jueves, 9 de agosto de 2018

El discurso que jamás di.


 Siempre he sido muy malo con las palabras, no, corrijo; siempre he sido muy malo con las palabras hablando (las escasas novias que he tenido en mi vida pueden dar fe y legalidad a este hecho) y esto se dificulta en un 70% si hay que hablar por teléfono o si tengo que dar un discurso, hoy por ser un día muy especial (siempre he considerado este un día de mucha suerte) quiero hablarles de uno que jamás se llegó a dar.

Sólo he dado un discurso en mi vida, fue para los quince años de una prima, y aunque me gustó como salió (no sé si los comensales del evento, salvo por la mamá de la festejada y la tía que me propuso hacerlo y una par de personas que lo leyeron previo a darlo me dieron su visto bueno, y que además una de ellas me cuestionó lo que muchos me han cuestionado -bueno, la verdad no tantos- el porque cuento todo a través de un episodio vivido en mi vida, a lo cual la respuesta es que cuento las cosas en primera persona porque al fin de cuentas yo las vivo, y todo lo que también los demás viven, también pasa o afecta directa o indirectamente en mi vida, pero ya no entro en detalles, me desvío del tema central) y si no fuera porque es muy personal e íntimo el texto se los compartiría, así que sólo les compartiré en esta ocasión, ese discurso que jamás dí, y la historia de este y el por qué lo iba a dar.

Fue hace cuatro años, cuando postulé por primera vez mi novela a un concurso literario para poder publicarla, entonces yo estaba tan emocionado con la idea de que mi trabajo resultara ganador, que empecé a redactar de a poco un texto que sería el discurso que diría el día de la premiación en el marco de la feria del libro que se hace en mi ciudad, pero pues mi novela no fue la elegida y el texto se quedó arrumbado por ahí, no es hasta hace unos días buscando otro papel con un dialogo que tenía escrito ahora que estoy trabajando con la idea de poder hacer por fin mi primer cortometraje como debe de ser, me topé con este texto, y pues nada, tengo ganas de compartirlo por acá, Así que se los dejo.


"Hay una frase de F. Scott Fitzgerald con la que me identifico mucho, pues así como él decía que uno es la suma de sus fracasos, yo creo que también así como somos una suma de lo vivido, sea triunfo o fracaso, también somos la suma de lo no vivido, de lo que no vivimos cuando decidimos no salir de casa y decidimos quedarnos leyendo un libro, o viendo una película, o escuchando algo de vieja música mientras bebemos algo o fumamos algo, esas cosas que luego hacen que uno sienta unas terribles ganas de expresar sentimientos en alguna forma de arte, y sé que para muchos "famas" estas palabras no tienen sentido, para esa clase de gente que sólo contabiliza su vida en cuánto dinero gana, o quien ganó la pelea de box del fin de semana, que coche consigues y se la llevan esperando la hora para salir del trabajo. Muchas de las historias que nos inspiran nacieron de no vivir, y esta es una de ellas."


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