jueves, 30 de marzo de 2017

Escritor y lector. (La ventana del hotel - Segunda Parte)


Los sábados por la mañana era un espectáculo ver entrar a esa mujer por la puerta, nunca se quedaba a dormir conmigo hasta el amanecer, pues ella alegaba que suficiente tenia desvelándome entre semana traduciendo para que el viernes que ella venia no durmiera otra vez. Se iba yo calculo dos o tres horas antes del amanecer, y volvía cerca de las nueve de la mañana. Para esa hora yo ya estaba mas que despierto, con las cortinas que me separaban de la ciudad abiertas, la habitación era blanca y la luz era incontenible, un cielo cuando ella llegaba, un simple cuarto blanco y luminoso cuando ella partía.

El ritual era siempre el mismo, yo la imaginaba haciendo la misma escena antes de que ella entrara, la imaginaba caminando por la calle como Eva Green en Casino Royale, mi Femme Fatale caminando al son de This Boots Are Made For Walking mientras pasaba por la cafetería a la que entraba a comprar dos cafés, un americano amargo para ella y un capuchino doble para mi con dos de azúcar morena, dos pequeños croissants de jamón de pavo con queso mozarella, y un beso de chocolate para ella justo antes de regresar a su realidad. Saldría del café aproximadamente diez minutos después de la hora que entro, caminaría quizá en cerca de diez minutos dos cuadras mas hasta llegar a mi apartamento, entraría a recepción y saludaría a las chicas que estaban ahí, ellas la verían solo pasar sin contestar, una admirando su saco largo rojo, otra su desfachatez, pues llevaba su anillo de bodas, y era mas que obvio que no estaría en aquel hotel llevando desayuno y oliendo de aquella manera para ver a su marido.

Rara vez fumaba pero el olor no se iba del todo de sus ropas. La imaginaba subiendo las escaleras, era poco probable, pero yo la imaginaba haciéndolo como lo hacen las pequeñas niñas, saltando, escalón por escalón queriendo no queriendo llegar hasta el consultorio del dentista. Entonces justo cuando yo la imaginaba llegando hasta la puerta y tomaba la perilla, esta se giraba en mi realidad como por arte de magia, entonces ella entraba, aquel ángel tan perverso vestida con lo que parecía solo aquel saco largo rojo, un sombrero rojo y aquellas gafas de las que apenas y se desprendía al llegar al espejo que estaba en el tocador, antes de dejar la bandeja de cartón con aquel par de cafés y la bolsa con el par de croissants y el beso de chocolate, yo hacia como que no la veía, pero la verdad estaba viendo cada detalle que la hacían tan predecible todo el tiempo, tan predecible como el exterior no la dejaba serlo, como uno se vuelve tan predecible en la libertad, uno creería que es al revés, que la rutina te hace predecible y la libertad te hace... libre, la mentira mas recurrente.

Yo fingía, o en realidad no fingía, pero siempre que ella llegaba yo estaba leyendo un libro, y yo la sentía observándome en la distancia, viéndose en el espejo mientras se quitaba el sombrero, me veía de reojo y se sonreía, uno no hace con los años mas que recordar las miradas de las personas, mas que su aspecto, o sus palabras, o los momentos vividos en común, lo que uno se lleva a la tumba son las miradas, y las de ella seguro serian las que mas placer me darían en mis ultimas horas al morir. Desde la distancia yo sentía el aroma de su piel, es verdad lo que dicen, o en realidad nadie te lo dice, pero cuando uno se enamora en realidad de una mujer el aroma de su piel se vuelve peculiar, único, no lo encontraras en ninguna otra persona, y es una especie de narcótico, te haces adicto en cierto punto de ese aroma. Se daba la vuelta y se sacaba el saco y segundos después ya la tenia sentada junto a mi mirándome de frente, yo fingía no hacer caso de su presencia y ella solo sonreía, un instante después me contagiaba la risa y hacia que mis ojos se desprendieran del libro y olvidara todo lo que implica vivir.

-Te cuento un secreto. -Dijo ella sin mirarme.
-Si.
-Pero no se lo vayas a decir a nadie.
-No tendría porque hacerlo.
-Esta bien. Eres mi escritor favorito.
-En serio.
-Si.
-Te puedo contar ahora yo un secreto a ti.
-Seguro.
-Acércate un poquito para decírtelo.
Ella se acerco, no esperaba que la tomara entre mis brazos y le diera una vuelta en la cama hasta dejarla aprisionada entre el colchón y mi cuerpo, ella moría de risa, entonces empece a acariciar su pelo, mientras ella repetía y copiaba mi método.

-Tu eres mi libro favorito.

___________________________________________________________________
Creo que esta vez no hay nada que añadir.




6 comentarios:

  1. Me hiciste visualizar las escenas que contaste. Me gusta la combinación de lo imaginado con lo que realmente pasaba. Y sí, se entiende que hayas puesto la intención de percibirla con todos los sentidos posibles.

    ¿Es satisfactorio ser admirado por la mujer amada?
    Lo que está claro que es buena tu respuesta.

    He escuchado que hay una cierta asimetría en el rostro de Scarlett, asimetría que es parte de su belleza.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ese era el principal objetivo de escribir esto, que bueno haberlo logrado con ustedes. Fíjate que hace unos días leía precisamente sobre eso que me comentas sobre Scarlett, sin duda alguna es parte de su belleza.

      Gracias y saludos Demiurgo.

      Eliminar
  2. Interesante, buena frase final
    ¿Hay tercera parte no?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No había pensado en una tercera parte Frodo, por uno nunca sabe. No era mi intención escribir una segunda parte y esta nació mientras días atrás de publicarla veía nuevamente Amelie, la cual te comento es mi película favorita. Así que quizá los sorprenda con una tercera parte un día de estos.

      Saludos Frodo.

      Eliminar
  3. Coincido en que es muy descriptivo y te hace activar la imaginación mientras lo lees... Me gustó mucho eso... 👌

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te haya gustado master, mas por la razón que yo quería despertar en el lector.

      Un abrazo.

      Eliminar