domingo, 14 de febrero de 2016

Ese 14 de febrero cualquiera


-Te puedo hacer una pregunta. -Decía "Él" a "Ella" mientras la miraba ver y buscar entre las playeras algo especial para su novio como regalo de día de San Valentin.
-Si, dime. -Él la escuchaba, y más que escucharla la olía, olía su aliento a alcohol, era la segunda vez que el aliento alcohólico en una persona no le disgustaba, al contrario; le encantaba, había algo de excitación en ello, pero era tanta en ese momento como admitirlo sino hasta varios años después mientras se rememora ese recuerdo. La primera vez había sido obviamente una mujer también, otra mujer, que no era ella, era otra mujer y era ora historia por supuesto, era una historia que había sido y ocurrido varios años atrás y que involucraba una tarde al aire libre, un lago, varios amigos, un "toquín" de punk rock y mucho vodka; y esta historia, a la que hoy nos referimos, sólo involucraba a dos personas, el vestigio de un par de cervezas -en ella- y la busqueda de una playera.
¿Qué pasaría si te robo un beso?
-Que pasaría, que te haría, me gustaría. No lo sé. Bueno, o mejor dicho, sí lo sé, pero no te lo diré, si no que de divertido tendría este día y esta escapada de tu trabajo. Eso vas a tener que averiguarlo. -Decía ella con esa clase de miradas que uno difícilmente olvida y de las que le hablas a tus hijos cuando les cuentas como es que conociste a su madre o cuando fue el día que se hicieron novios. Ahora ella no miraba más las playeras, caminada hacia la parte de la tienda departamental donde estaban las recamaras. -Te atreverías.



-Nunca he entendido nada de lo que dices. Pero sabes, de algo si estoy segura.
-¿De qué?
-De que te quiero.



-Vivir en un estado de placer eterno, perpetuo; debe de ser horrible, asqueroso, horripilante, el placer debe de ser por instantes, para que signifique algo.
-¿Y qué acaso todo tiene que significar algo para que valga la pena? O para simplemente disfrutar el momento.
-No lo sé. Ni siquiera se de lo que estoy hablando. Sólo sé que estoy muy feliz de que estemos aquí ahora, en este momento, tal vez mañana ya no podamos estar así de felices, creo que más que nada a eso me refiero.
-A qué.
-Que si todos nos atreviéramos a hacer esas cosas que deseamos por impulso, pero un impulso bueno, bueno, tampoco quiero que me creas un purista, pero si todos fueramos honestos con los demás y con nosotros mismos sobre lo que queremos, bueno, creo que este mundo sería mejor y todos seríamos más felices.
-Y qué es lo que quieres tú.
-¿Yo?
-Sí.
-Bueno, ahora; yo lo único que quiero es poder darte otro beso, quizá el día de mañana mis ambiciones sean más grandes, y quizá menos importantes.
-¿Menos importantes?
-Sí. Digo, que otra cosa puede ser más importante que poder besar a la mujer más hermosa e increíble del mundo.
-No debería de estar yo aquí.
-Lo sé.
-No porque no quiera sabes, sino porque sé que no puedo estar para siempre.
-También lo sé, vámonos, ya tardé mucho y tengo que regresar a trabajar.
-Está bien. Gracias por acompañarme. Me fuiste de mucha ayuda, te debo la cerveza.
-Ya será otro día que nos toque trabajar juntos, espero que le guste a tu novio la playera que escogí.
-Seguro le encantará, es de gustos muy simples como tú.
-Bueno, disfruta de este día, mañana nos vemos.
-No podría disfrutarlo más. Sabes, quizá se convierta en el día de San Valentin más feliz de mi vida.

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Ojalá lo siga siendo, ojalá lo siga siendo.

1 comentario:

  1. Que buen final, me encantó... Todo puede ser lindo si uno sr lo propone, siempre... Saludos

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