lunes, 30 de noviembre de 2015

Esnelia 4ta parte



-Léeme una de tus cartas.
-Está bien, esta es una que me gusta mucho. Dice:


Día 10.
Me acabo de despertar de un sueño en el que tú estabas, lo cual me hace pensar que has estado pensando en mi. (Si ya tienes un nuevo novio espero que te escriba cosas tan hermosas como estas, y si no; que pena me daría ser tu novio y que alegría me daría poder ser tu novio). Llevabas un hermoso vestdo blanco (jamás te llegué a ver en un hermoso vestido blanco pero seguro te verías igual de hermosa que en mis sueños, sabes el amor que llego a guardar y a atesorar en mis sueños, es otra vida para mi). Sé que dijimos que nos escribiríamos todos los días durante este año pero la verdad ya se me hace suficiente castigo no poder hablar contigo siquiera por teléfono para además escribirte cartas que se que no puedes leer, que no te puedo enviar, así que a partir de este día dejaré de escribirte diario, y espero que tú también hagas lo mismo y vivas tú vida mi vida. Son las tres de la mañana y espero dormir al menos seis horas más, y espero amor que tú hagas lo mismo. Te mando un beso hasta donde quiera que estes y por favor, descansa. Te amo, hasta mañana.


-Que te pareció.
-Me encantó.
-Léeme ahora una tuya.
-Está bien lo haré, pero antes dejame hacerte una pregunta.
-Si, dime.
-Recuerdas si pudiste dormir esa noche.
-La noche que escribí esto.
-Si.
-¿Qué si lo recuerdo? Como si hubiera sido antier.
-Será ayer.
-No, ayer no porque ayer en la noche hicimos el amor.
-Está bien, esta bien. Entonces, dime. ¿Pudiste dormir?
-En realidad no, hasta que empezó a verse algo de luz. ¿Por qué me lo preguntas?
-Porque yo recuerdo perfectamente la noche del décimo día. Ese día estuve a punto de tener sexo con alguien. Estaba en Nueva York y salí a ver una exposición en una galería de arte que se acababa de inaugurar una semana atrás y unas amigas me presentaron al expositor, era un hombre apuesto. Así que este nos invito a un centro nocturno y nosotras aceptamos. Era un lugar muy raro, digo; he estado en toda clase de lugares pero este desde que llegamos me dio mala espina. Era un lugar casi por completo a oscuras salvo por una luz roja que parpadeaba con el sonido de la música del DJ y el color de unas pastillas que estaban dando y los tragos en la barra, un lugar que tú odiarías sin lugar a dudas. Recuerdo que yo sólo tomé un trago y al instante este desordenó y alteró todos mis sentidos. Empecé a bailar con el tipo y entonces él me empezó a acariciar mientra yo lo tocaba y lo masturbaba, él me dijo que su departamento estaba algunos pisos arriba, yo le dije que me diera el piso en el que estaba su apartamento, él me lo dio y le dije que subiera y que me esperara con una botella de vino rosado en lo que yo me despedía de mis amigas. Así que él se fue y, la verdad es que yo estaba totalmente excitada, estaba convencida de irme a la cama con él, así que al dirigirme al lugar donde estaban mis amigas algo pasó.
-¿Qué? ¿Qué pasó?
-Te vi a ti.
-A mí. En la fiesta.
-No tonto, no precisamente ahí en la fiesta, es como si tu recuerdo hubiera salido de mi cabeza en ese preciso instante para salvarme de una nueva estupidez, y al acordarme de ti sabes que fue lo primero que hice.
-No lo sé. Me imagino que por lo que me estás contando seguro fue no subir a la habitación de ese tipo.
-Sí. Pero, antes, lo primero que hice en el instante que tú viniste a mi mente y no subir con ese tipo y salir de aquel horrendo lugar sin despedirme de mis amigas fue, mirar mi teléfono celular y ver la hora. ¿Sabes que hora era? Las cuatro de la madrugada. Lo que quiere decir que por la diferencia de horario contigo eran...
-Las tres.
-Así es.
-Así que tomé un taxi y empecé a andar por la ciudad, que por cierto me costó una fortuna por tu culpa -ella ríe-. No tenía sueño ni tenía un lugar a donde ir, bueno; en realidad si tenía un lugar a donde ir pero no era precisamente el lugar al que quería ir en ese momento, en ese momento, sólo diez días después de habernos despedido el único sitio al que quería ir, con la única persona que quería estar en ese momento era contigo. Le dije al taxista que diera vueltas por la ciudad, y yo creo el taxista se percató de inmediato que había tenido una mala noche y que lo último que quería era hablar sobre eso, así que muy amable sólo me sonrió y de vez en vez volteaba por su espejo retrovisor para cerciorarse de que estuviese bien y de que no me quedara dormida, se portó muy bien, y mientras pensaba en ti veía las luces de la ciudad y estas me iban hipnotizando, empecé a verlas y pensaba en ti, en lo mucho que te encantan esos paseos nocturnos cual sea el sitio en el que estés y lo mucho que te gusta platicar con esta clase de gente y conocer sus historias e interpretarlas como tuyas o de alguna manera crear una conexión con la tuya y la manera en que te emociona venir a contarme y. En esos momentos no hacía otra cosa que pensar en ti Juan. Y cuando se empezó a ver el cielo más azul y las luces ya no brillaban tanto fue que decidí ir a mi apartamento a dormir, apagué mi celular y me fui de Nueva York, y desde entonces no he vuelto. Pero antes de todo esto y dormirme te escribí esto.
Juan tomó la carta que Sofía sostenía en su mano que temblaba y le estiraba, la abrió y la leyó en voz alta. La carta decía:


Día 10.
Te amo.


-Ese fue el primer día que te empecé a escribir. Así que estarás contento con saber que yo tampoco te escribí todos los días, de hecho fue lo único que te escribí en todas mis cartas.
-En serio.
-Si.
-¿Cuántos días me escribiste?
-No lo sé, poco más de doscientos.
-En serio.
-Sí. ¿Tú cuántos?
-No fueron tantos, déjame ver. Poco más de cincuenta, supongo.
-Pero seguro escribiste miles de palabras más que yo.
-Pues sí pero, no dejo de estar desilusionado.
-¿De qué? ¿De haber escrito menos cartas que yo? Cuando vas a entender Juan que en esta relación la mujer soy yo, ¡eh! Es lógico que yo haya escrito más cartas que tú. Pero eso no te quita que tú seas el hombre más romántico del mundo y el hombre al que yo más amo.
-Pues probablemente sí, en eso tenas razón.
-Me lees la última carta que me escribiste.
-No, eso no es justo. Yo ya sé lo que dicen todas las tuyas.
-Por eso mismo quiero que me leas sólo la última, te prometo que hoy mismo leeré todas las demás yo sola. Además se lo que te fascina leerme mientras estoy sobre ti.
-En eso tienes toda la razón. Bueno, está bien señorita. Veamos, esta comienza así.
-Espera, espera.
-¿Qué?
-Nada más dime una cosa, ¿hace cuánto la escribiste?
-Fue hace exactamente 32 días.

-Está bien. Te escucho....






5 comentarios:

  1. Tal vez el dialogo tenga sentido sólo para esos dos personajes. Y está bien que sea así.

    Saludos.

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    1. Concuerdo que no tiene sentido porque habría que leer la parte antes a este encuentro, para comprender de todo el dialogo, pero como es una de esas partes en las que aún trabajo, creo que deje un poco de duda. Aunque como tú bien lo dices, sólo estos dos personajes conocen su pasado y su historia, y con que ellos lo entiendan y jueguen con eso está bien para que la historia siga fluyendo.
      Gracias por tu comentario. Saludos.

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  2. Conexiones que existen y son. Para mí si tiene sentido.
    Y seguimos en la historia...
    Un abrazo!

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    1. Me alegra que te siga interesando y que sigas por acá. Un abrazo igual para ti.

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    2. Me alegra que te siga interesando y que sigas por acá. Un abrazo igual para ti.

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