"Una isla en el continente" es un documental del año 2019 dirigido por Juan Pablo Miquirray, grabado en la península que comprende los estados de Baja California y Baja California Sur en México.
El documental es un registro de varios aspectos muy
significativos para los habitantes de esta región. Por un lado, habla sobre el origen del hombre en estas tierras, su manera
de hacerse notar y dejar huella para la posteridad a partir del arte rupestre,
en un lugar aún hoy día muy resguardado y poco explorado (para bien) por el
hombre voraz que ha llegado a la parte sur queriendo comprar todo, o despojar
de todo a sus habitantes como lo hacen en lugares como Los Cabos y La Paz
(claro ejemplo son los casos de las mineras y los complejos turísticos que
quieren apropiarse a como de lugar de Todos Santos, en este punto el documental
comulga con otros trabajos que también son de manifactura impecable como lo es el documental "Patrimonio", y algo muy similar pasa al parecer en Ensenada) y es
desde este lugar que se nos empieza a hacer un mapeo de distintos lugares de la
península donde el hombre que intenta salvaguardar la belleza natural del
lugar, tiene que luchar a capa y espada por su tierra, lo que le da identidad,
lo que ama; tratar que no se pierda del todo esa conexión milenaria que tenemos
con el desierto, con sus animales, con todo lo que nos rodea en esta isla
momentáneamente anclada.
Visualmente, el documental es hermoso, el registro que hace del lugar donde
están las pinturas rupestres, las entrevistas que recaba y las imágenes
acuáticas son de una belleza deslumbrante.
Hay partes y frases recabadas en las entrevistas que obtiene
el director que son muy puntuales y que se quedan en el pensamiento del espectador por un largo rato después de terminados los créditos del documental. Por ejemplo, esta frase que dice
un joven pescador todosanteño: "Yo jamás trabajaría para un complejo
turístico, porque sé lo que hacen. Cambian nuestra riqueza natural por el amor
al dinero", o hay otra de un fotógrafo acuático que dice: "Ver esa
belleza en el mar es como dejar de existir y sólo tus ojos quedan. Quisieras
ser parte de eso, pero no puedes, sólo puedes observar y maravillarte".
La participación del poeta Edmundo Lizardi y su poema
"Baja Times" es extraordinaria, así mismo como la narración del
artista Francisco Hernández Zamora, con una frase en particular que me parece
es mucho de la intención de este documental, y de las historias que acá nos
cuentas, y por las que hay que luchar y que vuelven tan importantes este tipo
de trabajos y de los cuales sin lugar a dudas hay que hablar y difundir, sobre
todo en nuestras tierras: "Vemos la naturaleza y se nos cae la
mandíbula".
Esta clase de cosas, y experiencias, son las que hay que
cuidar, preservar, y defender.
Por lo general cada año, dos o tres películas mexicanas son las que hacen un tour de festivales internacionales por demás interesante, que hacen que los cinéfilos las esperen con ansias desde dicho año en adelante, muchas veces en algunos festivales mexicanos de renombre llegan a estrenarse ese mismo año, en otros hasta un año después, y esperar que lleguen a salas comerciales, como ya he tocado en más de una ocasión el tema por acá, si bien nos va, se toma de dos a tres años, si bien nos va; de ahí la importancia de los lugares de exhibición alternativa. Pero este año las cosas han sido diferente para bien para más de un cinéfilo que cada día menos dependemos de las salas de cine (aunque no con esto quiero decir que no se extrañe esa experiencia), ya que gracias a la coyuntura surgida y vivida en estos tiempos de pandemia, muchas plataformas han cobijado a los festivales de cine para hacer sus respectivas ediciones de este año de manera online, lo que ha hecho que muchas de estas películas esperadas del año pasado, podamos verlas en la comodidad de nuestras casas, una de esas películas es sobre la que estoy a punto de escribirles: Los lobos del director tapatío Samuel Kishi Leopo.
La película se nos presenta a partir de un viaje que hace una familia, una madre y sus dos hijos que se van de México para vivir en Estados Unidos. En un principio no es muy claro el por qué de esta decisión, pero uno se cuestiona si tanto batallar y sufrir en una nación tan difícil y demandante como el vecino país del norte es la mejor opción, desde este punto uno empieza a imaginarse que de algo muy fuerte deben de huir, al tiempo que se nos van rebelando detalles del padre policía al que sólo conocemos por la foto en la cartera que guardan como un tesoro los niños. Lucia, la madre de Max y Leo, tiene que trabajar largas jornadas para poder pagar alojamiento y comida, en las horas que ella se ausenta los niños tienen prohibido salir, dejándoles como único escape de libertad la ventana y sus dibujos. Así que Lucia les deja tareas grabadas en una grabadora portátil para poder ganar el premio añorado por los dos niños: ir a Disneyland, y todo parece ir bien mientras los niños alimentan sus horas contándonos la historia de los lobos. Pero al tiempo, con la promesa no cumplida, el cansancio de la difícil vida de Lucia, y la rebeldía de Max, quien llega a asumir como hermano mayor la figura del jefe de la casa (algo muy similar a lo que pasa en Abel de Diego Luna), y a la postre, a romper reglas como quizá su papá lo hizo, la manada empieza a separarse y debilitarse, aún viviendo bajo el mismo techo, y las cosas empiezan a quebrarse y sacar a flote las cosas que hacen que una madre tome la difícil decisión de huir de todo lo que conoce para sacar a sus hijos en adelante, al final el sueño añorado no llega, pero se tienen cosas mejores en el camino, y el final nunca es el final, más bien es un principio.
Tuve mis problemas debo aclarar con dos cosas en particular para escribir sobre esta película, la primera, el definir el título que le pondría, pues por una parte si es evidente que es un revivir de un viaje, lo cual comentaré más adelante, también es evidente el hecho que es una carta de amor a una madre soltera, quizá a las madres solteras en general, incluso quizá una carta de disculpa. Y la segunda es que, lejos de hacer un análisis en términos estrictamente narrativos, técnicos y estéticos, que quizá si lo haga, pero sin poner mucho énfasis en el asunto, debo decir antes que todo que la película es un encanto con un tono con cierta nota melancólica.
A mi me parece que es una película que, además de completa, y muy bien realizada, toca temas muy importantes que muy pocas veces se reflejan en el cine mexicano, y empezaré con quizá el tema que a mí me resulta muy familiar a último tiempo, ya que fue una especie de fortuna poder mirar esta película justo cuando terminé de leer la novela Desierto Sonoro de Valeria Luiselli, ya que es innegable, al menos para mí, que tienen cierta comunicación ambas obras, y no lo digo por el hecho de que una se alimente de otra, o que haya cierta similitud marcada, o una especie de referencia ni mucho menos, lo digo desde la perspectiva que ambas obras toman como punto inicial de su trama y que después desembocará en demás circunstancias, la cuestión del viaje y el éxodo, familias que se desplazan de un lugar a otro muy retirado, y las pláticas y registros que quedan grabados no sólo en grabadoras portátiles, sino también en la memoria de los niños que más tarde serán adultos y contaran su versión de la historia, como quizá nosotros ahora lo somos, como quizá Valeria y Samuel lo son.
En mi muy humilde punto de vista, a pesar de que Samuel me pareció un director por demás interesante desde su ópera prima, Somos Mari Pepa, se le nota una madurez extraordinaria en esta película, y se nota tanto que trabajó en esta película como la película de su vida, que le llevó más de seis años poder realizarla como él quería. y como diría un muy buen amigo crítico español: "no le va a volver a salir una película igual". Si bien más de uno podrá decir que no hay similitud, o algo que una a esta obra con su pasado proyecto, yo no estaría tan seguro, pues si bien son contadas en tonos diferente, yo noto tres similitudes muy marcadas: la mirada atenta a la vitalidad juvenil, el tono personal que plasma en ambas, y quizá el más importante y que si atañe a la realización, la cámara.
La cámara en el cine de Kishi Leopo está tan llena de vida como sus personajes jóvenes, lleva esa rebeldía y anarquismo (en el buen sentido de la palabra), esa vida, incluso ese sentimiento nostálgico; sigue una linea de ejecución que no se sujeta a ninguna regla universal, salvo a la linea misma que rige a la película.
La música es quizá uno de los puntos más sólidos que también rige en el cine del tapatío. Melodías que infunden en el espectador la espera y el acompañamiento, jamás da una nota de sugestión, cosa que uno agradece, con mínimos rasgueos de guitarra, o notas tocadas en el piano, uno acompaña los sentimientos de estos personajes, personajes de los que por supuesto hay que hablar.
Y más que hablar de los personajes, que ya tocaré el punto enseguida, antes quisiera hablar de las espléndidas actuaciones. Por una parte hablar de la actriz Martha Reyes Arias, que para mí es la actriz revelación del 2019, sobre cualquier actriz o actor que me mencionen. Su actuación es tan genuina y humana, que uno no hace más que sentir su sufrimiento, su presión, su desesperación y su amor. La vemos tratar de mejorar su entorno para no pensar en lo que dejó atrás, y lo que la hizo dejar esas cosas atrás, por momentos incluso, en los puntos de tensión más sofocantes de su papel como madre, vemos esa lucha interna en ella que quizá la hace pensar que sería de su vida si no tuviera hijos, si los hubiera dejado en México, aún en esos momentos no deja de luchar por ellos, de dar amor. Hay escenas clave que a mí me dejaron cimbrado y conmovido (la razón la comentaré al final), como en la que la vemos limpiando la estufa, o la de la cachetada; es un personaje completísimo, más que puntual y clave en la historia, pero la película claramente es sobre ellos, los niños, los hermanos, los lobos pequeños; de sus diferencias, sus conflictos, su encierro, su imaginación (las escenas de animación además de extraordinarias, son claves para engancharse a la historia), su adaptación (la escena de Max descubriendo "el foco", y que detonará a la escena medular entre él y Lucia, es una clara referencia al salto de edad, aun siendo un niño), sus abrazos después de cada pelea. Y todo esto se nota y se debe al gran desarrollo de personajes desde el guion, y tocado el punto, vamos al tema de los guionistas.
Samuel Kishi escribió el guion para la película de la mano de Sofía Gómez-Córdova y Luis Briones, que antes nos trajeron la extraordinaria Los años azules, y que indudablemente se nota el tratamiento de ellos dos en torno tanto a la mirada melancólica de la cámara que hace que el espectador conecte con sus fibras más profundas y sensibles, y con estos personajes como tal, que bien en más de uno nos hace recordar pasajes propios de nuestra vida, como lo hicieron en la película ya mencionada.
Para mí la película tiene, al igual que con Desierto sonoro, un canal de comunicación muy interesante con la película del director Sean Baker, The florida project, y menciono el hecho de "un canal de comunicación, porque ni son iguales, ni una es la copia de otra, para los que empiecen a murmurar estas conspiraciones descabelladas, ambas son una mirada muy diferente a la niñez, hay una comunicación por la mirada a esa libertad infantil y sus juegos, (prueba de ello es la parte en la que Max sale por primera vez del apartamento) y la forma en que se refleja la libertad en un sueño de todo niño por el parque de diversiones como escape, en la película de Sean Baker se utiliza como la metáfora de un escape fantasioso y engañoso de la felicidad, en la película de Kishi es más en la cuestión del anhelo de un significado que al final se puede dar en cualquier feria como pretexto del amor de una madre por sus hijos, incluso este podría ser imprescindible con la maravillosa escena del abrazo ninja que seguro a más de uno hizo recordar cosas y llorar.
Otros temas importantes se tocan en la película como la cuestión desde los indocumentados y los refugiados, de la migración suscitada por problemas de violencia a causa de familias sometidas por figuras de "poder" y drogadicción, como el papá de los niños que de ser un policía, los abandona por el foco. También explora la cuestión de la barrera impuesta por el lenguaje, y también retrata a la perfección esta figura de las personas "guardianes" en las que se encuentra refugio, incluso cuando al principio se huía de ellos.
Es una película que, como dije al principio, es un encanto por lo que Kishi pretendía con ella, y si sabía lo que quería transmitir, y que lo logra a la perfección, es porque es una historia que vivió en carne propia, y que seguro más de uno de nosotros también, así que es completamente una película para el amor a nuestras madres solteras que lucharon y seguirán luchando en un mundo que a veces trata de hacerlas invisibles.
"La lucha por la supervivencia de la manada es dura, tiene sus puntos de tensión el los que hace que inevitablemente se separen. Cuando la manada se separa, se debilita, la cosa es saber darse cuenta a tiempo, para sanar las heridas causadas, para que la manada sea más fuerte que nunca cuando se vuelvan a unir de nuevo."
Sanctorum es una película del director mexicano Joshua Gil, estrenada el año pasado en festivales de cine tanto mexicanos como internacionales. (Por ejemplo, cerró la semana de la crítica del festival de Venecia)
La película habla de como una pequeña comunidad de campesinos en la zona serrana de Oaxaca, enclavado entre un majestuoso bosque, tiene que sobrevivir trabajando la tierra para el crimen organizado, sembrando marihuana; tienen que velar por su comunidad, por su familia, y además enfrentarse por un lado, a los malos tratos de las gente que los despoja de sus tierras, y las autoridades que los trata como delincuentes, y no es luego de una matanza a cargo de los "dueños" de las tierras, que dejan a un niño huérfano, que los restantes de esa comunidad liderados por un maestro que habla de idealismos a los niños que aún quedan entre ellos, que decide emprender la huida y confrontar a la autoridad que viene por ellos a toda costa como si fueran los malos de la historia. Pero la película no es tratada como una ficción sin redención, el director nos propone una "solución" distinta: ¿qué pasaría si los difuntos y los ancestros de estas comunidades orquestaran el fin del mundo por los malos tratos que han tenido que soportar durante tantos y tantos años?
La película es, para mí una obra que hay que considerar, indudablemente, como una película muy aparte (para bien) dentro de las producciones mexicanas de al menos los últimos diez años, las razones son más de una y acá les comentaré sólo algunas. La valía y la apuesta arriesgada de la película empieza desde el idioma, la película casi en su totalidad está hablada en lengua mixe, y con no actores, una de las cosas más arriesgadas, y a la vez más atinadas; pues esto hace, por una parte, hacer que el espectador entre desde un principio en un mundo y una zona del país que es muy poco conocida y explorada, tan poco conocida y explorada es, que las autoridades no les brindan la seguridad que esas pequeñas comunidades necesitan, para el gobierno es más fácil darlos desde antes por criminales, que como victimas, si de algo son culpables, como se menciona en la misma película, es de "saber trabajar la tierra y tratar de sobrevivir". Si el idioma ayuda, como ya lo mencioné, para que desde un principio uno entre y se involucre en la historia, la forma en que se utiliza la luz en toda la película crea un efecto aún más impactante. Hay un empleo de esta tan apabullante, que raya en los extremos de la sobreexposición y la subexposición, que uno empieza a identificar, pero jamás de manera manipuladora, el contraste y la división entre el mundo de los vivos y el de los muertos, la realidad de los que sufren el embate por los hombres que los rodean, y ese mundo de los muertos del que ellos son conscientes, por las creencias milenarias que los acompañan desde que nacen, pero que nosotros podemos ver.
Muy pocas películas mexicanas contemporáneas han llegado por una parte, a crear una película de fantasía tan deslumbrante visualmente hablando (esto por supuesto atiende tanto a la forma en que fotografía tanto los paisajes majestuosos de los bosques, como son tratados los efectos especiales), como tan llena de simbolismos, pocas películas llegan a un realismo mágico digno de una obra apocalíptica escrita incluso por el mismo García Márquez, en una historia que prácticamente tiene de todo (como las escenas de la esposa difunta del maestro). Quizá algunos mencionarían a películas como Vuelven de Issa López, o El sueño del Mara'akame de Federico Cecchetti, (películas que a mí particularmente no me resultan tan bien logradas, o tan redondas como la de Joshua Gil), o incluso Belzebuth de Emilio Portes, o Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas (de la que es innegable recordar en la escena del niño buscando a su mamá y las luciérnagas, otro guiño que más de uno asociará al cine de anime japonés. Incluso en las primeras escenas donde hablan un par de parejas, una de ancianos, y una de jóvenes, sobre señales a manera de premonición; en las que vino a mi mente la magnánima obra del húngaro Bela Tarr, El caballo de Turin), pero creo que la película de Joshua, como ya lo mencioné en un principio, está más allá, y si está más allá, es por la propuesta tan valiente que va más allá de como narrar y plasma la historia en la pantalla, sino de la historia tan potente que narra.
La película no se anda en ningún momento por las ramas, como dirían coloquialmente; es fuerte, es directa, (tan fuerte y directa es que nada más hay que ver las escenas que grabaron en los plantíos) habla de frente y fuerte tanto a la violencia como a los que la ejecutan, ya sea del bando que sea. Retrata la lucha de estas comunidades que desde siempre, han tenido que verse sometidos por la gente de las ciudades, la gente de las armas, la gente del dinero y del poder, con tal de defender su patrimonio, su riqueza, su tierra, sus costumbres, y eso se ha hecho más visible y evidente gracias a películas y documentales que muestran las formas en que el gobierno y el crimen organizado operan, como Laberinto Yo'eme de Sergi Pedro Ros, El guardián de la memoria de Marcela Arteaga, incluso el tema de la discriminación a los pueblos indígenas es retratado (en una índole e intimista, cabe aclarar) en Tote_abuelo de María Sojob, y otros tantos más, vemos como o son desplazados, o esclavizados, o exterminados, por muy dura que se escuche esta palabra.
Tan fuerte y desolador es el panorama que nos presenta la película, porque es un reflejo de la realidad; que nos dice desde el poster de la misma, frase que viene de la parte final de la película: "El fin del mundo se acerca. El tiempo de la humanidad ha terminado". Quizá yo rescataría, como conclusión final, algo que dijo el director cuando presentó la película en Morelia el año pasado: “La gran hipótesis del proyecto tiene que ver con tratar de hablar con el capo mexicano, con la criminalización. La población (rural) tiene que encontrar cómo sobrevivir con otro producto que no sea maíz o café porque ya no pagan como debe ser. Posiblemente el fin del mundo sea mejor de lo que estamos viviendo.”
A mí la tesis que me queda al final es: "Que nos ayuden y nos protejan nuestros muertos, porque los vivos, o no pueden o no quieren."
La más reciente película estrenada del director alemán Werner Herzog (adquirida por la distinguida plataforma de cine de arte MUBI) confirma que a este hombre, como sus personajes mismos; no lo limita nada cuando de hacer cine se trata.
De manera muy sencilla, Herzog hace una obra ficticia con mucho matices de documental (la película trata sobre una empresa real, en la que las personas que actuan en la película son en realidad las personas a cargo de la empresa. Un ejercicio en realidad muy parecido al que hizo la directora Chloe Zhao en The Rider) en la que, a través de una compañía japonesa que renta personas y emociones para hacer feliz a las personas, hace un estudio que explora a profundidad las relaciones humanas y nuestra necesidad de contacto humano, incluso cuando se nos dificulta tenerlo, o creemos que nos engañamos y nos mentimos diciendo que hay ciertas conexiones que no se pueden negar, pues aunque no haya lazo sanguíneo, el humano necesita un refugio, aunque este haya sido comprado, o sea virtual o de mentira, y sea más real de lo que parezca.
Es un estudio también, y una continuación de algo muy latente en el cine del alemán, del retrato de personajes que van van más allá de lo posible, de lo imaginado, personajes que se atreven a desafiar a limites, cánones, naturaleza, incluso dioses, en pro de una causa en la que ellos creen, aunque eso al final lo llegue a tocar de maneras inesperadas.
Una película que logra conmover y que con la simpleza de su producción jugando completamente a su favor, Herzog una vez más pone en dicho el hombre tan importante que resulta ser en el arte cinematográfico.
"Entrar en los terrenos a buscar lo que quedó atrás. lo que ha simple vista no se pudo notar...."
Titixe es un documental mexicano del año 2018, producido, escrito, editado y dirigido por Tania Hernández Velasco. El documental nos narra como Taina y su madre, con ayuda de algunos familiares, tratan de sacarle una última cosecha de frijol a las tierras de su abuelo fallecido antes de que su abuela decida si las va a vender o no. Así esta cosecha se convierte de manera metafórica y literal, en un esfuerzo más que emocional por postergar un legado por amor.
El intimismo que muestra Tania Hernández en su documental va más allá de lo que se nos muestra en otros documentales que reflejan la presencia o el recuerdo de la figura de los abuelos, más que eso; de la figura de los maestros que ya no hay. Planos por momentos muy cercanos y por momentos muy lejanos, una narración relajada, la textura de la imagen y su diseño de arte no son nada parsimoniosos (una escasa y atinada música, el sonido bien trabajado y una edición sin fallo alguno; son algunos de los muchos atributos técnicos del documental), lo cual nos acerca aún más a la naturaleza de la historia que se quiere contar. Es un canto personal, cercano y detallista que se vuelve en automático universal.
En más de un sentido es un documental vivo, libre, arriesgado, que deja que las tomas sigan a pesar de los movimientos bruscos, del ruido generado, porque la directora sabe que todo eso transmite acorde a lo que el documental quiere trasmitir, y lo que seguramente el espectador encontrará y sabrá apreciar por ser un trabajo de la índole que es.
El relato narrado que se entrelaza, y con el que se hace registro de los bailes de las nubes en timelapses, logra a través de unas tomas espectaculares, de lo que es y significa la tierra para las personas en base al recuerdo de sus familiares finados.
(La toma del crepúsculo casi al comienzo del documental con el árbol dividiendo la toma, es sublime)
Una crónica del cambio generacional y la crisis de conocimientos ancestrales que esto conlleva, el escaso apoyo que se le da al campo y el daño que hace a las costumbres la globalización y el capitalismo rapaz a manos del neoliberalismo; toda esta crítica esta en un subtexto que se puede leer sin que sea una denuncia cantada o un trabajo que se tache de propagandista. El trabajo de Tania, como ya lo mencioné antes; es una carta leída en voz alta al amor por su tierra, por parte de ella y su familia, y una carta de amor a su familia misma. Todo esto a través de la figura del abuelo que ya no está, al cual se le ve y evoca a través de los elementos de su entorno; de canciones, de otras personas, de cosas, de la figura de un árbol o la tierra misma. Las imágenes de la madre de Tania y de su abuela mirando al cielo, mientras cuentas cosas sobre el abuelo con los ojos llorosos; son muy poderosas. Vamos viendo, a la vez que hay una depuración del pensamiento y del alma por la ausencia de esta figura querida, añorada y sabia, el crecer de la siembra, y a los animales que ayudan a trabajar la tierra en tiempo presente, escuchando la historia para recordar el pasado y al abuelo.
El elemento contemplativo en un documental es una de sus principales herramientas, y si no se utiliza de manera correcta, tiende al aleccionamiento y esto hace que muchas personas desprestigien al documental por esto, en este caso no pasa tal cosa. Tania Hernández da con las imágenes perfectas, cada close-up entre la hierba, cada panorámica que registra es precisa, no le sobra "metraje" alguno.