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jueves, 7 de enero de 2021

Ricardo sin cabeza: los hombres no lloran a la luz del día.

 



Deniss Barreto es indiscutiblemente para mí, una de las cineastas más importantes que tiene Durango hoy por hoy. Prueba fehaciente de esta declaración, es la presencia que han tenido sus trabajos en festivales tan importantes y reconocidos tanto dentro como fuera del país. Pero creo que empezar a escribir sobre su más reciente proyecto de esta forma quizá sea la menos apropiada. Permítanme entonces escribirles sobre "Ricardo sin cabeza", mediometraje del año pasado dirigido por la realizadora.

"Ricardo sin cabeza" es a mi parecer no sólo su trabajo mejor logrado, sino que también a través de este, Deniss haya una real comunión entre los temas y los ejes que ella siempre ha expuesto en sus trabajos, y la forma en que ella aprecia y defiende al cine en su concepción artística, y no como las industrias y el entretenimiento nos quieren vender.

Me parece que lo primero a resaltar del mediometraje es el hecho de que, como en las buenas películas suele suceder, la línea entre lo masculino y lo femenino se desvanece, vemos en la pantalla a un personaje central tan rico y completo, cuyo dilema emocional y moral, puede comprenderlo cualquier persona, en este sentido, la historia de un hombre que sufre, contada a través del ojo de una mujer, puede verse reflejada en la mirada de cualquier espectador cuyo pulso calmado guste del ritmo que Deniss le da a esta historia.

Hay muchos elementos que enriquecen precisamente a esta forma en que Deniss hace su cine, que van desde lo técnico, como la perfección en los movimientos de cámara, que si bien dicha perfección podría ser sinónimo de volverse un recurso "mecánico", acá cada uno de los planos y secuencias, le dan al mediometraje no sólo su ritmo atinado, sino una clave de ensoñación (en gran parte ayudado por la subexposición en la imagen) en el que uno comprende que la cámara es como un ente, no es una mirada protagónica, ni narradora; es una fuerza etérea que cumple su verdadera función, o la función que a mi parecer debería tener en el cine: mostrar.

¿Pero qué debe mostrar la cámara? Acciones en los personajes, y estas acciones, entre más semejadas sean a una realidad y el conflicto que en esta se desarrolla, crea emociones verdaderas en el espectador, y Deniss viene mostrando que es capaz de hacer eso desde sus primeros trabajos.

Otros elementos que ayudan a que el espectador logre sentir a través de lo que la cámara muestra, son el gran trabajo detrás del diseño de producción, el atinado trabajo por parte del director de fotografía (Luis Lazalde), y la escasa música que nos confirma que en el cine no hace falta tanta música que sólo busque aligerar o edulcorar lo que vemos, sólo la adecuada para abrir ciertas puertas en la mente de los personajes, prueba de ello es la magistral escena del taller.

En lo que concierne a la historia, hay una tendencia total al naturalismo, no hay puntos dramáticos exagerados o sobreactuados, todos los personajes son medidos, reales, humanos. Los pocos diálogos y los extensos silencios nos hacen entrar y comprender de manera natural el dilema de Ricardo. Hay un cuestionamiento a los roles que un hombre debía tener en la sociedad en el siglo pasado: el hombre debe de tener una familia, estar con ella y no cambiarla si no se quiere ser señalado el resto de la vida, el hombre debe de ser fuerte y duro con las mujeres, el hombre no debe engañar a su esposa, y si lo hace, procurar que nadie se entere, el hombre no debe ser sensible ni expresar sus sentimientos, el hombre no debe llorar. Esta película es la belleza desgarradora de un hombre que llora.

Todos los personajes aportan cierta fuerza que se siente como contrapunto a la naturaleza solitaria de Ricardo, un personaje con tantos matices como las expresiones de Ricardo Salcido, el actor que le da vida. La esposa abnegada (con una actuación discreta pero puntual de Karen Covarrubias) que acompaña su dolor sin más que esperar que sólo sea una crisis temporal de su esposo, la amante (Gala González) que lo lleva al límite y lo obliga a elegir entre esa vida gris que lleva o escapar con ella de esa tortuosa realidad, y los roles de los niños, que son tan importantes para mostrar como estas prácticas perduran o se pueden combatir. Este recurso ha sido utilizado de manera correcta en el cine en películas como Temblores de Jayro Bustamante o Nuestro Tiempo de Carlos Reygadas. Y llegada la mención de este director, hablemos de las referencias que tiene la realizadora en su cine.

Como mencionaba al principio de este texto, con este trabajo Deniss no sólo logra llevar a un punto cumbre su narrativa y los temas que aborda como autora, porque sin lugar a dudas considero que Deniss es una realizadora cuya línea argumental corresponde a un discurso complejo y en constante desarrollo, en el cual todos sus trabajos se comunican, si eso no es autoral, no sé que sea entonces. Pero al igual que se llega a este punto de hegemonía en su discurso, este trabajo es donde muestra de manera muy clara sus referencias cinematográficas. Hay un claro amor por el cine que hacía Tarkovski, pero aún más se siente, incluso como cierta especie de homenaje, al cine hecho por el director Carlos Reygadas. Hay muchos elementos en los que Deniss logra evocar ciertos pasajes en las películas del director mexicano, pero estos se sienten con tal naturalidad, que uno es capaz de detectar que Deniss encontró estos lazos comunicativos en base a la forma en que las grandes mentes pareciera están conectadas.

Finalizo este texto mencionando de manera muy destacada el final del mediometraje, que no sólo tiene una congruencia con todo lo expuesto en el mismo, tanto técnica, como narrativamente, y sobre todo en su discurso, sino que también conecta y da un sin fin de sugerencias con la escena del gato muerto, cuya asociación podría darnos para hablar y hablar sobre tal acto y lo que la realizadora quiso expresar con estos elementos. Pero también el final por sí mismo es la escena más poderosa y más bella del mediometraje, que evoca tanta emoción, que es difícil salir de esta experiencia sin sentir que las lágrimas se empiezan a derramar en los ojos de uno. En una cosa concuerdo con Andrei Maldonado: para que a este trabajo se le haya dado más relevancia en circuitos festivaleros, quizá le faltó tiempo para haber sido considerado un largometraje, porque hacerlo un cortometraje y quitarle algo, lo veo muy complicado, ya que no le sobra absolutamente nada.

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