Déjame decirte algo.
Sé que no quieres escuchar a tu padre, yo no escuché al mio pero te digo que
debes hacer caso a las señales. Cuando la vida llega a un punto como este es un
pecado si no respondes. Te digo, un pecado y te perseguirá por el resto de tus
días como una maldición. Estás enfrentando un gran reto en tu vida ahora mismo,
en este instante, aquí. Esa chica te ama, en serio. Y no sé si Nikki alguna vez
te amo pero ahora mismo ya no lo hace. Te lo digo, no lo arruines.
Acá les comparto un fragmento de esta película de David O. Russell que me gusta mucho. También les comparto ahora en video otra de las escenas que se me hace enorme, David O. Russell es un director que ha últimas fechas se ha hecho notar mucho por sus filmes tan dramáticos y sus selecciones tan exquisitas de actores. así que espero les guste esta recomendación y por acá les dejo el video.
Ernest Hemingway
solía decir: "Jamás escribas sobre un lugar mientras estés en él". Y
aunque trato de seguir el consejo de uno de mis mas grandes maestros, es muy
difícil estando en una ciudad que tantas cosas, recuerdos y pasiones despierta
en mí como Durango. Aunque trataré de contenerme lo más posible....
Durango es una ciudad que ha avanzado mucho, o a cambiado
mucho; y aunque parezca que en algunas partes el crecimiento ha sido
desproporcional; en realidad no lo es, todo es diferente, todo cambió, y
cambia; aunque como ya lo mencioné en alguna ocasión, quizá la verdad sea que
lo que cambió más han sido los ojos y la mirada (jamás será lo mismo una cosa y otra) de su servidor. La desigualdad social
está muy marcada, el patriotismo en este estado se toma muy en serio, los
hombres son hombres y las mujeres son las mujeres más hermosas del mundo, los
universitarios se mezclan con tal naturalidad entre los vendedores de los
mercados, y la ciudad siempre te dará la bienvenida con ese tremebundo olor a
drenaje. Más sin embargola gente jamás deja
de ser la gente más amable que podrás llegar a conocer en la vida, aún en los
insultos y groserías puedes sentir su amor, La única queja que puedo tener de
ellos es que aún prefieren sentarse del lado del pasillo en el
"pesero" para no dar un lugar a la demás gente. No les gusta iluminarse
los ojos una vez más con cosas, buenas, nuevas; con belleza espontanea. Los
niños en los pastos, las bellas jovencitas colegialas. Se niegan la magia y la
belleza y se la niegan a los demás. Gente de religión y santería que ha pesar
de los golpes sigue trabajando. Orgullosos siempre de su tierra, pensando en
antes morir que salir de esta bella ciudad. Sólo hay que tomarse unos minutos
para platicar con los taxistas para darse cuenta de tantas historias de
exilio, pero todos con un final feliz al llegar a su tierra, cuando llegan a
su ciudad natal, a su Durango, a nuestro Durango, a "mí" Durango, al
Durango de mis sueños que jamás será el mismo que el Durango de mis recuerdos,
el que tanto aparece en mis letras.
La ciudad se
mueve a un ritmo más rápido que el mio, a aprendido a estar sin mi, como yo he
aprendido a vivir con ella -sólo- en mis
pensamientos, pero por algún motivo que aún no logro comprender, en cualquier
lugar en el que he estado el ritmo es inferior a mí, es como si mi caminar
fuera el del Juan que fui y fue hace 7 años, es como si mis ojos hubieran
crecido, pero mis pies no aprenden, tienen la misma memoria que tenían en mi
segunda década de vida. Durango siempre será mi único refugio. Mi único refugio
siempre seguirá siendo esta ciudad, sus calles, sus luces, su eterna luz, la
ciudad de los recuerdos, de las eternas memorias, pasiones y luces. Sin embargo
uno, a pesar de conocer esta ciudad como la palma de su mano, uno aún puede
darse el lujo y el placer de llegar a sorprenderse con cualquier cosa, pues así
como la ciudad de mis 19 ya no es la misma de mis 26. Mientras unas cosas y
personas jamás vuelven a ser lo mismo que alguna vez tus ojos vieron o miraron,
o lo que tu mente distorsiona por factores como cotidianidad y amor y recuerdos,
otras pareciera que el tiempo y los cambios, buenos o malos; jamás pasan por
ellos.
Sólo hay dos
cosas, sobre todas las cosas; que al parecer nunca cambiaran en esta ciudad.
Los señores mayores con su sombrero en la calle caminando entre las iglesias y
que se sientan detrás de ti en el camión, y las mujeres bellas, y en hora
buena.
La comida aquí
no sólo alimenta tu estómago, alimenta tu corazón, tu memoria. Desde el plato
más sencillo de frijoles y tortillas de harina servido en la casa de madera con
techo de lámina de tu tía como con tanto amor lo recuerda y menciona y hace
referencia un amigo exiliado como yo; hasta la taza de café acompañado con
unos -deliciosos- tamales rojos de pollo alimentan igual, los burritos de con
Gera, las carnitas de "La Única", las gorditas de horno del
"Seguro", las gorditas de maíz de la camionera o las de harina del
mercado, las hamburguesas de "La Salud", de las tortas de
Ultramarinos Finos, la barbacoa de Gabino. Todo es nuevo y recuerdos al mismo
tiempo.
La
nueva ciudad y la vieja ciudad de tus recuerdos se mezclan y crean una versión
de la ciudad de tus sueños, una ciudad sólo para ti que aún vez con más amor
del que quizá merece, llega a crear contigo también una versión de ti mismo que
en ningún otro lugar podrías llegar a ser, las personas contribuyen mucho con
eso, todo se impregna de nostalgia.
Los chicos te recuerdan como lo que eras y aunque eso halaga es una mentira, uno en cambio ya no los conoce, y aunque los recuerdas, ya no son tus primos, pero la sangre es la sangre, y el color de esta te hace que igual los ames.
Los cafés han
sabido evolucionar y crecer con la ciudad, uno realmente puede llegar a amar a
una ciudad -sólo- por algún bohemio y delicioso café en el que haya estado, en
el que haya disfrutado una buena charla con viejos amigos, donde se haya
conocido buenos y nuevos amigos, donde haya podido terminar de leer un buen
libro, ese libro tan especial que pensabas y creías en nunca terminar, donde
uno empieza a escribir tonterías como estas que pueden ser basura para tantos,
y lágrimas y recuerdos para pocos. Tonterías como las que aquí han empezado a
leer.
Los que se
quedan se envenenan y no aprecian, los
que se van, olvidan; y los que vuelven recuerdan algo que ya no existe o que
jamás existió y mueren amando. La memoria de un niño
que ya no existe suele poner recuerdos sobre otros para crear recuerdos que
jamás existieron más que en su cabeza; recuerdos que jamás volverán a existir
así como aquel niño.Los que regresan con la ilusión de un niño mueren
amando. Esa es la diferencia de los que viajamos y recordamos, amamos, sólo las
personas que recuerdan aman. Los que superan las cosas no saben en verdad amar,
sólo el amor incompleto es real y sincero dicen por
ahí, -y verdadero- así como dicen también que la rutina le quita la
hermosura a las cosas y las personas, y creo que el contacto frecuente está
sobre valorado. Estar todo el tiempo con una persona le quita el encanto, salvo
que la persona sea un pedazo de ti o te reconozca como de él desde el inicio
de los tiempos, y la gente de Durango a estado conmigo desde el inicio de los
tiempos, aún sin haberlo estado. (Ya les hablaré de esto en mi siguiente
entrada)
Aunque
hablando en términos generales en todos los casos mencionados hay excepciones a
la regla. Y eso no fue lo que pasó con aquella. Ella olvidó, ella siguió, ella
se fue y todo dejó, y aunque no lo agradezco en lo absoluto, tampoco odio el
hecho, las cosas pasan porque así es la vida, ese acto; como diría Cerati, fue simplemente amor, si ella no se
hubiera ido yo no estaría escribiendo esto. Ella lo superó mientras yo no pude
avanzar y por eso recuerdo mientras veo las luces de esta pequeña gran ciudad
Tierra hecha de
barro, azúcar, chocolate, café y cobre, y de ahora en adelante tendré que
añadirle almendras y cardamomo. Tierra de cobre color plata, como su gente.
Durango siempre será una ciudad en la que siempre tendré eternamente frío, y no
precisamente por el clima, sino por todos los recuerdos vividos, pero, ¿quién
dijo que el frío es malo? Mí corazón lo cobija y lo siente como suyo, como algo
bueno, siempre será como la sangre que corre por mis venas, como el aire que
respiro, mi materia prima favorita a la hora de crear historias inconclusas,
nada queda por escrito, nada jamás termina, nada tiene final, la vida es un
terreno de segundas vueltas.
Soy consciente
de que esto quizá sea lo más inpropio que he escrito, pero me dije a mí mismo
desde un principio que a la hora de escribir sobre -mí- Durango escribiría lo
más honestamente posible. Así que esta vez más que escribir con mi mano,
escribí con el corazón, escribí con mucho amor y no con letras. Durango es una
ciudad con mucha luz, muchas nubes, mucho cielo, muchas estrellas, Durango es
la capital de los cielos del cine, los atardeceres de otro mundo, los irreales,
los que aparecen en tus sueños o en tus películas favoritas, el de las nubes
imposibles, el de los castillos en el viento, el de la infinita y emérita
inspiración de los artistas, fotógrafos, e del barroco, el clásico, el del odio
y el amor de Díaz, la ciudad del pecado, de Dios, de la tierra mojada que
comulga con el barro que creaba a los inmortales. Se me acabaran las palabras,
pero jamás el amor. P.d. Aquí pueden leer la continuación de esta entrada
-Buenos días. -Dice Sofia mientras se echa el pelo hacia atrás. Aunque no lo tenía demasiado largo su rostro era tan bello y tan auténtico como para taparlo con algo, con cualquier cosa. Un libro, una flor, una pintura de Da Vinci nada se comparaba con la belleza de aquella mujer y el amor que aquel hombre felizmente acostado le profesaba.-
-Buenos días.
-¿Cómo amaneciste?
-Bien. -quedan ambos unos segundos en silencio-
-¿Qué tienes?
-Nada, sólo estaba pensando.
-¿En qué piensas?
-Nada importante, sólo recordaba que una vez cuando hice un viaje con
unos amigos por Europa, una tarde estando en Madrid una señora se nos acercó y
nos dijo que si nos gustaría saber quienes habíamos sido en nuestra vida
pasada.
-Aha. -dijo ella y acomodó su cabeza en el pecho de él-
-Y nada, como se me hizo interesante la propuesta le dije que sí
mientras mis amigos se reían, así eran ellos;
-¿Los extrañas?
-Sólo a algunos, pero aun así no los cambiaría por estar aquí contigo.
-Dijo Juan y Sofia se voltió y se deslizó hacía arriba para encontrarse con los labios de Juan. Se quedó así y se recostó sobre su pecho mientras lo miraba de cerca y a los ojos, le gustaba estar así porque era como estar frente a algo sin filtro, con todas esas marcas de acné y esos pelos largos que pagaría por cortar, era algo real, algo que no había encontrado durante años en alguien o algo más. Y el motivo principal por el cual le gustaba estar así era porque el le empezaba a palpar cada uno de los lunares y puntos que tenía en la espalda. Los tenía grabados en la memoria.- Bien, así que ella tomó mi mano y mirándome a los ojos empezó a tocarla. Al
cabo de unos segundos me dijo que en mi vida pasada yo había sido Pablo
Picasso.
-¿Picasso?
-Si, no se si me lo dijo para hacerme sentir que valía en verdad la pena
lo que cobraba porque no era nada barato, pero lo que más me intrigó y de lo
que me acordé fue lo que me dijo después.
-¿Y qué te dijo?
-Me dijo que antes de eso había sido una prostituta en Babilonia.
-¿Qué? -dijo ella riéndose-
-En serio te lo juro, también mis amigos se empezaron a reír en el
momento. Pero no fue hasta lo que me dijo después. Me dijo que en mi vida
pasada a esa había sido un jinete que montaba una especie de caballo que
volaba, entonces cuando yo la escuchaba fue como si por segundos se hubiera
perdido, y al cabo de este tiempo me dijo que quizá no era prudente que me
revelara eso, pues esa vida aún no pasaba por mis recuerdos. Y me puso a pensar
mucho porque aunque yo no lo recordaba, o por lo menos no hasta ese momento, cuando era niño solía tener una especie
de sueños donde me veía mayor y volaba por los cielos montado de una especie de
caballo color oro y tenía alas y la tierra era completamente verde, no había
parte que no estuviera cubierta de pastos y plantas y árboles; y los animales
eran libres y no había hombres ni edificios ni ciudades. Entonces durante toda
esa tarde no pude quitarme aquellos recuerdos de encima, no me divertí en lo
absoluto como días antes y regresé al hotel argumentando que me había sentido
mal por la comida o por el vino. Pero sabes, ya estando en el hotel me puse a
pensar y me pregunte, ¿por qué soñamos si no es para descubrir algo o recordar
algo? Quizá los sueños no son más que un recordatorio o una advertencia, la
anunciación de que en verdad hay algo más, de que el pasado ahí está y seguirá
marcándonos en el presente, y que el futuro aunque aún no haya pasado, está
marcando nuestro presente. Es curioso que te cuente esto porque a nadie más se
lo había contado, pero anoche tuve otra vez uno de estos sueños después de
muchos años que no aparecían, pero estando en el sueño, estaba en una clase de
persecución, no sé si era perseguido o me perseguían, pero estaba exaltado,
pero el caso era que no me preocupaba, porque en el sueño ya sabía que tú
estabas aquí en la cama, esperándome, y que tarde o temprano despertaría, o en
su defecto volvería a dormir. -Creo que en aquellos años esta clase de sueños
me asustaban porque sabía que si ya no volvía no importaría, no habría nadie que
me extrañaría, y eso me asustaba, pero el saberte aquí me da fuerzas, valor,
querer siempre regresar.-
-Eres tan dulce. -Y tú eres ahora tan mía. Eres la luz que me hace despertar, vivir; o
soñar y morir cada día.
Los matices autobiográficos de la película de Jonze llevan a pensarla como una posible respuesta a la reflexión de 'Lost in Translation' sobre la relación entre ambos.
Theodore es un hombre solitario, introvertido y en torno a los 40 que vive en una Los Ángeles del futuro inmediato donde trabaja escribiendo cartas personales para otras personas. No vamos a saltar inmediatamente a relacionar esa labor con la del director de videoclips que pone en imágenes las canciones del grupo musical de turno o el cineasta caracterizado por llevar a la gran pantalla guiones potencialmente “imposibles”, pero el rasgo de poner la creatividad personal al servicio de los demás está ahí. Sin embargo, lo más importante es fijarse en cómo la situación de desamparo emocional de Theodore parece muy marcada por la separación de su mujer Catherine (Ronney Mara), hasta el punto de que todavía no ha firmado los papeles de divorcio porque sigue siendo un asunto traumático para él.
Spike Jonze y Sofia Coppola se divorciaron en 2003 tras cuatro años de matrimonio y once de relación. En ese mismo año, la cineasta estrenó su segundo largometraje, Lost in Translation, por el que terminaría ganando el Oscar como guionista. En la que quizás sea su película más popular y querida, Coppola exploraba a través del personaje de Scarlett Johansson la soledad e incertidumbre de una chica joven, casada con un fotógrafo de éxito (Giovanni Ribisi con un look marcadamente Jonze) absorbido por su trabajo. Charlotte pasaba las horas muertas sola, paseando con música en los auriculares por Tokio o deambulando por el hotel donde conoce a Bob Harris (Bill Murray), encuentro que desembocará en uno de los finales más enigmáticos del cine reciente. Hay ciertas similitudes visuales en la contemplación vaporosa de los paseos de Charlotte y Theodore (¿los álter egos de cada uno de los cineastas?) por sus respectivas ciudades. La mayor parte de Her también se rodó en Asia, en el barrio Pudóng de Shanghái, lo que potencia tanto la sensación futurista como la extrañeza de urbe homogénea y el vínculo nipón. Las rimas son todavía más curiosas al tratarse de la primera colaboración de Jonze con el director de fotografía Hoyte van Hoytema en vez de con su habitual Lance Acord, que en su día precisamente se ocupó de la foto de… Lost in Translation. ¿Intentó el cineasta que la mímesis no fuera tan probable?
Ambos personajes están más atentos a lo que suena en sus oídos que al mundo que les rodea, del que se sienten tan desconectados. De hecho, en el oído de Theodore lo que suena es la propia Scarlett Johansson como el Sistema Operativo del que irá poco a poco quedando prendado. Es importante señalar que la llegada de la actriz a Her, donde se podría decir que hace una de las mejores interpretaciones de su carrera sin aparecer ni una milésima de segundo en pantalla, se produjo ya en la etapa de post-producción. Durante el rodaje, fue Samantha Morton la encargada de construir el personaje con Phoenix, pero su labor se eliminó para sustituirla por Johansson (de ahí que el SO se llame Samantha) sin que haya trascendido mucha más información al respecto. Jonze afirma en todas las entrevistas que le dolió el cambio, pero la decisión fue suya y es difícil pensar que tratándose de un filme tan personal esté vacía de significado.
Mientras en Lost in Translation Ribisi hacía de un Jonze fotógrafo, en Her la expareja del protagonista es una escritora de éxito, madura y sensata, con un corte de pelo a media melena idéntico al de Coppola. “Todo lo que haces me hace llorar”, le dice en cierto momento Theodore alabando su trabajo. Para Sara Vizcarrondo, que escribió en Fandor sobre los ecos y reflejos entre estas dos películas y la relación Jonze-Coppola, el hecho de que Lost in Translation interiorice el miedo a la desvinculación absoluta de la figura amada y Her se centre en el proceso de pasar página hace de esta última “una disculpa ensangrentada dirigida a una ex que ya pasó por esto hace diez años y ahora es su turno [de Jonze]”.
¿Pero habla Her de alguna otra de las mujeres de la vida de Jonze? Es más difícil establecer paralelismos entre la caracterización de los personajes de Olivia Wilde o Amy Adams y otras exparejas del cineasta posteriores a Coppola, como Michelle Williams, Drew Barrymore, Rinko Kikuchi o la propia Karen O, lo que contribuye a ver la película como una carta muy personalizada para la directora de María Antonieta. Por supuesto, no hace ninguna falta tener en cuenta estas elucubraciones para disfrutarla, y hasta es posible que el propio autor las niegue (igual que Coppola niega las referencias a su relación con Jonze en Lost in Translation o que Anna Faris interprete una exagerada versión satírica de Cameron Diaz en aquella), pero le confieren un grado extra de intimidad y empatía, casi de desnudez emocional, que hacía mucho que no sentíamos en una sala de cine. Quizás desde el plano final de Donde viven los monstruos.
Muere
lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las
que rescatan elbrillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de
marca, no arriesga vestir un color nuevo
y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.