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viernes, 15 de diciembre de 2023

Anatomy of a fall: ficción Vs. hechos





A últimos años cualquier premiación en el cine es cuestionada por los criterios que tienen los jurados, la crítica, la industria, incluso el público general; y por supuesto la Palma de Oro en Cannes no podría ser la excepción.


Antes de comentar y mencionar el por qué creo yo que la película de Justine Triet se llevó la Palma de Oro de manera justificada, aunque en el estricto sentido de la palabra no crea que es la mejor película de la selección oficial de este año, quisiera compartirles la sinopsis de la misma:



“Sandra, una escritora alemana, vive con su marido Samuel y su hijo ciego, Daniel, en un chalé en medio de los Alpes franceses. Cuando Samuel fallece en misteriosas circunstancias, la investigación no puede determinar si se trata de un suicidio o de un homicidio. Sandra es arrestada y juzgada por asesinato, y el proceso pone su tumultuosa relación y su ambigua personalidad en el punto de mira.”



La película de Justine es un thriller psicológico decantado, con una riqueza y vastedad de capas en su trama y subtramas, que hacen que uno se enganche de la historia, los hechos, y como son mostrados; más allá de los grandes atributos individuales que tiene la película. Pero trataremos de desentramarlos e hilvanarlos para dejar por sentada su gran valía argumentativa. 


De las cosas que a la película le pueden cuestionar, y la validez de su Palma de Oro, está el hecho de que la película narrativamente hablando no tiene mucha propuesta, si uno la mira sin profundidad, podemos creer que estamos ante una película de corte hollywoodense como “A Fer good men” de Rob Reiner, o incluso una “Scent of a woman” de Martin Brest (curiosamente ambas del 92), pero es justamente en este elemento que magistralmente Justine esconde y recurre a elementos que, siendo casi invisibles, proponen algunas de las subtramas que estoy seguro, maravillaron al jurado de Cannes. 


La primera cosa que nota y resalta en la historia, y cómo es contada, es la utilización del zoom narrativamente, algunos creerán que este se emplea sólo cuando se hacen las recreaciones de los hechos del accidente o en la grabación del juicio, pero lo cierto es que no es así, esta forma fascinante de manipulación de ambas caras de la moneda se entrelaza y mueve en ambos mundos: el de la realidad y el de la ficción, de esta forma empieza a formar la fascinante base central y el eje medular del discurso de la película. 


En los tiempos de lo políticamente correcto, la censura y la moralidad de los discursos, el hecho de que una mujer escritora utilice mucho de su vida para crear su obra, y posteriormente juzgarla a través de esta para creer que haya sido capaz de matar a su esposo por resentimiento del padecimiento de su hijo (que es el personaje más racional y metódico a pesar de su padecimiento, y su perro juega un papel primordial tanto al principio como al final), es lo que esconde la verdadera intención de Justine con la película, en ese sentido la cámara y la propuesta fotográfica, nos sumerge, plantea y corrobora la tesis de que toda ficción se alimenta de vivencias, de los recuerdos de quienes son protagonistas de esas vidas (el claro ejemplo está en los actores principales de la película, que llevan los mismos nombres en la ficción y en la vida real), pero tanto la una como la otra, más que ser las causantes de estas, son especies de efectos, como las marcas que dejan las metrallas, como la marca de sangre que salpica después de la caída.


 Pero es justo con este planteamiento que Justine se permite jugar con la cabeza del espectador a través del personaje de Sandra (magistralmente interpretado por la siempre soberbia Sandra Hüller que, para mí firma la mejor actuación de todo el 2023), pues si bien el discurso de su abogado en la última sesión ordinaria del juicio y la confesión de su hijo de la última charla con su padre, todo lo que se muestra en escena de la relación de Sandra y su esposo y que recalca de manera insistente el fiscal abogado (magnifícamente interpretado por el actor Antoine Reinartz), hace que, siquiera por un instante, o incluso pensándola después de concluida la película, el espectador se plantee la posibilidad de que Sandra, en el afán de que su próximo libro sea un hitazo, haya podido perpetuar el acto, aunque los hechos y la ficción digan lo contrario; y aquí es donde Justine ejemplifica de manera discursiva y pone a prueba la mente del espectador. 


Cuestiona nuestra percepción de la realidad y la ficción, como un caso de La invención dde Morel en la era moderna, que va más allá de las causas y consecuencias de un accidente/no-accidente que desvela la problemática vida matrimonial de dos escritores en lados opuestos de la moneda. 

Justine Triet plantea es este thriller psicológico, un maquiavélico y exquisito suspense cuyo discurso central expone que tanto los relatos como los testimonios, o las historias inventadas como las confesiones, pueden servir, o bien para manipular a los demás, o bien para exponer lo mucho que conocemos a los seres cercanos y amados y que un extraño no puede conocer, o lo que los supuestos hechos puedan dictar sobre las convivencias. En esa zona sin fronteras deambula Justine, jugando y retando al espectador a decidir qué pasó. 



viernes, 1 de diciembre de 2023

The killer.





La nueva película de David Fincher, mas que dejarme sentimientos encontrados, hace que me cuestione ciertas cosas como espectador, y que me vengan a la mente ciertas preguntas. 

“The killer” es un thriller en toda la extensión de la palabra, en el que se plantea las consecuencias de un error de un profesional en su área, y la consecución de lo que este tiene que hacer para solucionar esas consecuencias, y vivir en el acto. 

El protagonista, que bien podría ser el perfecto “profesional” de Melville si viviera en el siglo XXI (Fassbender está impecable), me parece funge perfectamente como un alter ego del propio Fincher, un hombre impecable, sistemático y frío en su profesión, en otras palabras: un asesino al que no le tiembla el pulso y el corazón para matar cabos sueltos, pero que sabe distinguir quien es arrastrado como él a la vorágine desatada y que le puede traer problemas futuros. Callado pero con un diálogo interno a todo galope que conduce y narra la película. Pero también nos muestran su lado vulnerable y pasional cuando lo sacan de ese entorno, hay una línea bien marcada (y pensada) entre el profesional y el hombre con una vida cotidiana, con todos los artilugios que lo protegen y de los que hecha mano una vez que sus empleadores desatan la tormenta, por lo que el elemento de una mujer en su vida amorosa funciona perfectamente a la trama. 

La película está meticulosamente hecha. El ritmo, el tono, y esta forma “europea” en que está fotografiada, hace que estética y visualmente sea espléndida.

Algo que muchas opiniones que he leído celebran de la película es la pelea que aparece en ella, pero debo confesar que a mí me parece no sólo lo más horrendo de esta, sino que me parece de lo peor en el cine de Fincher. Se entiende la intención, pero ni me sorprendió ni me gustó. Algunos chistes también me sobraron. 

Dicho lo anterior, si bien la película como digo, es perfecta en muchos sentidos, no es una película que proponga algo nuevo ni en el género, ni en el quehacer cinematográfico, ni en la filmografía de Fincher, incluso podría decir que “Mank” es más propositiva, aunque no roce los grados de perfección de esta película, pero acá es donde yo me cuestiono con la siguiente pregunta: ¿acaso Fincher tiene la necesidad de proponer o demostrar algo con su cine a estas alturas? Yo creo que no. Hace una gran película, que muestra y hace que prevalezcan muchos símbolos de su obra, con una película si bien no pequeña, sí sencilla, minimalista y sin muchas pretensiones en muchos sentidos; y por supuesto, impecablemente hecha.