lunes, 20 de julio de 2015

La canción de las dos letras.


Hay casos en que canciones han desembocado en ideas para hacer literatura –algo que más o menos pretendo con uno de mis escritos-, o cine, incluso pinturas, y también suele ocurrir lo mismo a la inversa, que cualquier otra forma de arte incurre para la creación de una obra de arte sonora.  Incluso mismas canciones que se inspiran de otras canciones, canciones en dos y hasta en tres partes como si se tratara de una novela o de una película, canciones con historia con sabor a precuela, o con continuación, canciones que hacen de dos personas extrañas todo, menos extraños. Que les permiten conocer bailes prohibidos, habitaciones de hotel con aroma a loción barata, gritos, balazos, barrios sacados de alguna novela de Julio Cortázar.

Pero pensar en una canción, que siendo la misma, o naciendo del mismo trozo del papel donde fueron escritas solo unas palabras, pudiera desembocar en quizá dos de las canciones más hermosas de la música en español, eso si es algo especial.

Nadie puede negar la belleza, pero sobre todo el amor que le tengo a la canción “Y nos dieron las diez” de Joaquín Sabina. (Si no sabían de mi amor por este cantautor y por sobre todo a esta canción que es con la que lo conozco, pueden pasarse por acá y de paso darle un vistazo a mis temas favoritos del Flaco de Úbeda). Y aunque hay tantas historias y tantos pueblos con mar (y otros que no son tan pueblos) que se atribuyen como la inspiración de esta hermosa melodía como en La Coruña o en Gijón incluso se dice que Sabina en una entrevista que dio dijo que la chica era de Lanzarote; pero nadie puede afirmarlo como tal, porque nadie tiene pruebas, las pruebas que yacen sólo en la memoria de sus protagonistas. Canción que seguramente también ha inspirado y creado réplicas de aquellas noches en tantos amantes de su música (les puedo hablaron algo de experiencia al escribir esto) la realidad es que sólo el buen Joaco sabe la verdad sobre donde fue y cuando fue, y si es que en verdad existió, si es que existió y no creo que se lo quiera revelar a nadie. Pero lo que ahora si les voy a contar es de esa noche en que nació la idea de hacer la canción mientras escribía unas letras para que otro escribiera una canción, y así nacieron las dos.

A principios de 1991, Enrique Urquijo líder de los Secretos y su mánager, Pedro Rodríguez Almeida, estaban en un bar de Madrid -llamado el Bwana-, y allí coinciden con Joaquín Sabina. Enrique y Joaquín eran muy amigos y Enrique que estaba terminando su álbum «Adiós tristeza» le dice a Sabina si no tendrá algún material que pueda utilizar, porque anda escaso de ideas. Entonces Sabina le da a Enrique una servilleta con dos estrofas medio garrapateadas.

Fue en un pueblo con mar
una noche después de un concierto;
tú reinabas detrás
de la barra del único bar que vimos abierto
-"cántame una canción
al oído y te pongo un cubata"-
-"con una condición:
que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata"-
loco por conocer
los secretos de su dormitorio
esa noche canté
al piano del amanecer todo mi repertorio.

Enrique Urquijo se entusiasma con la letra y en el mismo taxi que lo lleva a su casa, con música de ranchera, termina la letra de la canción, que titula «Ojos de gata». Por su parte Sabina sin saber que Enrique Urquijo ha hecho una canción con la letra que le cedió, hace lo mismo con aquellas dos estrofas y termina otra canción diferente que titula «Y nos dieron las diez». Enrique Urquijo llama a Sabina y le cuenta que ha utilizado el material que le dio para hacer una canción y que la ha incluido en su nuevo álbum. Sabina, sorprendido le responde que él ha hecho lo mismo pero que no piensa utilizar la canción por el momento. Posteriormente Sabina cambia de idea y llama a Enrique para decirle que sí va a incluir la canción en su nuevo álbum «Física y Química» pero no como single, cosa que después hace y que desencadena la ruptura momentánea que sufrió su relación de amistad en aquellos años. En 1991 sale «Ojos de gata» en el álbum «Adiós tristeza» de los Secretos. Mientras que en abril de 1992 aparece el LP «Física y química» de Sabina que incluye «Y nos dieron las diez».

En los créditos de la canción de Los Secretos aparecen Enrique Urquijo y Joaquín Sabina como autores y en la de Sabina aparece sólo Joaquín Sabina, como autor de música y letra. Las dos canciones comparten música de ranchera y también las dos primeras estrofas, pero cada una de ellas es reflejo de la personalidad de su autor.

Para empezar la de Urquijo es la narración de un hombre bueno que sufre una derrota total en el amor todo por su amor por el alcohol, y Sabina narra a un canalla que vive una de las mejores historias que un hombre puede vivir, pero con un final más que a sabor a derrota, es un final triste, de esa clase de tristezas que con el tiempo se tornan en felicidad que como ya lo dije por allá arriba, sólo los protagonistas pueden disfrutar al saber que fueron (y fuimos) privilegiados por vivir -algo así- eso.

Basta un botón para apreciar y escuchar la similitud de los dos temas, que aunque muy parecidos, y como ya lo dije, son dos historias muy diferentes; y es por eso que no se puede hablar como tal de plagio. Por aquí se los dejo.








Este es el reporte, regresamos al estudio.

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