miércoles, 20 de diciembre de 2017

De noche en la ciudad.


Los que me leen frecuentemente lo sabrán con certeza, amo caminar, si por mi fuera caminaría todo el tiempo, toda mi vida sin parar, como los viejos elfos de la Tierra Media, y estas últimas noches he alimentado ese amor como no tienen idea.

Ahora con las prisas y compras navideñas, y pendientes demás, además de estar solo en casa me ha dado por salir a la calle a caminar, no sólo de noche, de día también, pero sin duda alguna las caminatas nocturnas por el centro son las que mas me alimentan, no sólo este amor y esta felicidad extraña que sólo me da el caminar solo sin hablar, sólo mirando, absorbiendo, de hecho ya ni siquiera necesito los audífonos para fingir no escuchar a las personas, ahora me gusta escucharlas, saludarlas, incluso sonreirles, pues esto también se ha vuelto alimento y ´parte fundamental a la hora de escribir, el caminar alimenta mi inspiración.

Personas que veo en la calle, miradas, manos, parejas, el espectacular de Mc'Donals parpadeando, la luna a punto de convertirse en nueva mientras en su parte superior el cielo ya es negro y en la parte inferior junto al mar este aun ses gris, las luces de los árboles de navidad de las plazas, de las ventanas de las casas, un par de gatos siameses pequeños del mismo color parados en una esquina no dejan de ver a la gente pasar sin moverse mas que su cabeza que gira, los aromas de todos los cafés visitados, el frío de diciembre.

Con lo que amo tomar fotos me disgusta un poco no poder hacerlo, pues con lo complicada que esta la inseguridad en mi ciudad las personas ven a alguien con cámara en mano sin dejar de tomar fotos y empiezan a sentirse incomodas, pero no importa no tomar fotos, cuando todo lo absorbes, cuando todo se almacena en tu cabeza, cuando puedes escribir y recrear.


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