sábado, 28 de julio de 2018

Crisis.


Cada determinado tiempo suelo tener una crisis existencial, creo que todos atravesamos por eso, algunas son simples sacudidas elípticas sin mayor resonancia ni repercusión (como la última que tuve, por ahí de febrero) y otras que son sacudidas que destrozan nuestros cimientos y todo lo que eramos y pensábamos, muchas veces venideras con relaciones o rupturas amorosas (como la que tuve en mayo pasado, que se juntó con la partida a otro lugar de la tierra de dos personas muy cercanas a mi y otras dos que partieron de este mundo) y otras que refieren más a estas llamadas crisis de edad que se tienen a menos una vez cada década, (supongo que mi novela en el 2012 se escribió en gran medida por una de estas crisis -la de los veinte-) pero ahora quiero explicarles sobre una crisis que he vivido en los últimos días, que la verdad no sé si en los términos estrictos de la palabra se le puede llamar crisis.

Y es que en las últimas dos o tres semanas han sido noches en las que duermo muy poco, cosa de 4 o 5 horas al día, algo que sólo había experimentado cuando estaba en el proceso más demandante de mi novela, pero pegado a esto he tenido una demanda de trabajo muy fuerte, además de las responsabilidades del hogar por el hecho de que estoy días he estado viviendo solo. Pero aún con todas estas cosas no me siento ni estresado ni presionado (se me ha estado empezando a cerrar otra vez el ojo derecho, pero creo se debe más al hecho de las pocas horas dormidas que a cualquier otra cosa -cada día me parezco más a Buñuel y Allen-) He tenido oportunidad de ver muchas películas que no había podido ver, he terminado textos que tenía pendientes de hace mucho tiempo, me vuelven a venir ideas, trabajo en ese corto que tanto he querido hacer desde hace años, aunque no sea con la historia que soñé poder plasmar la primera vez que se me cruzó por la cabeza la idea de que podía hacer algo así, he salido más, aunque no tanto como quisiera y con los amigos que quisiera ver (ahí el trabajo no ayuda por los horarios absorbentes cuando de ver atardeceres y socializar se refiere).


Pero aún así con todo lo que conlleva una vida viviendo solo, con las responsabilidades que esto demerita, como el ser auto suficiente en todos los aspectos, tener que pagar por los alimentos que la gente te hace con tanto amor a lo que hace, y saliendo también un poco de lo establecido, de la rutina, de la zona de confort, hoy día la crisis, o el cambio, no se siente tan malo. (A pesar de los casi treinta de vida que tengo, donde se supone la paciencia no debería de ser tan buena).

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