lunes, 23 de mayo de 2016

¿Ilegales? de Christian Sida-Valenzuela



Hace unos meses tomé un taxi en Durango, para un trayecto de más o menos 20 minutos, (aquí tengo que apuntar que soy asiduo conversador con los taxistas) no sé como llegamos al tema, pero me dijo el taxista que su cuñado, quien vive en Atlanta, le había prestado una casa que tiene en Durango, porque desde que se fue a los Estados Unidos, hace más de 13 años, nadie vivía ahí. ‘’¡Y cómo va a volver! si allá gana $25 dólares la hora’’, me comenta el taxista en tono alegre. Yo le digo que sí, efectivamente allá gana ese dinero, pero en 13 años no ha podido regresar a México a ver su madre y la familia entera, (él no puede volver a México por estar indocumentado en los Estados Unidos) además, sí gana en ese dinero en dólares, pero ese dinero lo gasta en dólares. También le dije seriamente, que pienso yo que es un ideal construido falsamente el irse al Norte para tener una mejor vida, muchas personas se enfrentan a una sociedad diferente, al racismo, a aprender otro idioma y que en muchos, muchos casos se traduce en problemas de alcoholismo y depresión. Termino diciéndole todo esto, él me toma del brazo, y me dice ‘’tienes razón, yo estuve en Los Ángeles por 10 años, después me hice adicto a las drogas por la soledad tan tremenda, comencé a vender drogas y me detuvieron, pasé 5 años en la cárcel en California antes de ser extraditado’’. Me lo dijo casi en lagrimas.

Yo emigré a Canadá cuando tenía 20 años, y lo hice por capricho de vivir fuera de México, de aprender el idioma, de viajar. Y aunque no tenía dinero ni mis padres tenían la posibilidad de mandarme, no tenía a nadie a quien mantener y lo poco que ganaba me lo quedaba. Pero la gran mayoría de los que emigran, lo hacen debido a una razón económica. Y quienes emigran bajo esas circunstancias tienen un coraje enorme al hacerlo, nadie quisiera dejar su país de origen, son las circunstancias del país de origen que arrinconan a quienes toman esas desiciones. Dejar tu familia, tu barrio, tu comunidad, tu cultura, tu idioma, no es nunca fácil. Pero la fuerza de voluntad, las simples ganas de trabajar y salir adelante, hacen que quienes emigran sean, en muchos de los casos, los hombres y mujeres con más aptitudes o quienes quieren esforzarse más. Muchas veces se van del país los mejores, o el país los deja ir.

Pero hay una ecuación hasta diría maquiavélica que juegan en los países del norte. En el discurso oficial, critican la emigración ilegal y culpan a los países de origen de los emigrantes de permitirlo. El discurso oficial contrasta con la vida real. California nunca sobreviviría sin la mano de obra mexicana. Un emigrante indocumentado trabaja más, gana menos y siempre será sumiso, por el miedo de la deportación. Estados Unidos lo sabe, lo tolera hasta el punto adecuado para ellos, es así como en algunos estados a los indocumentados se les dan permisos de conducir, facilidades para obtener seguro médico e incluso hay estados ‘’santuarios’’ donde es muy difícil que te deporten. Nunca, nunca se podría explicar el desarrollo del país más industrializado del mundo sin la mano de obra barata y bien hecha, de los emigrantes mexicanos, chinos, guatemaltecos, y un largo etcétera.
Los exiliados de la nostalgia.

Hace un par de años entré a una tienda mexicana en Portland, Oregon, donde era México, así de llano, pero no el México actual, era un México ochentero. No solo los mexicanos en los Estados Unidos viven de la nostalgia, pero también viven de una idea que ya no existe, un México imaginario. La distancia, la falta de poder regresar, la falta de poder integrarse a la sociedad que malamente los acogió, te regresa a tu país, a refugiarte en tu pueblo o ciudad, al menos, en la memoria. Yo soy un exiliado de la nostalgia. Estando en Canadá a diario leo los diarios de mi ciudad de origen y del país, escucho la radio mexicana con más frecuencia que cuando estoy en México. Dice Carlos Fuentes que hay dos formas de conocer más tu país, una es arraigándose en él más, y otra es ganando perspectiva. La perspectiva te la da ver tu origen de fuera, el sur se ve con lupa desde el norte.

Hay países, como Canadá, donde debido a su situación geográfica hacen que el emigrar de manera indocumentada es mucho más difícil. A los Estados Unidos se puede llegar hasta por un narco-tunel entre Nuevo México y Chihuahua, pero para llegar a Canadá se necesita cruzar todo Estados Unidos. Y Canadá, un pequeño país en población, apenas con 35 millones de habitantes (en México hay 110 millones) es de los siete países más industrializados del mundo. La ola migratoria a Canadá es de las mayores del mundo en porcentaje, en el año 2014 recibió 265 mil nuevos residentes. Pero Canadá, que tiene leyes bastante permisivas para emigrar, invita a nuevos emigrantes, pero solo a los mejores. Aquellos con mayores estudios, que sepan inglés o francés y que tengan o planeen tener una familia, el segundo país en extensión territorial del mundo (solo después de Rusia) le da la bienvenida después de largos y cansados papeleos. El gobierno canadiense no es tonto. Absorbe a emigrantes quienes ya vienen con estudios y con el conocimiento del idioma. En Canadá llegarán solamente a trabajar, otro país pagó por sus estudios y ahora están listos para el mundo laboral fuera de sus fronteras. Y sí, a lo mejor esas personas que deciden salir es porque en su país no encontraron trabajo, Canadá lo sabe, y los recibe felizmente.

¿Ilegales? ¿Cómo un ser humano puede ser ilegal?

La palabra de ‘’ilegales’’ cuando se refiere a una persona, no solo la detesto por la forma despectiva en que la usan los politicos estadounidenses, sino porque además no se le da el uso correcto. La acción de cruzar la frontera sin permiso y trabajar en ese país sin documentos es ilegal, como manejar un auto sin licencia de conducir válida ó como manejar y tomar alcohol, son acciones ilegales. Pero una persona no puede ser ilegal, es el absurdo del término. Nadie es ilegal.

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