martes, 1 de septiembre de 2015

(Aviones) Nunca dejan de salir esas mariposas


Estoy a punto de subir a un avión para por fin tomarme unas vacaciones que este año ya me hacian falta, y aunque vuelvo a un lugar que es tan mio como yo de él, y del cual ya les he hablado montones de veces y siento hasta tonto el hecho de volver a nombrarlo, y aunque estoy seguro que volveré de él con algo más que montones de fotos, montones de nuevos y viejos recuerdos, con viejos y nuevos amigos y vieja y nueva familia; eso no es lo que más me sorprende al principio de este viaje, de hecho por unos momentos he olvidado incluso el viaje mismo. Y es que al momento de llegar al aeropuerto (desde donde les estoy escribiendo esto y espero que sea la última nota que les escribo en tres semanas) empecé a sentir algo que hace mucho tiempo no sentía, y eso que hace mucho tiempo que no sentía son esas peculiares mariposas en el estómago.

Esas mariposas que sentí la vez que volví a ver a Nanci, la primera vez que me dio un beso Jhovana, la primera vez que vi a Ale, la primera vez que metí un gol de tiro libre bajo la lluvia, cada vez que expuse en la preparatoria, cada vez que salíamos a concursar en el coro de la primaria, en las dos obras de teatro que participé en la secundaria, la primera vez que participé en una carrera y nos chocaron, la primera vez que hice el amor, la primera vez que tuve sexo, aquella escena que viví de la película "500 días con ella", el primer atardecer que vi en el mar, el primer (y único) amanecer que me tocó despertar en Loreto, la primera vez que me dijeron "te quiero", la primera vez que me atreví a decir "te quiero". Esas mismas mariposas que seguramente sentí el día que nací, la primera vez que vi a mi mamá, a mi abuelita, a mis tías, la vez que fui a Disneyland, la vez que entré al estadio de Los Dodgers, la primera vez que me subí a un avión, que me subí a la rueda de la fortuna, que hice un largo viaje de carretera, y seguramente las mismas mariposas que sentiré al ver la Torre Eiffel o minutos antes de morir al recordar todo esto.

Y es que a lo largo de la vida cada vez que aparecen esas mariposas tan "molestas" por lo general es cuando estamos viviendo algo que nos saca de nuestra zona de confort, de la cotidianidad, ya sea algo bueno o que esperemos o que disfrutemos, o porque no también algo que no conozcamos, algo que nos de miedo, algo inesperado. Esas mariposas nos hacen recordar de alguna manera que seguimos vivos y que aun seguimos siendo aquellos niños que se sorprendían viendo una guerra de golondrinas contra abejas. Y aunque la verdad en los últimos años se habían ausentado por mucho tiempo, o si llegaban a aparecer la verdad no las sentía como en mi juventud, hoy me han hecho recordar que cada vez que aparecen esas mariposas es para precisamente recordar que, el día que dejemos de sorprendernos de la vida y dejemos de sentir esas mariposas, ese día estaremos muertos. Hoy estoy vivo, y espero que durante las siguientes dos semanas sea el hombre más vivo y feliz del mundo, ya después la vida misma me dirá si seguimos con esta relación o no.





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