viernes, 10 de julio de 2015

Un sábado de esos.


Los que leen recurrentemente mi blog sabrán que para mi la música, más que ser una cosa para distraerme (que también lo es pero además de eso) es para mi como una maquina del tiempo, ya que me hace recordar ciertos momentos vividos en mi vida en los que, algunas canciones sólo son pasajeras, y otras se convierten en verdaderos soundtracks para mi como si fueran parte de la banda sonora de la película que es la vida.



"Si no han tenido la oportunidad de leer mis antiguas entradas con referencia a esto, abajo se las dejaré para si gustan pasen a visitarlas y conocer muchas de mis canciones favoritas"


Pero en esta ocasión quiero compartirles una canción, que no siendo parte de la época en que la escuché, me recuerda mucho de mis años de adolescencia y juventud primaria. Y con esto no quiero decir que sea muy viejo o me sienta muy viejo, es sólo que yo considero que la juventud tiene ciertas épocas y etapa, ya lo dijo Pablo -Picasso-: “Cuando eres joven, eres joven para toda la vida”.


La canción es relativamente nueva, y narra lo que aquella generación de adolescentes y jóvenes que nos tocó vivir en los 2000 sentíamos y vivíamos cada vez que llegaban los sábados por las noches, me adentraré un poco a mi propia historia.


Para empezar los sábados siempre fueron mis días favoritos, creo que hoy día aún lo son junto con el jueves (no sé porque, a pesar que Sabina los odia) pero cuando tenía entre 15 y 19 años eran insuperables aquellos días, de hecho nunca toleré trabajar los sábados por la tarde, cuando me dí mi año sabático al terminar la preparatoria o cuando trabajaba en vacaciones cuando aún estudiaba en aquella época, tenía que hacerlo en la mañana para que la tarde y noche me quedaran completamente libres para compartir con los viejos amigos y hermanos y con la gente que con los años se fue sumando (al igual como los que años más tarde nos fuimos restando) y los domingos tenía que trabajar tarde para poder recuperarme de la desvelada, además de que nunca me han gustado los domingos, no sé si por acá ya se los había comentado, pero en las diferentes plataformas en línea que manejo es un tema recurrente, salvo aquel domingo en Loreto, ese con cielo morado se cuece aparte.


Entonces, en aquellos sábados al llegar las 7 de la tarde la preocupación sólo radicaba en a donde nos llevarían cuatro ruedas, o nuestros dos pies; los que estudiábamos, olvidábamos la tarea, nos olvidábamos de estudiar para los finales; los que tenían problemas con la novia, se olvidaban siquiera que tenían alguna, los que empezamos a trabajar años más tarde, o los que lo hacían en temporada de vacaciones, se les olvidaba el cansancio y los problemas de dinero. El resto de la semana podíamos parecer zombis, otras personas, llenas de cansancio, enojo, problemas, presión, olvidábamos los regaños y reproches de nuestros padres al no comprender y olvidar lo que era ser joven y rebelde. ("Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica" Salvador Allende). Incluso podíamos insultarnos y despreciarnos, pero los sábados, cualquier broma o insulto eran perdonados, se olvidaban entre las risas y los cambios locos de temas, se perdonaban y olvidaban y no significaban nada, podíamos ser profetas de paz o de caos, podíamos ser premios nobel a la paz o incluso expertos en política que parecería podíamos sustituir a cualquier presidente europeo o primer ministro, nos importaba todo, y a la vez nada, pero más nos importaba seguir viviendo en el mundo para saber lo que el futuro nos depararía. Bebíamos como nos era posible, pero no para dañar o dañarnos, o para agarrar valor, lo hacíamos porque queríamos, aunque no lo hacíamos por mera costumbre. Nacimos en una generación que nos enseño que para socializar había que beber, y lo aprendimos bien, ( :) ) pero nunca lo hicimos por costumbre, lo hicimos por el placer de beber y convivir con los buenos amigos que éramos y fuimos en aquel tiempo.


Hubo noches cortas, noches largas que parecían días con otro nombre, pero para nosotros nunca dejaban de ser sábados. Incluso hubo inviernos completos y algunas tardes de verano calurosas a las que yo bautizaba como sábados, porque simplemente no podían ser un día cualquiera, y para mí los sábados nunca serán un día cualquiera.


Ahora me pongo a pensar en todos esos jóvenes, muchachos y chicos que han hecho de los sábados (como bien lo dice la canción) un día para hacer lo malo, lo prohibido, desde el sólo beber por beber, tener relaciones con quien pueden más que con quien quieren, abusar de drogas, abusar de personas, practicar la violencia extrema (diría el buen Alex o el buen Erick), asesinar. Me parece que se hace una crítica bien atinada con esta canción, al mismo tiempo que se recuerda lo que eran las noches en que los jóvenes podían salir y ser ellos mismos mientras se crecía y se exploraba el mundo, hoy día, en muchas partes del mundo, más en mi México y la ciudad donde nací y crecí y pude conocer a la mejor gente que me toparé seguramente en la vida, ya no se puede tener un sábado de aquellos.



Este es el reporte. Regresamos al estudio.



Un sábado perpetuo, éramos la ley sin decreto
De la noche merodeadores, del amanecer buscadores
Éramos buen tiempo perdido, del capricho de un suspiro
Por las calles ya no se vela, pues nos toca la balacera
Y con el alba en la acera, solo nos queríamos cerciorar
Que el mundo no dejara de girar.







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