Producciones "La Vieja Escuela" Presentan:

sábado, 28 de marzo de 2020

Días de invierno. El sacrificio de estar o el sacrificio de poder irse.




Si bien, la vida de los festivales de cine es grandiosa (y cansada, también hay que decirlo), muchas veces es muy complicado por agenda, trabajo, u otros factores como la logística, acudir a los varios de los mejores festivales ya no digamos del mundo, sino del país.

Hoy día ya no es necesario hacer acto de presencia en varios festivales para poder ver algunas de las mejores películas que estos presentan, este es el caso del FICUNAM, pues gracias al sitio web de Festival Scope, cierto número de personas pudieron ver siete de las películas que estuvieron en la selección oficial del festival, de las cuales yo pude ver tres, pero en esta ocasión quiero escribir sobre una en particular, mi favorita, y desde ya una de mis películas favoritas del año.


"Días de invierno" es la ópera prima del joven director Jaiziel Hernández Máynez, que narra la vida de un joven llamado Néstor, que luego de un viaje a su antigua casa, vieja cabaña que tiene su madre Lilia en Guanajuato, en la que vivieron con su padre cuando estaba vivo, encuentra un examen en el que viene un problema matemático que no le permitió ganar algo en ese entonces; es ahí que su madre le dice que no sabe cómo pudo arruinar tantas oportunidades que tuvo en la vida, tocando una yaga que cada vez más y más se abrirá entre los dos para que cada uno tome un rumbo, un camino, pues si por algo él no ha dejado el lugar dónde viven y que tanto odia, y que sus hermanos si dejaron, es por su madre, al grado de conformarse con ser un empleado más y dejar a un lado sus sueños. Y la cercanía y punto de tensión que se da entre los dos, y los problemas que surgen en una relación de diaria convivencia, se da justo en un momento en el que ella es más vulnerable por los problemas de su sentir por su edad, el estar desempleada, y seguir extrañando a su marido, pero querer buscar seguir con su vida. Al final, el principio de la película, y ese problema matemático, se convierte en una metáfora de la propia vida de Néstor, y de su relación con su madre y las personas a su alrededor, cual lobos o perros que pueden llegar a ser, sus iguales, o personas que le cierran el paso, o que al menos eso puede llegar a creer.


Una de las grandes virtudes de la película es sin lugar a dudas que no es un discurso clavado a una influencia, no hay una clara manera de narración, y eso aligera y hace muy disfrutable la película. Por momentos tiene trazos muy poéticos (como "el vals de los beisbolistas"), en momentos se vuelve muy emocional, por otros momentos es muy intimista, incluso tiene momentos divertidos. Es una película que está llena de matices claros y fragmentos de realismo entrelazados con el melodrama requerido para enganchar al espectador con el discurso del relato, en el grado mismo que la película lo demanda, sin exagerar, ni ser muy tibia.

Algo que también resalta a mis ojos, y que me agradó mucho, es que, aunque claramente la hay, no se apremia tanto a la temporalidad ni el espacio en la película, pues aunque es ahora, bien pudo, o podría haber pasado en otro tiempo, incluso en otro lugar (que el hecho de que se desarrolle en la frontera es una prueba más de como el cine que se retrata en esta zona del país es una especie de símbolo de la identidad mexicana de los que se fueron, se pueden ir, o no), y a mi parecer es un aliciente para entablar el diálogo con la obra, vea donde se vea.

Los dos personajes protagónicos me parecen formidablemente concebidos, y eso es un trabajo que viene desde un guion bien escrito. Por una parte, Néstor (magistralmente interpretado por Miguel Narro) es un personaje por demás lleno de aristas que hay que leer a detalle. A mí me hizo recordar a Will Hunting, de la película que lleva el mismo nombre, un personaje con un potencial enorme, pero que algo lo retiene en un sitio, por no querer de alguna manera encajar, esa era un poco la naturaleza de Will, en cambio Néstor se nos presenta como una personaje que si bien quería a toda costa salir de su zona de confort, no le molestaba estar porque tenía personas que él creía lo necesitaban en ese lugar, ya fuera su madre, su novia (la escena en el cerro con ella es una de las escenas más bellas que yo haya visto en últimos tiempos en el cine mexicano), sus hermanos, la anciana que cuidaba (la figura de esta mujer , aunque se ve el aprecio y la veneración que le tiene, por lo que ella podría representar años después en su vida, no deja de asustarlo, aunque también esta relación nos regala en la película momentos muy bellos), pero no es hasta que llega en manera de reflejo del futuro, la figura de un norteamericano que lo "empuja", y llega un punto en el que la presión de querer buscar su propio camino, hace que salgan cosas que sin lugar a dudas van a herir a esas personas que quizá no lo necesitaban, y sólo eran una prueba a superar para dar el gran paso en su vida, y aunque las despedidas son tristes, hay algo en quien lo deja ir, a pesar de lo dura que esta haya sido, que le desea lo mejor en su vida, de cierta manera hay un punto en el que el propio personaje cae en cuenta que la depresión más que estar en su madre, estaba en él, en esa etapa de nuestras vidas que no sabemos a dónde vamos a ir, si los sueños que no se materializaron eran los últimos que tendríamos en la vida.

El personaje de Lilia (con una maravillosa Leticia Huijara que, si bien su trayectoria en la televisión no se le puede reprochar, pues para mí siempre ha sido una gran actriz, y de lo mejor que se podía ver en la televisión, acá esta magnífica. Además debo decir que para mí es como nuestra Diane Lane en "París puede esperar"), por otra parte es un personaje que, aunque por muchos momentos se pierde en la película, sus apariciones son fundamentales para comprender la situación de Nestor, y la falta de decisión y confusiones de Lilia por la vida que vendrá ahora que ya no es más que una mujer madura, viuda y pronto sola, es que también vemos una liberación, y un diálogo que dice al principio de la película, toma sentido al final, con ella también dejando atrás todo, es por parte del Lilia, que se dan los momentos más introspectivos y poéticos de la película.

El resto de las actuaciones son muy correctas, la fotografía es extraordinaria, (me encantó el balance que se hace con la paleta que predomina con esos tonos azules, pero que complementan con colores cálidos que resaltan de una manera muy especial entre ese espacio azul) y la música también me resulta muy atinada. (Me resulta muy interesante como películas mexicanas utilizan cierto tipo de canciones para mostrar puntos específicos de la trama y los estados de ánimo en sus personajes, "La Paloma y El Lobo" de Carlos Lenin mostró la tristeza de sus dos personajes protagónicos con "Te Amo" de Los Mier, o en "Mr. Pig" de Diego Luna, logra aparecer este mismo momento de tristeza y alcohol con "La Carta" de Los Terricolas)

Una película que, aunque para muchos no pareciera tener moraleja, o catarsis, o fin alguno, a pesar de lo bien realizada que esta; son muchas los temas a los que nos enfrenta, como los ya comentados en los dos personajes principales, pero para mí quizá el más importante es el siguiente: es una película con una historia personal, y estas historias humanas son las que deberían de importarnos, las historias que nos pueden tocar, porque en ellas podemos vernos reflejados, son las que nos representan, sin los grandes dramas, o los temas que nos estereotipan o los temas que nos duelen, aunque formen parte de nuestra realidad y nuestro día a día, no son lo que somos.

Yo siempre celebraré este tipo de películas que buscan un diálogo con su público, que sin pretensiones tratan de luchar por poner temas humanos en el plato, y que hacen lo imposible para que estas películas surjan y se realicen y no mueran en el intento, como ya lo dije antes: no son las grandes tragedias, o las grandes comedias, pero si son historias reales.


lunes, 23 de marzo de 2020

Celle que vous croyez.


Película francesa del 2018 que no es hasta este 2020 que se estrena en salas comerciales de México, y que han llamado "No soy quien crees" (en España le han titulado Clara y Claire, como el libro escrito por Camille Laurens en el que se basa), dirigida por Safy Nebbou, protagonizada por la siempre interesante Juliette Binoche, la directora y actriz Nicole García, y el joven Francois Civil a quien pudimos ver en "Ce qui nous lie" y "Mon inconnue".

La película a grandes rasgos cuenta la vida de Claire, una mujer que ronda en los cincuenta y tantos años, maestra universitaria y divorciada que nos cuenta a través de sus terapias con su psicóloga Catherine, como cambió su vida a raíz de que creó un perfil falso en Facebook de una mujer mucho más joven para espiar a su amante ocasional haciéndose "amiga" de su mejor amigo, pero luego de empezar a platicar con Alex, y empiezan a entablar cierta conexión, es que Claire empieza a transformarse más en su alter ego, pues como ella misma lo dice: "no aparentaba tener 24 años, tenía 24 años" empiezan a compartir fotos, llamadas, sexo telefónico, fotos que tienen relevancia en la vida misma de Claire y que alguna vez ya le arrebataron mucho en la vida, como lo volverán a hacer cuando Alex le pide poder conocerla, es entonces que ella toma una decisión que repercute no sólo en su felicidad y su vida real, sino que también repercute drásticamente en la vida de Alex, hasta que al final, luego de una forma liberadora que sólo los escritores (como el propio personaje que interpreta la Binoche en la película "Les enfants du siecle") podemos entender: creando una realidad ficticia, un final alternativo, un escape para el remordimiento y la culpa por el daño ocasionado; ella se entera de una verdad gracias a su psicóloga que logra cobrar además una importancia muy significativa tanto en la vida de Claire como en la película, el círculo ya se había cerrado para Claire, pero Clara le debía un cierre digno a su historia con Alex, y en eso termina la película.

La película me resulta interesante por el tema que trata y su forma efectiva de hacerlo, por una parte, la forma en que se retrata la crisis que sostiene el personaje de Claire que por su ritmo agitado de vida, entre sus clases, sus hijos, sus terapias y medicamentos, en muy pocos momentos se le ve derrumbarse, a pesar de estar destrozada por su divorcio y la forma en que este se dio, y que la hizo creer hasta el momento en que empieza su relación con Alex, que era una mujer en la que por su edad ya nadie se podría fijar. Muestra la fragilidad emocional a la que nos sometemos cuando formamos relaciones basadas en estas redes sociales, lo vulnerables que nos volvemos y estamos de crear conexiones con personas que siendo reales, no lo son, y lo que se podría desatar de un juego inocente como el que juega Claire en el que se siente como en un sueño, sin considerar lo que la otra parte de la historia, la que contesta los mensajes y se ilusiona, podría sentir, pensar, o como podría reaccionar cuando no se tiene la respuesta deseada.

La película en el último acto al parecer se precipita y se siente muy forzado, al grado que se nos resuelven y dan muchas noticias de golpe, sin dejar que se den de manera armónica y el espectador se permita algo de de asombro sin permitir entrar incluso al juego del tratar de intuir lo que vendrá.

Aun con eso, si yo debo decir que, si por algo la película funciona perfectamente, a pesar de los problemas que pudiera tener narrativamente, es gracias a Juliette Binoche, si otra vez. No cabe duda que la Binoche está atravesando por el mejor momento de su carrera, la mujer para mí nunca ha tenido un descalabro, incluso en sus más burdas comedias románticas de Hollywood, la mujer está perfecta, en esta no es la excepción, y en últimas películas en las que interpreta personajes con problemas emocionales de mujeres de la edad que representa hoy día, les da una calidad histriónica sin restricción o pudor alguno, una autenticidad, y les dota de un valor muy único a cada uno, que nunca se siente que sea la misma actriz la que los está interpretando, más en preciso, podría mencionar esto por un papel en particular con el que tiene muchas similitudes Claire: el de Isabelle en la extraordinaria película "Un beau soleil intérieur" del 2017 de la imprescindible directora Claire Denis.

Un acercamiento bien interesante en como hoy día las redes sociales nos llevan a involucrarnos en diferentes sentidos con las personas a nuestro alrededor, para que las utilizamos, y si eso está bien, es una especie de confrontación, sin que suene como un sermón, y sirviéndose además de una historia me parece muy buena, aunque el final sea algo fallido, y que habría que analizar que tanto influyo la mano del director, o de la novela en que se basa. También interesante la lectura que le podamos dar desde el punto de vista de si lo que sentimos por una persona que conocemos sólo por mensajes de texto es real, y las formas liberadoras psicológicamente hablando el poder tener una personalidad virtual que sea quizá lo que en la vida real no nos atrevemos a ser y hacer.







domingo, 22 de marzo de 2020

Charlas de cinéfilos #3



J: -Acá filmaron algunas escenas de "Los Misterios de la Fe", ¿cierto?
A: -Si, aquí en este multifamiliar.
E: -Acá también se grabó una parte de esta película en la que sale Omar Chaparro y este otro comediante que se parece a él, con Karla Souza.
J: -Si sé cual dices. No recuerdo su nombre.
E: -Yo tampoco, que por cierto no sabes el show que se hizo con eso, se les salió de control, luego el director estaba arrepentido de haber elegido este lugar para grabar, pero sacaron la escena. Y es que luego si da el aspecto de ser un multifamiliar de la Ciudad de México.
A: -Y es curioso que lo diga señor porque muchas veces suelo elegir lugares muy parecidos a la Ciudad de México sabiendo que es una de las ciudades que menos me gusta.

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E: -Este puente tiene un aspecto muy parecido a los que hay en la Ciudad de México. De hecho estaba pensando utilizarlo en uno de mis siguientes cortos, pero ya me lo ganó señor.
A: -Todavía no está listo el corto, así que usted puede utilizarlo primero si estrena antes que yo.
[...]
J: -Hace un rato que "A" mencionaba sobre los lugares parecidos a la Ciudad de México en los que han filmado, este puente peatonal a mí me recuerda mucho a uno que aparece en la película de "Te Prometo Anarquía".
A: -Es otra cosa que es muy recurrente en mi, tener cosas en común con películas que no me gustan.
J: -Justo me pasa lo mismo, los dos "experimentos audiovisuales"* que tengo me resultan muy parecidos a lo que hace Terrence Malick, sabiendo que es un director que no me gusta nada.

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J: -Interesante el recorrido que ha tenido Angelica, ¿no? Nacida en Ciudad de México, residente durante muchos años en Guatemala y Los Ángeles, muy similar al andar de Julio Hernández Cordón, que es nacido en Guatemala, y vivió en Los Ángeles y después en la Ciudad de México donde estudió en el CCC. Hablando de las conexiones. Y ahora filmando un cortometraje con los Cinéfagos.
A: -Ya sé. No le gustó mucho nuestro trabajo a Julio cuando lo conocimos.
J: -¿En serio?
E: -Si. Lo tuvimos en un taller de como hacer cine de bajo presupuesto.
A: -Nos dijo que nuestro corto era demasiado "vanguardista"* [...] íbamos preguntando a la gente en el ex-cuartel dónde estaba Pancho Villa, puesto que Doroteo Arango es una de las figuras, mejor dicho, la figura que yo más admiro, de ahí que hice "Mi General"
J: -Pues mira que no esperaría un comentario como ese de Julio, en vista de sus primeras películas, como "Gasolina" y "Hasta el sol tiene manchas".

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*Entrecomillo las palabras que tienen el asterisco porque no recuerdo en realidad las palabras que se dijeron en ese preciso momento, pero seguro son algo muy parecido a las que escribo. En general la transcripción es como yo la recuerdo, igual y algo cambié u omití, pero traté de ser lo más fiel. En el primer entrecomillado escribo "experimentos audiovisuales" porque no me atrevo a decir que lo que yo he realizado hasta ahora sean cortometrajes, pero eso espero ya dentro de muy poco corregir.


miércoles, 4 de marzo de 2020

Pieces.


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*Pie de nota.
En el siguiente texto los personajes no tienen nombre, y la razón de esto es que los personajes femeninos del relato están inspirados no sólo en una persona, sino en varias. Amigas, compañeras, primas, tías, madre, abuelita, vecinas, y demás mujeres que homenajeo y celebro por la importancia que le dan en su día a día a las cosas que creen importantes, que merecen la pena a pesar de la no-gratificación muchas veces por parte de nosotros. Hoy espero, este texto sea el principio de un reconocimiento y admiración que siempre profeso por ellas, pero muy pocas veces demuestro.
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El café no estaba tan lleno, algo demasiado raro para ser un 14 de febrero, quizá el hecho de que hubiera caído en martes había influido un poco, aún así no dejaba de ser raro, no había modo de que en martes la gente no estuviera enamorada.

La cosa es que había poca gente, la música no era del todo mala, y eso ayudó a que la charla entre aquellos tres amigos se suscitara relajadamente, armónicamente, sin contratiempos. A diferencia de la mayoría de los relatos, historias, cuentos que se cuentan por ahí, incluso películas, en los que por lo general siempre son dos hombres y una mujer los que protagonizan este tipo de encuentros, porque mucha gente sigue creyendo que es más importante tener más hombres que mujeres en nuestras historias, vaya falacia. Pero en esta ocasión eran dos mujeres y un hombre, ellas mayores que él además, y mucho más inteligentes, esta historia básicamente es sobre la generosidad de las mujeres hacia los hombres.

La edad no es importante, nunca lo ha sido, pero igual tenía, este servil narrador suyo, la necesidad de mencionarlo, para darle fluidez al relato como este mismo lo demanda, y no por una ocurrencia propia. No era mucha la diferencia de edad a decir verdad entre ellos, serían 4 años y cuatro años, como los ocho pasos que separaban a Romeo de Julieta fingiendo su muerte, no encontré otra alegoría más cursi a esta que no asimilara la profesión de estos tres personajes, que de teatro seguro no entendían mucho como de sus disciplinas literarias.

Él era escritor, uno no muy bueno, pero al fin escritor. Tenía lo más importante para hacerse llamar escritor: escribía todo el tiempo, incluso durante la reunión entre los tres, cuando ellas atendían mensajes que les llegaban a sus móviles, él fingía revisar cosas de su agenda, cuando en realidad lo único que hacía era estar escribiendo. La mayor de las mujeres era poetisa, una extraordinaria poetisa a pesar de no ser estudiada en las letras, sino una abogada de profesión, sus lecturas de toda la vida la habían hecho querer empezar a escribir, y le encantaba platicar con sus amigos de sobre esas lecturas que la habían formado. La otra chica era ensayista. En realidad ella era una escritora en todas sus vertientes, si bien el chico era un escritor de relatos cortos que sólo eran publicados en un pequeño sitio web dedicado a la literatura y reseñas de libros, y de una novela aún inédita; ella por otra parte había publicado cuentos, ensayos, poesía, novelas, incluso era una editora muy reconocida, por mucho la mujer más talentosa en la mesa en cuanto a las letras se refería.

-¿Qué hacen ustedes cuando se quedan en blanco? -Preguntó él un poco al aire mientras los tres estaban muy concentrados en el postre que estaban terminando. Quizá lo había hecho precisamente para romper ese silencio que se había formado para disfrutar plácidamente ese último trozo de pastel, ese último sorbo de café, la verdad él nunca había sido muy amante de lo dulce, por muy cursis que fueran sus relatos. Bien dicen que los cómicos por lo general suelen ser personas muy serias fuera de personaje.
-Supongo que te refieres a cuando escribimos. -Respondió la ensayista levantando ligeramente la mirada hacia él, fue sólo un microsegundo para volver a atender a ese último trozo de pastel de zanahoria, apresuró ese bocado antes de que alguien más hablara.
-Claro, ¿a qué otra cosa podría referirme?
-A quedarte sin dinero para un proyecto. Que si yo sé de eso. -Dijo la poetisa al tiempo que dejaba ese último trozo de pastel para poner atención al chico que seguía con la mirada en una parte que no era ni su pay de queso, ni su celular, ni la mesa, ni la mirada de ellas. La poetisa se veía muy interesada en seguir la plática, quizá se debía a que también le molestaba tanto silencio en la mesa, quizá su pastel de chocolate no estaba tan bueno, o quizá sólo quería terminar hasta el último su último trozo de pastel, vaya uno a saber la razón.
-No. Me refiero a la otra opción. ¿Qué hacen ustedes cuando quieren escribir y las palabras no salen?
Respondió primero la poetisa
-Yo en lo particular intento no pensar en el asunto, dejo mi ordenador y busco la distracción inmediata. Lo que mejor me sirve es ponerme a pintar. Amo pintar, si no fuera esas dos cosas que soy en la vida, y que amo ser; me hubiera gustado ser pintora. Lo soy en cierta medida, lo sé, pero me hubiera gustado haberlo sido de tiempo completo.
-¿Qué te gusta pintar? -Preguntó la ensayista.
-El mar. Todo el tiempo estoy pintando el mar. Y el atardecer, por supuesto. No podría pintar amaneceres, son muy diferentes, no los tenemos además nosotros de este lado de la bahía. Además los amaneceres son morados, y odio ese color, me recuerdan mucho las caídas que sufría de niña por no querer llevar gafas, a pesar de saber lo mucho que las necesitaba. En cambio los atardeceres me gustan por el color naranja, de ese color son las naranjas. Leer a Saramago me funciona mucho.
-Pues yo me pongo a leer por lo general cuando me pasa eso. -Dijo la ensayista mientras cruzaba sus piernas y acomodaba su espalda en el respaldo de su silla. -Suelo leer a mis escritoras favoritas. Me enfrasco en esas novelas que he leído una y otra vez, y en cuestión de días puedo devorarme decenas de libros, y de pronto, se abre el switch. Tú como haces, ¿estás pasando por una crisis creativa? Deberías ver más películas, a ti que te gusta mucho eso del cine.
-Algo así. Pero no hago gran cosa honestamente. El cine no me sirve mucho cuando estoy en estas circunstancias. Cuando tengo ideas claras y sé lo que quiero escribir, el cine me gusta mucho para reforzar ideas, ver el planteamiento mismo de la historia que escribo desde otra perspectiva, la de cómo le haría el director de la película que estoy viendo para contar mi historia. Esto me ayuda a detectar y corregir errores narrativos -Él sonríe claramente por algo que viene de su memoria- Recuerdo que siendo niño, cuando en la primaria nos encargaban en clase escribir una historia, iba a casa de mi abuelita, a la que siempre recuerdo cuando veo Sonata de Otoño de Ingmar Bergman. Entonces iba a su casa y me sentaba frente a los libros de mi tía, la que es menor que mi mamá, con sólo verlos escribía, jamás me atreví a tomarlos por pensar que en ellos había cosas prohibidas para mi, pero de imaginar precisamente esas cosas prohibidas, es que creaba mis historias, y mis profesores siempre me decían que tenía mucha imaginación, lo decían con una gran sonrisa que siempre creí que ese comentario era para bien. Ya estando más grande, en secundaria y preparatoria, leía esos libros, que siempre iban cambiando, nunca había los mismos, ni en el mismo lugar, yo creía ya tener edad para leerlos todos en aquellos años, ahí descubrí a García Márquez.
-Yo amo "El amor en los tiempos del cólera". -Dijo la ensayista.
-Yo creo que es el único libro que jamás terminaré de comprender. -Respondió el escritor.
-¿Y qué otros autores lees? -Preguntó la poetisa al escritor.
-Me gusta mucho Hemingway. Latinoamericanos particularmente amo a Benedetti. Sus novelas me fascinan, pero su poesía es vida para mi.
-Yo prefiero como poeta a Neruda. Siendo estudiante me fuí becada a estudiar seis meses a Colombia. Años después estuve en Chile también. pero la novela de Benedetti la respeto mucho. Sobre todo La Tregua. -Replicó la poetisa.
-La Tregua es la única novela que me ha hecho llorar. -Dijo el escritor con la mirada agachada, como mostrando pena ante la confesión ante dos mujeres.
-¿En serio?
-Si.
-¿Por? -Preguntó la ensayista.
-El final. Es lo único que te puedo decir. Pero si hablamos de una novela que en realidad me haya marcado la vida, al grado de hacerme ver y concebir el amor de una manera a como lo venía concibiendo toda mi vida, esa es Rayuela.
-Yo no la he leído. -Dijo la ensayista.
-Debes hacerlo. -Respondió la poetisa.

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Al salir de la cafetería, después de que los echaron de esta por la hora de cerrar, (que ganas de haber estado en el París de las películas de Eric Rohmer decía el escritor) apenas pasadas las once de la noche, los tres caminaban por la calle para dirigirse a sus respectivos destinos. Hablaban de lo interesante que sería escribir un cuento lleno de referencias literarias. Entonces de la nada la poetisa le dijo al escritor:

-Oye, al final ya no nos dijiste cómo haces cuando tienes un bloqueo mental de no poder escribir.
-Es verdad. En realidad cuando esto me pasa sólo busco encuentros con personas queridas, busco pláticas profundas, paseos diferentes con personas conocidas, conocer otras personas. Los encuentros suelen ayudarme mucho para encontrar ciertas piezas que necesito a la hora de escribir. Por ejemplo ustedes, ustedes esta noche me ayudaron a querer empezar a escribir justo ahora un cuento, y se los agradezco.
-¿Y se puede saber de qué va?