Raras formas en las que se encuentran las soledades.
Corea del Sur es un país cuya cultura y sociedad se rige mucho por la solemnidad, pero también por la disciplina, lo que en el acto puede hacerlos parecer en la distancia como personas frías. Pero precisamente en su identidad y en sus formas, uno puede ver, si es que se cruza la barrera de lo que se puede apreciar a primera vista, que en realidad son personas muy emocionales.
Este cruce de personalidad (por así decirlo) la directora logra materializarlo a la perfección sí en la película, pero sobre todo con sus dos protagonistas (que están perfectas), cuyo encuentro se da de una manera muy poco convencional (una, guardia de un reclusorio, va [convencida por una de las custodias jóvenes a su cargo] al funeral de la madre de una reclusa que no recibe un permiso para salir. Y en el lugar conoce la otra, quien es la hija adolescente de la reclusa) en un momento de soledad absoluta, y a partir de ese encuentro, la una hace todo lo que está en sus manos, aún con su naturaleza seria pero llena de luz, que la otra no esté nunca más sola, antes de que se convierta y viva lo que ella ya conoce.
Dentro de la historia y su construcción desde el guion, hay valores muy notables, pero también líneas planas. Vamos de una historia circunstancial cuyas líneas sobre el destino se atisban como someros destellos y que no logran a honduras de clamor y humanismo que llegaron a tocar grandes maestros cinematográficos como Bresson (¿hay necesidad de mencionar a otro?), y frases que si bien son bellísimas y refuerzan en muchos sentidos la línea discursiva que expone, no dejan de ser, aisladas por supuesto, líneas de un libro de Rumi o Cohelo. Dentro de esa línea discursiva del destino, el valor y el romper esa soledad, vemos como afectan las memorias y los lazos familiares precisamente a que un alma herida y solitaria sea lo que es, pero también como un alma herida tiene la capacidad no sólo de detectar otras almas heridas y solitarias como lo son está hija y madre (y que podríamos integrar a la abuela fallecida en la ecuación), sino también de curarlas.
Su hechura técnica es correcta, una fotografía nada grandilocuente pero muy bien cuidada dando motas de esa respetuosidad en el trato de los personajes, con una distancia que también en muchos sentidos define y figura esa forma de ser de los surcoreanos, y con un sentido de estética y composición realmente notables. La música, aparece en tres momentos, pero qué momentos, que contrario a estar en situaciones altamente emocionales o dramáticas, aparece en momentos revelatorios, pero manifestados en retratos de cotidianidad perfectos y envidiables.

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