domingo, 10 de enero de 2016

Por un mundo con más cartas y menos whatsapp´s

Por Juan José Antuna Ortiz.



Introducción.
Antes de empezar a descoserme (término que utilizamos en México cuando nos referimos a la acción que alguien ejerce cuando empieza a hablar y nadie lo puede parar) quisiera simplemente comentar que el título de esta publicación lo tomé de una nota para Facebook que hace ya algunos años escribió mi colega Blogera Sindrome Coleccionista para una convocatoria/actividad que quería desarrollar en diciembre alentándonos a sus lectores a mandarle fotos de cartas nuestras que a la postre tendríamos que enviar a nuestros seres queridos, y ella después en una especie de sorteo con su equipo (no recuerdo bien pero creo que algunos blogers más se le unían a esta actividad) ella eligiría a un ganador y le enviaría junto con una carta, una de las fotos que ella hace (las cuales con maravillosas por cierto, si no las conocen en su blog tienen un enlace directo a su cuenta en Flick, y les digo en verdad, vale la pena invertir algo de tiempo en las maravillas que tiene María en esa galería). La verdad es que ya hace varios años de esto, que no recuerdo muy bien la dinámica y como era aquella nota, pero el nombre si me quedó muy grabado y siempre quise escribir algo sobre esto, el título en su nota era (porque en aquellos años no existía aun -creo- el Whatsapp) "Esta navidad más cartas, menos e-mail´s", entonces, hace unos meses empecé un garabato en una de mis libretas -decenas de libretas debería de decir pero no sé que tan patológico sea decir eso, mis conductas y manías, incluso las no antisociales se van agrabando con el paso de los años- queriendo escribir algo para ustedes en navidad, pero no fue hasta hace unos días con esta ola de buenos deseos y propósitos y mensajes motivacionales que te dice la familia cercana y te manda por mensaje la no cercana, decidí escribir esto, tratando de querer hacer algo para que todo eso que nos hace sentir tan bien como un mensaje o una llamada, pueda ser más perdurable y signifique más, en algo tan imperdurable y sin vida como lo es el papel, más no así la letra, la letra y la mano van siendo la cosa más valiosa que ha tenido el mundo desde siempre y no sé porque tengo el presentimiento que llegará un día en el futuro que será lo único de valor y que nos va a servir y nos va a hacer recordar tantas cosas, que mejor empezamos.



¿Qué es una carta? Quizá muchos de ustedes se harán esa pregunta (me niego a creer que el mundo está tan jodido como para que una niña de secundaria no le mande una carta perfumada a su amor platónico)

Desde hace muchos años siempre acostumbraba que cuando quería escribir de algo o dar un mensaje en particular sobre algo que a mi me parecia importante, o algún mensaje que quería compartir (como mi tradicional nota/carta que escribía para Facebook desde hace 5 años donde etiquetaba a todos mis cercanos -cosa que este año hice desde mi blog-) Y recuerdo que en los últimos años las empezaba haciendo una pregunta, y aunque la mayoría ya saben cual era esa pregunta, esa no es la que haré ahora (he aprendido que lo que haga la gente con su vida, bueno o no, no me lo van a contar -salvo uno o dos casos, quizá eso pasa porque ese uno o dos casos me importan mucho en la vida- además de que cada quien es lo suficientemente maduro para saber si desperdicia o en verdad vive su vida. Ahora la pregunta en cuestión que quiero hacerles es la siguiente: -y me imagino que más de uno ya sabe para donde va-

¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta?

Si esa pregunta la hubiera hecho hace 10 años, cuando estaba en la secundaria, o más en concreto; si esa pregunta se la hubiera hecho a mis locas y queridas compañeras de salón (más de diez años han pasado de haber vivido una de las etapas más felices y de tantos descubrimientos en mi vida, de bellos recuerdos y de grandes amigos de los cuales aún hoy día algunos están a pesar de la distancia, tantos momentos guardados en ese baúl en mi mente) lo más seguro es que la mayoría de ellas me hubiera contestado que hace un par de días, y no sólo una, quizá dos o hasta más cartas, incluso yo hubiera contestado lo mismo, quizá algunas, aunque la mayoría jamás me haya atrevido a entregar, palabras que murieron en mis manos y que precisamente jamás llegaron a las manos y a los ojos que tenían que llegar, pero como dice Enric Sanchez, locutor y blogero español al que sigo desde hace un rato, "Es en verdad tan necesario entregar una carta a la persona que se la escribimos, al fin de cuentas lo que escribimos en ellas son nuestros sentimientos, en cierta forma somos nosotros en palabras. Las cartas en realidad siempre las escribimos para nosotros." Los sentimientos no necesitan la aprobación ni la autorización de terceros.

Esto me pasa muy seguido, y es que cuando empiezo una anécdota, o hablo sobre cierta persona, o un lugar, incluso cuando escribo para el blog o para alguna publicación o revista; algunas personas cercanas me han cuestionado porque siempre estoy yo ahí, porque todo empieza a través de mí, en pocas palabras porque todo de lo que hablo, aunque sea de algún lugar, o una película o canción, o incluso de otra persona, porque todo siempre tiene que hablar de mi o porque hablo de mi; creo que es por una razón. Para empezar empezaré ( válgame la rebundancia :) ) empezaré diciendo algo que decía Federico Fellini: "Si me pidieran que haga una película de un filete de pescado, aún así esa película acabaría hablando de mí". Creo que para mi es tan importante hablar de mi y de los que pienso y de mis sentimientos en cada cosa que hago, escribo, veo, o hago, porque al final de cuentas estoy hablando de mi vida, de lo que pasa en mi vida, de lo que yo tomo como importante en mi vida, y todo eso, todas esas cosas que involucran algo más que personas, pasan a través de mis ojos, de mi "lente", pasan a través de mí, y si no hablara de mi, o de loq ue siento o sentí en determinado evento, con determinada persona, en determinado viaje, sea real o no, sean solo expectativas mias o algo que haya sentido alguien más, creo que es importante porque es la forma de yo expresar que la vida es importante. Y si yo no me doy la importancia a lo que vivo, ¿quién me la va a dar? ¿Quién se la va a dar a esos sentimientos? ¿A esas cosas que me han hecho estremecer?

Yo creo que, aunque lo que vivimos en la vida, y para no salirme (como es costumbre, para mis viejos lectores desde Facebook -cosa que no suelo hacer ahora en el blog porque ya llevo un control de escritura en el que no me permito "descoserme" no salirme del tema en cuestión "a veces"- saben que suelo desviarme un "poco" del tema en ocasiones) lo que escribimos en las cartas efectivamente como se los decía somos nosotros mismos y no otra persona, la persona a la que estamos escribiendo, al escribir llegamos a ser nosotros en su esencia más pura. Creo que viví en una generación hermosa y única; muy especial, pues aunque ya teníamos Internet y tecnología, aun salíamos a la calle a mirar a las personas, no sus fotos en su perfil. En aquellos años la tecnología no nos quitaba ni la palabra, ni los sentimientos eran reemplazados por "emoticons". Y a veces suelo preguntarme, sólo a veces me digo a mí mismo: "Hubiera sido igual de genial mi adolescencia si hubiera vivido en una generación como ésta, tan llena de novedades tecnológicas y aparatos que parecen ser nuestros ojos y nuestra boca sin saber que en realidad son los ojos y la boca de unos pocos que tienen el poder de todo esto y nos hacen ver lo que nosotros creemos que queremos ver, lo que creemos que es libertad". La verdad no lo sé, quizá si, hubiera sido igual de genial, pero les digo algo, la verdad no quiero averiguarlo, me quedo con mis recuerdos y mi generación.

Ahora mismo también estoy trabajando en una publicación que escribiré para una revista en la que posiblemente comience a colaborar en la que hablo un poco sobre esto, se titula "Somos nuestro móvil" (publicación que después también compartiré en el blog) donde expongo como lo que creemos que es una ventana con tantas publicaciones "gratuitas" que nos mantienen conectados y en comunicación con el mundo, en realidad no es otra cosa que todo esto es lo más caro, pues lo que en verdad nos quitan es el tiempo ("El tiempo no es oro, el oro no vale nada, lo que vale es la vida") José Mujica lo expone magistralmente en este video que les dejo acá sobre como el consumismo y las redes sociales se consumen lo que en verdad es valioso en este mundo, nuestro tiempo, y con nuestro tiempo lo que se nos va es la vida. La tecnología se va apoderando de lo más valioso que tenemos, quizá lo que aun nos queda de valor además de las personas que amamos y las experiencias vividas, nos quita la libertad, los "smarthphones" lo único que nos permiten es ver, ya no mirar, ya no sentir de verdad, un celular no palpita, nuestros corazones si.



Michel Gondry nos dice en su película "Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos" -Hablar todo el tiempo no es precisamente comunicarse- y en realidad es lo que pasa con redes sociales como Whatsapp, estás platicando, estás "conectado" pero en realidad no te estás comunicando, no estás interactuando, no tienes de cerca a tu interlocutor, no lo estás mirando a los ojos, no puedes ver sus gestos, sus peculiares marcas en la piel, su manera de sonrojarse, vamos no puedes saber si te está mintiendo; estar platicando todo el tiempo no es precisamente tiempo de calidad, la incomunicación también es buena, crea vínculos que en realidad no se pueden explicar, porque se sientes, y como ya lo he expuesto muchas veces Los sentimientos no se explican. La incomunicación crea lazos a distancia, nos hace recordar a las personas con más cariño, te permite encontrar a otras partes de tu alma que están allá afuera, y no estar pendiente de el mensaje de cierta persona, te permite encontrar lo que buscas sin siquiera tu saberlo en ojos ajenos, en ojos de extraños.
Y miren que no juzgo a nadie por sus formas de comunicación, soy el peor haciendo eso, juzgar) pero creo que entro a una etapa de mi vida en la que es necesario expresar lo que siento, lo que creo que es importante decir, y que mejor medio que mi blog, quizá todo esto sea sólo nostalgia por tiempos mejores (o lo que yo creo que fueron tiempos mejores) a todos les pasó y a todos les pasará, supongo. Incluso yo tengo Whatsapp ( más por imposición que por voluntad :) ) Pero lo que trato de decir, o a donde quiero llegar es que la tecnologóa si se comió a parte de nuestra sociedad, a parte de algunas bonitas tradiciones como el escribir cartas, soy de los que están en contra de que si la tecnología te alejo de la calle estas mal, porque mandar mensajes a tu amiga si se pueden ver en un parque, o en un café, porque mandar un whatsapp a alguien sólo porque estas aburrido, pero si hablas con una persona por e-mail porque vive a cientos de kilometros, o le haces una llamada rápida a tu primo contándole de tu asombro al descubrir un nuevo café al que le encantaría ir, o le mandas un whatsapp a un amigo diciéndole que viste una película en la que sale un personaje igual de raro que el y eso hizo que te acordaras de el, entonces yo mismo lo digo y lo grito a los cuatro vientos: ¡Bendita tecnología!

No suelo hablar mucho por teléfono y con el paso del tiempo se me dificulta cada vez más, me he convertido en esa clase de personas que no puede hablar o extender su lenguaje si no ve a su interlocutor a los ojos, o por lo menos sentir su presencia corporal, y que no se me juzgue, sé que el poder llegar a sentir a las personas en la distancia mientras hablas con ellos por muy apartada que sea la lada en cuestión, es de las sensaciones y, quizá podría decirlo porque no, "super poderes" más poderosos y emocionales que hay, incluso yo he aprendido a sentirlo, aunque siendo honesto con muy pocas personas, con muy pocas (al grado de en ocasiones no querer contestar algunas llamadas) pero yo prefiero sentir en amor y la presencia de los que tengo cerca, y sentir el amor de los lejanos en el silencio, sé que llegará el día y el momento para dar ese amor que crea y conserva como los buenos vinos la distancia, el amor que es para las personas que están lejos de mi, el amor no se comparte, nace, y el que es para una persona no se le puede dar a nadie más.

Sé que ya se está haciendo muy larga esta entrada pero no puedo irme sin dejar de mencionar esto, y siempre me gusta mucho dar este ejemplo cuando platico con personas sobre el tema de las redes sociales porque es verdad, y creo que en alguna ocasión ya lo había mencionado en alguna entrada pero ahora no recuerdo en cual en especifico, y es este sobre como en el mundo antiguo cuando los marineros salían a explorar nuevos horizontes en altamar y se iban por meses incomunicados y sin saber nada de los suyos, de su amada, quizá llevando una prenda, una foto, quizá unas últimas palabras en un trozo de papel (que se volvía su adquisición más valiosa del naufragio, por la cual sin duda alguna matarían) pero aún así, resistían, porque se sabían ahí, esperándolos, sabiendo que el amor se aguardaba en la distancia, porque la gente sabía lo que quería ("Entre más sabes quien eres y lo que quieres menos te afectan las cosas" Sofia Coppola - Lost In Traslation) Quizá lo que va tan mal con las redes sociales, y quizá porque no con el mundo y la vida en particular -y quizá más en los íntimos tiempos- sea precisamente eso, que la gente ya no sabe lo que en verdad quiere, lo que en verdad los hace feliz, vemos a personas casándose por el simple hecho de no quedarse solas, personas que están con otras personas por simple cariño, sin jamás haber experimentado en su vida lo que es amar en verdad. ("Como si no fuera un rayo que te parte hasta los huesos y te deja quieto a mitad de la calle" Julio Cortázar hablando sobre el amor en Rayuela). Yo por mi cuenta puedo decir que sigo buscando, quizá algo que no existe pero sigo caminando.

Una carta más que escribir, es buscar palabras. Y para eso se necesita un sentimiento real. Mentir mientras se escribe a pulso es muy difícil, créanme, hay que tener la sangre muy fría para hacerlo por este medio, como ya lo mencione antes, Escribir quizá sea el acto más honesto que tiene el ser humano. Cuando llegó la invención del e-mail, el mundo no iba tan mal porque la gente aun buscaba las palabras, y donde las buscaba, en sus entrañas; las personas rasgaban su alma hasta encontrar las palabras correctas para poder hacer llegar sentimientos a los seres amados, se era sincero, pero sobre todas las cosas, se era real, uno no buscaba engañar a la gente por medio de cartas. Desafortunada mente esta generación más que utilizar las redes sociales, ya no digo para escribir, sino para ser honestos, sinceros, reales, las utilizan para mentir, para engañar, incluso algunas mentes enfermas las utilizan para ser muchas personas con muchos nombres, han sustituido las palabras por imágenes sin sentimientos, y eso es lo que más duele, que la gente no recuerde que las palabras y la escritura es amor. Así que sólo concluiré diciendo y me voy -por fin- que si las redes sociales y la tecnología te ayudan a acercarte a gente que está muy lejos y a compartir en verdad sentimientos, brindo por ello, pero si en vez de eso, -y ese análisis tendrán que hacerlo ustedes solos sin mi ayuda- los encierra en cuatro paredes, en un rango de 30 metros, o por pereza y comodidad no los hace salir y gastar 30 pesos en un café y estar cerca de alguna persona, o los hace dudar o dejar eso que alguna vez eligieron sin saber que lo eligieron toda la vida, entonces espero que de algo les haya servido esto.


Por cierto, quizá un día de estos un cartero toque a la puerta de su casa, pregunte por ustedes, y al entregarles un sobre, vean mi nombre en el. Ojala todos, aunque sea por un día se permitieran dejar de utilizar su celular para escribir algo, a alguien; a ustedes mismos, a un viejo amigo, a sus padres, a alguien que ya murió, y se lo queden ustedes mismos, no importa si no lo envían, y de paso le pudieran dar vida y amor a unas cuantas hojas en blanco, verían como se van llenando al igual que su corazón de vida y verdades que seguro ustedes también irán descubriendo y recordando, se conocerán de una forma que no se conocerán si no se permiten escribir sin pretensiones, sólo siendo honestos con lo que se siente de verdad.


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