domingo, 12 de noviembre de 2017

Pensamientos de la noche y de la carretera.



Pensamientos que venían a mi mente en los viajes que he hecho en las últimas dos semanas a Loreto y Los Cabos. Ya fuera que los escribiera en mi celular, en alguna de mis dos libretas acompañantes, o mientras los atesorara en mi mente hasta acabar de contemplar lo que miraba mientras los repetía y repetía para que no se me olvidaran hasta encontrar donde escribirlos.


-He de aceptar que aunque me encanta el clima árido de éste lugar, los cerros verdes en este época del año se ven hermosos-

-No había más ruido que el del ventilador rechinando en el techo y las cucharas chocando dentro de las tazas de café, sin música y sin ruido se puede pensar y sentir mejor-

-Dormí como no dormía en años, tal vez será porque no cené-

-Cada vez que vengo a este lugar me enamora más y más-

-No vas a encontrar azul más hermoso y más fuerte que el del mar de Loreto-

En la noche, a la hora en que se sincronizan las nubes que viajan al sur para que salga la luna a ver y vigilar a sus hijos poetas y a los infectados de la malaria enfermedad llamada sueños y amor, a esa hora donde justamente antes de dormir en nuestra nube de la galaxia de nuestra habitación es cuando tu entrar al baño siendo una hermosa mujer y sales como un ángel y es ahí cuando no traes más puesto que tus ojos y tus manos y tu sonrisa y corazón. Y así yo te conozco una vez más como hace años llegué a conocer a una niña de mi edad y me vuelve a enamorar.

-La vida se mide en viajes (destino), en conciertos (vida) en atardeceres, en amaneceres sin alcohol, en bailes, en emociones puras y sin rebajar, en suspiros, en besos; jamás en años. Un joven de 28 años de provincia puede tener más vida y haber vivido más en este mundo que un señor de 55 años con su gran fortuna, eso es lo que al final de la vida te llevas, te quedas, vale-

Carretera; lugar para pensar, para meditar, para mirar más allá, para vivir sin saber lo que en el camino va a venir. Al caer el sol y ver como muere en la carretera, como se le escapa ese ultimo aliento, como literalmente el mundo pierde su luz madre y solo quedan los carros y el corazón de las personas; pero cuando vas en carretera lo único que queda es el pensamiento. Antes del anochecer el azul que se convertirá en negro y oscuridad empieza a penetrar en la atmósfera anunciado previamente por un púrpura y turquesa que nos invade de los cuentos de hadas y de mundos imaginarios que seguro no son de este; anuncian paz para los de mente limpia y penumbras para los de mente llena de dudas. La luna ansiosa a la espera de poder salir se asoma cuando esta llena por las montañas de oriente, nos muestra su gran poder y que tan grandiosa y monumental y siniestra puede ser, nos muestra su cara roja, roja como el color de la sangre humana, gigantesca y solemne que una fotografía no serviría de nada, estas cosas ahí que verse cuando ocurren para sentir como palpita el corazón y los ojos se dilatan, ver la transformación de una vida. Sale sintiéndose incompleta y busca una por una sus partes restantes (yo soy una de esas partes) se disfraza de luz y vestido blanco una vez que esta en lo alto del cielo y nos vigila a nosotros sus hijos que no dormimos ni descansamos, lleva con ella un manto azul en el día para cuando empiece a caer sobre el sereno y el frío y nuestros ojos y hombros la noche salga junto a las estrellas a iluminar el firmamento como lo llamaban los viejos habitantes de la tierra y nuestros ojos despierten con verdades que solo de noche y el viento y la vida hoy en dia no es capaz de resolverlos. "Todo lo que necesitas es aire y tiempo"

Un viaje en carretera escuchando a The Doors, Eagles y Pink Floyd es de lo más alucinante.

Esas antenas grises que a lo lejos se ven, que vienen y se acercan cargan consigo luces como velas, largas velas que su fuego alumbran a las estrellas y mantienen encendida nuestra esperanza de llegar al destino, ya sea en unas horas o en veinte años como decía Mark Twain. (por que en todos mis escritos últimamente tiene que aparecer Twain) Las estrellas llenas de luz y amor me miran, "de cerca me miran" como yo las miro a ellas y aunque están a millones de años luz yo las siento tan cerca como yo quisiera tenerte y sentirte a ti tan cerca muy cerca. Antenas estáticas que no se mueven pero vienen hacia mi y yo voy hacia ellas, vienen con sus linternas para introducir a mi cabeza y hacerme mirar lo que la gente se empeña en no mirar, luz tan tenue pero tan penetrante como olor de quinceañera cuando viene y besa. Vienen a mi y sueño y no pueden ser mías aunque yo lo quiera. estructuras de hierro vigilan a la orilla sin que muchos se den cuenta llevan literalmente en los hombros la terrible tarea de alumbrar grandes ciudades sin que nadie se de cuenta y se los agradezca. Las miro y me emociono pues son como yo; estáticas y no se mueven como yo en la carretera, yo estoy estático y miro desde la carretera que es la vida, más sin embargo; ambos alumbramos y llenamos de luz aunque nunca nos agradezcan; además, esta noche mientras ellas llegan con su luz a abrir mi cabeza he descubierto que ellas son maquinas de tiempo y transportadoras de pensamientos. Ellas desfilan y me llevan como cohete a las estrellas. Tal vez me gustan tanto solo por su gran parecido con la Torre Eiffel.

De todas las estrellas que se asoman una es la primera. Dicen que se llama venus como la diosa romana de la belleza, sale justamente a un lado y unos minutos después que la luna, tal vez sale a cuidarla porque sabe que ando yo tras de ella aunque la verdad en estos últimos años de demostrarle mi amor a una, no se de cual estoy realmente enamorado, no se a cual ame más de ellas. Una noche, precisamente esta; una noche oscura y traviesa ella no salió, solo la luna se presentó, quizá se enojó al enterarse que le había puesto otro nombre, todos la llaman venus; yo le puse tu nombre.

Por las noches, en la carretera; los cactus se convierten en soldados de la oscuridad camuflajeados con la última linea de luz naranja y roja que en el horizonte queda como la última sangre de vida que anuncia que el día acaba de morir para revivir el día siguiente. Cactus que parecen girar, que parecen dar vueltas dentro de un circulo invisible que parece la danza, el cortejo, el baile de algún pueblo fantasma nativo de esta tierra arenosa rodeada de mar. Todo esto pasa mientras las ruedas del auto también giran sobre el gastado, oscuro y frío asfalto de la carretera. En el horizonte los cactus se convierten en soldado y cueva de pequeños animales que se protegen de depredadores y techo de estar para aves que esperan el calor y huyen del frío, se protegen de coyotes; se protegen unos de otros como en la misma civilización sucediera.

En lo más alto de la noche cuando luz no hay en la carretera que ni viene y que ni va, las estrellas se acomodan y forman tu nombre en el firmamento entre ellas.

Siento la luz a lo lejos, las siento llegar como en fuego cuando esta a punto de quemar, la siento pero se que no esta cerca, se que aun no es hora de llegar, se que todavía el camino por recorrer es mucho y ahí mucho que mirar, en la carretera, en los pueblos donde la luz son las personas, en los valles, en los bosques, en las catedrales, en el planeta. Falta poco para llegar a la ciudad, para llegar a casa y ponerme a descansar, falta poco para posar mi cabeza en esa almohada de mi cama seca y empezar a recortar lo valioso y lo que no es, lo que me despertó en este viaje y lo que se puso a dormir, lo que se aprendió y lo que se olvidó. Pero se que aunque este en donde esté, y llegue a donde llegue, aun me falta mucho por llegar, aun me falta mucho para ver la luz pasar, quizá mañana volveré a verla como hace miles de años la vi llegar.

-Mientras hagas lo que más te apasiona, lo que amas de verdad; no hace falta que cambies de lugar-

Dicen que si a media noche, mientras vas en la carretera, un hombre te pide que lo recojas y lo lleves no lo hagas; no lo hagas pues es el demonio y viene por ti a llevarte a su morada siniestra. Pero yo no pude verlo venir, pues en vez de haber visto a un hombre vi a una mujer, a la mujer de mis sueños, la mujer que me mandaron las estrellas, la mujer que por solo una noche se convirtió en mi mas grande estrella en un motel a la orilla de la carretera. Veo estrellas, ella era la mujer más bella; y por consecuencia el peor de los demonios, aunque he de aceptar que no me importaría morir por tan solo una noche mas con ella, no me importaría morir por culpa de ella, no me importaría morir junto a ella, pues se que si muriera me iría con ella, ya fuera al infierno o a las estrellas.

La vida es un viaje en si, cuantas escalas harás antes de llegar al destino final y la vida se acabe. Esa es la pregunta que a todos nos debería de importar, la única de hecho

Y quizá por eso me rompió el corazón, porque fue amor; al final uno de los dos le rompería el corazón al otro, que bueno que ella fue quien acabó conmigo.





























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