecho, en realidad aun no tiene nombre.
-Aun no tiene nombre, así que sólo es la chica de cabello vivo fuego.
-Si así es, me temo que si. De hecho esperaba que no se, al conocer la historia tú me ayudaras a ponerle nombre.
-¿Yo?
-Sí.
-Bueno, está bien, pero sólo dime una cosa.
-Que cosa.
-El chico de la historia, el protagonista. ¿Se llama como tú?
-Si, así es.
-Y su nombre es.
-Me llamo Juan.
-Bueno, pues mucho gusto Juan. No te garantizo hacer el amor contigo esta noche, pero si tengo un camarote muy grande y caliente para estar solos.

Esa -aquella- noche fue -era- la tercera vez que tuve sexo desde que la conocí a ella, y aunque esta vez tampoco sentí lo que ella me hizo sentir, si fue muy cercano a lo que quizá muchos llamen hacer el amor, y aunque fue muy placentero, el capítulo más placentero de la novela, quizá lo más placentero que he sentido y mucho más de lo que los otros llegan a sentir, lo único que atravesaba por mi cabeza con cada gemido de la chica de aquel libre cabello rojo, era Sofia.


No recuerdo a que hora salí de su camarote, no recuerdo a que hora bajé del barco, ni siquiera recuerdo si nos despedimos como dos personas que se acababan de conocer y de tener una conversación cortés durante el viaje, lo único que recuerdo es que mientras teníamos sexo bebimos mucho y nos metimos unas lineas de cocaína que ella traía, la verdad me cuesta trabajo admitir que aquella noche me drogué, pero es la única vez en mi vida que me he drogado. Para cuando recobré el conocimiento eran las nueve de la mañana y estaba sentado en una banca del malecón, en aquella misma banca donde besé por primera vez a Sofia y donde siempre hay un cambió de capítulo, ahora el cambio de capítulo correspondió a cargo de un par de oficial de policías preguntándome que si estaba bien y de una vieja conocida voz extraída de un sueño casi por desvanecerse.

jueves, 28 de abril de 2016

Before Sunset....







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martes, 26 de abril de 2016

Wes Anderson y su cine para niños.


Si hay un director que es de lo más respetado y con una técnica se podría decir única (aunque su influencia más grande sea claramente quizá Stanley Kubrick, al menos técnicamente -razón por la cual lo amo cinematográficamente hablando por supuesto-) sin duda alguna este es Wes Anderson, un joven cineasta que aunque desde sus inicios ha tenido muy presente su técnica y su manera de hacer cine y las historias que a través de este cuenta, en los últimos años ha tenido más relevancia su trabajo y aquí mi opinión sobre este y porque lo considero uno de los mejores talentos de los últimos años en la cinematografía.

Con una forma, hasta simétrica de llevar sus escenas, con colores muy contrastantes y muy vivos (sello Kubrick) siempre con escenas de baile, amores imposibles y reivindicadores (todas las películas de Anderson son en realidad películas románticas) son cosas que hacen a las películas de Anderson muy peculiares, faciles de digerir, y sin duda las favoritas de muchos tanto amantes del cinema, el cine de culto, incluso hasta los críticos más exigentes caen rendidos a sus pies. Ya les había hablado un poco de Anderson y su cine cuando les escribí sobre su cortometraje "Hotel Chevalier" y en el cual lo destacaba como uno de los directores de cine más importantes de los últimos tiempos y sin la egocentría y la fama de algunos otros. También les compartía este video en el que se recopila mucho de él y algunos de los otros directores exponentes del buen cine que hace la industria a través de ellos.

Si hablamos de las marcas y sellos que llevan las películas de Wes, además de que aunque sus tematicas pueden ser vistas como "Cine para niños" (quizá esta sea la verdadera razón por la cual a los adultos amantes del cine les gustan tanto, porque pueden ver una película para niños que no es animada -salvo El Fantastico Señor Zorro que en verdad es un pedazo de película- y que esta magníficamente hecha, además de las peculiaridades simetricas de las que ya hablamos) sin duda alguna, dos de sus grandes sellos son: Owen Wilson y Bill Murray.

Al primero lo conoció mientras estudiaba en la Universidad (psicología, otro monstruo que nos enseña que no se necesita estudiar sobre algo para ser un master en ello, simplemente hay que amar con todas tus fuerzas eso que haces y te hace feliz) y con el escribió su primera película (la cual les valió una nominación al oscar por mejor guión original. No sé si ya se los había comentado pero siempre las películas con un buen guión original y que suelen estar nominadas al oscar para este galardon suelen ser mis favoritas de año, y la ganadora lógicamente siempre suele ser mi película favorita, bueno; casi siempre porque con The Master de P.T. Anderson no me pasó, de la cual pronto les estaré escribiendo en concreto) además de colaborar en otras también como co-escritor y colaborador en diferentes áreas. Con Bill es más cercana la relación, a pesar de no conocerlo de tanto tiempo como a Wilson, con Murray desde que lo conoció la comunión y la complicidad entre estos fue inmediata, a excepción de su primera película, Murray a colaborado en todas las películas de Anderson, ya sea en papeles principales, secundarios, de paso, incluso haciendo especies de cameo como los solía hacer Hitchcock en sus películas (en los que aparecía caminando como un "relleno" cualquiera). A trabajado co-escribiendo y produciendo con sus dos mejores amigos además de Wilson; Roman Coppola (hijo y hermano de Francis Ford Coppola y Sofia Coppola respectivamente) y Jason Schwartzman (primo también de Roman) con los que pareciera ha encontrado establecer mejor su sello. Sin duda aunque de temática infantil, las películas de Wes son tan geniales, buenas y atractivas para la vista, bien actuadas y mejor escritas, que no verlas, en verdad es un pecado para cualquiera que ame -en verdad- el cine, al menos así lo considera su servidor.
Y miren que si el propio Scorsese ha dicho que él (Wes) es el  siguiente Scorsese y se ha nombrado como "uno de sus más grandes admiradores" es porque hay que ponerle mucha atención a este joven (que dicho sea de paso ya no es tan joven).


Acá les dejo los trailers de mis películas favoritas de este gran director, del cual seguramente veremos lo mejor en los muchos años que le quedan dentro de la carrera.


El Fantastico señor zorro
Creo que esta y Tintin de Spieberg y Jackson son las últimas películas animadas que consideré para mi colección.




Viaje a Darjerin
Siceramente Viaje a Darjerin, a pesar de que es una extraordinaria película, no me gustó tanto como el cortometraje previo a la película. Hotel Chevalier, sin duda alguna, aunque es un Wes por excelencia, es un asunto que se "cuese aparte".




Moonrise Kingdom
Sin duda alguna mi Wes favorito, tiene todo, magnifico guión, mejor camarógrafo y ese manejo de cámara (que repite en Hotel Chevalier), además de las paletas de colores y la fotografía externa en general, a Willis (mi heroe de la infancia), amor, persecuciones entre niños (cosas que me hacen revivir mi infancia) y un gran baile.




El Gran Hotel Budapest

Sinceramente no podía imaginar un mejor Wes, al menos visualmente más rico que Moonrise Kingdom, hasta que salió El gran Hotel Budapest, y me maravilló de sobremanera. Aunque la verdad en el guión a mí, por lo menos a mí me salió debiendo mucho, a pesar de que muchos la alabaron por eso, ya les había comentado (quizá no por este medio) que me encantó el detalle que tuvo Wes hacia con México.







domingo, 24 de abril de 2016


Los dos caminaban y esta vez no decían nada, volteaban a mirarse y sonreían, caminaban por lo que parecía era una parte vieja de la ciudad, porque en la estructura de los locales entre los que caminaban se veían como hechas por verdaderos hombres en años más prosperos, vigas de madera y estructuras metálicas como en las antiguas estaciones de trenes. Una palomilla nocturna hacía sombras con el foco al cual atacaba, buscaba su alma gemela en ella misma, la luz siempre nos trae espejismos que en la oscuridad suelen develarnos los ojos, nos hacen vernos a nosotros mismos, ver en la oscuridad lo que son y somos en realidad, insectos con alas que buscamos nuestro par, almas aladas que van de paso siempre buscando la luz al final.
Sin ellos darse cuenta cuando salieron corriendo jugando sin saber a que jugaban y llegaban justo donde segundos antes una palomilla nocturna había muerto por acercarse tanto a su sol, los observaba un anciano que era acompañado por cuatro perros, todos color café y él cargaba una bolsa donde parecía llevaba la comida que juntaba para él y para sus "hijos". Llegaron ellos sin darse cuenta de nada salvo de que sus labios se volvían a unir una vez más, él la abrazaba, y ella lo golpeaba.

Yo no debería de estar narrando esto, simplemente yo no debería hacerlo ya que cada vez que uno cuenta una historia de estas es irremediablemente imposible amar y odiar a la vida a la vez. Amarla más por saber que esta clase de historias, esta clase de cosas son reales, y odiarla por no hacer que el tiempo se congele y este relato y esta historia haya mucho tiempo más. Yo no debería de narrar esta parte pero las farolas cuando alumbran de la manera en que alumbraron aquella noche, a la hora en que aquel par de extranjeros extraños deambulaban por aquella calle, por aquella fachada, no se puede hablar mucho en realidad.

Quien vino a interrumpirlos y los hizo volver a hablar fue el anciano que los había estado observando, los saludo muy respetuosamente, ellos lo hicieron igual, "Sarah", si es que en realidad así se llamaba aquella chica de la que ustedes tendrán entendimiento sólo por este texto; reía del nerviosismo, como si aquel anciano le fuera a contar a todo el mundo al amanecer que presenció a un par de jóvenes enamorados besarse, cuando estos jóvenes eran jóvenes y ya no volvieran a verse jamás al salir el sol. El viejo sacó de la bolsa interna de su grande y por su apariencia muy acogedora chamarra, una pequeña rosa artificial, se la dió a Abraham y con la mirada le dijo que se la diera a ella. Abraham lo hizo y ella le agradeció al viejo, entonces este les dijo:
-Saben algo, uno puede estar lo más enojado con el mundo, o puede despreciarlo o estar molesto con la vida por lo que nos hizo vivir o lo que nos quitó por haber hecho lo que alguna vez hicimos y tuvimos que pagar. Pero cuando uno ve las muestras de amor que se entregan personas como ustedes, que no sólo buscan algo el uno del otro, sino que comparten todo lo que tienen en su mirar, lo poco e insignificante que tienen como lo es la vida y el tiempo, uno no puede más que agradecer por estar vivo. Les agradezco jóvenes por regalarme más vida y más felicidad esta noche.

Acabó de decirles esto y se marchó. Sarah acarició al último de los perros que pasó junto a ellos, parecía que quería ser acariciado.

jueves, 21 de abril de 2016

Tengo una pequeña encuesta para ustedes....


¿Qué es el cine?




¿Cuál es tu primer recuerdo del cine?




¿Cuál crees que sea el futuro del cine?





Yo desde mi perspectiva la contestaré para ustedes.

¿Qué es el cine? El cine es el poder y la capacidad de cambiar la espantosa realidad y transformarla en historias y así crear arte. El cine más que nada es sentir.
¿Cuál es tu primer recuerdo del cine? Recuerdo mis dos primeras películas en concretoMi primer recuerdo literal en el cine fue ver como a la edad de cinco o seis años El Rey León y los Power Rangers. La película en una pantalla monstruosa y recuerdo que lo primero que se me vino a la mente fue "Yo quisiera estar alguna vez ahí adentro". en aquellos míticos cines 2000 y 2001 en Durango.
¿Cuál crees que sea el futuro del cine? El futuro del cine va a ser maravilloso, porque los verdaderos cineastas que se están formando en esta generación de jóvenes van entendiendo que menos es más, y que el guión siempre será más importante que la tecnología y las herramientas que tengamos hoy día, herramientas costosísimas en dinero y tiempo. Nuestros jóvenes cineastas van queriendo ser más como los legendarios directores de cine, ya no buscamos tanta innovación.


Una cuarta pregunta que yo les haría sería:


¿Qué películas son las que los han influenciado más, o qué los haya hecho cambiar su perspectiva sobre la vida?


Espero sus respuestas.

miércoles, 20 de abril de 2016

Julio y Aurora según Mario Vargas Llosa


"Los había conocido a ambos un cuarto de siglo atrás en casa de un amigo común en París, y desde entonces, hasta la última vez que los vi juntos, en 1967, en Grecia, nunca dejó de maravillarme el espectaculo que significaba oír conversar y ver a Aurora y a Julio en tándem. Todos los demás parecíamos sobrar. Todo lo que decían era inteligente, culto, divertido, vital. Muchas veces pensé: «No pueden ser siempre así. Esas conversaciones las ensayan en su casa, para deslumbrar luego a los interlocutores con las anécdotas inusitadas, las citas brillantísimas y esas bromas que, en el momento oportuno, descargan el clima intelectual». Se pasaban los temas el uno al otro como dos consumados malabaristas y con ellos uno no se aburría nunca. La perfecta complicidad, la secreta inteligencia que parecía unirlos era algo que yo admiraba y envidiaba en la pareja tanto como su simpatía, su compromiso con la literatura y su generosidad para con todo el mundo y, sobre todo, los aprendices como yo. Era difícil determinar quién había leído más y mejor, y cuál de los dos decía cosas más agudas e inesperadas sobre libros y autores...."


lunes, 18 de abril de 2016

Rayuela Capítulo 5


La primera vez había sido un hotel de la rue Valette, andaban por ahí vagando y parándose en los portales, la llovizna después del almuerzo es siempre amarga y había que hacer algo contra ese polvo helado, contra esos impermeables que olían a goma, de golpe la Maga se apretó contra Oliveira y se miraron como tontos, HOTEL, la vieja detrás del roñoso escritorio los saludó compasivamente y qué otra cosa se podía hacer con ese sucio tiempo. Arrastraba una pierna, era angustioso verla subir parándose en cada escalón para remontar la pierna enferma mucho más gruesa que la otra, repetir la maniobra hasta el cuarto piso.

Olía a blando, a sopa, en la alfombra del pasillo alguien había tirado un líquido azul que dibujaba como un par de alas. La pieza tenía dos ventanas con cortinas rojas, zurcidas y llenas de retazos; una luz húmeda se filtraba como un ángel hasta la cama de acolchado amarillo.

La Maga había pretendido inocentemente hacer literatura, quedarse al lado de la ventana fingiendo mirar la calle mientras Oliveira verificaba la falleba de la puerta. Debía tener un esquema prefabricado de esas cosas, o quizá le sucedían siempre de la misma manera, primero se dejaba la cartera en la mesa, se buscaban los cigarrillos, se miraba la calle, se fumaba aspirando a fondo el humo, se hacía un comentario sobre el empapelado, se esperaba, se cumplían todos los gestos necesarios para darle al hombre su mejor papel, dejarle todo el tiempo necesario la iniciativa. En algún momento se habían puesto a reír, era demasiado tonto. Tirado en un rincón, el acolchado amarillo quedó como un muñeco informe contra la pared.

Se acostumbraron a comparar los acolchados, las puertas, las lámparas, las cortinas; las piezas de los hoteles del cinquième arrodissement eran mejores que las del sixième para ellos, en el septième no tenían suerte, siempre pasaba algo, golpes en la pieza de al lado o los caños hacían un ruido lúgubre, ya por entonces Oliveira le había contado a la Maga la historia de Troppmann, la Maga escuchaba pegándose contra él, tendría que leer el relato de Turguéniev, era increíble todo lo que tendría que leer en esos dos años (no se sabía porqué eran dos), otro día fue Petiot, otra vez Weidmann, otra vez Christie, el hotel acababa casi siempre por darles ganas de hablar de crímenes, pero también a la Maga la invadía de golpe una marea de seriedad, preguntaba con los ojos fijos en el cielo raso si la pintura sienesa era tan enorme como afirmaba Etienne, si no sería necesario hacer economías para comprarse un tocadiscos y las obras de Hugo Wolf, que a veces canturreaba interrumpiéndose a la mitad, olvidada y furiosa.

A Oliveira le gustaba hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente y lo prolongaba, era como un despertar y conocer su verdadero nombre, y después recaía en una zona siempre un poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero la Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente. Una noche le clavó los dientes, le mordió el hombro hasta sacarle sangre porque él se dejaba ir de lado, un poco perdido ya, y hubo un confuso pacto sin palabras, Oliveira sintió como si la Maga esperara de él la muerte, algo en ella que no era su yo despierto, una oscura forma reclamando una aniquilación, la lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores. Sólo esa vez, descentrado como un matador mítico para quien matar es devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y la sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.

Más tarde a Oliveira le preocupó que ella se creyera colmada, que los juegos buscaran ascender a sacrificio. Temía sobre todo la forma más sutil de la gratitud que se vuelve cariño canino; no quería que la libertad, única ropa que le caía bien a la Maga, se perdiera en una feminidad diligente. Se tranquilizó porque la vuelta de la Maga al plano del café negro y la visita al bidé se vio señalada por la recaída en la peor de las confusiones,maltratada de absoluto durante esa noche, abierta a una porosidad de espacio que late y se expande, sus primeras palabras de este lado tenían que azotarla como látigos, y su vuelta al borde de la cama, imagen de una consternación progresiva que busca neutralizarse con sonrisas y una vaga esperanza, dejó particularmente satisfecho a Oliveira. Puesto que no la amaba, puesto que el deseo cesaría (porque no la amaba, y el deseo cesaría), evitar como la peste toda sacralización de los juegos. Durante días, durante semanas, durante algunos meses, cada cuarto de hotel y cada plaza, cada postura amorosa y cada amanecer en un café de los mercados: circo feroz, operación sutil y balance lúcido. Se llegó así a saber que la Maga esperaba verdaderamente que Horacio la matara, y que esa muerte debía ser de fénix, el ingreso al concilio de los filósofos, es decir a las charlas del Club de la Serpiente: la Maga quería aprender, quería ins-truir-se. 

Horacio era exaltado, llamado, concitado a la función del sacrificador lustral, y puesto que casi nunca se alcanzaban porque en pleno diálogo eran tan distintos y andaban por tan opuestas cosas (y eso ella lo sabía, lo comprendía muy bien), entonces la única posibilidad de encuentro estaba en que Horacio la matara en el amor donde ella podía conseguir encontrarse con él, en el cielo de los cuartos de hotel se enfrentaban iguales y desnudos y allí podía consumarse la resurrección del fénix después que él la hubiera estrangulado deliciosamente, dejándole caer un hilo de baba en la boca abierta, mirándola extático como si empezara a reconocerla, a hacerla de verdad suya, a traerla de su lado. 

sábado, 16 de abril de 2016

Rayuela Capítulo 6


La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más. La teoría del libro-más era de Oliveira, y la Maga la había aceptado por pura ósmosis. En realidad para ella casi todos los libros eran libros-menos, hubiese querido llenarse de una inmensa sed y durante un tiempo infinito (calculable entre tres y cinco años) leer la opera omnia de Goethe, Homero, Dylan Thomas, Mauriac, Faulkner, Baudelaire, Roberto Arlt, San Agustín y otros autores cuyos nombres la sobresaltaban en las conversaciones del Club. A eso Oliveira respondía con un desdeñoso encogerse de hombros, y hablaba de las deformaciones rioplatenses, de una raza de lectores fulltime, de bibliotecas pululantes de marisabidillas infieles al sol y al amor, de casas donde el olor a tinta de la imprenta acababa con la alegría del ajo. En esos tiempos leía poco, ocupadísimo en mirar árboles, los piolines que encontraba por el suelo, las amarillas películas de la Cinemateca y las mujeres del barrio latino. Sus vagas tendencias intelectuales se resolvían en meditaciones sin provecho y cuando la Maga le pedía ayuda, una fecha o una explicación, las proporcionaba sin ganas, como algo inútil. "Pero es que vos ya lo sabes", decía la Maga, resentida. Entonces él se tomaba el trabajo de enseñarle la diferencia entre conocer y saber, y le proponía ejercicios de indagación individual que la Maga no cumplía y que la desesperaban.

De acuerdo en que en ese terreno no lo estarían nunca, se citaban por ahí y casi siempre se encontraban. Los encuentros eran a veces tan increíbles que Oliveira se planteaba una vez más el problema de las probabilidades y le daba vueltas por todos lados, desconfiadamente. No podía ser que la Maga decidiera doblar en esa esquina de la rue de Vaugirard exactamente en el momento en que él, cinco cuadras más abajo, renunciaba a subir por la rue de Buci y se orientaba hacia la rue Monsieur le Prince sin razón alguna, dejándose llevar hasta distinguirla de golpe, parada delante de una vidriera, absorta en la contemplación de un mono embalsamado. Sentados en un café reconstruían minuciosamente los itinerarios, los bruscos cambios, procurando explicarlos telepáticamente, fracasando siempre, y sin embargo se habían encontrado en pleno laberinto de calles, casi siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía. A Oliveira le fascinaban las sinrazones de la Maga, su tranquilo desprecio por los cálculos más elementales. Lo que para él había sido análisis de probabilidades, elección o simplemente confianza en la rabdomancia ambulatoria, se volvía para ella simple fatalidad. "¿Y si no me hubieras encontrado?", le preguntaba. "No sé, ya ves que estás aquí..." Inexplicablemente la respuesta invalidaba la pregunta, mostraba sus adocenados resortes lógicos. Después de eso Oliveira se sentía más capaz de luchar contra sus prejuicios bibliotecarios, y paradójicamente la Maga se rebelaba contra su desprecio hacia los conocimientos escolares. Así andaban, Punch and Judy, atrayéndose y rechazándose como hace falta si no se quiere que el amor termine en cromo o en romanza sin palabras. Pero el amor, esa palabra...

martes, 12 de abril de 2016

Diarios de motocicleta (o el viaje que todos quisieramos hacer)


En la edición número "18" de la revista Cinéfagos, (revista para la que colaboro) cuando escribí sobre Woody Allen y como su cine es una mezcla tan exquisita de lo que debe de representar el cine como lo que es, la conjunción de los seis artes restantes que lo hacen ser el séptimo arte, comentaba como precisamente sus películas me han influenciado mucho tanto en lo que escucho a la hora de escribír, mucho de lo que he leído y lo que he visto (como las películas de Bergman) que precisamente la película de la que les estoy a punto de hablar decidí verla porque en su película "Match Point" es mencionada.

Lo diré en pocas palabras, no hace falta ser amante del séptimo arte o de la figura de el Che para ver esta película, simplemente ver esta película es hacer un viaje, ese viaje que todos quisieramos hacer una vez en la vida. (Quien no lo quiera hacer simplemente yo no sé a que a venido ha este mundo)
Película del año 2004 dirigida por Walter Salles y con la maravillosa actuación del compatriota Gael García Bernal (sin duda uno de los mejores actores mexicanos de todos los tiempos. Y es que nada más hay que ver a la madre actuar para saber de donde heredó el tremendo talento que tiene este cabrón) "Diarios de motocicleta" retrata el viaje que hizo Ernesto Guevara en el año de 1952 en compañía de su mejor amigo Alberto Granado por toda América del sur desde Buenos Aires bajando hasta La Patagonia y subiendo por Chile hasta recorrer todo el Peru hasta la villa de San Pablo, pero más que nada narra ese cambio que sufre el ser de Ernesto y que lo hace sembrar la semilla de lo que años más tarde germinaría en el guerrillero llamado "Che". Como va descubriendo la desigualdad y la opresión del pueblo latinoamericano por la ideología yanqui y la bondad y hermandad del mismo pueblo latinoamericano como los hermanos que somos a pesar de las fronteras y la nacionalidad, como siendo tan diferentes y tan complejos, podemos hacernos llamar hermanos a pesar de las diferencias físicas y en ocasiones de lenguas, vemos las adversidades que estos dos viajeros pasaron, como Alberto va viendo el cambio que sufre su amigo y a la vez como Ernesto también ve el cambio en Alberto durante los ochos meses que dura su travesía, donde dejan la moto en alguna parte del recorrido. El momento fuerte de la película y donde se ve que Ernesto deja de ser ese joven que pensaba sólo en graduarse y jugar Rugby con Alberto y sus amigos de la facultad de medicina es cuando llegan a un sanatorio de leprosos donde en verdad comprende lo bien que hace a cualquier hombre saber y sentirse apoyado por un hermano, que no es un hermano, cuando siendo asmático el día de su cumpleaños decide pasarlo con estos enfermos que estaban en una isla diferente a los doctores y cruza la división entre las dos islas nadando, aún cuando estaba prohibido cruzar y convivir con ellos sin protección, cosa que Ernesto desde un inicio no obedece; sanatorio al que llegan recomendados por el doctor Hugo Pesce que les da alojo por su paso por Lima quien el mismo Che lo dijo en su momento fue fundamental para que el entendiera las desigualdades de los gobiernos capitalistas y lo que el comunismo y el Marxismo exponían respecto a este problema. La plática que tienen con la pareja de peruanos en el desierto donde se encuentran las minas de cobre en Chuquicamata en Chile, la despedida de "la moto", las cartas de Ernesto a su madre, cuando este casi muere de hipotermia son sólo fragmentos que erizan la piel en esta película -hay que ser un viajero de vocación para comprender lo que estos momentos significan en la vida de dos personas-. Y más que ser un admirador del legendario Che, (aunque he de aceptar justifico y comparto mucho de lo que era su ideología) lo que si me atrapó de esta película es ese amor por la carretera y como en verdad los viajes suelen hacernos y convertirnos en hermanos de personas que nos topamos por corto tiempo en el camino, esos viajes que se llevan una parte de la inocencia que cargamos en los bolsillos, y que nos hace regresar siendo otros, con más vida y amor por la vida misma en el corazón. Y que más les puedo decir señores, siempre he expuesto el romanticismo que crea en mi las películas sobre viajes (nada más hace falta leer sobre mi amor por la trilogía Before para entender eso) y esta sin duda no es la excepción. Un recomendación por demás enfatizada de este su blog.

Cabe señalar que esta película se llevó el Oscar a Mejor Canción Original por encima de la favorita que era en aquella premiación del 2005 (la película francesa Los Coristas) interpretada por Jorge Drexler llamada "Al otro lado del río". Una canción por demás hermosa, además de ser la primera canción de habla hispana en la historia en ser nominada y la única hasta el momento al Oscar y ganarlo obviamente. Acá abajo les dejo el video de la canción y de la premiación en la ceremonia de los Oscar. (La persona que le entregó el Oscar fue el gran Prince)






Este es el reporte, regresamos al estudio.








lunes, 11 de abril de 2016

Waves....


El mar te quiebra, y vuelves a renacer. Pero como las olas, jamás vuelves a ser el mismo, jamás vuelves a ver la vida como lo era antes.

El agua también cae del cielo, pero esa ya no importa más. Ya no soy tan joven, lo sé; y ya no hay tiempo en mi vida para la nostalgia y la melancolía, lo he asumido. Ya no reconozco ni mi voz.


Ya no suenan las canciones de mamá, tampoco suena Tu y Yo o Tu Sonrisa, ya no estás tú, ni siquiera sé si estoy yo, quizá soy lo que quedó de mi, quizá soy lo que el mar me dice que soy, o lo que no soy. Sigo buscando, sigo buscándome, sigo buscándote.