jueves, 8 de diciembre de 2016

(Entrada sin título)



                                                                                                                                                -¿Dónde encuentro inspiración?
                           -En la soledad, en las largas caminatas, en los recuerdos, jamás en el presente, salvo que sea trabajando.



No podría decirles ni siquiera una mínima parte de todo lo que ella en aquellos años me hizo sentir; la gran influencia que esta chica ejerció en mi, todo lo que ella contribuyó para que este corazón que hoy late en mi pecho naciera y pudiera escribir todo esto; todo lo que hoy empiezo a escribir, esta historia que fue creada por mi y por ella hace muchos año y pudiera ser cierta. Ella me dijo que el día que todo esto fuera más parte de un sueño de invierno o una fantasía de la cabeza que una historia real o una historia de amor, una vez que ya uno de los dos se hubiera marchado simplemente escribiera. Eso es lo que estoy haciendo ahora....

Hoy hace once años.






No quiero escribir sobre la chica del cabello rojo.

Quizá lo que más me había gustado de ella en aquellos años era su manera tan despreocupada de mirar la vida, su manera de expresarse. Se sentaba encorbadamente, la línea se su espalda era algo que no le angustiada ni le importaba como a la mayoría de las mujeres, jamás se maquillaba salvo aquella noche de diciembre, parecía más un hombre que una mujer no por su apariencia porque era la mujer más hermosa que hasta entonces había conocido, sino por su manera de ser, bebìa mas que yo, eruptaba y se echaba pedo, no le gustaba que le hiciera el amor, pero en cambio le encantaba a ella hacerme el amor. Cuando se desvelaba antes de mi y nos desvelábamos durante nosotros sólo se ponía sus gafas de aviador que la hacían lucir tan bien y el mundo seguía girando a través del encanto que ella le daba. Todo el tiempo usaba jeans, desde que la conocí; jamás usaba vestidos a excepción de aquella fría noche decembrina, amaba la mezclilla; se sentaba con las piernas abiertas, enseñaba su panza blanca y flaca todo el tiempo. Su color de piel me excitaba tanto, mas que su roja cabellera, era la chica perfecta, y el destino me la había prestado un largo tiempo en mi vida, o un pestañeo insignificante si lo comparamos con la edad de La Tierra.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario