Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

miércoles, 30 de agosto de 2023

•Notas sobre Eme (o dos historias sobre [cómo] soltar)




La primera absurda y tonta excusa/justificación del porque escribo sobre esto es porque quizá sea la única oportunidad para explicar un poco de la intención que tenía con la “forma” de hacer este corto, también explicaré un poco sobre el “fondo”, por muy doloroso e innecesario que sea el acto de escribirlo. 


También siento que debo algo a mi obra que es precisamente defender los puntos del porque hago cine como lo hago. De los cuatro cortometrajes que he realizado a la fecha (sin contar “Negro” y “Carta en susurro”, a los cuales lo único que salva su hechura es la presencia de las dos personas [el buen Francisco una de ellas, a quien por supuesto extraño] que me ayudaron a llevarlo a cabo más allá de mi mal manejo técnico) jamás he expuesto y defendido mi postura ante público, con “Confesión en dos tonos”, mi trabajo más celebrado y con el que empiezo la forma en que aprendí a plasmar emociones a través de lo aprendido con los cine-diarios de Mekas, he tenido la oportunidad de hablar en entrevistas y en lo cercano con muchos amigos realizadores. Con “Ecos transeúntes” que considero es mi trabajo más incomprendido, hay una osadía al hacer un documental en toda la esencia del cinema verite, lo cual por un momento me hizo plantearme el hecho si debía seguir haciendo mi cine al traspasar reglas e invadir la privacidad de personas que no sabían que eran escuchadas por un voyeur [sin connotación sexual, cabe aclarar] sin remedio, y lo de incomprendido viene del hecho de que tratando de solucionar carencias técnicas de las que estaba consciente, traté de dar congruencia a mi discurso con dos elementos que siempre estarán presentes en mi obra: los susurros y el secretismo. “L’homme qui fume” es un trabajo que yo me atrevería a decir que no tiene etiqueta, es un híbrido en el que exploro un tema que me ocupa, me preocupa y es importante para mí porque expone lo que siento sobre el lugar donde ahora vivo, y debo decir que para mí sorpresa, pues lo considero un trabajo muy sencillo narrativamente hablando y en cuanto al montaje se refiere; ha sido muy elogiado. 


Con “Eme”, visualmente quise contar esta historia utilizando aún menos elementos narrativos, una escatimes de planos y tomas completamente deliberadas. Es una historia fragmentada en dos, una vez más influenciado por Bi Gan, siendo en ese sentido, el trabajo más parecido y en el que regreso al estilo que inicié con “Confesión en dos tonos”. En la primera mitad es un completo plano secuencia con la cámara fija en el que retrato en blanco y negro una confesión, mi confesión, de ese encuentro que ha desatado mi necesidad de crear, y creo que sobra decir con esta explicación que ha sido lo más duro y personal que he hecho hasta ahora. “Confesiones…” mi novela, narra en cosa de 400 páginas en manera de clave lo que en “Eme” confieso en dos minutos y medio, esa sí es de alguna manera la magia del cine, aunque la magia también quema. En la segunda parte, el monólogo armado, es un juego de tres tomas que fragmento y trato de dar intención a través de recursos bastante sencillos en el montaje, y al igual que en “Confesión…”, es mi manera de hacer una especie de homenaje a las historia que fueron pero ya no son, y que mis oídos han guardado durante años por las historias que a mí me parecía que las personas que me las contaron en su momento en forma de confesión (ya fueran de borrachera o no) yo las sentía auténticas y genuinas, y al menos a mí me habían conmovido al grado de no poder olvidarlas hasta que las hice lenguaje.


En cuanto al diseño sonoro, también es un trabajo que se parte en dos, pues mientras que en la primera parte el audio es fuerte para que sea en toda la forma una confesión que el personaje hace a una persona que jamás es vista por el espectador (y que el espectador bien podría ser ese personaje invisible, pero sin la obviedad a la que recurrí en “Confesión…” al romper la cuarta pared), en la segunda parte sólo la bocina derecha reproduce el apenas perceptible sonido de la segunda confesión, que se hace como si el personaje estuviera susurrándole al oído derecho (hemisferio derecho=creatividad) sus sentimientos a ese personaje que ya no está presente, y que en un principio mi intención era que el espectador explorara la posibilidad de si estos testimonios estaban conectados o no, y que vieran tanto el lado oscuro/luminoso y optimista/pesimista de los adioses, de las rupturas amorosas y de la pérdida de seres queridos, las distintas formas en que las personas manejamos nuestros duelos. 


“Eme” es una inquietud que apareció por y siempre en forma de esa A que sigo persiguiendo, la idea del amor completo y entregado, aunque no sea eterno; esa chispa que creo un único terremoto y que no deja más que pequeñas réplicas una vez que su tiempo termina. Cuando empecé a escribir las primeras líneas del diálogo influenciado en obras como “Rayuela” o “500 días con ella” hace 9 años (creo, la fecha es inexacta), y no se terminó de formar hasta hace unos tres años que añadí la segunda historia, la cual debo decir que jamás se habría formado sin la ayuda de seis amigas (a quienes por supuesto no mencionaré para no arrastrarlas aún más a esta vorágine que cree), para darle aún más veracidad y verdad a la forma de expresión femenina a la que me quería acercar u de la cual estaba dudoso de poder recrear. 


Como podrán ver en las imágenes, con “Eme” quise reducir aún más los elementos físicos para contar la historia, para la primera parte no utilicé más que una luz, mi cámara Canon M50 y un rebotador para hacer sombra, nadie me asistió porque me iba a ser muy difícil decir mis líneas (más de lo que por si fue), y ya en la segunda parte debo agradecer a Edzna por haberme prestado su voz y a Gabriela por haberme prestado su presencia (ese día de rodaje, Fernando me asistió en la producción y sonido), ambas le dieron forma a muchas mujeres que he conocido en mi vida, por lo cual siempre les estaré agradecido, pero también tengo la necesidad de disculparme con ellas por arrastrarlas a esta cosa. 


Me cuesta mucho involucrar a personas en lo que hago por dos razones: la primera es que son cosas tan personales que me da pudor y pavor mostrar las entrañas de mi pensar y sentir, y la segunda es porque a veces siento que mi forma de hacer cine es tan sencilla y poco ambiciosa, que creo que a nadie le llamaría la atención formar parte de lo que hago, por eso agradezco a quien de una forma u otra, ha formado parte de estos universos hasta el día de hoy.


Algo que quiero comentar y que siento que no puedo dejar pasar, es el hecho de que a mí me gusta ver mis trabajos desde la cosmovisión de la preproducción hasta la postproducción, soy una persona que piensa y habla de sus proyectos desde la concepción hasta la consecución de la obra, no hablo sólo del rodaje o el trabajo ya realizado. En el caso de “Eme”, así como en el de “Confesión…” es un trabajo que se pensó de una forma y terminó siendo de otra, y es que el afán de querer hacer cine de la forma académica, o siguiendo la estructura “a-b-c” es algo que todos quisiéramos hacer, vamos, que es el sueño, pero el autosabotaje es bárbaro, eso me pasó con “Eme” que al querer que fuera mi primer trabajo con un crew de muchas personas y actores profesionales y prácticamente ya armado con un plan de rodaje, lo eché para atrás; inseguridad, pudor, vaya usted a saber, pero había algo en mi interior que me decía que está historia no debía de contarse como el guion lo decía (escrito por mí en un momento impúdico absorto de la ambición que emanaba de mí a mi regreso a Durango), sino como mi intuición lo pedía. Para “Eme” en preciso fueron tres días de rodaje en un transcurso de dos meses (uno para la primera parte, otro para grabar voces y sonidos, y otro para grabar la segunda parte), y la decisión del montaje se llevó a cabo en un lapso entre 12 y 18 horas (eso si, ininterrumpidas). 


Comentándolo con dos personas a las que aprecio y admiro mucho, además de ser dos personas de mi entera confianza, considero que “Eme” es sobre todas las cosas, un trabajo terapéutico más que nada, para mí, es soltarme de una historia en la que he vivido atrapado durante 16 años, y en ese sentido es la sobre exposición más grande que he hecho de mí persona, en el que honestamente no hay ambición alguna más que expresarme, sin tratar de pensar mucho en la metralla que le pueda llegar a otros, aunque como también lo he comentado en muchas ocasiones, lo que yo trato de buscar en mis ficciones, es que el espectador se sienta parte de la historia, que forme parte de ella, que ate cabos y se involucre (culpo a Julio Cortázar de esto) y que pueda encontrar una identificación, sino con la historia propia, quizá si con la confesión de borrachera que alguna persona cercana y amada le haya podido haber hecho alguna vez.


Y por último, debo confesarles que si no fuera porque “Manifesto Hersinki” (premisa del título de mi siguiente cortometraje, otra cosa bastante rara pero menos personal) no alcanzó a quedar, no sé si “Eme” habría visto la luz, aunque también debo reconocer que el comentario de una de esas personas que admiro me a tranquilizado un poco, y que hace años le aprendí un consejo que siempre busco aplicar en mis rodajes, cuando me dijo que en un rodaje la esencia de una escena, una línea o un diálogo; es genuina hasta la tercera toma, después de eso pierde la magia y fuerzas a los actores a sacar la perfección sacrificando el sentimiento y lo genuino de sus diálogos y sus personajes, por eso soy un ferviente creyente de que, como en el cine de Mekas, Marker, y Bresson, menos es más, la perfección está sobrevalorada y el error a veces conecta más con el espectador que busca en el cine identificación y el sentimiento real, porque la vida no es perfecta, no va acompañada de planos perfectos, enfoques milimétricos o paleta de colores que se mueve con nuestro estado de ánimo, las personas en la vida real trastabillamos, dudamos, somos impulsivos y nos salimos del guion y del destino, se nos olvida lo que queremos decir cuando hablamos con emoción, se nos traba la lengua, salivamos; esas cosas que a muchas personas no les llaman la atención como la silueta de una mujer a media luz, el apenas perceptible susurro de dos jovenes que se van contando cosas al oído en el asiento de atrás del transporte público, esas son las cosas que yo quiero explorar con mis ejercicios audiovisuales, los demás puestos para contar temas sociales o ficciones crudas de nuestra realidad, o temas fantásticos para eludir la realidad, creo que ya están cubiertos. Yo escribo, hablo y grabo desde lo que a mí me emociona.