jueves, 17 de diciembre de 2015

Aquellos años locos


Sin duda alguna si tuviera que mencionar el mes que más me ha marcado en la vida, o el que más significado tiene para mí; sin duda alguna tendría que escoger a diciembre. Si habláramos de una época o una festividad en específico quizá le ganaría semana santa (y la verdad no por ser muy religioso, sino por lo vivido y las personas que recuerdo durante esta festividad como a mi abuelita materna que está desde el cielo renegando por lo que hacen sus nietos jeje) pero como semana santa no es un mes, ni se celebra en una fecha específica, diciembre no se mueve, nosotros nos movemos y ella siempre nos espera. (Diciembre también es mujer, así como todo lo que amo)

Y he de decirles que no precisamente diciembre es mi mes favorito por la navidad, aunque si ha contribuido un poco a ese grande amor por este mes más en los primeros años de mi vida (cosa que agradezco a la vida, todos esos recuerdos y agradezco a todas aquellas personas que en algún punto de mi vida me hicieron actor de reparto en su vida en aquellos años) pero sin duda lo que hace más especial a diciembre es el frío. O sea que si por ejemplo, viviera en Argentina o Uruguay o Ciudad del Cabo o Australia mi mes favorito sería junio. Pero gracias a la vida soy mexicano, uno al que le importa más el arte y la emoción que el dinero y el placer banal.

Diciembre no sólo trae ese frío tan necesario e indispensable para buscar el calor en las personas, en la familia, en los amigos, en las bufandas, guantes y gorras; (si se vive en una ciudad como el Durango de mis sueños estas tres cosas tienen que estar en tu outfit de invierno) también trae a los primos de lejos que sólo ves una o dos veces al año, trae a esos tíos especiales pero que quieres como los quieres a todos, a los que están cerca. Trae comida, mucha comida; trae fogatas, trae cantos, trae bailes, caminatas, aventuras, historias. (Tan indispensables para vivir)

Son infinidad de historias las que yo podría compartirles con respecto a todos los fríos inviernos que he podido vivir. (26 para ser exactos)

Por ejemplo está aquel de la noche de las seis cenas, el rosario en la casa de Emmanuel en pijamas, las fogatas en la piedra de don cheque, en la piedra de lalo, en la casa de visa, de doña cuca y cada esquina en la virgen que nos vio velar durante noches y noches; las heladas pero cálidas noches en la casa de doña pera, el nacimiento en el parque Guadiana, las compras en Patoni con mi hermano Chuy, la llamada de Luis, Ale, las amigas del ojón y las noches en la privada, la noche de los -borrachos- caídos, las primas ebrias en el año nuevo del 07, el choque de colosos a la danza de los lobos, la tigresa, la otra Alejandra, la otra alejandra, carito, keli, caro, selene, omar, las caminatas nocturnas con los compas de la secundaria, el festival, la pastorela, la posada y las nieves con Uriel y la maestra Norma; los regalos de mi tía Aurelia, los dos balazos que me dio Pablo a los siete años, las posadas en la casa de las amigas de Ceci, mi green outfit y Ana Silvia, Victor tratando de asesinarme con el cuchillo del pastel, el regaño de Pascual, Nanci y la cachetada más amorosa que me han dado, el intercambio en primero y el bastardo de Erick, el intercambio en la casa de dani, la nochebuena a oscuras, el baile del gavilan, los conciertos de los temerarios, mi tío Lupe, las otras tres lupes, -la carta de una de ellas- las fotografías -perdidas- veladas, las danzas, las comidas y los tamales de los rosarios, aquella caminata desde el ferrocarril, choque, el guamo, las compras para la cena, las compras a última hora con mi madre María, la insuperable comida de mi tía Rosa, las clases de baile de mi tío Manuel y Susana, la resaca en ultramarinos y el secreto de los raspados, las crepas y la comida china; salubridad y mi uña cortada, las nueces, las mandarinas de La Salud, el pollo a la mostaza, mis tan cotizadas bufandas hechas por mi madrina, "Cada Martes", Some Say", "Amantes Suntamentes", "Santa Claus le dio un beso a Mamá"; mi balón de fútbol, la posada en MSP, y la noche en el tornados con la banda de Punto y M., el desfile de la coca en el villa con etip y ale, mis tenis color caqui de gamuza, la broma por teléfono del día 28 en la quince de la prima de chuy, las nieves de la Lazaro Cardenas que se convertían en churros, Nelida, la caminata buscando algo por la nazas escuchando "Cita en el Quirofano", el pulpito, los patines, las bicis, aquel partido de fútbol, las naranjas, la camioneta de chito, la fogata con los albañiles, el paseo de los refrigeradores por toda la ciudad, el trabajo con Durán, Max y todos los primos de chuy, el breakdance, el gordo, dani, chuy; la tarde que todo esto comenzó, aquel 17 de diciembre del 2004.

Y aunque la verdad no todo ha sido miel sobre hojuelas, diciembre también ha traído golpes dolorosos y momentos muy tristes como aquel primero de diciembre que mi abuelita se nos adelantó en el camino, la muerte de la mamá de Pablo, la golpiza que le dieron a dani, la oreja de pelón. Momentos fríos en el frío que nos hacen recordar que los hermanos somos más hermanos, eventos como estos precisamente las cosas dolorosas que vivimos en esta época del año nos hacen recordar que somos hermanos, y nos hacen saber quiénes son nuestra verdadera familia, y las personas que en verdad están a nuestro lado.

Y ahora mientras escribo esto pienso y recapitulo todo lo vivido durante "Aquellos Años Locos" y lo que ahora somos todos aquellos hermanos que no hace muchos años compartíamos tiempo, anécdotas, "caguamas", calor; pienso en una plática que quizá ya les había comentado por acá en la que una noche un grupo de amigos, jóvenes de toda la vida que mientras paseaban tras haber recogido de su trabajo a una guapa amiga y mientras caminaban y hacían tontas bromas sobre ellos, a ellos y a otros que no iban con ellos, trataban de hacer la fría y cálida noche más amena con pláticas son sentido sobre lo que serían sus vidas en 10 o 20 años, como todos se veían ver juntos bajo ese hermoso y estrellado cielo que cada noche los cobijaba con aquel frío tan desgarrador como entrañable, se veían a si mismos caminando por siempre sobre aquellas calles que ellos creían jamás cambiarían, noches eternas tomando por esas viejas calles de la ciudad de sus sueños mientras se tenían otros sueños como familias, novias, y ellos siempre jóvenes. Ahora darnos cuenta que en realidad muy pocos quedan allá, muy pocos cumplimos sueños, muy pocos realizamos otros, pero sin duda los diciembres, aunque no tan fríos como en aquellos años, traen consigo algo de aquel frío y aquel joven y aquellos sueños y aquellos amigos, trae algo de aquel viejo calor que me producía estar con la banda. Al recordar todo esto puedo ver a Eduardo en su Ferrari rojo, a Alan instalando su computadora y su torna mesa listo para dar un concierto, puedo ver a Visa con su camioneta llegando de E.U. como siempre fue su sueño acompañado de su esposa, puedo ver a Vicky y Antonio en el ex cuartel en su fonda, puedo ver a Chuy en su expendio, puedo ver a Omar casado con el amor de su vida, puedo ver al primo de Luis con su montón de píldoras, puedo ver a mi familia unida y feliz, incluso puedo verme a mi tocando la guitarra con Victor Emo, y no escribiendo esto.


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